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Analistas norteamericanos denuncian la implicación del lobby sionista tras los atentados del 11-S

05/01/2002 - Autor: Redacción Amanecer del Nuevo Siglo
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Los atentados del 11 de septiembre fueron un auténtico regalo para la política expansionista israelí, tal y como han reconocido algunos de sus líderes. Existen numerosas evidencias de que los servicios secretos sionistas poseían información que no se dignaron a compartir con sus aliados norteamericanos. A ello hay que sumar un dato inquietante: de los más de 4.000 trabajadores judíos que trabajan en las Torres sólo ha habido una víctima mortal, con lo cual las sospechas de un aviso previo parecen confirmarse.

En los últimos años las detenciones relacionadas con las actividades del Mossad en Estados Unidos se han multiplicado, a pesar de lo cual el estado de Israel sigue gozando del apoyo de "la nación más poderosa de la tierra". En este inquietante artículo enviado por la revista Amanecer del Nuevo Siglo se analizan estos y otros datos que pueden arrojar una luz diferente sobre un suceso que ha conmocionado al mundo.

Primera Parte: Espionaje israelí contra América

El pasado 11 de diciembre la cadena nortemericana Fox News se hizo eco de un hallazgo sorprendente, relativo al posible conocimiento previo que tuvieron los servicios secretos israelíes de los atentados del 11 de septiembre. Según la cadena norteamericana, 60 israelíes acusados de formar parte de una red de espionaje contra el gobierno de EEUU están entre los cientos de personas que permanecen detenidas desde los aquellos atentados.

Un grupo de estos israelíes -que son, según Fox News, militares o agentes de inteligencia- han sido detenidos bajo cargos relacionados con la inmigración o bajo la cobertura de la nueva Ley Antiterrorista. Los investigadores federales norteamericanos han desvelado que algunos de los israelíes fallaron la prueba del detector de mentiras cuando se les preguntó acerca de sus actividades de espionaje en EEUU.

Fox News señala que aunque no existen datos que apunten a que los israelíes estuvieron implicados en los atentados del 11 de septiembre, los investigadores sospechan que ellos pudieron haber recogido información sobre los atentados, con anterioridad a que éstos se produjeran, y no compartirla con los norteamericanos. Uno de los jefes de la investigación dijo a la cadena que existían "indicios" en tal sentido, pero manifestó que todas las evidencias que vinculaban, de una u otra forma, a estos israelíes con los ataques del 11 de septiembre eran "información clasificada". Cuando se le preguntó al reportero de FoxNews que realizó la investigación, Carl Cameron, por la existencia de una advertencia israelí a EEUU acerca de un posible atentado, que apareció reflejada en algunos medios de comunicación, entre ellos The Denver Post, el reportero de FoxNews señaló que tal advertencia había sido "general y no específica". Cameron sostiene que la advertencia no contenía la suficiente información, que, en su opinión, los israelíes sí tenían.

Una fuente de la Embajada israelí en Washington negó categóricamente que agentes israelíes hubieran estado espiando en EEUU. Sin embargo, Fox News supo que un grupo de espías israelíes descubiertos recientemente en Carolina del Norte había mantenido desde un apartamento de California una vigilancia sobre un grupo de árabes a los que las autoridades norteamericanas han estado investigando por sus presuntos vínculos con el terrorismo.

Numerosos documentos clasificados, obtenidos por la cadena norteamericana, indican también que, con anterioridad a los ataques del 11 de septiembre, 140 israelíes habían sido detenidos como consecuencia de sus actividades de espionaje. Investigadores norteamericanos de todas las agencias han formado un grupo de trabajo que ha estado reuniendo evidencias del caso desde mediados de los años noventa. Estos documentos recogen detalles de cientos de incidentes ocurridos en diversas ciudades de todo el país que formaban parte de lo que podía constituir "una actividad de espionaje organizado".

Según FoxNews, los investigadores han dirigido una parte importante de sus esfuerzos a vigilar a varios israelíes que llegaron a EEUU como estudiantes de arte de la Universidad de Jerusalén y la Academia Bezalel e hicieron numerosos contactos con responsables del gobierno, con la excusa de que querían venderles algunos de sus trabajos.

