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La maldición de Mitrofán

La defenestración de los borbones no ha sido causada por un factor humano sino que hay que atribuirla a un fenómeno sobrenatural y casi mágico

22/02/2016 - Autor: Carlos de Urabá - Fuente: Envío público a Webislam
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Oso
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La región rusa de Vólogda –el corazón eterno de Rusia- se caracteriza por ser un ecosistema montañoso y cubierto de bosques impenetrables. En este paisaje de una hermosura sinigual tiene su hábitat el oso pardo ruso. El oso pardo es el amo y señor de los bosques y los campesinos le profesan un sagrado respeto ya que le consideran un animal totémico o protector. Incluso existen narraciones que hablan de la existencia de seres mitológicos mitad osos y mitad humanos.

El oso pardo ruso es un ejemplar majestuoso de complexión robusta que puede llegar a pesar hasta 600 kg de peso – y alcanzar una altura de 2.50 mts. Según las antiguas tradiciones queda terminantemente prohibido matarlo sin una causa justificada. (Hambre o defensa propia) Quien ose transgredir tal advertencia se arriesga a que le caiga una terrible maldición.

La realeza europea -entre ella la española, por supuesto- son muy aficionadas a la caza, a las monterías y los torneos cinegéticos. A los reyes y soberanos estos rituales sangrientos les producen un irrefrenable placer que colma sus más bajos instintos.

El oso Mitrofán nacido en el pueblo de Novlenskoye (Vólogda) fue capturado por los guardabosques cuando tenía dos años de edad para utilizarlo en el entrenamiento de los perros de caza. Pero pronto por su carácter simpático y bonachón se fue ganando el aprecio de los visitantes y turistas que lo adoptaron como su mascota preferida.

Hasta que un fatídico día el gobernador de la región Vólogda recibió la llamada del presidente ruso Vladimir Putin quien le ordena preparar un regalo de caza para un invitado muy especial.

Y ese invitado muy especial no era otro que su majestad el rey don Juan Carlos I de España que iba a participar en una cacería en la aldea Novlenskoye en la región de Omogaevskoe.

Y el regalo era nada menos y nada más que un apuesto y robusto oso de 160 kilos de peso llamado Mitrofán. A él se le había reservado el papel de víctima propiciatoria para que el monarca se luciera en sus pasatiempos feudales.

El rey don Juan Carlos I es un gran amante de las cacerías ya que estas justas hacen parte del acervo “cultural” de la familia real borbónica. Recordemos aquel incidente -aún sin esclarecer- que se produjo en el palacio de Villa Giralda de Estoril allá por el año 1956 cuando su majestad le descerrajó “accidentalmente” un balazo a su hermano Alfonsito provocándole la muerte. El infante se convirtió por caprichos del destino en una de sus primeras piezas de caza.

A don Juan Carlos se le preparó un lujoso alojamiento en una de esas típicas dachas rusas (“la Casa Urogallo”) en las montañas de Kirilovski. Además también participaría en los banquetes gastronómicos, sesiones de sauna o baño ruso con masajistas incluidas. Un merecido descanso para aliviar las tensiones derivadas de tan alta investidura. Indudablemente que las autoridades rusas querían homenajearlo y celebrar así la buena marcha de las relaciones diplomáticas y comerciales entre ambos países.

Tal y como ordenó el presidente ruso Vladimir Putin los responsables de la granja de caza pusieron en marcha el montaje o la farsa para facilitarle la faena a su majestad el rey. Los guardabosques mediante un cóctel de vodka y miel emborracharon a Mitrofán con el propósito de convertirlo en una presa fácil. Don Juan Carlos I junto a un nutrido séquito de guardaespaldas, consejeros y guías se trasladó hasta Limonovo ilusionado con abatir un magnifico ejemplar de oso pardo ruso.

