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Dios patriarcal y Reyes Magos, según la teología queer

La vida es el viaje hacia la Unidad desde la dualidad, la liberación no consiste por tanto en una lucha a favor o contra la multiplicidad de las formas, sino en renunciar a ellas

07/01/2016 - Autor: Iman Baraka - Fuente: Webislam
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La sabiduría me dice que no soy nada.
El amor me dice que soy cada cosa y entre ambas gira mi vida.
Nisargadatta Maharail.

La cúpula estrellada del cosmos se oculta cada día ante la cálida luz del sol en el preciso instante en que el lucero del alba anuncia la llegada de un nuevo día. Así ha de ser, hasta el fin de los tiempos, siempre y cuando la generalización de la teología queer no interprete que la posición de la luna, arquetipo femenino, y la posición del sol, arquetipo masculino, son el resultado de una Creación divina sumamente patriarcal y machista que es necesario corregir.

Aclaremos que el término queer, en inglés “raro”, se aplica a una escuela de pensamiento que estudia la identidad sexual, la sexualidad humana y el género, combatiendo la homofobia y promoviendo una comprensión de la heterosexualidad como construcción social e instrumento al servicio del poder y la opresión de la diferencia: homosexualidad, transexualidad…

Lenta pero inexorablemente se va imponiendo en nuestras sociedades esta cosmovisión, vulgar interpretación de la diversidad a través de unos confusos géneros masculino/femenino que se metamorfosean, cegando al espíritu con categorizaciones mentales basadas en deseos y experiencias sensoriales: la Creación no existe, las especies, el género, el sexo… todo es imposición, normas sociales, educación. Las bajas realidades de este mundo silencian la magia que adorna y embellece el mundo: la fe, esa visión que amplia la conciencia y posibilita la comprensión del murmullo que emite un mundo que gira sobre el Amor, con mayúsculas.

Yo he visto a mi Señor por el ojo del Corazón.
Yo dije: ¿Quién eres Tú?
Él me respondió: Tú.
Mansur Al-Hallaŷ

La vida es el viaje hacia la Unidad desde la dualidad, la liberación no consiste por tanto en una lucha a favor o contra la multiplicidad de las formas, sino en renunciar a ellas. Hemos abandonado la belleza de la filosofía “be water, my friend” que fomenta el desapego y el abandono de los roles sociales y las conceptualizaciones vacías, adoptando el extravío rebelde que imponen la notoriedad, la pasión y categorizaciones pretendidamente alternativas, pero sumamente normativas, ya que no dejan de ser nuevas cadenas con las que impedir el vuelo del espíritu. Porque la consecuencia última del polimorfismo ávido de experiencias no es pecar, torpe manera de enredarse en el carrete, sino imposibilitarnos volar.

“No hay mujeres ni hombres”, esta visión de las almas realizadas que han abandonado la falsedad de las apariencias y se han liberado realmente de la ilusión de las identidades es el leit motiv, mal comprendido, de una desbordada y egocéntrica imaginación contemporánea que ambiciona suprimir el orden de una Creación, organizada a través de parejas de especies, por otra basada en especies sin pareja, individualidades que agonizan en su mismidad y desconectada finitud.

Pasamos las Navidades debatiendo sobre el sexo de los ángeles, y más concretamente sobre el género de los Reyes Magos, una renovada discusión bizantina que nos retiene en la superficialidad de las manifestaciones y nos oculta la profundidad de las revelaciones cantadas por el poeta Labîd: “Todo lo que no es Allah es vano...”.

Ciertamente, la teología queer impone de forma creciente los debates, las formas y los límites. Reinterpreta el mundo, la Creación, las Cabalgatas de Reyes e incluso propone una nueva lectura de género en las escrituras y textos sagrados sin creer en Dios. Si de verdad quisieran paridad “obligarían”, con fines de sensibilización, a realizar anuncios con hombres reproduciendo los sexistas y denigrantes roles asignados por la publicidad a las mujeres. (Existen buenos ejemplos en la red de lo ridículos que resultan).

Estos debates, que en esta ocasión han involucrado a nuestros hermanos (y hermanas) cristianos, me recuerdan a algo que me dijo una amiga recientemente: “me molesta que las mujeres musulmanas tengáis que rezar detrás de los hombres”. No pude evitar sonreír pensando que la línea horizontal es incapaz de percibir la proyección de la línea vertical, ya que convergen en un punto del espacio pero no se expanden en la misma dirección. Algo que tampoco pareció entender el astronauta Yuri Gagarin cuando afirmó irónicamente desde la órbita terrestre: “No veo a ningún Dios aquí arriba”.

Algo me hace sospechar que algunos han olvidado que los afanes mundanos se dirigen hacia el mundo, y “el que intima con las verdades que sostienen el mundo”, como decía Imam Al Gazzali, hacia las alturas cuyos límites son el comienzo de nuevas luces y así hasta llegar a Él.

Lo que verdaderamente lamento es que los debates sean sobre las formas, y no sobre el fondo. “Un piso para quien me diga qué es la mirra”, ironizaba un amigo. El conocimiento se diluye ante la agitación del mundo. En una turbulenta globalización que promueve la movilidad no solo de mercancías, personas, servicios y poderes financieros sino también de amores, relaciones e identidades sexuales, la castidad, bien lo saben los jóvenes, es una tara física con raíces psicológicas. Nadie habla de la sublimación física que transporta a otro estado de conciencia, allá donde, liberado de su pesadez, el espíritu percibe los engaños del mundo y disfruta la libertad del no ser, o como dirían los místicos, del Ser.

Sumergida en ese pensamiento siento la leve brisa que anuncia la llegada del Halcón Blanco:

El amor sensual/sexual es una forma más del Amor, que aparece en un tiempo determinado y desaparece después, como la ola en el océano. Es sólo una de Sus copas y una pequeña degustación de Sus vinos. Pues lo que nos tiene reservado, sobrepasa toda imaginación.

El Islam ha venido a traer el “buen gusto”. Es ese comportamiento exquisito con toda la creación en el que el pudor es un guiño que dirige nuestra alma hacia gozos más altos. Se apunta siempre a otro plano, más sutil, más luminoso, más lúcido, más amplio. La clave para saber si algo es islámico o no es ver si posee ese buen gusto que nos hace exclamar sin titubear: la raiba fih! (¡es eso, no hay duda!).

Huye sin vacilación de todo o de todos que no te eleven hacia el Único Amante, pues todo en este mundo está maldito excepto el recuerdo de Allah y los medios que lo procuran”.


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1 Comentarios

Pavel Nur Abdul Karim Avila dijo el 11/01/2016 a las 19:40h:

Alhamdulilláh, excelente texto. Una pregunta, ¿de quién son y en dónde aparecen los tres párrafos en cursivas al final? De antemano, muchas gracias.


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