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El año de 1940 es señalado por los historiadores locales como el del inicio de la ola migratoria árabe a Maicao. Como Lorica, Barranquilla y otras muchas poblaciones de la costa Caribe, Maicao aloja muchos ciudadanos del Medio Oriente, genéricamente llamados ‘turcos’. Pero la población árabe de Maicao es diferente.
La primera y más numerosa oleada migratoria del Medio Oriente se inició hacia 1880, y se mantuvo durante los primeros dos decenios del siglo XX. Se trataba principalmente de cristianos maronitas provenientes de la Gran Siria (Siria y Líbano) y de Palestina, que huían del imperio otomano que por entonces colonizaba sus territorios.
Los árabes que llegaron a Maicao no sólo llegaron más tarde, sino que se trataba en su mayoría de musulmanes sunitas, con algunos drusos y chiitas, así como cristianos ortodoxos y maronitas. Es por eso que la principal colonia musulmana de Colombia es la maicaera. De hecho, la mezquita de Maicao, que es sin duda el principal atractivo de la ciudad, es la segunda en tamaño en Suramérica.
Hay que reconocerles a estos árabes de Maicao, así como a las colonias siriolibanesas del resto del país, tres virtudes esenciales: capacidad de trabajo, habilidad comercial, y fuertes redes de cohesión social.
La presencia árabe de Maicao fue esencial para el desarrollo comercial. En un acuerdo tácito, el mercado se dividió entre los guajiros, que se encargaron de los licores y los cigarrillos, los comerciantes del interior del país, que monopolizaron las cacharrerías y los abarrotes, y los árabes, que se concentraron en las telas, los electrodomésticos, los perfumes, y los artículos suntuarios y decorativos.
Los años de la violencia trajeron muchos inmigrantes de toda Colombia a estas tierras. Y de la vecina Venezuela llegaron en los años cincuenta refugiados de la dictadura de Pérez Jiménez. Nuestro propio período de gobierno militar, el de Gustavo Rojas Pinilla, entre 1953 y 1957, es bien recordado. La Guajira pasó a ser entonces una intendencia, a la que se anexaron municipios que antes eran del Magdalena, como Fonseca y Villanueva.
En los años del Frente Nacional, que siguieron a la caída de Rojas, la situación no fue fácil. La economía de Maicao, como ciudad comercial con una particular tradición de contrabando, ha dependido siempre de dos factores. El más importante es la política estatal hacia el contrabando, o mejor, la capacidad del Estado para su cumplimiento.
También ha influido, claro está, la situación económica de Venezuela. Los Lleras Alberto y Carlos fueron duros con el contrabando, mientras que Guillermo León Valencia aflojó un tanto las riendas. Paradójico que a un pueblo tan liberal le hayan convenido los gobiernos conservadores. Pero así es la política.
Hoy, como en la isla de San Andrés, o como en Mitú, la capital del Vaupés, en Maicao hay una sociedad multilingüe en donde la lengua castellana convive con el árabe de los comerciantes y con el wayuunaiki de los nativos. Pero una cosa es la riqueza cultural. Habrá que esperar este nuevo censo para ver qué efectos demográficos han tenido la combinación de los dos factores: la mano dura con el contrabando y la crisis económica en Venezuela.
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