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Dalāʾil al-Jairāt

La Guía de los Beneficios e Iluminaciones que acompañan a la petición de bendiciones por el Profeta Escogido (Dios le bendiga y le dé paz)

01/09/2016 - Autor: Muḥammad ibn Sulaimān al-Ŷazūlī, Traducción y trasliteración: Abdur-Razzaq Pérez Fernández.
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| Duración: 02:47:04 | Idioma: Árabe

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El manual más famoso de Bendiciones por el Profeta (Dios le bendiga y le dé paz) de la historia, fue compuesto por el sufi, wali y erudito de estirpe profética y de baraka, originario de Marrakesh, Muhammad ibn Sulaiman al-Yazuli (m. 869 Heg./1465 d.C.). Nacido y criado entre los Yazula, una tribu bereber del Sus en el sur de Marruecos, estudió el Corán y las ciencias islámicas tradicionales antes de viajar a Fez, donde memorizó el Mudawwana, un comentario en cuatro volúmenes sobre la obra de Imam Malik, y conoció a eruditos de su tiempo, entre ellos Ahmad Zarruq y Muhammad ibn Abdullah Amgar, que se convertiría en su sheij de tariqa o camino sufi.


Su camino espiritual atrajo a miles de discípulos que, ayudados por la popularidad de su manual de Bendiciones por el Profeta (Dios le bendiga y le dé paz), tuvieron un efecto enorme sobre la sociedad de Marruecos. En un sueño, el Profeta s le dijo: “Yo soy el esplendor de los enviados proféticos, y tú eres el esplendor de los auliya.”
La popularidad de esta obra se extendió por todo el mundo islámico desde el norte de África hasta Indonesia, hasta el punto de que era rara la casa que no tuviese un ejemplar. Los peregrinos lo llevaban consigo en el hayy, y en Meca y Medina centenares de copistas se ocuparon durante siglos en satisfacer la fuerte demanda de este manual. Todo el que lo recitaba experimentaba la baraka que desciende allí donde es recitado, en virtud de la orden divina: “En verdad, Dios y Sus ángeles bendicen al Profeta: ¡oh vosotros que habéis llegado a creer, bendecidle y someteos a su guía con un sometimiento total!” (Corán, 33:56)

El marroquí experto en hadiz, sheij Abdullah at-Talidi, escribió sobre el Dala’il al-Jairat: “Millones de musulmanes de Oriente y Occidente lo han probado y han experimentado su excelencia, su baraka y sus beneficios durante siglos y generaciones, y dan testimonio de sus increíbles bendiciones espirituales y su luz. Los musulmanes lo recitan con entusiasmo, solos y en grupo, en sus hogares y en las mezquitas, entregados por entero a las bendiciones por el Más Amado y en alabanzas de él s.”
La presente edición traducida directamente del árabe por Abdur-Razzaq Pérez Fernández, reproduce íntegramente el texto árabe junto con su transliteración en caracteres latinos.


 

Introducción al DALAIL AL-JAIRAT

El Sheij, el imam, el gnóstico, el magnánimo, el amante del Señor de la creación, Abu ‘Abdul·lah, el acreditado con el perdón de sus pecados por Dios, el puro en su amor por nuestro señor el Enviado de Dios, Sayyidi Muhammad ibn Sulaiman al-Yazuli –Dios, el Altísimo, tenga misericordia de él y esté compla­cido con él–, dijo para nuestro beneficio: “En el nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia, y Dios bendiga a nuestro señor Muhammad, a su familia y Compañeros, y les dé paz. La alabanza es debida por entero a Dios, que nos guió a la fe y a la sumisión a Él; y la bendición y la salutación sean para nuestro señor Muhammad, Su Profeta, aquel por medio del cual nos libró Él de la idolatría; y a su familia y a sus distinguidos, puros y nobles Compañeros.

“El propósito de este libro es la petición de bendiciones por el Profeta –Dios le bendiga y le dé paz–, y mencionamos los hadices sobre sus beneficios desprovistos de sus cadenas de transmisión a fin de faci­litar al lector su memorización, pues es una de las tareas más importantes para quien desee la proximidad al Señor de los señores.
 
   “Y lo he titulado Dala’il al-Jairat (‘El Libro de la Guía de los Beneficios e Iluminaciones que acompañan a la petición de bendiciones por el Profeta Escogido’), buscando con él la complacencia de Dios, el Altísimo, y por amor a Su Noble Enviado, nuestro señor Muhammad –Dios le bendiga y le dé abundante paz–, e imploramos de Dios que nos haga seguir su sunna y apreciar con amor su ser perfecto –pues, cier­tamente, Él tiene poder para hacerlo.