Apostado tras los matorrales y atento ante cualquier movimiento sospechoso el capitán general de los ejércitos españoles altivo montaba la guardia. Recordemos que su preceptor el Caudillo de España Francisco Franco hizo especial énfasis en que perfeccionara su instinto depredador. Con su escopeta en ristre y el dedo en el gatillo el presidente de honor de ADENA (asociación para la defensa de la naturaleza) se preparaba a descerrajarle un tiro al primer bicho que se le atravesara en el camino. Es entonces cuando los guardabosques que transportaron en un camión a Mitrofán abren la puerta de la jaula y lo liberan.

Desde luego que era un blanco fácil para que don Juan Carlos demostrara toda su destreza y bravura. De repente aparece Mitrofán en un claro del bosque dando tumbos muy cerca del parapeto donde se encuentra el zar de las Españas. Acostumbrado al olor de los humanos se muestra confiado y juguetón. Don Juan Carlos lo tiene en su ángulo de tiro; apunta con su rifle Remington del 338 Winchester Magnum y sin que le tiemble el pulso dispara sobre un oso ¡domesticado y borracho! Pero el monarca hierra el tiro. Entonces enrabietado le descarga otro disparo que lo deja malherido. Mitrofán se desploma emitiendo espantosos gruñidos de dolor como anticipo de su cruel agonía. Para aliviar su terrible sufrimiento el jefe de la granja de caza le pega un tiro de gracia en la cabeza.

Don Juan Carlos eufórico levanta los brazos y de inmediato la comitiva que lo acompaña se desvive en felicitaciones y cumplidos ¡viva el rey! ¡Viva España! El rey ha conseguido hacerse con una pieza de incalculable valor que seguramente exhibirá orgulloso en su sala de trofeos.

Lo que no imaginaba su majestad es que el asesinato a sangre fría de Mitrofán iba a desencadenar la maldición del oso pardo ruso.

Poca gente da credibilidad a estas supersticiones porque van en contra de la lógica y la razón. Aunque existen antecedentes como los trágicos sucesos que golpearon a los miembros de la expedición del egiptólogo Howard Carter tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamón. Misteriosamente se produjeron varias muertes que se atribuyen a la terrible maldición de los faraones.

Puede que tan sólo se trate de una coincidencia, pero desde ese día 24 de agosto del 2006 en que don Juan Carlos I aniquila cobardemente a Mitrofán comienza el ocaso de la dinastía borbónica. Y lo más increíble del tema es que por esas fechas el diputado socialista Antoni Diéguez denuncia en el parlamento balear el comportamiento delictivo de la fundación Nóos.

Este asunto inexplicablemente fue silenciado por el gobierno del socialista Rodríguez Zapatero. Años después el juez Castro reactiva las pesquisas que desembocan en la instrucción del caso Nóos.

La fundación sin ánimo de lucro Nóos gestionada por Iñaki Urdangarín y su esposa la infanta Cristina se constituyó con el objetivo de captar dinero de instituciones públicas y privadas para destinarlo a proyectos de carácter “humanitario”.

Los jueces acusan a los responsables de la fundación Nóos de delitos tributarios, prevaricación, malversación, fraude, delito fiscal, blanqueo, estafa y falsedad en documento público. Es decir, que conformaban una mafia con la que obtuvieron sumas millonarias para luego blanquearlas en diversos paraísos fiscales. Esta es una muestra más de hasta donde ha llegado la podredumbre y el latrocinio en las instituciones del reino de España. La fundación Nóos desarrolló todas sus acciones en connivencia con los entes gubernamentales dirigidos por políticos del PP (Partido Popular). Aprovechaban el prestigio de la institución monárquica para beneficiarse de los presupuestos destinados por las comunidades autónomas y ayuntamientos para patrocinar eventos de carácter cultural, deportivo o institucional. “Lo que mande la Casa Real es palabra de Dios”. Lo más curioso es que ni el CNI (Centro Nacional de Inteligencia), los inspectores de hacienda, la fiscalía anticorrupción, la Policía Judicial, la Guardia Civil o el Ministerio del Interior jamás se dignaron investigar las fechorías cometidas por Iñaki Urdangarín y su esposa la Infanta Cristina.

