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Criterium Naturae

Algunas reflexiones sobre la obra de Yabir Abu Omar

19/06/2015 - Autor: Círculo Sothis - Fuente: Webislam
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Simile luna speculum solis.

La reciente publicación de la obra Criterium Naturae, auténtico compendio de la Espagiria, fruto del trabajo del  fallecido Yábir Abu Omar.(Ed. Mandala, 2014) es quizás el mejor medio de adentrarnos en un paradigma médico que, aún ignorado por la mayoría, forma parte de nuestra herencia cultural y que, debido a la profundidad de sus propuestas, debería ser parte de nuestro futuro. Nos estamos refiriendo a la Espagiria Andalusí. La referencia más cercana para entender la Espagiria Andalusí es la de una de sus ramas occidentales: la Homeopatía, y su afirmación: “lo semejante cura a lo semejante”. La Espagiria andalusí atesora una cosmología y unas herramientas terapéuticas desarrolladas a partir de esa visión de las fuerzas elementales de la Naturaleza y su dinámica operativa, que resultan desconocidas para el público interesado en vías alternativas en el campo de la salud.

Yabir Abu Omar (fallecido en Granada en 2009) reunía un bagaje humanístico y científico que le posibilitó el redescubrimiento de esta ciencia. Unos breves apuntes sitúan su figura y su obra:

Yabir Abu Omar fue médico, doctorado en Filología Semítica por la Universidad de Granada en 1976, Maitre de Conferencias en la Universidad de Argel (Argelia) 1976-1978, donde trabajó como Profesor de Cultura Andalusí, en la Facultad de Letras.

Entre 1979 y 1984 dirigió la Biblioteca de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de Granada.  Su interés  por la alquimia desde que era un adolescente, y  su posterior evolución personal hacia el islam le convirtieron en un buscador del arte kémico que se desarrolló a partir del conocimiento  del antiguo Egipto y fue preservado en la tradición terapéutica, hermética y gnóstica del islam. Curiosamente, no fue en la Biblioteca granadina donde Yábir encontró los textos de espagiria y medicina kémica andalusí que andaba buscando, sino en los fondos de la Biblioteca del Escorial, donde Arias Montano y una escuela de espagiristas agustinos habían preservado antiguos textos islámicos. Su conocimiento del árabe clásico y del trasfondo simbólico alquímico  le abrió las puertas a un mundo desconocido para sus contemporáneos, al poder interpretar en clave contemporánea aquello que los antiguos textos –con su lenguaje hermético- ocultaban y desvelaban a la par.

Diplomado como Heilpraktiker por el Keppler Institute de Munich en 1994. En 1990 Yábir fundó en España el primer Laboratorio Espagírico Sothis con el propósito de recuperar la antigua ciencia de la Espagiria, o Medicina de origen alquímico. Escritor de varios libros y artículos sobre el tema, impartió seminarios y conferencias sobre Espagiria en España, Argentina, Chile y México, adaptando esta extraordinaria ciencia para los profesionales contemporáneos de la medicina y las terapias alternativas.  La serie de TVE 'La pasión de vivir' definió a Yabir como “un alquimista del siglo XXI”.

En un artículo divulgativo, La espagiria, la medicina alquímica andalusí, Yábir situaba el contexto histórico e introducía la cosmovisión alquímica:

“Cuatro o cinco mil años de antigüedad. Ese es el tiempo que hace que el hombre conoce la Medicina Espagírica, el arte de curar originario del antiguo Egipto. El conocimiento pasó de Egipto a Al-Ándalus y de ahí al olvido. En la era de las nuevas tecnologías de la información, en pleno siglo XXI, aparece de nuevo.
La Alquimia y la Medicina, han mantenido siempre una estrecha relación de contenidos. Ambas ciencias, cada una en su terreno, se han ocupado de un modo preferencial de la Salud Humana pese a que sus criterios nunca fueron coincidentes.

Esto, desde luego, demanda una explicación razonable y coherente ahora que la Espagiria, hermana menor de la Alquimia y ciencia hermética como ella, comienza a resucitar con creciente éxito en los círculos de las Medicinas alternativas de Europa.

