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Pero, señora, ¿no le da a usted vergüenza tener hijos?

¿Era un marciano lo que llevó la señora Bescansa al Congreso?

05/02/2016 - Autor: Carmen del Rio - Fuente: LaZarzamora.net
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En el Congreso

Pero, señora, ¿no le da a usted vergüenza tener hijos?

No voy a insistir yo en lo que dijo la propia señora Bescansa en cuanto al revuelo formado por el hecho de que llevara su bebé al hemiciclo. Lo que indica ese comentario tiene su tela. Pero la tela que a mí me interesa en estos momentos es otra y quizás de tanto o más alcance que a la que alude la diputada.

¿Era un marciano lo que llevó la señora Bescansa al Congreso? No, era un ser humano, una cría humana. Eso que hemos sido absolutamente todos los seres humanos antes de ser lo que seamos ahora. Que el hecho de ver a un niño de teta en un lugar público, sea de trabajo o sea de representación o sea de lo que sea, dé lugar a controversia y preguntas impertinentes da idea de a dónde ha ido a parar no ya la familia española sino, lo que es mucho más importante que la familia, LA VIDA española.

La vida, sí, esa que dan las mujeres al parir. Las mujeres, sí señor, ésas a las que quieren hacer igual a los varones, igualdad que se nos remacha por activa y por pasiva y sin cesar. Y al hacernos iguales a los varones nos han convertido el nacimiento de hijos y el amamantarlos en algo vergonzoso que ya no nos hace iguales a los varones y que quebranta las arcas públicas más aún que la hedionda proliferación de fraudes de miles de millones de euros cometidos por personas influyentes o mucho más que la fuga de capitales a paraísos fiscales, dineros todos esos que no se restituyen y delitos que quedan impunes.

Tiene su gracia que parte de la alharaca que se ha montado venga de algunos que se proclaman “defensores de la vida”. Podían haber aprovechado la ocasión para felicitarse por tener una muestra del triunfo permanente de la vida en su propio lugar de trabajo, en el mejor de los casos, y de dormir o de jugar al Candy crush, en los menos buenos casos.

Señoras y caballeros, si no sabéis respetar ni el nacimiento ni la lactancia, moríos. No tenéis nada que hacer en la vida. Si está sobreviviendo España ahora mismo es por la inmigración. Vilipendiar por amamantar donde quiera que sea es odiar a las mujeres, odiar a la vida, odiar al futuro. Penalizar a las mujeres y maldecirlas porque soportan toda la carga de la reproducción no ya sin ayuda ninguna sino con enormes trabas, impopularidad e inconvenientes a su trabajo, es cruel, hipócrita y el fracaso de toda una sociedad.

Yo, que sostengo firmemente la libertad de las madres de amamantar o de no hacerlo, porque la libertad es la primera condición de cualquier conducta, digo con igual convicción y firmeza que no tolerar el que se dé de mamar donde quiera que sea es odiar la vida y odiar a las mujeres que la dan. En última instancia, como digo al principio, puesto que todos somos criaturas, es odiarse a sí mismo y maldecir la propia existencia.

No queremos un futuro de gente sin familia. Queremos una sociedad con niños, una sociedad en la que los niños vuelvan a ser bienvenidos en todas partes y reciban cariño por doquier. Y por mucho que fastidie y se califique de lo que sea:

Sí, la foto en la que la diputada le pasa el bebé a los brazos a un caballero que no es familiar suyo, que es compañero de trabajo, y que el caballero lo recibe sonriente, es una foto bonita. Aunque ese caballero sea Pablo Iglesias y, como político, caiga mal a quienes les caiga.

Yo quiero muchas fotos como esa. No, lo que yo quiero son muchas escenas como ésa, fotografiadas o sin fotografiar. Yo quiero alegría con los niños de cualquier edad, quiero simpatía, quiero ternura, quiero que se los acoja con gozo donde quiera que estén. Que nos hagan sentir futuro y esperanza.

Que haya monigotes de la casta que ha ejercido el gobierno en España desde la Transición, muchos de ellos posando como defensores de los valores tradicionales y de España y patatín patatán, que critiquen la escena, pues me mueve a decirles: sois unos impostores. Queréis vuestra España, una España en la que la mujer solo es igual si se vuelve varón, es decir, estéril; sólo si se reconoce pecadora por hacer esa cosa tan fea de estar embarazada, por hacer esa cosa tan fea y poco varonil que es parir; por hacer esa cosa tan fea y poco distinguida que es amamantar. Exactamente: queréis una mujer igual al varón, es decir, una mujer capada, castrada, que se saje eso que la hace dadora de vida y que la hace tener algo que vosotros no tenéis y que en vuestra soberbia pretendéis que ella tampoco tenga y, si lo tiene, que lo pague y “se joda”.

Los que tenemos cierta edad, españoles tradicionales de cualquier opinión, sabemos que en otra época, la gente normal de todo sexo y condición hubiera cogido al bebé y le hubiera dado un par de achuchones y se lo hubieran pasado unos a otros con alegría y en común sin sentir en ningún momento que hubieran descendido de categoría.