   “¡No hay más deidad que Él! ¡No hay más bien que Su bien! ¡Qué excelente Protector es, y qué excelente Auxiliador! ¡Y no hay fuerza ni poder sino por Dios, el Altísimo, el Grandioso!”


Sobre los Beneficios de la Oración por el Profeta
(Dios le bendiga y le dé paz)

Dios, Poderoso y Majestuoso, ha dicho: En verdad, Dios y Sus ángeles bendicen al Profeta: oh vosotros que creéis, bendecidle y someteos a su guía con un sometimiento total. (Corán, 33:56) Y ha sido transmi­tido que el Enviado de Dios –Dios le bendiga y le dé paz-, apareció un día con signos visibles en el rostro de haber recibido buenas nuevas. Dijo: “En verdad, ha venido Gabriel –con él la paz–, y me ha dicho: ‘¡Es­tarás complacido, oh Muhammad!’ Dios ha dicho: ‘Ninguno de los miembros de tu Umma pronunciará una bendición por ti sin que Yo le bendiga a él diez veces, y ninguno de los miembros de tu Umma te diri­girá una salutación de paz sin que Yo le dirija a él diez salutaciones de paz’.”

   Y dijo –Dios le bendiga y le dé paz: “Ciertamente, el más próximo de la gente a mí será el que más ben­diciones pida por mí.’ Y dijo –Dios le bendiga y le dé paz: ‘Quien pida bendiciones por mí, los ángeles pe­dirán bendiciones por él mientras siga pidiendo bendiciones por mí, ya pase poco o mucho tiempo haciendo eso.”

   Y dijo –Dios le bendiga y le dé paz: “Una persona es considerada mísera si al ser mencionado mi nombre en su pre­sencia no pide bendiciones por mí.” Y dijo –Dios le bendiga y le dé paz: “Abundad en bendiciones por mí los viernes.”

   Y dijo –Dios le bendiga y le dé paz: “Aquel de mi Umma que pida bendiciones por mí una vez se le anotarán diez buenas obras y se le borrarán diez faltas.”

   Y dijo –Dios le bendiga y le dé paz: “Aquel que, al oír el Adhan o el Iqama, diga: ‘¡Oh Dios, Señor de esta llamada perfecta y de esta oración establecida, concede a Muhammad la Cercanía a Ti, la Preeminencia, y el Rango Sumo, y exáltale a la Estación Alabada que le prometiste!’ –se hará merecedor de mi intercesión en el Día de la Resurrección.”

   Y dijo –Dios le bendiga y le dé paz: “A quien me bendiga en un libro, los ángeles no cesarán de bendecirle mientras mi nombre aparezca en dicho libro.”

   Y dijo Abu Sulaiman ad-Darani: “Quien quiera pedir algo a Dios, que abunde en bendiciones por el Pro­feta –Dios le bendiga y le dé paz–, y que luego pida a Dios lo que necesite, y que acabe con la oración por el Profeta –Dios le bendiga y le dé paz–, pues, ciertamente, Dios acepta esas dos peticiones de bendicio­nes por el Profeta y es demasiado generoso como para dejar sin respuesta a lo que va entre ellas.”

   Y se transmitió que dijo –Dios le bendiga y le dé paz: “A quien pida bendiciones por mí cien veces el vier­nes le son perdonadas las faltas cometidas en ochenta años.”

   Y se transmitió de Abu Huraira –Dios esté complacido con él–, que el Enviado de Dios –Dios le bendiga y le dé paz–, dijo: “El que pida habitualmente bendiciones por mí portará una luz al cruzar el Puente (as-Sirat); y quien sea de la gente de luz sobre el Puente no estará entre la gente del fuego.”

   Y dijo –Dios le bendiga y le dé paz: “Quien olvida la oración por mí se ha desviado del camino al Paraíso.” Y ‘olvido’ significa aquí ‘abandono’, y si el que abandona la oración por el Profeta se desvía del camino al Paraíso, el que pide habitualmente bendiciones por el Profeta está en el camino del Paraíso.

   Y en la transmisión de ‘Abdur-Rahman ibn ‘Auf –Dios esté complacido con él–, que el Enviado de Dios –Dios le bendiga y le dé paz–, dijo: “Gabriel –con él la paz–, vino a verme y me dijo: ‘¡Oh Muhammad! No te bendecirá nadie que no le bendigan a él setenta mil ángeles, y aquel que es bendecido por los ángeles será de la gente del Paraíso’.” Y dijo –Dios le bendiga y le dé paz: “Quien de vosotros abunde más en pedir bendiciones por mí gozará de mayor abundancia en el Paraíso.”