Mientras que la Medicina debe su nombre y su existencia a los “medos” o persas, las ciencias de la salud derivadas del paradigma egipcio,el antiguo país de Kemi o de la “tierra negra”, desarrollaron el término “kémico” o su forma latinizada “chémico”
Ciencias “kémicas, epíteto al que los árabes prestarían su artículo para convertirse en “al-kémico”, de donde naturalmente proviene el sustantivo “alquimia”. Ambos términos, “medicina” y “alquimia”, tuvieron pues en principio una semántica común y sin embargo sus presupuestos y pilares fueron siempre completamente distintos e incluso radicalmente opuestos. Mientras que el paradigma persa o “medico” se decantó, en absoluta coherencia con el dualismo tradicional iranio, por la curación por medio de la oposición de contrarios (el calor se quita con el frío y el frío con el calor), el paradigma egipcio o kémico, desarrolló un sistema basado en la curación por lo semejante al que se llamó también medicina simpática, ley de las signaturas y a partir del siglo XVIII, homeopatía.

Durante la Edad Media, ambas escuelas de pensamiento perviven y desarrollan sus métodos tanto en el mundo cristiano como en el musulmán, y será a partir del siglo XVI cuando en la Europa del Renacimiento se adopte definitivamente el paradigma “médico” como al oficialmente reconocido, reduciendo a la vieja “al kimiya” a la categoría de pseudo-ciencia, y lo que es peor, se la incluye en el índice de las ciencias malditas.

El devenir de la Historia han hecho que hoy, el término “alquimia” se aplique tan solo a una ciencia mítica y legendaria, empeñada en transmutar metales innobles en oro y prácticamente despojada de toda la dimensión que antaño tuvo como “ciencia de Salud”. Sabemos empero, que como ocurriera en los tiempos remotos del Egipto faraónico, el paradigma kémico gozó del reconocimiento y apoyo de los poderes públicos durante la mayor parte del período andaluz.

Efectivamente, uno de los momentos históricos más felices para la vieja Alquimia, fue durante los siglos dorados de la hegemonía islámica. La búsqueda del Conocimiento (maarifa) como imperativo coránico, junto con la tendencia al Unitarismo (tawhid), una de las características doctrinales del Islam, conforman dos potentes vectores que fueron capaces de animar la expansión del Islam medieval y que explican en gran medida, la política de recopilación de tradiciones y manuscritos  fomentada por muchos de los califas.

Posiblemente, el unitarismo doctrinal que emanan las escuelas de pensamiento egipcias de la Alejandría helenística debió enamorar a los musulmanes, de modo que, no sólo protegieron a estas escuelas, sino que las islamizaron rápidamente conectándolas con otras corrientes de pensamiento, supervivientes también del paradigma kémico y que se mantenían vivas en algunos lugares de Oriente Medio.

Con el Renacimiento, el viejo paradigma kémico, sufre la persecución de la intolerancia, los kémicos moriscos (Hakim) que se habían formado en las escuelas y universidades de al Andalus, especialmente en Granada, continuaron ejerciendo su profesión durante algunos años tras la conquista de la ciudad nazarí, pero su ciencia, ilegalizada por el Estado cristiano, quedará proscrita y desprestigiada en la mayor parte de los casos. Técnicas tan sofisticadas como la de las almácigas o atramentos, tintas medicinales confeccionadas según la ciencia espagírica y que se utilizaban para escribir sobre un papel caracteres y cifras calculados con complicadas técnicas ,para ser desleídos después en agua o, suero lácteo o en vino, fueron prohibidas y perseguidas por considerar (según consta en varios procesos inquisitoriales)que con los dichos caracteres se invocaba a Mahoma y a los demonios. Esta técnica sofisticadísima de la almácigas, terminó ya desvirtuada y desprovista de su original rigor científico (téngase en cuenta que unía en un mismo proceso la precisión de las diluciones decimales, las microdosis y el concepto de onda de forma tal y como hoy lo concibe la Homeopatía y la Radiónica) formando parte del arsenal de brujos y curanderos rurales que incluso en nuestros días escriben en un trocito de papel oraciones cristianas para que los pacientes las ingieran desleídas en vino o en agua. Algo parecido ocurrió con los “sahumerios” aplicados tras el “hammam” o baño de vapor que fueron considerados como sospechosos de ser rituales de brujería y de invocación a los diablos, cuando en realidad se trataba de una magnífica vía de aplicación de las propiedades más volátiles de ciertas plantas medicinales.