Además, los israelíes han logrado introducirse en bases militares, la DEA (la agencia federal antidroga), el FBI, docenas de oficinas estatales e incluso los hogares privados de oficiales de inteligencia.

La cadena norteamericana ha desvelado también un informe de la Oficina de Contabilidad General de EEUU, que se refiere a Israel como un País A y señala: "Según una agencia de inteligencia norteamericana, el gobierno de un país A es el que lleva a cabo las más agresivas operaciones de espionaje contra EEUU o cualquier aliado de EEUU". Otro informe de la DIA (una de las agencias de inteligencia norteamericanas) manifiesta que Israel "tiene un apetito voraz por la información". Dicho informe dice, además, que Israel "mantiene una política agresiva dirigida a conseguir tecnología militar e industrial, y EEUU es un objetivo de alta prioridad".

En otros relatos posteriores, Cameron, ha proporcionado mucha más información acerca de la red secreta de espionaje israelí en EEUU, que tiene el poder de controlar la mayoría de llamadas telefónicas realizadas en EEUU, y un acceso a la información recogida a través de las escuchas telefónicas realizadas por el FBI y otras agencias.

Algunos analistas norteamericanos comparten la creencia  del conocido político norteamericano Lyndon LaRouche, que, aunque no acusa a Israel de estar directamente detrás de los atentados del 11 de septiembre, sí considera que aquellos acontecimientos fueron un intento de golpe llevado a cabo por algunos halcones organizados de la política y el establishment militar norteamericanos, estrechamente ligados al lobby sionista, que estarían intentando embarcar a EEUU en un conflicto de "choque de civilizaciones" con el mundo musulmán, algo que favorecería claramente a Israel.

En su publicación semanal, Executive Intelligence Review (EIR), LaRouche señala que fuentes oficiales de EEUU han alertado a esta revista de que existe la creciente sospecha dentro de las agencias de inteligencia y de seguridad norteamericanas de que el primer ministro israelí, Ariel Sharon, ha enviado a un equipo de operaciones especiales a EEUU. La advertencia se habría producido, según señala EIR, en el contexto de la reciente deportación de cinco israelíes que fueron detenidos el 11 de septiembre por su comportamiento sospechoso. Los cinco israelíes estaban en lo alto de un tejado en Hoboken, New Jersey, contemplando entre risas como ardían los edificios de las Torres Gemelas, cuando fueron detenidos por la policía, que había sido alertada de su presencia. Otros dos israelíes más fueron detenidos en Cleveland. Ambos acababan de completar el servicio militar en el Ejército israelí. Al menos 50 israelíes fueron detenidos en todo el país en esos días.

La cadena Fox continuó publicando informaciones sobre estos hechos en los días que siguieron al 11 de de diciembre. El día 12, la cadena centró su atención en la firma privada israelí de telecomunicaciones Amdocs. Esta empresa tiene contratos con las 25 mayores compañías de teléfono de EEUU, algo que le da acceso a casi todos los teléfonos del país, incluyendo la posibilidad de escuchar y grabar las conversaciones en tiempo real.

Según la cadena norteamericana, Amdocs ha sido investigada en numerosas ocasiones por el FBI y otras agencias de seguridad debido a las sospechas que existen de que la compañía podría tener vínculos con la mafia israelí, así como con los servicios israelíes de inteligencia. En 1999, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EEUU difundió un informe secreto en el que advertía que todos los teléfonos de EEUU estaban cayendo bajo el control de gobiernos extranjeros, particularmente el israelí. FoxNews desvela también que en 1997 se produjo un grave problema cuando las comunicaciones del FBI, el Servicio Secreto, la DEA y el Departamento de Policía de Los Angeles "fueron penetradas por el crimen organizado israelí", que utilizó para ello los datos manejados por Amdocs. Cabe señalar, además, que la mayoría de los 140 israelíes detenidos con anterioridad al 11 de septiembre habían trabajado para Amdocs u otras compañías especializadas en las escuchas telefónicas.

