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El rezo de los Awliâ’ de Dios

Extraido del Libro La Alquimia del Amor, un vistazo a la vida del renombrado místico Raÿab ‘Alî Jaiîât

07/08/2015 - Autor: Redaccion Islam en mar del Plata - Fuente: Islam en Mar del Plata
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El aspecto interior de la oración está conformado por el recuerdo de Dios.

“Dios, Exaltada sea su Alabanza, dispuso la luz de mis ojos en el rezo, me hizo anhelar el rezo tal como hizo al hambriento desear la comida y al sediento el agua. Y por cierto que si el hambriento come se sacia, y el sediento si bebe se sacia, pero yo no me sacio de rezar”.

Una de las particularidades sobresalientes de los instruidos en la escuela de Yenâbe Shaij, es la concentración en el rezo. Ello se debió al hecho de que Yenâbe Shaij no consideraba de gran valor al cuerpo sin espíritu de la persona que reza, y se esforzaba en que sus adeptos fueran orantes verdaderos.

En las instrucciones de Yenâbe Shaij respecto a la oración hay cuatro puntos fundamentales, cada uno de los cuales fue tomado de los textos del Sagrado Corán y las narraciones islámicas:

1. El apasionamiento:

Yenâbe Shaij sostenía que, así como el amante siente placer al hablar con el amado, el orante debe sentir placer al dirigirse a Dios con letanías y ruegos. Él mismo era de esa manera y los awlia’ divinos eran todos así.

El Mensajero de Dios (BP) describe su placer durante el rezo de la siguiente manera:

جعل اللَّه - جلَّ ثناؤه - قرّة عيني في الصلاة ، وحَبّبَ اليَّ الصلاة كما حَبّب إلى الجائع الطعام ، وإلى الظمآن الماء . وأنّ الجائع

إذا أكل شبع ، وأنّ الظمآن إذا شرِبَ رَوِيَ ، وأنا لا أشبع من الصلاة
“Dios, Exaltada sea su Alabanza, dispuso la luz de mis ojos en el rezo, me hizo anhelar el rezo tal como hizo al hambriento desear la comida y al sediento el agua. Y por cierto que si el hambriento come se sacia, y el sediento si bebe se sacia, pero yo no me sacio de rezar”.1

Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij, que le acompañó por alrededor de treinta años, cuenta: “Dios es testigo que yo vi que en la oración él se disponía como un amante ante su amado aniquilado en Su belleza. En mi vida vi tres personas que eran sorprendentes en el rezo; uno fue el fallecido Yenâbe Shaij Rayab ‘Alî Jaîiât, el segundo fue el Aiatul·lah Kûhestânî, y el tercero fue Shaij Habîbul·lah Golpâigânî en la ciudad de Mashhad. Ellos eran increíbles; cuando se erguían en oración, yo veía con un enfoque divino que el espacio adquiría otra forma y que ellos sólo tenían su atención puesta en Dios."

2. El comportamiento correcto

El comportamiento correcto del orante frente al Creador, Elevado Sea, conforma una de las cuestiones a las que el Islam ha conferido gran importancia. El Imam As-Sayyâd (P) dice a este respecto:

وحقُّ الصلاة ، أن تعلم أنّها وفادة إلى اللَّه عزّ وجلّ ، وأنَّك فيها قائم بين يدي اللَّه عزّ وجلّ ؛ فإذا علمت ذلك قمت مقام الذليل الحقير ، الراغب الراهب ، الراجي الخائف ، المستكين المتضرّع ، والمعظّم لما كان بين يديه بالسكون والوقار ، وتُقبل عليها بقلبك ، وتقيمها بحدودها وحقوقها
“En cuanto al derecho del rezo es que sepas que es un llegar ante Dios y que a través del mismo te yergues frente a Él. Si supieras esto lo realizarías encontrándote en la situación de quien sabe que es bajo, anhelante, trémulo, temeroso, esperanzado, humillado, indigente, suplicante, que engrandece a quien tiene delante de sí mediante la calma y la solemnidad; y lo realizarías con tu corazón y lo cumplirías observando sus normas y derechos”.2

Yenâbe Shaij respecto a la concentración, dice:

“Satanás siempre se le presenta al ser humano. Recuerda que no debes cortar tu atención respecto de Dios. En el rezo debes tener un comportamiento correcto. Durante el rezo debes estar como cuando te dispones firme ante una gran personalidad, de manera que si incluso una aguja te atravesara no te moverías”.

stas palabras las pronunció Yenâbe Shaij en respuesta a su hijo que le dijo: “Usted cuando se encuentra rezando a veces sonríe”. El hijo de Yenâbe Shaij dice: “Me atrevo a suponer que su sonrisa era por Satanás. Y mediante la misma le decía “no puedes conmigo”.

Yenâbe Shaij tenía la creencia de que cualquier movimiento contrario al comportamiento correcto frente al Creador, era producto de los susurros de Satanás, y decía:

“Vi a Satanás besar el lugar en que la persona se rascaba durante la oración”.

3. La concentración

El aspecto interior de la oración está conformado por el recuerdo de Dios, y la concentración sincera del orante ante la presencia del Creador, Exaltado Sea. Es por eso que el Gran Profeta (BP) decía:

لا يقبل اللَّه صلاة عبد لا يَحضرُ قلبُهُ مع بدنه
“Dios no acepta el rezo de un siervo cuyo corazón no está presente junto a su cuerpo”.3

Considerando este punto, Yenâbe Shaij se esforzaba en preparar a los orantes para que su corazón se concentrara antes de realizar la oración colectiva. Su rezo era el ejemplo de una oración con concentración.