La fabricación misma de los remedios según las técnicas de la fermentación y el destilado tras la captación del Espíritu Universal por medio del rocío del mes de Mayo, que era la base operativa de la Espagiria, corría serio peligro de perderse tras el terrible embate de la intolerante ignorancia. La intervención afortunada de un rey, logró empero salvar una vez más a la Tradición hermética del destierro y del olvido.

Felipe II enamorado de la Alquimia y por ende de su hermana menor, la Espagiria, logró con la preciosa colaboración de Arias Montano, su bibliotecario, no solo recuperar gran cantidad de obras alquímicas y espagíricas escritas en árabe y en hebreo y procedentes de las expoliadas bibliotecas de al-Andalus, sino que también se supo rodear de alquimistas y espagíricos moriscos con los que fue convirtiendo el misterio de la fabricación de los antiguos remedios espagíricos en la confección no menos misteriosa de benditos licores medicinales a cuya esmerada fabricación se aplicaban frailes. ¿De que mejor manera podría ocultarse parte de la ciencia kémica de los musulmanes, sino entre bebidas alcohólicas y monjes?

La persecucción de la Espagiria en el resto de Europa, si bien fue en apariencia más discreta, no dejó sin embargo de hostigar a los espíritus más inquietos del Renacimiento. Giovani Pico de la Mirándola, Láscaris, Alexander Sheton y desde luego el gran Paracelso, sufrieron cada uno a su manera los ataques de la estulticia institucional. Pese a lo que suelen decir las biografías modernas,el verdadero iniciador de Paracelso en las ciencias kémicas, no fue el abate Tritemio, con el que ciertamente estudió en su juventud, sino Solimán Trismosin, un alquimista de origen granadino, como tantos otros desterrado en Estambul. Fue precisamente allí, en la antigua Constantinopla, donde Paracelso fue iniciado.”

En  el texto Criterium Naturae, que ahora ve la luz, Yabir define el mito creador del Génesis y su frase crucial: “y separó Dios la Luz de la Tiniebla” como el inicio del movimiento “solve-coagula” en el Universo, o la puesta en marcha del movimiento mercurio/azufre, o ying/yang, moción eterna en el que están implicados todos los gradientes de la vida.

El término “espagiria” al que nos venimos refiriendo, fue acuñado por el propio Paracelso en referencia directa a los vocablos griegos “spao” (separar) y “ageirein” (reunir) y nos lleva directamente al apotegema fundamental de del paradigma kémico y por tanto de todas las ciencias herméticas : “solve et coagula”, esto es: disuelve y cuaja, imperativos que definen a los dos estados polares de la materia: : Sulphur y Mercurius. Podríamos definir al Mercurius como al estado de máxima disolución a que tiende el Sulphur, y a este como al estado de máxima densidad a que tiende el Mercurius. Como puede adivinarse,ambos polos extremos de la materia conforman un todo dinámico.

Una misteriosa fuerza a la que los alquimistas llaman “espiritus mundi” “(Espiritu) universal”, “ruh” o simplemente “dynamis”, empuja irremediablemente al estado “sulphur”, llegado al máximo de coagulación posible, hacia la disolución, hacia la pérdida paulatina de toda cohesión, hacia el Caos. Esta entropía, empero, se halla compensada por un proceso contrario que anida en lo más íntimo del estado mercurial y que se comporta como el principio de coagulación. Si al extremo mercurial le llamamos Muerte, al extremo sulfúreo habremos de identificarlo con el nacimiento, de modo que cada uno de los dos extremos presenta en lo más íntimo de su naturaleza una irresistible querencia hacia el polo contrario. Podría decirse sin herir a la verdad, que en el seno del Mercurius habita el germen del sulphur y que en el corazón del sulphur se halla el primer ente del Mercurius, ley universal que explica la dinámica de toda la Creación y que en el caso del drama humano se traduce en la certeza de que vida y muerte forman parte de un único y necesario proceso, de una cadencia,de una simetría dinámica impuesta por el mismo Espíritu Universal desde el principio de los tiempos.