Todo está repugnante trama corrupta se ha destapado gracias a la titánica labor de los topos periodísticos, jueces y algunos personajes de la esfera política que manejaban información privilegiada.

Don Juan Carlos I cuenta con una exorbitante fortuna difícil de cuantificar y que se calcula en cientos de millones de euros. Porque él ha sido y es el relaciones públicas, intermediario y representante exclusivo de la marca España. Con lo que todo esto supone en contratos, transacciones a nivel nacional y mundial. El patrimonio de la dinastía borbónica es un secreto imposible de revelar ya que es un asunto privado que no le atañe a los súbditos. Uno de los episodios más oprobiosos en los que se ha visto envuelto ha sido el safari de Botswana. Mientras su reino atravesaba una masacrante crisis económica, él se dedicaba a cazar elefantes junto a su concubina y comisionista Corina zu Sayn-Wittgenstein. El soberano en su decrépita vejez tropieza, cae y se rompe la crisma; ya no puede sostenerse en pie y tiene que abdicar en su hijo Felipe VI antes de que la casa real se hunda en el fango y pierda toda credibilidad.

La defenestración de los borbones no ha sido causada por un factor humano, sino que hay que atribuirla a un fenómeno sobrenatural y casi mágico.

Porque no ha existido ninguna movilización social, ni manifestaciones, ni huelgas o multitudinarias protestas. Los súbditos o los plebeyos se muestran más bien complacientes con estos actos de pillaje y latrocinio. Esta actitud mansa y sumisa nos deja perplejos, pues nunca hubiéramos podido imaginar lo fácil que es pisotear la dignidad humana. A nivel nacional, los índices de aceptación de la monarquía son mayoritarios con excepción del País Vasco y Cataluña.

Solamente algunos grupos antisistema, los independentistas, anarquistas o partidos políticos de izquierda republicana han reaccionado con contundencia. Aunque dado su carácter minoritario no revisten mayor peligro para la estabilidad del reino.

El PP-PSOE-Ciudadanos y hasta Podemos defienden con vehemencia la legitimidad monárquica. Han sido y son condescendientes con la familia real; los defienden, los protegen, se postran de rodillas, besan sus manos y sus pies. Constitucionalmente, el rey es el garante de la unidad de España y su figura es inviolable, pues pertenece más al ámbito divino que al humano. Don Juan Carlos I, tras abdicar, ha sido aforado en el parlamento por el PP-PSOE ya que se le considera el “paladín” que condujo a España por el camino de la modernidad y del progreso. Aparte de su “heroica” actuación el día 23 de febrero de 1981 cuando “valientemente supo conjurar el golpe de estado que amenazaba la recién recuperada democracia”.

El martirio de Mitrofán no ha sido en vano como tampoco el del elefante de Botswana al que don Juan Carlos I abatió en otro de sus gloriosos torneos- Gracias a esa dupla inmortal el espíritu republicano resucita con inusitado ímpetu. ¡Nos han reivindicado nada menos y nada más que dos animales salvajes! Futuros símbolos de la III República. El factor humano deja mucho que desear en una época donde el compromiso revolucionario se encuentra desmovilizado y en franca decadencia.

Carlos de Urabá 2016


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1 Comentarios

Jesus T. M. dijo el 23/02/2016 a las 00:42h:

Se dice que la supuesta maldición de los Borbones ya viene de mucho antes. Claro, al igual que también se habló de la maldición de los Austrias y de la de los Trastámara. Me pregunto: entonces, ¿queda alguna dinastía real peninsular que no haya sido maldecida? Aunque yo más bien pienso que se trata de charlatanería republicana, ávida de dar latigazos verbales (ya que físicos no pueden por ley) a la Monarquía (y yo no soy monárquico). Finalmente, y yendo a otra parte del tema, este artículo republicanista da a un animal el mismo poder que tiene el Creador. Webislam se hace eco y lo pone en su página. ¿Por qué?


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