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Perfeccionando nuestro ayuno de Ramadán

La práctica del ayuno es consecuencia de una cosmovisión diferente que valora al hombre no tanto por lo que posee materialmente en cantidad, sino por lo que puede “prescindir”

02/07/2015 - Autor: Kamel Gomez - Fuente: Caminos Religiosos
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Por supuesto, no es lo mismo el ayuno en países de mayoría musulmana, allí las cosas son más sencillas, pues un país entero se mueve detrás de una práctica espiritual. En los países donde la comunidad islámica es minoría, nuestro “sacrificio” es más complejo, pero no imposible.

En las sociedades no musulmanas, también tenemos que explicar no sólo en qué consiste el ayuno, sino el por qué del mismo. Entonces, surgen explicaciones que van desde “la purificación de toxinas del cuerpo”, hasta el “porque Dios lo ordena en el Corán”. Y si bien ambas explicaciones son correctas, es justo también mencionar que la práctica del ayuno es consecuencia de una cosmovisión diferente que valora al hombre no tanto por lo que posee materialmente en cantidad, sino por lo que puede “prescindir”.

Cualquier persona si ve a un deportista, o gente que cuida su aspecto físico con delicadeza y atención, no ve nada “extraño”. Más difícil es cuando aparece una acción que no conlleva ningún beneficio en este mundo, y que para colmo nos obliga a doblegar nuestro “ego” y contrariarlo. Es que los verdaderos beneficios para el alma no entran en el mercado y su consumo.

Además, en nuestras comunidades tenemos la bendición de recibir año tras año a hermanos y hermanas que recién empiezan a transitar el sendero del Islam, y que reciben con alegría su primer ayuno.

En las líneas que siguen, mencionaremos algunas “tareas” que invitamos a realizar a varios integrantes de la comunidad en la ciudad de Mar del Plata y que pensamos puede ser de utilidad para otros.

a-Perfecciona tu oración

La oración o plegaria es el pilar más importante en el Islam. Muchos hermanos que recién empiezan a sumergirse en la Voluntad Divina, empiezan a estudiar la oración, sus posiciones, sus partes en árabe, etc. Otros hermanos conocen la oración desde muy chicos.

Quienes han apreciado el sabor de la oración, jamás la descuidan. El honor de poder encontrarnos con Dios en diferentes momentos del día, de entregarnos a la dulzura de Su Recuerdo, vincular nuestra alma a Su Misericordia, estar por un momento conscientes de lo pequeño e insignificante que somos ante el Infinito de su Grandeza, son algunas de las realidades de la oración.

Sin embargo, a veces los musulmanes la descuidan, porque están muy ocupados, porque tienen que estudiar, porque no tienen tiempo para Dios, pero sí para este mundo y nuestro ego. Muchos musulmanes, en el momento de la oración, no pueden despegarse de internet ni del celular, y quizás pasan horas hablando del Islam, pero en el momento de la práctica, vienen las excusas. En este mes, debemos concebir que tenemos que comprender para practicar, y practicar para comprender.

In sha Allah (si Dios quiere) este mes podamos todos mejorar nuestra oración, tratando de realizarlas todas. Y aquellos que las hacen todas, que puedan mejorar en los horarios, en hacerlo en grupos, y agregando alguna recomendable, teniendo en mente a nuestro amado Profeta Muhammad.

b-Encuentra tu aleya

El Corán es nuestro libro revelado. Todo musulmán tiene una relación especial con el último mensaje revelado por Dios a la humanidad. Ocupa un lugar central es nuestra vida, pero a veces parece que es un libro bien ubicado en nuestra biblioteca, un material de consulta más. Es cierto que muchas veces leemos cosas que están vinculadas al Corán, que lo explican indirectamente.

En el mes de ramadán, es una buena acción leer el Corán completo, sea en árabe, o en español. Sabemos que el Corán está dividido en 30 partes. Podríamos leer 100 aleyas por día, o cincuenta por día. Lo importante, es encontrar el mensaje que el Corán tiene para darnos en cada momento de nuestras vidas. A veces una aleya que para alguno pasa inadvertida, para otros es trascendental.

Aquí van dos ejemplos.

Hace poco una persona se acercó interesada en estudiar el Islam. Cuando le preguntábamos que pensaba que era el Islam, nos dijo: “leí el Corán, las aleyas 89:27-30 y por eso estoy acá”.

Dice Dios en el Sagrado Corán:

يَا أَيَّتُهَا النَّفْسُ الْمُطْمَئِنَّةُ

ارْجِعِي إِلَى رَبِّكِ رَاضِيَةً مَّرْضِيَّةً

فَادْخُلِي فِي عِبَادِي

وَادْخُلِي جَنَّتِي

¡Oh alma sosegada!

Regresa a tu Señor, satisfecha y satisfactoria.

Y entra con Mis siervos.

Y entra en Mi jardín.

(Corán, capítulo 89- La Aurora-, aleyas 27 a 30).

El otro ejemplo proviene de Qom, ciudad santa del Islam, ubicada en Irán. Dios me regaló ese viaje en el año 2007.