Los estados extremos que acabamos de definir, se completan con un tercer elemento al que Basilio Valentin dio el nombre de “Sal”. El estado salino es por definición un estado intermedio, producto del choque violento entre el sulphur y el mercurius. La sal tiene a su vez la propiedad de detener temporalmente la dinámica del espíritu Universal apresándolo en una suerte de red o malla cristalizada. El fenómeno de la cristalización fue por eso, estudiado con especial atención por espagíricos y alquimistas, habida cuenta de que suponía por un a parte un instrumento natural capaz de frenar la entropía y por tanto capaz de alargar la vida física y por otra un modo de manipular informaciones energéticas altamente sutiles e incluso de atrapar en la red adecuada al mismísimo motor del Universo: el Spiritus Mundi.

En Criterium Naturae, Yábir muestra como a partir de la Unidad Original en el Mar de Posibilidades, la dinámica solve-coagula, ordena los elementos, el espacio, e incluso el tiempo. Una cita que puede sonar extraña, apunta a uno de los secretos de la Espagiria:

“Esta idea del presente eterno y real, del tiempo radial como ‘medida de movimiento’ nos lleva a la experiencia mística de parar el Sol, tal y como hizo Josué, lo que equivale a observar la Luz desde la dimensión 0, o Mar de Nun.... El manejo de la cuarta dimensión en el laboratorio espagírico se nos mostrará como fundamental.” (C.N., pag. 122-123)

Los sistemas terapéuticos desarrollados a partir de una tal cosmogénesis, como fácilmente puede comprenderse, difieren de forma radical de aquellos a los que nuestro mundo nos tiene acostumbrados. Los propios conceptos de Salud, Enfermedad, Nacimiento y Muerte, cobran en el contexto de la Espagiria una semántica bien distinta y se insertan en una escala de valores diferente. Para el espagírico lo fundamental es establecer la situación correcta del paciente en el vector coagula-solve, o más claramente expresado: en el vector nacimiento-muerte. La ciencia kémica establece varios métodos y sistemas capaces de determinar ese estado sulphur-mercurius, esa “edad biológica” que nos interesa y que determinará el “temperamento activo” del paciente. La observación de las leyes herméticas, la Astrología y otros recursos de la Espagiria, determinan  el patrón físico y mental hacia el que se debe tender en cada caso para obtener la curación.

Sabedor el espagirista de que el conjunto de fuerzas o modulaciones del Espíritu Universal que actúan sobre su paciente es el mismo que actúa en toda manifestación de la Naturaleza, se aplicará en seguida a utilizar esas mismas fuerzas para la confección de su remedio haciendo uso de la ley de las signaturas y de la aplicación del Algebra sagrada. Un procedimiento al que llamamos “ritmificación” ajustará la dosis y la frecuencia del remedio al diapasón biológico del paciente y al ritmo conveniente del Sol y de la Luna. Este ajuste a los ritmos del Universo es de especialísima importancia en nuestra ciencia, tanto a la hora de aplicar un preparado como a la de confeccionarlo. En realidad, la ritmificación no es sino la expresión consciente de la Simetría, y por ende, la alineación consciente con el Nous u Orden frente al Caos o tendencia entrópica.

Exactamente el mismo sentido tiene el ordenamiento del tiempo sagrado respecto a la posición del sol en las plegarias rituales del islam y en algunas fiestas del antiguo calendario cristiano. En este sentido, podríamos decir que rezar es ritmificar el espíritu del hombre, ordenar el alma y la voluntad con el Nous y frente al Caos, de modo que ,visto así, el afirmar el rol espiritual y el carácter sacerdotal de la espagiria como Teurgia, cobra todo su sentido.

Aunque pudiera parecer increíble, el hilo de la tradición de la auténtica Espagiria, entendida como arte de curar, no se ha roto nunca. Su vieja filosofía unitarista que parte de un solo estado de salud frente a una única enfermedad, sigue vigente en la práctica de algunos, no muchos ciertamente, profesionales y vuelve a levantar la cabeza y a emerger (no sin dificultad) de los oscuros antros en los que había sido recluida. Desde hace unos años, el laboratorio Sothis se hace heredero de la tradición espagírica andalusí y saca a la luz de nuevo, remedios espagíricos elaborados tal y como se hacía en la Granada islámica. Los métodos terapéuticos, la paciente y artesanal elaboración de triacas, arcanos y magisterios, la recogida en Mayo del Rocío cargado de espíritu universal en los pies de Sierra Nevada, se conjugan ahora con los instrumentos de investigación modernos siguiendo así fielmente el camino que los avatares del destino frenaran en seco hace ya cinco siglos.

