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Inflexiones

Concurso de Poesía Versos del Sur

11/11/2011 - Autor: Marcelo Aguafuerte - Fuente: Webislam
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Versos del Sur
Versos del Sur

Has vuelto a dormirte acurrucada
en mis rodillas
Tu abrazo es el reflejo primitivo
del pánico a las aguas de las musas
y ese terror te hace más bella
También la misma oscuridad a la que temes
te suaviza el rictus, te pone trenzas y a veces eres
una niña antigua, en blanco y negro

Cuando te despiertan las pequeñas chispas
de una postura incómoda
y me miras como preguntando por su luz
todavía sin saber quién soy
Y por qué estas tumbas grises
por el cielo, y por qué este tiempo ingrávido
que nos reúne, con los sexos eclipsados
tras la sombra, sin origen

Me gusta entonces consolarte
llevándote a mi boca, diciéndote
no temas. Mi Nin-ti. No existe el miedo
Nos besaremos hasta encender
los labios

Atizaremos la noche
hasta dejarla violeta.

 *

El caníbal

Que todo fin sea más incierto
que su origen, por la sola razón
de una fe que enmiende
el suplicio del cordero
es el misterio en su doble extravío
El recorrido inverso
de aquel a quien ya nada le queda
de pastor mutilado

Más amarga es la bilis
en la boca que en la entraña

Lentamente -pues no hay prisa
en quien toma como suyo
otro destino aleatorio-
el caníbal rememora en su liturgia
el pan de cada día
que le han ido, vida a vida, arrebatando.

 *

El equilibrista

Como el equilibrista que castiga
sus plantas contra el cable, corazón
enmedio, brazos en cruz
El hambre en el costado dando fuerte
Esponja de vinagre en las alturas

Santo y ateo a un tiempo
sabiendo que todo aquello
que siempre fue elección sobre contrarios
Derecha, izquierda, cielo, infierno
amor y odio
comparten hoy su abismo repetido
La ausencia de una red que nos ampare
La gracia de sentirnos verdaderos
Migajas de sudor desordenadas
entre la evanescencia y la caída libre

Cuando la Palabra se nos revela
demasiado tarde -con las narices
a tres palmos del suelo-
resulta más bendito
el merecido don de la ignorancia.

 *

Se extraña la grandeza como parte
del mundo de las fieras, las estrellas
con su diámetro furioso, cuando
la hora se despelleja hasta los sueños
una vez más, con la repetición
de haberse vuelto estéril a la sombra
el Rincón sin fisionomía, pura
la nostalgia y sin embargo en vano
el pensamiento, siembra del invierno
que deja ya un frescor siquiera ingrato.

No te entretiene la música pálida
Los espectros que circundan tus sienes
repletas de bosquejos te desangran
tan lento que en el limbo tu palabra
queda en el aire con un rumbo infame.

Si pasaras hambre, si al menos sintieras
el hachado en la raíz, pus del alma
corteza de la miel y sangre infecta
no dolerías la blancura en tus cabellos
Te asediarían otros prismas, luz
quizá divina o verdadera o muerta.

La tragedia de no saber quién eres
Será siempre mejor que descubrirlo.

 *

Dies Irae

Ira de Dios, lagar de aloe púrpura
Guarda tus ángeles, rásgales el lino
de sus vestiduras, rompe sus alas
pluma a pluma y si tienen que tocarme
vengan fieramente humanos
Besándome la pústula
en que arde su elixir
tu cáliz de cordura derramada

Que soy llaga del ser eternamente
tu semejante agónico

La uva verdadera que se pudre
bajo el sol, sin vendimia.