El día 13 de diciembre, FoxNews publicó un reportaje en el que se analizaban los vínculos entre la operación de espionaje israelí con el 11 de septiembre. En él se decía que "algunos responsables norteamericanos que investigan los atentados del 11 de septiembre temen que varios sospechosos puedan haber sido alertados por informaciones filtradas a través de Amdocs". El informe cita también a otra compañía que habría logrado penetrar hasta el corazón mismo de la seguridad estadounidense. Dicha compañía era la Comverse Infosys, una empresa subsidaria de una firma israelí, que mantiene oficinas en todo el territorio de EEUU y que suministra equipos de escucha a algunas agencias de seguridad estadounidenses. Mediante un software las conversaciones telefónicas eran grabadas en ordenadores y pasadas a los investigadores autorizados. La empresa Comverse maneja y controla los ordenadores y el software, lo cual le da un acceso potencial a todos los datos.

Según el informe de FoxNews, en Nueva York ha habido casos de "ciertos sospechosos que han alterado dramáticamente su forma de actuar, justo después de que las escuchas, supuestamente secretas, hubieran comenzado... Los investigadores sospechan que estas personas fueron advertidas con anticipación".

En Israel, según la cadena, Comverse trabaja estrechamente con el gobierno, especialmente con el Ministerio de Industria y Comercio (que estuvo encabezado anteriormente por Ariel Sharon). Este ministerio paga el 50% de los costes de investigación y desarrollo de la compañía. Sin embargo, los investigadores de la DEA y el FBI han declarado a FoxNews que, pese a ello, consideran que el investigar o incluso sugerir que existe un espionaje israelí a través de Comverse representaría "un suicidio para sus carreras".

En la primera semana de mayo del año 2000, salieron a la luz una serie de relatos referidos a la penetración israelí de los sistemas telefónicos del gobierno de EEUU, pero éstos desaparecieron tan súbitamente como habían aparecido. El primer medio de comunicación que se hizo eco de esta historia fue la revista Insight, en un artículo titulado: "El FBI prueba el espionaje realizado contra Clinton en la Casa Blanca". En dicho artículo se informaba que los investigadores de contrainteligencia del FBI estaban investigando una operación israelí dirigida a espiar a altos responsables políticos de EEUU mediante la penetración de las redes telefónicas seguras. "Más de dos docenas de oficiales de la inteligencia y contrainteligencia declararon a Insight que el FBI creía que Israel había interceptado comunicaciones de teléfono y módem realizadas a través de algunas de las líneas más sensibles del gobierno de EEUU, entre ellas llamadas de y hacia la Casa Blanca, el Pentágono, el Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado.

Insight señalaba que, durante un año, el FBI estuvo siguiendo a un hombre de negocios israelí que trabajaba para una compañía telefónica local y sobre cuya esposa existían sospechas de que trabajaba para el Mossad. Los agentes federales investigaron el área de trabajo del empresario y encontraron una lista de los teléfonos más sensibles del FBI, incluyendo las así llamadas "líneas negras", que son usadas para llevar a cabo las escuchas telefónicas. "Algunos de los números de la lista eran líneas que el FBI utilizaba para investigar la operación israelí", señala el artículo.

La filtración partió aparentemente de un antiguo director de una empresa telefónica, que había contratado los servicios de un subcontratista para realizar diseños de software y hardware para la CIA. Este subcontratista trabajaba para una compañía que tenía su sede principal en Israel. Aunque Insight no proporcionaba el nombre de la compañía, el reportero de FoxNews, Carl Cameron sí lo hizo: Amdocs. Cameron señala que un alto representante de esta compañía envió datos telefónicos desde su oficina de San Louis directamente a Tel Aviv.

El 6 de mayo tres periódicos norteamericanos -The New York Times, The Washington Post y The New York Post- publicaron historias que negaban que el FBI hubiera hallado pruebas de espionaje israelí en EEUU. Sin embargo, una fuente anónima del gobierno dijo a Insight que "éste es un asunto políticamente muy sensible. Cualquier cosa que implique a Israel en este tema supone cruzar el límite. Es un asunto que arde".