Una de las afirmaciones  de Yábir definía el origen de la vida, al tiempo que sugería el modo de intervenir en esa dimensión original o campo organizativo:

Todos los seres de la Naturaleza son adaptaciones del Espiritu Universal (Ruh). Distintas forma de organizarse respecto a la Luz del Sol

Yábir, en cierta dimensión, era un alquimista de la Luz, de hecho tenía el proyecto de atrapar mediante un dispositivo electrónico la información lumínica de varias estrellas y preparar arcanos a partir de esa información lumínica.  Puede parecer extravagante, una mezcla de tradición alquímica y ciencia-ficción, pero ¿Acaso la labor humilde y  primera de una espagirista –la recogida del rocío en determinada fase de las dos lunas de primavera- no está relacionado con atrapar la luz que ha impregnado el rocío en ese ciclo lunar? Las palabras finales de Yábir en la presentación de la Espagiria andalusí  merecen consideración:

La vieja Espagiria, en sus diversas escuelas, hijas todas, eso sí, del mismo paradigma, comienza a desperezarse y a tomar carta de naturaleza en nuestro país.

Pero no todo son rosas en esta historia recuperada, pues nuestra ciencia no se salvará de   oscuros personajes que desde la mediocridad saldrán como legión de falsos profetas a enseñar lo que nunca supieron, a engañar a las buenas gentes con mil trucos, falacias y  eclécticas consignas. Deberemos estar avisados a la hora de discernir al verdadero espagírico del charlatán soplador. Pese a todo, los caminos están trazados, y si Dios lo permite, se configurará de nuevo la Tradición con toda su fuerza. Todo ocurrirá tal y como deba ocurrir.

El paradigma kémico-andalusí del que bebiera el mismo Paracelso,  debe resurgir  hoy con vocación artesanal, en la sencillez sabia de los gremios y maestrías y no entre diplomas y vanaglorias. Los viejos instrumentos salen de nuevo a la luz tras casi quinientos años de forzado silencio, de una u otra forma, en tiempos de penuria o de abundancia, la transmisión de las Ciencias de Hermes no se romperá nunca, tal vez porque sus leyes están escritas en el corazón de los hombres.”

Otro texto de Yábir ahonda en la espagiria con un matiz de ascesis y búsqueda iniciática que el sistema sanitario actual ha pretendido borrar, tratando de separar las manifestaciones físicas del entorno psíquico y existencial del enfermo, y por supuesto sepultar en el olvido su dimensión más espiritual, que es de donde a menudo proceden los síntomas de la enfermedad:

“Ciertamente, es la mano del Guerrero quien convierte a la espada en instrumento de la Justicia, mientras que la del verdugo la mancilla y la rebaja a la condición de herramienta de tortura. Sin embargo no te engañes, hermano, que el perfume se halla en la rosa y no en la mano del jardinero.”

Abu Ismail Abdallah Ash-Shamsi  (Granada s. XV)

Conocida es de sobra la relación física y espiritual que une al guerrero con sus armas, y por el contrario, se mantiene en una muy discreta sombra el estrecho abrazo que siempre ha existido entre la caballería mística y los “remedios curativos” o “preparadores” (del latín curo = preparar). Efectivamente, el bálsamo, la pócima o el sahumerio se nos muestran tan ligados en la tradición caballeresca al verdadero guerrero tradicional como la espada, el arco o la adarga. Es preciso apuntar, empero, que del mismo modo que la espada del guerrero auténtico es de muy distinta naturaleza que las “armas sin honor” del verdugo o del sicario, los bálsamos y remedios del caballero tampoco son los del vulgo.

Entre los musulmanes (andalusíes de la Edad media), la búsqueda de la “mesa de Salomón” encierra el mismo arquetipo que el Grial de la caballería cristiana, es decir el Gran Yihad o la guerra santa interior para la que los guerreros deben prepararse de forma muy especial en una suerte de liturgia capaz de convertir las armas, hasta entonces vulgares, en instrumentos de poder. Pero el velar las armas no es suficiente para conferir a un trozo de acero la virtud de una Excalibur, sino que es necesario previamente el haber confeccionado el arma de acuerdo a los misterios del acero y a los secretos del templado y de la forja alquímicos, lo que nos lleva al misterioso acero de Damasco o a las reputadas katanas del Japón medieval. La reliquia, el talismán o la inscripción rematan generalmente el carácter y la intención a que está dedicada el arma, que a partir de ese momento se hace inadecuada para usos “vulgares” o para manos indignas. Y así, la espada transforma al guerrero y el guerrero transforma a la espada de modo que ni el uno ni el otro volverán jamás a ser el de antes.

