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Mi lectura del libro “Marruecos en Cervantes. Antología de textos”, de Fathi Abderrahman

¿Se inspira Cervantes en Marruecos?

11/06/2015 - Autor: Ahmed Oubali - Fuente: Webislam
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Ahmed Oubali, Doctor en Lengua y literatura Comparadas, por la Universidad Rennes II Haute Bretagne de  Francia y Catedrático de Semiótica de Textos en la Escuela Normal Superior de Tetuán.
Ahmed Oubali

Con mi lectura del libro “Marruecos en Cervantes. Antología de textos”, editado por el profesor Fathi Abderrahman, deseo abrir un debate constructivo y justo sobre el tema del libro. Propongo los siguientes ejes:

1. El título «Marruecos en Cervantes» no concuerda en absoluto con el contenido de la Antología ni lo representa porque las referencias a Marruecos, extraídas y puestas juntas, apenas ocupan 2 páginas entre las 353 del libro. Un grano de arena en el océano. Y en la obra total de Cervantes, un efímero suspiro en la Vía Láctea. Ello quiere decir que todos los textos, excepto dos, hablan básica y fundamentalmente de Argel (Lepanto, cautiverio, rescate, corsarios, fuga o liberación de presos y algunas que otras historias de amor) –y no aludo a los temas tan espinosos y enigmáticos que aún levantan ampollas y saltan a los titulares entre los cervantistas– mientras que las pocas referencias a Marruecos (unas 16 en total) se cristalizan en tres palabras = Tetuán, Marruecos, mazmorras, palabras descontextualizadas, incidentales, sin discurso o comentario cultural que las avale, visiblemente citadas de forma esporádica sólo para corroborar hechos principales de la propia narración. Su función verdadera es en definitiva obvia: en la mente de Cervantes aluden inexorablemente a un ambiente hostil, bélico y desagradable, el mundo de la piratería turco-berberisco-musulmán, donde las connotaciones del autor son todas disfóricas por antonomasia, cuando no son irónicas. Teniendo pues en cuenta la aplastante referencia a Argel y no a Marruecos -incluida la historia de Zoraida, que abarca más de 230 páginas (¡no entiendo qué “pinta” este nombre ficticio y no histórico en la Antología!)-, convendría, por honestidad intelectual, cambiar el título, a «Argel en Cervantes» y no «Marruecos en Cervantes», para representar mejor, rigurosa y concretamente los textos de la Antología.

2. Me permito ahora facilitar al lector (pero puede también verificar por sí mismo) la localización de estas rarísimas referencias porque por desgracia no están subrayadas en los larguísimos textos que las contienen, sin lo cual sería buscar una aguja en un pozo de paja. Como ya dije, todos los textos de la Antología giran en torno a Argel y no a Marruecos, excepto dos: donde Sancho confunde deliberadamente «almohadas» con «Almohades» (Don Quijote de la Mancha, pág. 102) y donde se cita al «Príncipe de Marruecos» para localizar mejor una calle (Viaje del parnaso, pág. 105).

3. UBICACIÓN de “las tres palabras-referencias” en «Marruecos en Cervantes», citadas en directo, sin perífrasis, es decir, en su estado de écfrasis e hipotiposis. Por eso la acotación de estas referencias a Marruecos caben aquí en media página y no en dos, citadas en su estado de perífrasis.

A- «Tetuán»: …el personaje "quiere hacerse mercader en Tetuán", (Don Quijote de la Mancha, pág. 63); …el personaje "teme encontrar alguna galeota mercantil que viene de Tetuán", (Don Quijote de la Mancha, pág. 76); «… han anochecido en España y amanecido en Tetuán», (La Ilustre fregona, pág. 121); «Morato hizo escala en Tetuán», (La Gran Sultana, pág. 237); «Antonio de Toledo, a Tetuán lo enviaron», (Trato de Argel, pág. 336).

B- «Marruecos»: «…tan bien aderezada que no lo pudiera estar bien la más rica mora de Fez ni de Marruecos», (El Amante Liberal, pág. 143); «…los que van poblando la ladera…son los moros de Fez y Marruecos », (El Gallardo Español, pág. 192); «…él (Muley) va a cobrar su reino de Marruecos», (Los Baños de Argel, pág. 279).
C- «Mazmorras»: «Conocímonos en Tetuán, dentro de una mazmorra», (Los Trabajos de Persiles y Sigismunda, pág. 112); «…caerá de un despeñadero del abismo en las mazmorras», (El Rufián dichoso, pág. 217); «…me sacará de cautiverio, como si por milagro se librase un cautivo de las mazmorras de Tetuán», (El Juez de los Divorcios, pág. 353).

El lector verificará por sí solo que estas palabras descontextualizadas están insertas en narraciones que no tienen nada que ver con ellas, aparte de ilustrarlas como ejemplos o comparaciones literarias.

