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Einstein, la relatividad mística y el “delirium tremens” científico

Hace ya mucho tiempo que Mark Twain nos consoló diciendo que la noticia del fallecimiento de Dios era prematura: Dios no ha muerto

26/11/2015 - Autor: Iman Baraka - Fuente: Webislam
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"Si yo no hubiera tenido una fe absoluta en la armonía de la Creación, no hubiera tratado durante treinta años de expresarla en una fórmula matemática" (Einstein; cit. en 1943; Hermanns, Einstein and the Poet: In Search of the Cosmic Man, 1983:61).         

El género humano ha sido atacado en las últimas décadas por varias plagas ideológicas que, bajo la apariencia de liberar al espíritu del yugo de la religión, han sumergido a las conciencias en una vacuidad cada vez más violenta, obscena y vulgar. Profetas del progreso predicaban la supremacía de la ciencia sobre la fe y denunciaban las mentiras de los libros sagrados: Dios no ha creado al hombre, porque el hombre desciende del mono.

Pocos años hemos necesitado para darnos cuenta de que no es que descendamos del mono, sino que cada vez nos acercamos más a él. El reggaeton, máxima expresión musical del momento, se acompaña de una “depurada” coreografía que se asemeja, increíblemente, a la que podemos observar en la galería de los primates del zoo de Barcelona.

El ateísmo, suprimiendo ese ojo divino que todo lo ve y todo lo sabe, no nos ha liberado, sino liberalizado: no hay supervisores divinos ni controladores mundanos, no hay límites. Podemos dar rienda suelta a la antigua codicia, revestida hoy elegantemente con el término de competitividad (económica, profesional y personal); y a la lujuria, filosofía existencial de gran complejidad conceptual como nos explica Woody Allen: “no sé la pregunta pero, definitivamente, el sexo es la respuesta”. Triunfan las pulsiones biológicas, la egocéntrica maraña emotivo-sentimental y el canibalismo social. Si la religión era el opio del pueblo, Karl Marx dixit, el ateísmo es, en el s.XXI, la expresión de su delirium tremens.

Durante este delirio, alimentado por el progreso tecnológico y la racionalización científica, el hombre llegó a creer que no era siervo de Dios, sino dueño del mundo, lo que finalmente ha dado como resultado la más sutil forma de ateísmo y negación de Dios: el fundamentalismo religioso.

Yihadistas y terroristas (anti)islámicos, que cada creyente denuncie las desviaciones en su religión, evidencian que es más fácil sustituir a Dios que obedecerLe, ya que la religión no es para ellos un camino personal hacia Él, sino el instrumento para legitimar su autoridad y poder; de ahí la importancia de querer “convertir” a los que consideran infieles. No seamos inocentes o islamófobos, no es que quieran “salvarles”, el Islam es el instrumento para convertirles no en creyentes, sino en meros súbditos bajo su esfera de poder. Poco les importa el mandato coránico de respetar la libertad (religiosa) que recoge el Qur’ân:

“No hay coacción en la religión” (Qur’ân, 2:256).

“Quien quiera creer, que crea, y quien quiera negarse a creer, que no crea”. (Qur’ân, 18:29).

“¿Acaso puedes tú obligar a la gente a que sean creyentes?” (Qur’ân, 10:99).

“No tienes potestad sobre ellos”. (Qur’ân, 88:22).

“Y si se apartan, no te hemos enviado como guardián de ellos. A ti sólo te incumbe comunicar”. (Qur’ân,  42:48).

Ante tanta adversidad, los creyentes conservamos la calma. Hace ya mucho tiempo que Mark Twain nos consoló diciendo que la noticia del fallecimiento de Dios era prematura: Dios no ha muerto. Comienza a abrirse paso la verdadera libertad religiosa que reconoce en el ateísmo no una verdad empírica, sino un postulado filosófico que confundió las imperfecciones y excesos humanos con los atributos y esencias divinas.