Vosotros, a quienes os choca esa escena, sois el pasado, vosotros y vuestros aliados o correligionarios. El futuro es siempre la vida y la vida está donde se la acoge con alegría, donde las madres son felices de amamantar y los caballeros y las señoras se sienten felices de ser testigos. Allí donde las criaturas lo único que dan es preocupación, el futuro anuncia temporales, soledad, mezquindad, sequedad.

Y esto me lleva a otra consideración. Es cierto que la economía española se ha arruinado y desmantelado, primero por las condiciones europeas y luego por todos los tratados antecedentes del TIPP, pero hay otra cosa que también, y casi de manera imperceptible, se ha arruinado y es el mundo sentimental y emocional de los españoles. No voy  a echar una filípica sobre lo bonito que era el pasado, porque yo soy de las que creen, llevando la contraria al admirado Jorge  Manrique, que cualquier tiempo pasado fue peor. Pero, como siempre suele suceder, en unos terrenos se gana y en se otros se pierde.  Yo celebro que el sexo haya dejado de ser algo sórdido y pecaminoso, un cuarto de Barba Azul, para ser algo que se acepta con normalidad, con alegría, como parte de la vida y sin culpa. Aunque estando el sexo tan ligado a lo emocional y a otros aspectos habría mucho que decir y comentar para hacer justicia a la cuestión. Pero eso daría para muchas palabras y no lo haré aquí. Lo menciono para que conste que no es cuestión de ver todo negro porque sí hay cosas que, al menos desde mi punto de vista, han ido a mejor.

Pero, extrañamente, al tiempo que se ha despejado al sexo de su sordidez, parece ser que la reproducción se ha convertido en algo vergonzoso. Los niños se tienen a solas y a cuanta menos gente se le dé la lata con ello, mejor. Desde luego, los niños son un engorro, no lo voy a negar y hay veces, muchas, muchísimas, que una está hasta más arriba de la coronilla. Pero es que no son sólo eso, son, como ya sabe todo el mundo, el futuro,  son nuestra obra y nuestra gloria hasta que empiezan a andar por sí mismo. Son fuente de muchísima alegría y salud sentimental  y emocional. Se dijera que la vida afectiva se ha reducido al sexo (cuando de hecho hay afecto) y que todo lo demás es prescindible. Mantén tus relaciones sexuales y cuéntame lo que quieras de ellas pero no me muelas con las consecuencias, o sea las criaturas que puedan nacer que eso ya son manías y no tiene justificación.

Y para que no se le ocurra a nadie pensar que es que yo defiendo lo que no defiendo, hablo del amor a la vida como algo positivo y alegre que debe ser LIBRE. Ser madre a la fuerza es un insulto a la mujer y a la maternidad, es una profanación. La mujer hoy día no es libre de ser madre cuando quiera porque las condiciones, y no sólo las económicas que sí,  lo hacen tan duro que ya se ha visto el resultado: la natalidad más baja o de las más bajas del mundo.

Se ha dicho que la escena del Congreso con el bebé de la señora Bescansa es postureo. A mí me da igual. Me da igual si alguien come porque tiene hambre o porque le gusta comer o le gusta lo que tiene en el plato  y, si yo veo que la persona está contenta comiendo, sus motivos son suyos y yo no soy quién para proclamar lo que piensa o siente. Si la foto es postureo, pues qué bien que se les haya ocurrido posturear haciendo algo bonito y que educa los sentimientos y no algo que hubiera llevado a una madre a esconder su maternidad como si fuera una vergüenza o un estorbo para su carrera. Me da igual también si tiene una niñera y va con ella a todas partes. Tiene derecho, ella y todas las mujeres, a vivir su maternidad abiertamente, con alegría, compartiéndola con quienes por el motivo que sea forman parte de su vida. Ese niño viene al mundo, no a un cuarto de Barba Azul ni a una guardería, que por otra parte son instituciones que prestan un servicio necesario, que yo he usado y por las que guardo todo respeto, como me merece su labor. Una cosa no quita a la otra ni deben ser opuestos sino parte de la diversidad y libertad que deben prevalecer en toda sociedad humana.  

Para terminar, Dios quiera que esta escena no sea la última alegría que nos dan sus protagonistas y otros protagonistas que pueda haber. Dios quiera que la política española nos regale con otra alegrías, como mandar a la basura al TIPP y otras artimañas dirigidas contra la gente, el futuro y la vida; Dios quiera que se destierre y prohíba rígidamente ese crimen de lesa tierra y de lesa humanidad que es LA FRACTURA HIDRÁULICA o fracking, promovido por los especuladores financieros, que entraña la segura destrucción para siempre el subsuelo, el suelo y la atmósfera y que mata el futuro de la gente.

Dios quiera que libremente y con alegría, España recupere los sentimientos, la sencillez, la sonrisa y la risa, la satisfacción de saber que los viejos no morirán solos en un mundo adusto ni los niños vendrán a la vida de tapadillo y como si en lugar de ser el futuro fueran una perdida.

¡Alegría, bienvenida a España!


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