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La intención, de las cartas de Mulay al-Darqawi

“Mientras tu amor esté ahí, todo es útil. Pues no hay nada sobre la tierra sino arcilla”

18/02/2016 - Autor: Mulay al-Darqawi - Fuente: El Blog de Sidi Nur
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bismillah

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Oh faquír, la intención es sin duda el verdadero elixir. Cuando estuvo presente, partimos a la búsqueda de un guía y lo encontramos justo ante nosotros. Estuvimos incluso a punto de encontrarle en nuestra casa, con nosotros. Su exterior era todo majestad (ÿalâlî), mientras que su interior era todo belleza (ÿamâlî). Es decir, que su exterior era rebajamiento y servidumbre, mientras que su interior era poderío y libertad. ¡Que horrible es lo contrario, cuando el exterior es poderío y libertad respecto a Dios y el interior es rebajamiento y servidumbre, o cuando el exterior es pura tradición (sunna) y el interior pura innovación censurable, o incluso cuando el exterior es pura conformidad con la Ley y el interior pura infracción, o cuando el exterior es señorial y el interior satánico, etc! “Si no Le han alcanzado, es porque no han cumplido con los principios básicos”.

Cuando la Gente de la élite, como nuestro maestro y sus semejantes, se rebajan voluntariamente al exterior, Dios les hace, sin ninguna duda, poderosos en el interior y en el exterior, así estarán por siempre regocijados y dichosos. Dios rebaja en el interior y el exterior a la gente común, en la medida en que estos actúan a la inversa, adoptando voluntariamente el poder exteriormente, y así devienen perpetuamente desdichados.

Por otra parte, nuestro maestro se contentaba con la ciencia de Dios que le concernía y no prestaba ninguna atención a la cuestión de saber si es preciso manifestarse o permanecer oculto. No se interesaba sino en su relación con Dios, permaneciendo tanto sordo al elogio del que elogia como a la condena del que critica. Recitaba frecuentemente estos versos:

¡Muéstrate tú dulce mientras que la vida es amarga!

¡Muéstrate tú satisfecho mientras la gente se encolerice!

¡Que no haya más que plenitud entre los dos!

¡Y que no haya más que ruina entre los mundos y yo!

Mientras tu amor esté ahí, todo es útil

Pues no hay nada sobre la tierra sino arcilla.

Su estado hablaba por él cuando decía: “¡Dios mío! ¡Que la gente se escandalice (al-fadîha) respecto a mí, y que yo quede oculto (al-sutra) en Tu compañía, pero no a la inversa!”, es decir: no hay un estado interior escandaloso respecto de Dios que se oculte a las criaturas. Dios ha dicho: “Esta gente no te será de ninguna utilidad de cara a Dios” (45:19). Escucha oh faquir, algunas de sus palabras: “Cuando la gente se preocupa de las obras religiosas (‘ibâda), tú ocúpate de Aquel por quien actúas. Cuando ellos se preocupan del amor, tú ocúpate del Amado. Cuando ellos buscan ser agraciados con prodigios, tú busca el dulzor de las conversaciones íntimas. Y mientras ellos se preocupan de multiplicar sus letanías, tú ocúpate de tu generoso Señor, etc”.

Dijo igualmente, en el transcurso de una conversación: “Si tu Le contemplases en todo, su contemplación te impediría ver otra cosa, pues Él es el Único al que nada acompaña. Si juntaras lo efímero con lo Eterno, lo efímero se extinguiría y solo permanecería lo Eterno. Si las Cualidades del Bien Amado apareciesen, el velo y lo velado desaparecerían. Si las luces de la contemplación se manifestasen, el asceta y aquello a lo que renuncia se extinguirían. Renunciando a las cosas les das más valor del que tienen porque estás velado de Él. Si Le contemplaras en ellas, o antes de ellas, o después de ellas, estas no te velarían de Él. Es el hecho de preocuparte de ellas lo que te vela de Él. Si vieras que su existencia procede de Él, ellas no te velarían de Él. Nada se interpone entre el Adorado y tú, aparte de tu preocupación por las obras, tanto las que tú realizas como las que quisieras realizar. Solo este vil defecto te oculta el beneficio. Sin el calumniador ni el espía, tu bien con el Bien Amado no podría alcanzar su perfección. Sin el fuego y la picadura de la abeja, no podrías saborear totalmente el placer de la miel,…”

También decía: “Quien pretende haber gustado la bebida del pueblo o comprendido su sentido espiritual sin practicar el desprendimiento (o renunciamiento) en su vida de aquí abajo, no es sino un mentiroso. Igual que el paraíso es inaccesible al que no ha muerto y después resucitado, el jardín de los conocimientos espirituales queda prohibido a quien su alma no ha muerto a este mundo, a su deseo de control, a sus preferencias, a su voluntad y sus caprichos, así como a todo lo que sea otro que Dios”.

Y aún decía: “¡Por Dios, no digas “yo” antes de la extinción! No gustarás la vida sino después de la muerte y los soles no te irradiarán más que si tu alma muere. Solo obtendrás lo que deseas cuando no quede nadie entre los hombre para elogiarte, y no gustarás la fe más que saliendo del mundo de las criaturas. No encontrarás la bienaventuranza hasta que te hayas extinguido para las gentes extinguidas. Si se desgarrasen los velos para ti, contemplarías en ti mismo al Bien Amado; si los productos de tu imaginación se desvanecieran, contemplarías al Subsistente permanentemente. Si el espacio interior de tu alma se contrajese, no verías nada aparte de tu Señor; si tu alma estuviera protegida de los vicios, la verdad aparecería y el error desaparecería,…”

El provecho que se obtenía, en su compañía era extraordinario.

salam


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