No, mi artículo no es una exégesis ni una condena de un trabajo, como algunos lo creen: Es una simple rectificación donde afirmo que Marruecos, contrariamente a Argel, no representa gran cosa en la mente de Cervantes. Si alguien no está de acuerdo, allá él, ahora bien, si me invitan a un debate público universitario para esclarecer más mi hipótesis, ALLÍ ESTARÉ, GUSTOSO.

No entiendo por qué cuando se produce un debate entre intelectuales, la gente piensa que ello surge de enemistades o ajustes de cuentas. Es un grave prejuicio y también un perjuicio. Y sólo los ignorantes y villanos pueden pensar así. El editor de la Antología es un amigo y colega de muchos años, y las divergencias intelectuales que nos separan (debido a la formación y erudición de cada uno) no dañan de ningún modo nuestra relación.

Esta lectura mía, lo repito, ni es una polémica barata ni una denigración arbitraria de una persona, de un pensamiento o de un departamento universitario. No busco convencer a nadie ni mostrar que sé más que otros. Pese a mis diez años de “dolorosa” investigación sobre El Quijote (cinco en lecturas ordinarias, cinco en preparación doctoral) no me considero cervantista pero sí conocedor de esa obra inmortal. Los libres de espíritu e intelectuales imparciales darán razón a la razón; no los que llevan ladrillos de hormigón en su cerebro o cegados por sensiblerías personales, envidias enfermizas u oportunismos viles.

Conclusión: No soy nadie para dictar a otros instrucciones metodológicas de investigación, -y menos a un catedrático que las conoce bien- pero hubiese sido magnífico, útil y pundonoroso presentar ese libro bajo el título de "Argel en Cervantes" y no "Marruecos en Cervantes"), publicarlo en un artículo de dos folios, rigurosa y académicamente redactado, donde se mostraría la relatividad y limitación de aquellas evocaciones irónicamente literarias de Cervantes sobre un país donde nunca estuvo, un país que no le impactó ni obsesionó tanto como Argel y al que en definitiva no aportó gran cosa, salvo ese nombre suyo, tan universalmente apreciado, que ahora llevan algunas de nuestras prestigiosas instituciones culturales…En sí, un gran regalo que, espero, enaltezca su memoria.

NB. Lo que piensa Cervantes de los "moros".

Cuando dije que:"en la mente de Cervantes las referencias a Marruecos aluden inexorablemente a un ambiente hostil, bélico y desagradable: el del mundo de la piratería turco-berberisco- musulmán, donde las connotaciones del autor son todas disfóricas, cuando no irónicas" me basé en los mismos comentarios que hace Cervantes sobre los moros, agrupados en un interesante estudio académico titulado "LOS MOROS EN EL QUIJOTE", de Javier de la Puente Sánchez (estudio accesible en Pdf) del que saco algunos ejemplos aquí:

Cervantes trata a los moros:

- de mentirosos y falaces: (I, 40, p. 625): «no te fíes de ningún moro, porque todos son  marfuces» (traidores, pérfidos). La lista de citas es larga. Recuerdo algunas: (I, 9, p. 141); (DQ, I, 39, 40 y 41) ;(DQ, II, 3, p.47, p.566); (DQ, II, 54 y 63) 
- de homosexuales (DQ, I, 45, 618-619; II, 63, p. 747);
- de "duros de mollera" (DQ, I, 33, p. 504).
- Cervantes apoyó varias veces el decreto de expulsión de los moriscos; sólo sintió simpatía por su desgracias y sufrimiento, (Cf. Op. Cit.)

Dice el profesor Javier: "En El Quijote hay muchas otras referencias al carácter moro, ninguna buena: personajes maléficos surgidos de la imaginación del caballero andante que también son moros, músicas árabes que suenan cuando van a aparecer fuerzas del mal y curiosas y no muy positivas referencias a negros, judíos y gitanos. También hay muchos recuerdos a la Reconquista y al motivo que la provocó: la historia del último rey visigodo, don Rodrigo y la Cava, (puta, en árabe) hija del conde Don Julián, gobernador de Ceuta, en la que éste abre las puertas del Estrecho a los árabes al saber que su señor natural ha seducido a su hija, que estaba en Toledo, lejos de la protección paterna".

Luego en la conclusión, dice: "Sirvan estas referencias para deshacer la falsa idea en boga de que  Cervantes era un adalid de la multiculturalidad avant la lettre y de que la segunda parte de su obra es un alegato a favor del mantenimiento de la minoría morisca en las condiciones en las que permanecía en España. No es así y las citas aducidas lo ponen de manifiesto".

Después de leer estos pocos ejemplos xenófobos sobre el  “moro”, no creo que Cervantes sintiera simpatía ni afecto por el Marruecos de aquel  entonces.


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