Había un hermano que había llegado a los cursos que se dan en español. El hermano estaba perdido, se la pasaba tocando una guitarra que había llevado, y dormía. Apenas iba a las clases. Conclusión: Qom era mucho para él.

Sin embargo, hablando con él, le consultamos su razón de ser musulmán, y dijo: “Leí el Corán, y ahí estaba mi vida”. Entonces citó:

أَلَمْ يَجِدْكَ يَتِيمًا فَآوَى

وَوَجَدَكَ ضَالًّا فَهَدَى

وَوَجَدَكَ عَائِلا فَأَغْنَى

¿Acaso no te halló huérfano y te amparó?

¿Y no te halló perdido y te guió?

¿Y no te halló pobre y te enriqueció?

(Corán, capítulo 93- La Claridad-, aleyas 6 a 8)

c-Encuentra tu súplica

La súplica es el escudo del creyente, el arma de los profetas, el intelecto de la adoración. Es nuestra comunicación con la Fuente de la Creación. Es luz de los cielos y la tierra. Es el momento de la confidencia, de la lágrima, del perdón y de la brisa de amor llenando nuestro corazón.

En el mes de ramadán tenemos muchas súplicas que son recomendables. Hay súplicas que tratan más de Dios y la mención de sus Atributos, como también están las súplicas vinculadas a necesidades materiales y, principalmente, espirituales.

Sabemos que los días de ayuno no deben ser como el resto de los días. Y también sabemos que si no se nos perdona en el mes de ramadán, no se nos perdonará hasta el próximo año. Aquí la súplica con la sinceridad y la intención son muy importantes.

Además, la súplica puede cambiar nuestro destino. Aquí surge el concepto de bada’ que, desde la escuela shii’, significa el cambio de lo predestinado.

Nos enseña el Mensajero de Dios, Muhammad (BPD):

“Un hombre, a causa de sus pecados, se niega el sustento que Dios ha designado para él. Y no existe nada que pueda cambiar este hecho, a menos que suplique; y no hay nada que alargue la vida, a excepción de las buenas acciones.”

Por lo tanto, si todavía no tenemos alguna súplica elegida, vale la pena el poder encontrarla, in sha Allah.

Al final de estas lineas dejamos una para compartir.

d- Lucha contra ti mismo.

El Imam Alí (P) nos enseña que hay personas que con el ayuno sólo logran tener sed y hambre. Hay musulmanes que solo hacen el aspecto formal de las cosas, distraídos del verdadero objetivo que persigue el ayuno.

Dijo el Profeta (BPD):

Éste es el Mes de Ramadán. Quien ayune en su día, se ponga de pie en adoración parte de su noche, preserve su estómago y sus partes pudendas, y resguarde su lengua, por cierto que habrá salido de los pecados, tal como sale del mes”.

Dijo un compañero: “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Qué hermosa enseñanza!

Y el Mensajero de Dios sentenció: “¡Pero qué difíciles condiciones!

El Imam Jomeini en su gran obra “Al-Arbau’na Hadizan”, nos menciona sucintamente la tarea a desarrollar para aquellos que se encuentran en la primera estación del nafs. En esta estación (Manzil al-Mulk), el Imam nos advierte de los siete ejércitos vinculados al cuerpo: los oídos, los ojos, la lengua, el estómago, el sexo, las manos y los pies.

Él nos trae las condiciones para el combate con estos ejércitos, siendo la primera el “Tafakkur” (reflexión, meditación). Aquí debemos reflexionar sobre nuestro “Taklif” o responsabilidad en el mundo, y tomar la determinación para llevar una vida imitando al Profeta Muhammad (BPD), en especial cuidándonos de respetar todo lo relacionado a la Sharia o ley islámica.

Además, el Imam nos trae un ejercicio espiritual muy recomendable que comienza con cada uno de nuestros días, estableciendo con Dios un “acuerdo” o “Musharata”, por ejemplo: no hacer nada contra Dios y sus mandatos. Durante el día, practicamos la “Muraqaba” o “vigilancia espiritual”, esto es, estamos atentos a no romper nuestro “acuerdo” con Dios. Al final del día, el Imam menciona realizar la “Muhasaba” o “rendición de cuentas”. El final de la primera estación se logra alcanzado el “Tadakkur” (recuerdo), en relación a recodar la grandeza de Dios y tener un estado de “agradecimiento” o “Shurk”.

e- Protégete de la “gente de la innovación” (Ahlul Bida’a)

Nos referimos con este término a la gente que exagera un aspecto minúsculo de nuestra Guía, y descuida lo fundamental. Son los que profundizan en lo secundario, o hasta en lo insignificante.

Conocemos a cierto sector del Islam que reproduce lo anterior por doquier, mientras “repiten de memoria una enseñanza que nunca van a comprender”.

Nosotros le adjudicamos, quizás por lo de “dime de qué te jactas, y te diré de qué careces” ser un extremo de la “la gente de la innovación”.