No obstante, negar la existencia del espionaje israelí, como han hecho los mencionados diarios, es una tontería teniendo en cuenta que existe incluso una sentencia firme en este tema. En los años ochenta, un judío norteamericano que trabajaba para la Marina de EEUU, Jonathan Pollard, fue acusado de pasar secretos a Israel, hallado culpable del cargo de conspiración para cometer actos de espionaje y condenado a cadena perpetua. La información entregada por Pollard a los israelíes supuso la destrucción de varias operaciones de inteligencia norteamericanas en Oriente Medio y del aparato de espionaje norteamericano en la Unión Soviética y Europa del Este (Tim Weiner: "US Tells of Much Deeper Damage by Pollard". New York Times, 11 de enero de 1999). Muchos agentes norteamericanos en el bloque del Este fueron detenidos y ejecutados porque Israel decidió vender a los soviéticos -o utilizar como moneda de cambio- las informaciones obtenidas por Pollack. (Seymour Hersh: "The Traitor: The Case Against Jonathan Pollard". The New Yorker Magazine. 18 de enero de 1999).

La traición de Pollard permitió al KGB obtener los códigos ultrasecretos de EEUU. En un artículo escrito por el periodista norteamericano Eric Margolis, éste señala que Israel ni siquiera permitió a los investigadores norteamericanos hablar con los agentes del Mossad que mantuvieron el contacto con Pollard para conocer la extensión del daño que se había hecho a EEUU y los peligros a los que podían hacer frente los agentes norteamericanos que trabajaban en el exterior. En resumen, el tema del espionaje de Pollard fue uno de los peores desastres de espionaje en la moderna historia de EEUU.

Pese a que Israel se disculpó por el caso Pollard, continuó espiando a EEUU. Un artículo publicado en Los Angeles Times el 20 de febrero de 1997 y titulado "Engineer Admits Divulging Secrets to Israel"  señalaba que David A. Tenenbaum, un ingeniero norteamericano judío que trabajaba en una instalación militar cercana a Detroit había admitido haber entregado material militar clasificado a Israel durante la década anterior. 

Pese a estos antecedentes, el presidente Clinton nombró a un judío sionista, Samuel Berger, como presidente del Consejo de Seguridad Nacional, el cargo más importante en la Casa Blanca en lo que se refiere a inteligencia. El propio diario israelí Maariv describió en 1994 a Berger como "un ardiente judío", queriendo decir que su lealtad estaba, ante todo, con Israel. (Avinoam Bar Yosef: "Jews Who Run Clinton´s Court"). Clinton nombró también para el cargo de secretario de Defensa a otro judío, William Cohen.

El hecho de que Israel haya cometido todos estos de espionaje contra EEUU sin sufrir ataques de los medios de comunicación o represalias de algún tipo por parte del gobierno norteamericano muestra el enorme que posee en ese país el lobby sionista, que controla incluso los más altos niveles de la Administración norteamericana. No es, pues, de extrañar, que Ariel Sharon diera una contundente respuesta a Shimon Peres, cuando éste último le sugirió que Israel podría perder el apoyo estadounidense si no detenía las incursiones israelíes en los territorios ocupados. Sharon le respondió:

"Cada vez que hacemos algo, me dices que América hará esto o lo otro. Quiero decirte algo muy claro: No te preocupes por la presión norteamericana sobre Israel. Nosotros, los judíos, controlamos América y los americanos lo saben". Ariel Sharon, 3 de octubre de 2001. (Esta declaración fue difundida por la emisora Col Israel y recogida posteriormente por The Independent Palestinian Information Network, The Washington Report on Middle East Affairs y el diario ruso Pravda, en su edición del 4 de octubre).

Segunda Parte: Los atentados del 11 de Septiembre

En los pasados dos años, Israel ha sufrido el mayor desastre de relaciones públicas de su historia. La elección de un criminal de guerra, Ariel Sharon, como primer ministro fue la gota que colmó el vaso para millones de personas informadas en todo el mundo. La reciente conferencia de la ONU sobre Racismo en Durban (Sudáfrica) dio pie también a un encuentro de más de 3.000 ONGs, que calificaron al sionismo como ideología racista y a Israel como un "estado de apartheid". Esto supuso otro duro golpe para el sionismo y el gobierno de Israel.

Sin embargo, poco después, con el ataque contra el World Trade Center (WTC) de Nueva York y el Pentágono, Sharon creyó que la opinión pública internacional y la actitud de los gobiernos occidentales podría volverse a favor de Israel. ¿Fueron estos hechos sólo una feliz coincidencia para Israel?