   Y se transmitió que dijo –Dios le bendiga y le dé paz: “Cuando alguien pronuncia una oración por mí, en la que se exaltan mis derechos, Dios, Altísimo y Majestuoso, crea con esas palabras un ángel con un ala sobre el este y la otra sobre el oeste, con los pies apoyados sobre la séptima y más baja de las Tierras y su cuello doblado bajo el Trono. Y Dios, Altísimo y Majestuoso, le dice: ‘Bendice a Mi siervo como él ben­dice a Mi Profeta.’ Y él le bendice hasta el Día de la Resurrección.”

   Y se transmitió de él –Dios le bendiga y le dé paz–, que dijo: “El Día de la Resurrección acudirán a mí Estanque gran multitud de gentes a las que no conoceré excepto por la abundancia de sus bendiciones por mí.”

   Y se transmitió de él –Dios le bendiga y le dé paz–, que dijo: “Quien pida bendiciones por mí una vez, Dios le bendecirá diez veces, y quien pida bendiciones por mí diez veces, Dios le bendecirá cien veces, y quien pida bendiciones por mí cien veces, Dios le bendecirá mil veces, y quien pida bendiciones por mí mil veces, Dios prohibirá al Fuego que toque su cuerpo, le confirmará con la palabra firme en esta vida y en la Otra -cuando sea interrogado–, y le hará entrar en el Paraíso. Y el Día de la Resurrección su oración por mí será una luz para él sobre el Puente (as-Sirat), visible a una distancia de quinientos años de viaje. Y por cada ora­ción que haya pronunciado -sean pocas o muchas–, Dios le dará una mansión en el Paraíso.”

   Y dijo el Profeta –Dios le bendiga y le dé paz: “Cuando un siervo pronuncia una oración por mí, su ora­ción parte rápidamente de su boca y atraviesa todas las tierras y los mares, los estes y los oestes, anun­cian­do: ‘Soy la oración por nuestro señor Muhammad, el Escogido, el mejor de la creación de Dios, pro­nunciada por Fulano hijo de Fulano’, y toda la creación pide bendiciones por él. Con esa oración es creado un pájaro con setenta mil alas, y en cada ala setenta mil plumas, y en cada pluma setenta mil ros­tros, y en cada rostro setenta mil bocas, y en cada boca setenta mil lenguas y cada lengua glorifica a Dios, el Altí­simo, en setenta mil idiomas. Y entonces Dios le anota la recompensa de todo eso.”

   Y se transmitió de ‘Ali ibn Abi Talib –Dios esté complacido con él–, que el Enviado de Dios –Dios le ben­diga y le dé paz–, dijo: “Quien pida bendiciones por mí cien veces el viernes llegará el Día de la Resurrec­ción con una luz que si fuese dividida entre todas las criaturas sería suficiente para ellas.”

   Ha sido mencionado en varios relatos: “Está escrito en la pata del Trono: ‘¡Quien sienta anhelo por Mí, Yo seré misericordioso con él; y a quien Me pida, le daré; y a quien se acerque a Mí por medio de la oración por Muhammad, le perdonaré sus pecados aunque sean tantos como la espuma del mar!’”

   Y se transmitió de uno de los Compañeros –Dios esté complacido con todos ellos: “No hay reunión en la que se pidan bendiciones por nuestro señor Muhammad –Dios le bendiga y le dé paz–, que no se eleve de ella un perfume fragante que alcanza la cima del cielo y hace que los ángeles exclamen: ‘Esa es una reunión en la que se bendice a nuestro señor Muhammad –Dios le bendiga y le dé paz.’”

   Ha sido mencionado en varios relatos: “Ciertamente, ante el siervo creyente, o la sierva creyente, que pronuncia la oración por nuestro señor Muhammad –Dios le bendiga y le dé paz–, se abren las puertas del cielo y de los pabellones hasta llegar al Trono, y no hay ángel en los cielos que no bendiga a nuestro señor Muhammad y que no pida perdón por ese siervo, o sierva, tanto como Dios quiera.”

   Y dijo –Dios le bendiga y le dé paz: “Quien esté atribulado por algún asunto que abunde en pedir bendi­ciones por mí, pues eso suprime la preocupación, el pesar y la tristeza, incrementa la provisión y satisface todas las necesidades.”

   Y se transmitió de un hombre recto que dijo: “Tenía yo un vecino escribano, que murió. Luego, le vi en sueños y le pregunté: ‘¿Cómo te ha tratado Dios?’ Y dijo: ‘Me ha perdonado.’ Le dije: ‘¿Por qué motivo ha sido?’ Dijo: ‘Cada vez que escribía el nombre de nuestro señor Muhammad –Dios le bendiga y le dé paz–, en algún libro, solía yo pedir bendiciones por él, y por ello mi Sustentador me ha dado lo que ningún ojo ha visto, ningún oído ha oído, ni ha podido imaginar ningún corazón humano’.”

