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Si no se aplican los derechos humanos, que al menos se apliquen los derechos de los animales

No puede ser cierto que sea un ser humano, pero al acercarse un poco la policía comprueba que es un inocente niño de carne y hueso: ese es su delito

14/09/2015 - Autor: Carlos de Urabá - Fuente: Webislam
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No debería haber más patria que la tierra entera, mas raza que la humanidad.

En Europa, EE.UU, Canadá, Australia, Japón, es decir, en ese primer mundo al que llaman civilizado hay leyes muy severas que protegen a los animales. La sociedad protectora de animales en muchos países tiene tal poder que incluso influye en las decisiones políticas. Estamos hablando que muchas veces los animales gozan de más derechos que los propios seres humanos. En Chicago, por ejemplo, existe un refugio para gatos callejeros heridos o desahuciados de nombre Tree House Humane Society Cats. Este “refugio humanitario” recibe jugosas donaciones de ciudadanos altruistas muy preocupados por el bienestar de los pobres gatitos. Sus fotos se exhiben en Internet y cualquiera puede apadrinarlos si así lo desean. Se da el caso de gatos que ha recibido cuantiosas sumas de dinero pues han salido beneficiados en las herencias de algún multimillonario. Por no hablar de los perros, que es una de las mascotas favoritas de nuestro mundo civilizado. A éstos la verdad es que se les trata muchas veces mejor que a los propios seres humanos. “Para mi perro la mejor comida, el mejor pienso, el número uno: el Acana Premium Adult de 46 euros o el Taste of the Wild Pacific Stream Canine de 54 euros”. Es increíble, pero al  perro de la casa se le trata como un faraón; se le mima, se le consiente, se le acaricia y besa. Además le hablan como si tuviera capacidad de raciocinio. Muchos de sus amos comparten la cama con ellos y su mujer. A su mujer muchas veces la deja a un lado. Hay restaurantes para perros, hoteles para perros, peluquerías, hospitales y tiendas especializadas. “Porque por mi perro me sacrifico al máximo para que tenga una vida digna y decorosa”. El perro se ha humanizado, mientras el ser humano se ha animalizado o alimañizado. Muchos dirán que estos argumentos son pura demagogia, pero no hacemos más que constatar la cruda realidad.

Así es como se mueve este mundo occidental, burgués y decadente que tan sólo se mira el ombligo. Y es que la hipocresía es la principal virtud de esta sociedad de consumo capitalista. Ahora cuando estalla una crisis humanitaria en Oriente Medio a causa de la guerra en Siria e Irak y la presión migratoria de los refugiados es insoportable, Europa levanta muros y tiende alambradas en sus fronteras para atajar a esa chusma indeseables “humanoides”. Porque no son más que pobres y miserables que vienen a ensuciar el sacro imperio europeo, cuna de la civilización y el progreso.

La guerra en la región ha provocado una de las crisis humanitarias más espantosas de los últimos tiempos:  miles y miles de muertos, torturados, desaparecidos, huérfanos, viudas, la destrucción de pueblos y ciudades o la devastación casi total de muchas regiones en donde sólo reina el hambre y la miseria.

Y encima millones de refugiados y desplazados internos que intentan desesperadamente salvarse del apocalipsis. ¿Qué pueden hacer entonces? ¿A dónde escapar? Sólo les queda huir rumbo al norte para llegar a la próspera Europa donde al menos tendrán la oportunidad de sentirse seguros y rehacer sus vidas o lo que es lo mismo resucitar.

Diariamente al coalición internacional liderada por EE.UU bombardea las posiciones del EI en Siria e Irak y esto no hace más que agravar el drama ya de por si insostenible. Eso significa más muerte y destrucción, más sangre derramada, más odio y venganza. No hay ni siquiera  un plan de paz o reconciliación, ni unas mínimas negociaciones que permitan detener este  holocausto. Europa, EEUU, Canadá,  Japón, Australia, los países del primer mundo se limitan a enviar la ayuda humanitaria, merthiolate y gasa para los heridos y hermosas mortajas para los muertos. Rusia y China apoyan a la coalición chiíta liderada por Irán junto a Hezbollah, los chiítas iraquíes y los alawitas sirios que se enfrentan  al bloque sunita que recibe ayuda de EE.UU, Arabia Saudita, o los países del Golfo. El yihadismo sunita del Estado Islámico o de al Qaeda  no es nada más que una respuesta  a la falta de reacción de occidente cuando la rebelión popular  fue aplastada a sangre y fuego por las tropas de Bachar al Assad.