El otro extremo, y sabemos que “los extremos se tocan”, son los supuestos “místicos” que insisten también con lo exterior: la barba, la ropa, el masbaha (rosario) en la mano.

Éstos, “inventan errores nuevos” cada fin de semana con sus espectáculos de seminarios y danzas.

Los primeros reducen el Islam a meras fórmulas legalistas; los segundos, hacen su ley según sus circunstancias. El intelecto, mientras los primeros no saben qué es, los segundos lo prohíben en nombre del “sentimiento”.

Los musulmanes, muchas veces solemos comportarnos así, y debemos ser cuidadosos en nuestro interior para no descuidar nuestro intelecto, que es nuestra Guía interna, para no amputar el mensaje del Islam, que es nuestra Guía Externa.

Finalmente, esperamos que estas palabras ayuden a los integrantes de la umma, rogando a Dios acepte nuestro ayuno, y perfeccione nuestra comprensión y práctica, ual hamdu lil lahi rabbil a’lamin…

يا مَفْزَعي عِنْدَ كُرْبَتي، وَيا غَوْثي عِنْدَ شِدَّتي اِلَيْكَ فَزِعْتُ، وَبِكَ اسْتَغَثْتُ، وَبِكَ لُذْتُ لا اَلُوذُ بِسِواكَ وَلا اَطْلُبُ الْفَرَجَ إلاّ مِنْكَ، فَاَغِثْني وَفَرِّجْ عَنّي، يا مَنْ يَقْبَلُ الْيَسيرَ، وَيَعْفُو عَنِ الْكَثيرِ، اِقْبَلْ مِنِّي الْيَسيرَ وَاعْفُ عَنِّي الْكَثيرَ، اِنَّكَ اَنْتَ الْغَفُورُ الرَّحيمُ، اَللّـهُمَّ اِنّي اَسْاَلُكَ ايماناً تُباشِرُبِهِ قَلْبي، وَيَقيناً حَتّى اَعْلَمَ اَنَّهُ لَنْ يُصيَبني إلاّ ما كَتَبْتَ لي، وَرَضِّني مِنَ الْعَيْشِ بِما قَسَمْتَ لي يا اَرْحَمَ الرّاحِمينَ، يا عُدَّتي في كُرْبَتي، وَيا صاحِبي في شِدَّتي، وَيا وَليّي في نِعْمَتي، وَيا غايَتي في رَغْبَتي، اَنْتَ السّاتِرُ عَوْرَتي، وَالاْمِنُ رَوْعَتي، وَالْمُقيلُ عَثْرَتي، فَاغْفِرْ لي خَطيئَتي يا اَرْحَمَ الرّاحِمينَ .

Iâ mafza‘i ‘inda kurbatî ua iâ gauzî ‘inda shiddatî ilaika fazi‘tu ua bika-stagaztu ua bika ludhtu lâ alûdhu bisiuâka ua lâ atlubu-l-faraÿa il·la minka fa agiznî ua farriÿ ‘annî iâ man iaqbalu-l-iasîra ua ia‘fû ‘anil kazîr iqbal minnî-l-iasîra ua‘fû ‘annî-l-kazîr innaka anta-l-gafûru-r-rahîm. Al·lahumma innî as’aluka imânan tubâshiru bihî qalbî ua iaqînan hatta a‘lama annahu lan iusîbanî il·la mâ katabta lî ua raddinî mina-l-‘aishi bimâ qasamta lî iâ arhama-r-râhimîn iâ ‘uddatî fî qurbatî ua iâ sâhibî fî shiddatî ua iâ ualî fî ni‘matî ua iâ gâiati fî ragbatî anta-s-sâtiru ‘auratî ual aminu rau‘atî ual muqîlu ‘azratî fagfir lî jatî’atî iâ arhama-r-râhimîn

¡Oh mi refugio durante las aflicciones, mi amparo en las tribulaciones! En Ti me refugio, pues Tú eres mi auxiliador. Vine hacia Ti y a ningún otro puedo pedirle la solución de mis problemas, excepto a Ti. Por lo tanto, ayúdame y desata el nudo de mi corazón.

¡Oh quien aceptas la poca entrega, y en cambio, perdonas muchos pecados! Acepta mis pocas acciones y perdona mis muchos pecados. Ciertamente, Tú eres el Indulgente, el Misericordioso.

¡Oh Dios!, concédeme una fe firme que permanezca en mi corazón, y certeza para comprender que nada sucede sin que me lo hayas predestinado. Haz que me sienta satisfecho con Tus mercedes.

¡Oh el más Misericordioso de los misericordiosos! ¡Oh la Fuente de mi fuerza cuando estoy triste! ¡Oh Compañero de mis aflicciones!, ¡Oh el que me da y cuida de mis bendiciones! ¡Oh el Objetivo de mis ilusiones! Tú eres quien oculta mis defectos, Quien me da seguridad cuando me invade el miedo y Quien absuelve mis caídas. Así pues ¡perdona mis faltas! ¡Oh el más Misericordioso de los misericordiosos!

 


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