Frente al tenebroso discurso racionalista que silencia a Dios y sitúa en el azar y la casualidad la armonía y el orden interno del universo, el gran científico Albert Einstein defendió: “Dios no juega a los dados”, afirmación que posteriormente desarrolló en diversas ocasiones: "Las leyes básicas del universo son simples, pero porque nuestros sentidos están limitados, no podemos captarlas. Hay un patrón en la Creación".

El creador de la teoría de la relatividad, cuyo centenario celebramos estos días, el mago que dilató la rigidez del tiempo y del espacio hasta convertirlos en una variable conjunta dependiente de la velocidad, aparece como un místico a la búsqueda de Dios:

Quiero saber cómo Dios creó este mundo. No estoy interesado en este o en aquél fenómeno, ni en el espectro de este o aquél elemento. Quiero conocer Sus pensamientos; el resto, son detalles".

Lo que realmente me interesa es si Dios podría haber hecho del mundo una cosa diferente; es decir, si la necesidad de simplicidad lógica deja la más mínima libertad".

Einstein conecta con aquellos musulmanes que en la Edad Media desarrollaron de forma brillante la aritmética, la geometría, las matemáticas, la medicina… promoviendo el Renacimiento de las sociedades europeas.

Dios es ciencia y conocimiento, pero la fe se ha considerado en las últimas décadas incapacidad intelectual, atraso, obstáculo para el saber: los creyentes en el s.XXI son los tontos de Dios. Y sin embargo, contrariamente a lo que opina una gran mayoría, creer en Dios no nos hace más tontos, sino que, como prueba Einstein, nos inspira para comprender el cosmos:

"La fe es locura para los incrédulos, mas para nosotros, los que Creemos, es Poder de Dios." (1 Corintios. 1-18).

La fe es la inspiración que nos procura la suprema aspiración. Creer no es un estado, es una acción y una búsqueda espiritual que da sentido a la creación. La ciencia deriva del conocimiento divino, pero como nos previene Einstein, la ciencia, nuestro intelecto no son Dios:

"Ciertamente, debemos tener cuidado de no hacer del intelecto nuestro dios; tiene, por supuesto, músculos poderosos, pero sin personalidad; no puede conducir, sólo puede servir y no es exigente en su elección de un líder. Esta característica se refleja en la calidad de sus sacerdotes: los intelectuales. El intelecto tiene un ojo agudo para los métodos e instrumentos, pero es ciego a los fines y valores. Así que no es de extrañar que esta ceguera fatal se pase de un viejo a un joven y en la actualidad afecte a toda una generación".

(Einstein; The Goal of Human Existence, 11 April 1943; cit. en Einstein Archives 28-587; Einstein 1956; 260-261).

La fe es acción, la acción es búsqueda, y la búsqueda es ciencia. Para preservarnos de su fatal ceguera, recordemos a Einstein, la búsqueda científica debe conservar la ética, los fines y valores. Recordar el fin es el medio para actuar rectamente:

El Día de la Resurrección (Yáum al-Qiyâma) dirás a Allâh: “Devuélveme al mundo y actuaré rectamente”, pero se te responderá: “¡Insensato! De ahí vienes”.
Imâm Abû Hâmid al-Gaçâli

Pensando en el fin, en la obsolescencia programada de nuestras vidas, me visita cierta melancolía que calma con su ciencia el halcón blanco, al recordarme la gran Esperanza que se esconde tras nuestra desaparición:

Aparte del Amor, todo se desvanece”.
Maulana Rumi

Antes de alzar su vuelo, el halcón blanco me regala la reflexión de un sabio sufí: «Poca ciencia te aleja de Él; mucha ciencia te devuelve a Él».

Sigo escuchando sus bellas palabras que no cesan al elevar su vuelo, sino que reflejan su altura: «Y sigue siempre mostrándoSe y ocultándoSe entre sus velos de luz y sombra».


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