   Y se transmitió de Anas, que dijo: “El Enviado de Dios –Dios le bendiga y le dé paz–, dijo: “Ninguno de vosotros es realmente creyente hasta que yo sea para él más querido que él mismo, que su riqueza, sus hijos, sus padres y el resto de la gente’.”

   Y en el hadiz de ‘Umar ibn al-Jattab: “‘Oh Enviado de Dios, tú eres más querido para mí que todas las cosas excepto el alma que alienta entre mis costados.’ Y entonces le dijo –las bendiciones y la paz sean con él: ‘No serás realmente creyente hasta que yo sea para ti más querido que tú mismo.’ Dijo ‘Umar: ‘Por Aquel que hizo descender sobre ti el Libro, ahora eres más querido para mí que el alma que alienta entre mis costados.’ Y entonces dijo el Enviado de Dios –Dios le bendiga y le dé paz: ‘¡Ahora, ‘Umar, es com­pleta tu fe!’”

   Alguien preguntó al Enviado de Dios –Dios le bendiga y le dé paz: “‘¿Cuándo seré un creyente?’ (Y en otra versión: …un verdadero creyente?) Respondió: ‘Cuando ames a Dios.’ Y preguntó: ‘¿Y cuándo amaré a Dios?’ Respondió: ‘Cuando ames a Su Enviado.’ Y preguntó: ‘¿Y cuándo amaré a Su Enviado?’ Respondió: ‘Cuando sigas su camino, cumplas su sunna, ames lo que él ama y te disguste lo que le disgusta, seas amigo de sus amigos y enemigo de sus enemigos –pues las gentes se diferenciarán en su fe conforme a sus diferencias en su amor por mí, y se diferenciarán en su negación de la verdad conforme a sus diferen­cias en su odio hacia mí’.”

   ¡No, en verdad: No cree realmente quien no siente amor por él!
   ¡No, en verdad: No cree realmente quien no siente amor por él!
   ¡No, en verdad: No cree realmente quien no siente amor por él!

   Y le preguntaron al Enviado de Dios –Dios le bendiga y le dé paz: “‘Vemos creyentes que son humildes, y creyentes que no son humildes. ¿A qué se debe esto?’ Dijo: ‘Quien encuentra dulzura en su fe se hace humilde, y quien no la encuentra no se hace humilde.’ Y le preguntaron: ‘¿Cómo podemos encontrar, o por qué medios podemos alcanzar, o adquirir, una fe así?’ Respondió: ‘Amando sinceramente a Dios.’ Dijeron: ‘¿Y cómo se alcanza, o se adquiere, el amor a Dios?’ Respondió: ‘Mediante el amor a Su Enviado’.”

   ¡Buscad, pues, la complacencia de Dios y la complacencia de Su Enviado, amándoles!

  

Y le preguntaron al Enviado de Dios –Dios le bendiga y le dé paz: “¿Quiénes forman la familia de nuestro señor Muhammad, a los que se nos ordena amar, honrar y tratar con reverencia? Respondió: ‘La gente de pureza y lealtad: los que creen en mí y son sinceros.’ Y le preguntaron: “¿Y cuáles son sus señales? Res­pondió: ‘Los signos del amor por mí están en todo aquel que me ama, y su corazón está ocupado con el recuerdo de mí, después del recuerdo de Dios.’ Y en otra transmisión: ‘Sus signos son su constante re­cuerdo de mí y su abundante petición de bendiciones por mí.’”

   Y le preguntaron al Enviado de Dios –Dios le bendiga y le dé paz: “¿Quién tiene una fe más fuerte en ti? Respondió: ‘Aquel que cree en mí sin haberme visto: pues cree en mí por su propio anhelo y es sincero en su amor por mí. Y el signo de esto en él es que desea verme más que nada en el mundo. (Y en otra trans­misión, ‘…más que la tierra llena de oro.’) Ese es quien verdaderamente cree en mí, y es verdaderamente sincero en su amor por mí.’”

   Y le preguntaron al Enviado de Dios –Dios le bendiga y le dé paz: “Y en cuanto a la oración del que pide bendiciones por ti estando lejos de ti o después de tu tiempo, ¿cuál es su situación ante ti? Respondió: ‘Yo escucho las oraciones de aquellos que me aman y los conozco. Y la oración de los demás me es presenta­da claramente’.”

(Extraído del libro: Dalāʾil al-Jairāt de Muḥammad ibn Sulaimān al-Ŷazūlī.)

 

Datos del libro:
Editorial: Dar al-Kutub al-Ilmiyah, Beirut.
Encuadernación en tapa dura.
Tamaño: 22 x 15 cm.
Extensión: 256 páginas
ISBN:  978-2-7451-6922-8
Precio: 17 Euros + gastos envío.
Pedidos:
958 785 677
walaya786@gmail.com



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