Si estas “transformaciones” que implicaban en otros tiempos el cambio de nombre, el voto y el compromiso de por vida, se oficiaban con el maestro de armas o maestro marcial, era el maestro espagírico o alquimista quien preparaba el elixir o el bálsamo adecuado al caballero en cuestión, a veces tan personalizado que solo mostraba su virtud con el guerrero para el que se había compuesto. El más conocido de nuestros caballeros del gran Yihad o guerra santa interior que es el buen Don Alonso Quijano, cuyo nombre de guerrero es el de D. Quijote de la Mancha, hace mención de esta virtud personalizada de su bálsamo (conocido, por cierto como “bálsamo de Fierabrás” nombre que apenas esconde su verdadera naturaleza si lo leemos en árabe : “fi rabbi ar ras” que podemos traducir como: “la cabeza en mi Señor” o “El pensamiento en mi Señor”) cuando le dice a su escudero: “Yo creo, Sancho, que todo este mal te viene de no ser armado caballero, porque tengo para mí que este licor no debe aprovechar a los que no lo son”.

El guerrero que busca la Transformación total de su Ser, el Fanah o aniquilación del ego de los sufíes del islam, la contemplación del Sant Grial de Parsifal, necesita no solo de la espada, sino del elixir. Si las aguas de la laguna Estigia fueron el elixir de Aquiles, la piel de una serpiente y una misteriosa planta sirvieron para componer el elixir buscado por Gilgamés, y Fierabrás sirvió a D. Quijote, hemos de convenir en que en todos ellos se da un componente de naturaleza espiritual que convierte a estos “remedios” en verdaderas sustancias vivas y es precisamente la ciencia ,la tradición y el arte espagírico quien se ha aplicado desde tiempos inmemoriales a guardar los secretos que hacen posible la captación del llamado “spiritus mundi”, energía que vehicula el rocío del creciente lunar de la Primavera y que se muestra indispensable para la confección de todo remedio espagírico tradicional.

Las antiguas fórmulas alquímicas, perdidas en los grimorios medievales ora perseguidas, ora veneradas y siempre encriptadas entre verdaderos galimatías lingüísticos y matemáticos, descubren a quien se moleste en inclinarse sobre ellas, los fundamentos de una apasionante manera de comprender la Naturaleza y los secretos de unos eficacísimos “remedios vivos” para las heridas del cuerpo y unos auténticos bálsamos para las heridas del alma. Bálsamo y espada, no podía ser de otra manera, transmutan al guerrero porque a su vez han sido sometidos al mismo esquema de ascesis espiritual.

Forja del arma

Fuego (atanor u horno) Fuego (forja)

Aire (vapores destilados) Aire (fuelle de la forja)

Agua (disolvente y rocío) Agua (agua del templado)

Tierra (cenizas o sales) Tierra (cenizas y escoria del templado)

Remedio Espagírico

Nigredo: Trituración de la planta (almirez) Yunque (martilleo rítmico)

Albedo: Extracción o maceración forja y purificación. Cohobaciones (destilaciones reiteradas) reiteraciones y plegados de la hoja.

Coagulatio: Adición de sales calcinadas templado en aguas y tierras calcinadas.

Rubedo:  Rotación o circulación exposición al sol y a la luna.

Exaltatio: Dinamización, prueba de la sangre.

Estas fases que establecen un paralelismo entre la preparación de un elixir espagírico y la fabricación de una espada se completan con la vela y la imposición de reliquias e intenciones al arma y con la consagración del elixir que es revivificado gracias a la aportación del “spiritus mundi” en una operación muy especial.

El guerrero, por su parte deberá ir identificando los diversos avatares de su vida con las mismas fases a las que fueron sometidas el arma y el remedio y así, si Dios lo permite, averiguará un día que el bálsamo, la espada y él mismo, son en realidad, la misma cosa.

©Abu Omar Yabir

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