Los líderes israelíes han lanzado en el pasado ataques terroristas contra objetivos norteamericanos camuflándolos como "ataques árabes". Ejemplos de ellos fueron el incidente Lavon que tuvo lugar en 1954 -por el que varias instalaciones británicas fueron destruidas en Egipto, con el fin de echar la culpa a los Hermanos Musulmanes de estos hechos y debilitar la confianza occidental en el régimen de Nasser- y el ataque contra el buque de guerra norteamericano USS Liberty en 1967, en el que fallecieron varias decenas de marinos estadounidenses.

Los israelíes han escogido también otro método, que ya aprendiera Sharon en Beirut, que resulta más fácil y seguro para Israel. Éste consiste en cometer atrocidades contra la población árabe, como la ocurrida en Sabra y Chatila, para alentar acciones de represalia de los árabes contra EEUU, país del que Israel depende. Esto es lo que sucedió en Beirut en 1983, cuando un contingente norteamericano y otro francés fueron atacados por comandos libaneses, sufriendo cientos de bajas. En aquel momento, en el que las tropas israelíes se habían apoderado de buena parte del Líbano, la  presencia de estos contingentes era percibida como un apoyo directo a la invasión israelí.

El pasado 10 de septiembre, el periódico The Washington Times publicó un artículo en el que se desvelaba la existencia de un estudio de 68 páginas, elaborado por la Escuela para Estudios Militares Avanzados del Ejército de EEUU (SAMS), el centro de enseñanza de la élite militar norteamericana. Este estudio detallaba los peligros que podría afrontar una posible fuerza norteamericana de ocupación en Oriente Medio. También señalaba que "el Mossad... tiene la capacidad de atacar a fuerzas norteamericanas y presentar este ataque como un acto árabe o palestino". Al día siguiente, tenían lugar los atentados de Nueva York y Washington.

Incluso sin las revelaciones de FoxNews del pasado mes de diciembre, en las que la cadena señalaba que, según miembros relevantes del equipo que investiga los atentados, los agentes de inteligencia israelíes habrían dispuesto de información sobre los ataques del 11 de septiembre con anterioridad a su materialización y no la compartieron con los norteamericanos, era algo fácil de ver que el Mossad israelí, uno de los servicios de inteligencia más grandes de Oriente Medio y el mundo entero, tenía que haber tenido un conocimiento previo de ellos. Esta idea se refuerza si tenemos en cuenta que, según el FBI y la CIA, el ataque contra el WTC y el Pentágono fue una gigantesca operación en la que habría participado una red internacional de varios cientos de terroristas.

En las últimas semanas no es sólo la lógica la que dicta este pensamiento, sino que han comenzado a aparecer pruebas de que Israel conoció con anterioridad que los atentados iban a tener lugar y no advirtió a EEUU, lo cual convierte al Mossad y al gobierno israelí en cómplices de los atentados del 11 de septiembre. Si Israel no comunicó de forma detallada sus descubrimientos a los norteamericanos fue porque, desde la mente fría y criminal de los reponsables israelíes, un atentado de este tipo resultaba muy útil para sus intereses propagandísticos.

Las sospechas de que Israel conoció con anticipación los atentados del 11 de septiembre se incrementaron después de que la emisora de televisión libanesa Al Manar difundiera la información de que el periódico israelí Yadiot Ahranot había revelado que la Shabak (servicio de seguridad israelí) impidió al primer ministro, Ariel Sharon, viajar a Nueva York y en particular a la costa este del país para participar en un festival organizado por varias organizaciones sionistas en apoyo de Israel. Aharon Bernie, el comentarista del periódico, sólo consiguió un "sin comentarios" cuando trató de conseguir más información sobre este tema. Al preguntar por las razones que habían llevado a la Shabak a aconsejar a Sharon que no viajara a EEUU para participar en el festival, Bernie obtuvo una respuesta similar. Al día siguiente de que el secretario de Sharon anunciara oficialmente que Sharon no participaría en el festival, tuvieron lugar los atentados de Nueva York y Washington.

