» Poesía
El hombre y la vid
Bebe vino y no te entristezcas, que el sabio dijo:
veneno son las penas de este mundo y el vino antídoto.
Omar Jayyam
1
En mi respiración está mi muerte,
a la sombra de un buen vino, mi suerte.
Qué más se puede pedir a la vida
si una gota de licor tengo por guía.
2
Ama, mientras las ánforas rebosen,
mientras el tabernero no nos cobre.
Grande es el silencio tras la batalla
que barro, corazón y vino traban.
3
Las palabras están en el tintero,
de igual forma los sueños en el sueño.
Bebamos, antes que la hierba crezca
y no te acuerdes quién eres, quién eras.
4
Si intentas ser superior también debes
ser inferior, si tú deseo es ser lluvia
hay que ser mar. No es justo, expresé,
aves y peces inundan mis días.
5
Si escribo: dolor, es a ti a quien nombro,
otro, cosecha higueras que sembré.
Si escribo: amor, es a ti a quien nombro,
el amor es el vino que permanece.
6
En la taberna deja los reproches
cada día eres menos que el de ayer.
Permite que tu copa se desborde
así, podrás llenarla una y otra vez.
7
Los viñedos, amigo, se han apagado.
Estéril el deseo, secas las manos.
Acuérdate, perdura más una gota
que tu respiración sobre las rocas.
8
Dispuse las uvas, brevas, granadas.
Encendí al viento, escancié las sábanas.
Hasta el fin de mis días beber vino
sabe mi corazón, es mi destino.
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