 *

eugenesia

Debió de ser un monstruo aquel
que te expulsó del paraíso, puro
aún, tu lloro se mezcló con otros lloros
semejantes, en coro apocalíptico
se derretía el aire, sin consuelo
los mocos nunca habían recorrido
tanta porcelana, tanto eco, tanto
ahogo de oración deshabitada

Los demonios altos, algunos bellos
con sus ropas carcelarias, sus manos
del olor de la arcilla
Demonios monocordes, voces lisas
paliando el canto astral del sufrimiento

Y hoy que habías aprendido
a devorar al tigre, a tender trampas
al cielo, a perpetuar odio y hogueras
Hoy vuelves a sentir el duro golpe
en el costado
Hoy te preguntas cuántos cielos, cuántos
vergeles más para pecar te esperan

Lo sabes, no hay perdón para el cordero
ni tierra que no ofrezca sepultura
Nada cuentan los astros de tu nombre

Pero no preguntes, todo se ha dicho
Coge, como un tren, la primera mano
hacia el abismo y déjate llevar
sin fin, niño huérfano
Sin costilla.

 *

Raja-yoga

Contra toda tópica amatoria
y recordando a aquellos que acabaron hartos
de los consejos ovidianos
cuya traducción contemporánea
debiera ser “hollywoovidianos”
Contra todos aquellos que comulgan con la voluntad
destaca un nombre de la teosofía mística
que no debéis olvidar: Patanjali

Para nacer
Patanjali imaginó el sonido de su nombre
vertebrándose en el tiempo
y un ídolo luminoso que habitaba lentamente
los huecos florecidos de sus ojos
-Juan de la Cruz lo hacía en sus Noches-
Su palabra, como una lengua sufriendo la partícula
impuso secreta penitencia a los sentidos
que, de puro trueno que antes de sonar
revienta
alcanzaron en su anacronismo
la exacta melodía

Tiempo después, ya nacido
Patanjali se arrancó la voz
para que el alma trascendiera sin aniquilar
su idioma

La lección estética era simple
Cuando una idea se revela
desde el absurdo o la precisión
no es más que música
La misma que harían los huesos de un esqueleto
al chocar entre sí

De esta manera explicó la fe, como el silencio
que se perpetúa evitando pronunciarse

Así como la madre condena al hijo
con un nombre por el que será juzgado
así la fe busca el amor entre los hombres
aunque los hombres mueran y se olviden

En su último acto memorable
Patanjali se arrojó sonámbulo al mar
nocturno para no oírse ni verse, pues
quien ignora su propia muerte
es quien se sabe eterno, como quien por fe vive
en una boca de serpiente de tan profunda
Oscura de tan sin luz. De tan sin alma
hueca.

 *

Romance a la muerte de Amadé Mozart

Pasada la medianoche
en un cinco de diciembre
un cortejo de gladiolos
desfloraba los cipreses

Ojos por la curvatura
de pestañas que ya duermen

Sueño de los carolingios
sin descendencia de reyes

Casacas negras soportan
lluvia de notas que hieren
el carmín que sustituye
a la mejilla transparente

Y el hado se va enhebrando
por el ojo de la fiebre
para cerrar la sutura
del aliento cuando quiere
gemir el último frío
profanado de la nieve

Bajo cien arcos romanos
se santiguan cien mujeres

Bajo la piel de sus muslos
océanos de aguas verdes

Escalas en el papel
tiritando como peces
Y sus dos palmas muy juntas
en un solo miserere

Mano que acaricia el velo
invisible del que tiene
rojo tuétano de música
callada aún por sus sienes
y levanta el tul que guarda
la boca que pertenece
a otra boca que quebranta
su silencio de placeres

Un recordare desnudo
sin una voz que lo temple
es una gota de sangre
derramada en el Oriente

Que sus hermanos recojan
El barro de su simiente
y pongan labio al modelo
del beso sobre la frente

Tres damas para tres genios
Dieciocho templos celestes
El sol en clave de luna:
Duermevela de la muerte

Sepultada la pupila
bajo el párpado muriente
Con un viento sostenido
suena una misa de réquiem

Un cortejo de gladiolos
que desflora los cipreses

Y estorninos que cantaban
calderones de repente

Pasada la medianoche
en un cinco de diciembre
Terpsícore ya bordaba
su corona de laureles.




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