Por otro lado, el día después de los atentados, el periódico The Jerusalem Post, uno de los mayores de Israel, informó de que 4.000 israelíes estaban desaparecidos como consecuencia del ataque contra las Torres Gemelas. El periódico citaba la fuente del propio Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, que había llegado a esta cifra mediante testimonios de parientes y amigos, que en las primeras horas después del ataque, contactaron con el Ministerio y le proporcionaron los nombres de israelíes que trabajaban en el World Trade Center o tenían negocios en este lugar. Incluso sin leer este artículo de The Jerusalem Post, la propia lógica ya permitía deducir que habría cientos, sino miles, de israelíes trabajando en las Torres Gemelas en el momento de los ataques. La actuación de los judíos en la esfera de las finanzas internacionales es legendaria. Así por ejemplo, dos de las empresas más ricas de Nueva York, Goldman-Sachs y Solomon Brothers, son propiedad de judíos y tenían su sede en el WTC. Muchos ejecutivos de estas firmas viajan con frecuencia a Israel. Es sabido que Nueva York es el centro del poder financiero judío internacional y el WTC era el epicentro de la economía de la ciudad, así que parecía muy previsible que el número de víctimas israelíes fuera muy elevado. Así lo esperaba también The Jerusalem Post, que el pasado 12 de septiembre de 2001 escribió:

"Miles de israelíes desaparecidos cerca del WTC y el Pentágono.

El Ministerio de Asuntos Exteriores en Jerusalén ha recibido hasta ahora los nombres de 4.000 israelíes que podrían haber estado en el área del World Trade Center y el Pentágono en el momento del ataque".

Sin embargo, cuando George W. Bush pronunció su discurso ante el Congreso el pasado 20 de septiembre afirmó que además de varios miles de norteamericanos, 130 israelíes habían fallecido en el WTC. La implicación lógica de esta afirmación era que Israel compartía en alguna medida el sufrimiento de los norteamericanos. No obstante, la cifra dada por Bush parecía excesivamente baja. Si había 4.000 israelíes en el WTC y la cifra de muertos era de 130, era difícil de explicar esta tasa tan baja de mortalidad.

La sorpresa llegó con un artículo de The New York Times publicado el 22 de septiembre y titulado "Officials say Number of Those Still Missing May be Overstated" (Los responsables dicen que el número de los todavía desaparecidos puede haber sido exagerada). El artículo se refería a este tema de la cifra de israelíes muertos en el WTC. Resultó que 129 de los 130 israelíes a los que Bush había "declarado" muertos estaban todavía vivos. En realidad, había fallecido un solo israelí en el WTC. El artículo decía concretamente:

"… el presidente Bush en su alocución al país el pasado jueves por la noche dijo que 130 israelíes habían muerto en los ataques.

Sin embargo, el viernes (21 de septiembre) el cónsul general israelí, Alon Pinkas, dijo que las listas de los desaparecidos incluían informes de personas que habían llamado porque, por ejemplo, sus parientes en Nueva York no habían devuelto sus llamadas de teléfono efectuadas desde Israel. Había, de hecho, sólo tres israelíes cuya muerte hubiera sido confirmada: dos en los aviones y otro que estaba visitando el WTC por motivo de negocios y que fue identificado y enterrado".

Muchos analistas sugieren que la baja tasa de mortandad indicada por Bush (130) indicaba que muchos israelíes que trabajaban en el WTC habían sido advertidos antes del ataque. Cuando la tasa de muertos se redujo a sólo un israelí, esta hipótesis se convirtió en una certeza absoluta. Un solo muerto entre 4.000 es una imposibilidad estadística. Incluso si el Ministerio de Exteriores israelí y The Jerusalem Post hubieran calculado muy por encima el número de israelíes que trabajaban o se encontraban en el WTC y la cifra más correcta fuera de sólo 1.000, esto no cambia nada. Aun si sólo unos pocos centenares de israelíes hubieran estado trabajando en el lugar en el momento del ataque, el hecho de que se produjera un solo fallecimiento sería algo estadísticamente absurdo. Las únicas posibilidades lógicas son que en el 11 de septiembre tuviera lugar una gran fiesta judía (cosa que no ocurrió), o que muchos israelíes recibieran una advertencia previa de que se iban a producir los atentados.