El Dr. Hamîd Farzâm dice a este respecto: “Rezaba con calma y observando el comportamiento correcto 4, y a veces cuando yo llegaba tarde al rezo y observaba su aspecto durante la oración al pasar delante suyo, veía como que un temblor dominaba sobre sus miembros, su rostro iluminado, pálido, imbuido en el dhikr que estaba diciendo, sus sentidos completamente ensimismados en el rezo y su cabeza gacha. Deduzco que Yenâbe Shaij no abrigaba en absoluto ninguna duda en su corazón, ni siquiera en la medida de la punta de un alfiler”.

Otro de los discípulos de Yenâbe Shaij dice: Una vez me dijo:

¡Fulano! ¿Acaso sabes lo que dices durante la inclinación de la oración (rukû‘) y en la prosternación (suyûd)? En el tashahhud dices: “Testimonio que no hay divinidad más que Dios, Único, sin asociado”, ¿acaso estás diciendo la verdad? ¿En verdad no tienes pasiones mundanales? ¿Acaso no diriges tu atención a algo fuera de Dios? ¡¿En verdad no te vez mezclado con “arbâbun mutafarriqûn”5 (divinidades diversas)?!”.

4. La observancia de la oración al comienzo de su tiempo

En las narraciones islámicas se ha puesto mucho énfasis en el rezo al principio de su tiempo. Dice el Imam As-Sâdiq (P):

فضلُ الوقتِ الأولِ على الآخر كفضل الآخرة على الدنيا
“La preeminencia del rezo al comienzo de su tiempo por sobre el rezo al final de su tiempo, es como la preeminencia que tiene la vida en el más allá por sobre la vida en este mundo”.6

Yenâbe Shaij cumplía escrupulosamente con el hecho de realizar las cinco oraciones al comienzo de su tiempo, y aconsejaba a los demás hacer lo mismo.

¡Un servidor del Imam Husein (P) no atrasa su oración hasta esta hora!:

El hábil disertante, el Huyyatulislam wal Muslimîn Yenâbe Seîied Qâsim Shuyâ‘î, cuenta una anécdota curiosa de Yenâbe Shaij a este respecto. Él dice: “Desde que cursaba la escuela primaria yo ya me subía al púlpito a hablar en público, y debido a que tenía una buena voz, asistía a muchas ceremonias de duelo, entre ellas las del día siete del mes, en casa del fallecido Yenâbe Shaij Rayab ‘Alî Nikûgüiân (Jaîiât) que se encontraba un poco antes de llegar al pequeño Bazar, luego del callejón “Siâhhâ”. Subiendo por la escalera, en la habitación de la izquierda, se reunían las mujeres, y cada mes yo les recitaba cánticos de duelo. La habitación de Yenâbe Shaij se encontraba abajo. En ese entonces yo tenía trece años y todavía no había llegado a la edad de madurez religiosa.

Un día, luego de concluir una recitación bajé hasta el piso inferior y por primera vez me encontré con Yenâbe Shaij. Tenía en su mano una gorra y era como si se estuviera dirigiendo al bazar. Me saludó y echó una mirada a mi rostro diciendo:

“¡Un descendiente del Profeta (BP) y un servidor del Imam Husein (P) no retrasa su oración hasta esta hora!”.

Dije: “Está bien”. Todavía faltaban dos horas para la puesta del sol, y ese día había estado yo como invitado en un lugar y por ello hasta esa hora aún no había realizado la oración. Bien miró mi rostro vio ese estado en mí y me hizo esa observación. Ese suceso provocó que, en ese mismo período de mi adolescencia y luego también, muchas veces yo participara en sus reuniones -las que por ejemplo se realizaban en la casa del señor Hakîmî el herrero- y desde los albores de mi juventud sentí que las palabras que ese hombre profería eran producto de la inspiración divina, ya que, si bien no tenía estudios académicos, cuando hablaba cautivaba a todos a los que se dirigía, de forma que yo todavía tengo recuerdos de sus palabras. Entre las palabras que siempre tengo en la mente están aquellas que dijo:

“Dejad de lado la palabra “nosotros”. Ahí donde gobierna la palabra “yo” o “nosotros” hay idolatría. Solamente un pronombre debe regir, y es el pronombre “Él”. Si dejáis de lado este Pronombre los demás conformarán idolatría”.

Cuando Yenâbe Shaij explicaba palabras como éstas, era como si hipnotizara el corazón y la mente de la persona.

La ira: el flagelo de la oración

Se narró de Yenâbe Shaij que dijo:

“Una noche cerca del ocaso, pasé por una mezquita ubicada al principio de la avenida Sîrûs en Teherán, para realizar la oración en su tiempo preferible. Ingresé por el recinto para pernoctar de la mezquita y vi a una persona que se encontraba rezando, alrededor de cuya cabeza había un halo de luz. Me dije: “Luego de rezar me presentaré ante él para ver qué peculiaridad posee que alcanza tal estado durante el rezo”.

Después de terminar de rezar salí de la mezquita en su compañía y ya cerca de la puerta de la misma discutió con el encargado de la mezquita, le gritó y siguió su camino. Tras su enojo vi que ese halo de luz se desvaneció de su cabeza”.

Notas
1 Mîzân Al-Hikmah, 7, 3092, 2266, 10535.
2 Mîzân Al-Hikmah, 7, 3124, 2299, 10669.
3 Mîzân Al-Hikmah, 7, 3116, 2290, 10635.
4 Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij dice: “Al igual que el fallecido Aiatul·lah Muhammad ‘Alî Shâhabâdî, repetía tres veces el dhikr del rukû‘ y del suyûd”.
5 Sûra Iûsuf; 12: 39.
6 Mîzân Al-Hikmah, 7, 3130, 2302, 10685.

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