¿Podemos decir que lo que conduce el pensamiento feminista en general no es bueno para las mujeres musulmanas? Desde el principio de los años 1990, al mismo tiempo que la cuestión de los derechos de las mujeres en el islam cumple su función de detonador en los debates apasionados sobre el supuesto “choque de culturas”, las más concernidas se reapropian la palabra confiscada. En su lucha por la igualdad de derechos, intelectuales y militantes musulmanas abren el abanico de estrategias múltiples, sometidas a la tensión de visiones divergentes en cuanto a las transformaciones sociopolíticas que puedan ser aplicadas. No hay, pues, uno, sino varios femenismos musulmanes. Definidos por el factor de que integren o no la cuestión de lo religioso, estos feminismos se distinguen por líneas de demarcación que, sin embargo, no siempre son impermeables.
Estas corrientes están confrontadas a un doble desafío. Para las mujeres musulmanas, la emancipación pasa por el combate contra el patriarcado, pero se inscribe también en un contexto histórico de lucha contra la dominación colonial. Siendo así que, paradógicamente, el feminismo “ha sido movilizado por iniciativa de un sistema colonial”, recuerda la socióloga Fabienne Brion, profesora adjunta a la Universidad Católica belga de Lovaina.
Bajo este punto de vista, ser feminista en islam equivaldría a rendir pleitesía al opresor occidental. Un discurso que las representaciones de la mujer musulmana tejidas por Occidente no hacen más que reforzar: “Lo que hay es, a secas, las víctimas de las tradiciones que hay que salvar, los cómplices de sus opresiones que hay que castigar, y aquellas que hay que liberar, dicha liberación consistiendo en el abandono del islam, y por lo tanto occidentalizándose” según Fabienne Brion.
La cuestión de la relación con Occidente permanece como crucial. No hay más que ver cómo el “episodio del pañuelo”, en Francia, ha dividido y divide aún las filas feministas desde la mitad de los años 1990. De tal división han surgido formas de feminismo laico musulmán. Esta tendencia está representada, de manera más notoria, en Francia, por el movimiento Ni Putes Ni Soumises. Que a su vez, es cuestionada en el terreno del poscolianismo por asociaciones musulmanas de opción feminista, tales como Les Indigenes de la République. Las cosas nunca siendo sencillas, este último movimiento, bajo sospecha de favorecer el repliegue comunitario, lleva mese agitado por disensiones internas . . .
Para añadirse a la complejidad, una nueva corriente, el feminismo islámico, mayoritario en los países musulmanes, está en plena expansión en el seno de la diaspora. Según el cual, el camino pasa por un reexamen científico del Corán “con el fin de recuperar su mensaje igualitario”, explica la investigadora estadounidense Margot Badran. Tengamos en cuenta el hecho de que “no es tanto lo “religioso” lo que oprime, sino una realidad social colectiva que lo reformula según una representación idelológica que le permite reafirmar sus poderes”, propone Asma Lamrabet. Esta intelectual marroquí afirma que el feminismo islámico, más radical que los feminismos laicos musulmanes, está listo para “trascender las nociones de Oriente y Occidente”.
Una apuesta juzgada difícil por algunas. Desde sus tierras del islam, algunas feministas perciben en la intrusión de lo religioso una puesta en duda de la esencia misma del combate feminista. Cuando, además, los Estados en los cuales viven legislan el estatuto jurídico de la mujer a partir de reglas coránicas.
Sin ser todas afganas recluidas, las musulmanas viven situaciones a menudo difíciles con respecto al respeto de sus derechos. Parece sin embargo que los países donde el islamismo político es más moderado coinciden con los avances igualitarios más marcados. Como Túnez que, muy lejos de ser un ejemplo en el respeto de los derechos humanos, en cambio ha modernizado su derecho de la familia a favor de la igualdad -siendo sólo la herencia sometida a la regla coránica.
A pesar de todo, ancho es el foso que separa a las feministas de todas tendencias confundidas de la campesina musulmana. Así pues, la vía del feminismo islámico puede ser contemplada temporalmente bajo el prisma del pragmatismo. Es la idea que defiende el islamólogo Farhad Khosrokhavar, de la Escuela de altos estudios sociales de París : “Para obtener lo que quieren, deben conservar el pañuelo, garante de su fidelidad al islam”. Pero se puede apostar sin dudas que, en los tiempos en los que los fundamentalistas monoteístas se refuerzan, otoros lo utilicen para objetivos menos emancipadores.
Traducción del francés de Abdullah Abenyusuf, Filólogo arabista y Experto profesional en Cultura, Civilización y Religión islámicas titulado por la UNED.
Webislam es un proyecto de Junta Islámica, una organización sin ánimo de lucro, en la que cooperan, junto a musulmanes, personas de otras confesiones y creencias, dando así un testimonio práctico del diálogo inter-religioso e intercultural.
Junta Islámica - Apartado de Correos 2 - Almodóvar del Río - 14720 - Córdoba - España - Teléfono: (0034) 902 431 937
Certificados de calidad: XHTML, CSS, RSS, 508, TABLELESS, WCAG TAW.