La advertencia a los israelíes

La realidad es que sí se ha demostrado que existió una advertencia previa a los israelíes con anterioridad a los ataques. Newsbytes, un servicio de noticias del diario The Washington Post, publicó el pasado 27 de septiembre un reportaje de Brian McWilliams titulado: "Instant Messages To Israel Warned of WTC Attack" (Mensajes instantáneos a Israel advirtieron del ataque contra el WTC). Esto fue confirmado también el 30 de septiembre por el periódico israelí Haaretz  que publicó un artículo firmado por Yuval Dror titulado: "Odigo Says Workers Were Warned of Attack" (Odigo dice que los trabajadores fueron advertidos del ataque). Este reportaje, además de mencionar la advertencia previa a Israel, señalaba que el FBI la estaba investigando. Ambos artículos afirmaban que una empresa israelí especializada en el envío de mensajes instantáneos, Odigo, con oficinas en el WTC de Nueva York y en Israel, recibió una serie de advertencias dos horas antes de los atentados.

Concretamente, el artículo de The Washington Post decía así:

"Mensajes Instantáneos a Israel advirtieron del ataque contra el WTC.

Los responsables de la firma de mensajes instantáneos Odigo confirmaron hoy que dos empleados recibieron dos mensajes de texto advirtiendo de un ataque contra el WTC dos horas antes de que los terroristas estrellaran los aparatos contra las torres de Nueva York.

Además, Alex Diamandis, vicepresidente de ventas y marketing, confirmó que los trabajadores de la oficina de investigación, desarrollo y ventas internacionales de Israel recibieron otra advertencia de un usuario de Odigo aproximadamente dos horas antes del primer ataque".

Así pues, existe una prueba convincente e irrefutable de fuentes de toda solvencia de que Israel tuvo un conocimiento previo de los atentados. En primer lugar, resulta claro que sin una previa advertencia no podría haber habido únicamente una sola víctima mortal israelí en el WTC. En segundo lugar, existe una clara confirmación de que una compañía israelí con oficinas en el WTC e Israel recibió una advertencia dos horas antes de los atentados.

¿Quién habría podido advertir a los israelíes de los atentados que iban a tener lugar sino el Mossad israelí? El hecho de que el gobierno de Israel haya tenido un conocimiento previo de los atentados y haya advertido a las potenciales víctimas israelíes, pero haya dejado morir a miles de norteamericanos y personas de otras nacionalidades convierte al gobierno israelí en un sujeto tan responsable de los atentados del 11 de septiembre como los propios terroristas que cometieron tal atrocidad.

Poco después del atentado, según un artículo publicado el 14 de octubre en el diario israelí Haaretz y titulado "Five Israelis Detained for "Puzzling Behavior" after the WTC Tragedy" (Cinco israelíes detenidos por su comportamiento extraño tras la tragedia del WTC), el FBI arrestó a cinco israelíes que estaban filmando los sucesos de las Torres Gemelas desde un tejado cercano y riéndose a carcajadas ante la dantesca visión. Probablemente, ellos creían que la resistencia del mundo ante las atrocidades israelíes en Palestina se colapsaría del mismo modo que hacían las torres en ese momento. Quizás la declaración más clara a este respecto fue la del ex primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que fue recogida por el periodista James Bennet en un artículo publicado el día 12 de septiembre en The New York Times y titulado "Spilled Blood is seen as Bond That Draws 2 Nations Closer" (La sangre derramada es vista como un vínculo que acerca a 2 naciones):

Preguntado esta noche acerca de lo que significaba el ataque (del 11 de septiembre) para las relaciones entre EEUU e Israel, Benjamin Netanyahu, el antiguo primer ministro, respondió: "Es muy bueno". Luego, corrigiéndose a sí mismo dijo: "Bien, no muy bueno, pero generará una inmediata simpatía (hacia Israel)".

No cabe duda de que los dirigentes israelíes consideraron el ataque contra el WTC "algo muy bueno" para Israel. A Israel, que posee un record de más de medio siglo de terrorismo, le resulta indiferente el horror que produce un atentado terrorista de estas características. Algunos medios de comunicación norteamericanos como la CNN buscaron de inmediato difundir imágenes de palestinos celebrando los ataques con la intención de hacer recaer la culpa sobre éstos, incluso aunque todas las grandes organizaciones palestinas se apresuraron a condenar los atentados sin paliativos y ni un solo palestino ha sido acusado de estar implicado en ellos.

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