La muerte de una niño en una playa turca ha desatado una gigantesca ola de indignación entre la opinión pública mundial. La ciudadanía al contemplar tan dolorosa imagen se rasga las vestiduras y ponen el grito en el cielo. Esta imagen les ha removido la conciencia, hiere la sensibilidad y les desgarra el alma. Sobre todo si se contempla a la hora de la comida cuando sentados en la mesa de sus hogares asisten al telediario y en la pantalla de la televisión de repente aparece el cadáver de ese pequeño ahogado en una playa. Esto ya es demasiado.  Muchos habrán sufrido un estado de shock hasta tal punto de perder el apetito. “¡Pobre niño no se merecía un final tan atroz!” “¡Dios mío por qué permites tantas desgracias!” Son algunas de las exclamaciones. Pero este niño no es el primer muerto ni será el último. Él hace parte de la espeluznante cifra de miles y miles de  niños asesinados en la guerra de Siria,  en Irak o en el Líbano, en Palestina o en Gaza, por no nombrar otros países del mundo donde la vida de un niño vale menos que la de un perro de pedigrí.  Hay muchas fotos y filmaciones que así lo atestiguan: niños despedazados por bombas, muertos a cañonazos, otros tiroteados, torturados, violados,  etc. etc. Pero ahora resulta que esta imagen tomada en las playas donde en verano se tuestan al sol los turistas los ha conmovido hasta la médula de los huesos.  Encima los dirigentes europeos en su cinismo dicen que quieren ser solidarios, que aman a la humanidad y que están dispuestos a abrir la puerta a los refugiados. (A una suma especifica de refugiados, claro)

Inesperadamente  las olas del mar han arrojado el cuerpo del pequeño Aylan de apenas tres años en la orilla de la playa. ¿Qué le habrá pasado? Su cuerpo permanece inmóvil,  varado en la arena de una manera grotesca e irreal. Parece más bien un muñeco. No puede ser cierto que sea un ser humano, pero al acercarse un poco la policía comprueba que es un inocente niño de carne y hueso. Ese es su delito.
Greenpeace o la WWF tienen la misión de defender y proteger la  fauna marina; las ballenas, los delfines las tortugas los pingüinos, las morsas, las focas.  Muchas especies están en vías de extinción y hay que velar por su supervivencia.  Pero en este caso ¿quién protege a los refugiados, a esa fauna humana  de  clandestinos que desafían los mares con el único propósito de alcanzar la otra orilla?  Esas  víctimas de una  guerra injusta que buscan un rayito de esperanza, que buscan la salvación en la próspera y “fraternal” Europa.  Miles de ellos han perecido en el intento, otros han desaparecido  en el fondo del mar. Quizás algún día sus cuerpos salgan a la superficie y convertidos en espectros o fantasmas  aparezcan en otras playas para golpear nuevamente nuestras conciencias.

Por el momento todos son golpes en el pecho y declaraciones de buena voluntad puesto que las circunstancias así lo exigen. Pero todavía ni siquiera se ha convocado una manifestación para detener la escalada bélica en Siria ni Irak. Por lo menos en la guerra de Vietnam o la del Golfo la sociedad occidental se movilizó para protestar y exigir el final de la guerra. Pero resulta que  los políticos tanto de izquierda como de derecha ha caído en la falacia que esta es una guerra justa contra el terrorismo islámico y que por muy doloroso que parezca es necesario matar y destruir  para detener a esos demonios que ponen en peligro la paz mundial. La paz mundial significa  que hay que mantener a toda costa la hegemonía de occidente en una zona donde se encuentran las reservas de petróleo más importantes del planeta. 

Carlos de Urabá 2015


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