Pregunta:
Me han sorprendido las siguientes declaraciones del presidente de la Fundación Mezquita de Granada: «Así como, cuando en el cuerpo nacen un tumor o una gangrena, los cercenamos, también por salvar la fe de los demás se cercena al apóstata». ¿Es cierto que en los países musulmanes se condena a muerte a los que abandonan el islam?
Respuesta de Abdennur Prado:
(Antes de contestar, quiero poner en duda que el presidente de la Fundación Mezquita de Granada dijera estas palabras, recogidas en un medio poco de fiar. En ningún caso podemos comprender como puede salvar la fe de nadie la muerte del apóstata, y quien es el que se arroga el derecho de salvar la fe de los demás. Esta es una pretensión estúpida, que ni siquiera tiene en cuenta a Al-lâh).
Es cierto que existen algunos países autoproclamados musulmanes donde la apostasía (irtidad o riddah) está condenada con la muerte, y es cierto que hay numerosos alfaquíes que defienden esta pena. Pero también es cierto que esta condena contradice el principio coránico de la libertad de conciencia, algo esencial en el islam:
No hay coacción en la religión (Qur’án, 2, 256).
Y si tu Señor quisiera creerían todos los que están en la tierra. ¿Acaso puedes tú obligar a los hombres a que sean creyentes? Ningún alma puede creer si no es con permiso de Al-lâh. (Qur’án, 10, 99-100).
Según estos y otros versículos, no se puede obligar a nadie a creer o a mantenerse a la fuerza en el islam. Además, existen pruebas de que el profeta Muhámmad permitió a algunos judíos que se habían hecho musulmanes volver al judaísmo. He aquí algunos comentarios clásicos sobre la aleya 2, 256:
Az-Zamajshari: "El islam no se ha de imponer ni por la coacción ni por la violencia, sino que la gente ha de aceptarlo conscientemente y con plena libertad" (Al-Kaixaf, p.229).
Al-Baydawi: "No hay coacción en religión… porque, estrictamente hablando, coaccionar es querer imponer a una persona algo que no le apetece en absoluto". (Tafsir: Anwar al-Tanzil wa Asrar al-Ta’wil, p. 172).
Ibn Kazir: "No se ha de obligar a nadie a abrazar el islam: el islam es, por sí mismo, una prueba clara y manifiesta, sus argumentos se hacen evidentes al espíritu; no hay ninguna necesidad, pues, de obligar a nadie a aceptarlos. Al contrario: a aquel a quien Al-lâh guía hacia el islam, se le ensancha el corazón y se le ilumina la mirada hasta el punto de que el islam se le aparece toda una evidencia. Muy distinto es el caso de aquel a quien Al-lâh le ciega el corazón y le cierra los ojos y los oídos: ninguna coacción ni violencia le harán convertirse en musulmán!" (Mujtaçar, vol. 1/3, p. 232).
La condena a muerte por apostasía no es conforme al principio coránico de la libertad de conciencia. Cabe entonces preguntarse: ¿de donde surge la condena a muerte del apóstata? Sus defensores citan dos hadices:
Transmitido por ibn Mas’ud: el Mensajero de Al-lâh (saws) dijo: "No es lícito la sangre de un musulmán, salvo en uno de estos tres casos: el casado que comete adulterio, vida por vida, y aquel que abandona su religión y se enfrenta a la Comunidad" (Bujari).
La expresión fâraqa-yufariqu significa ponerse en el bando de en frente. Normalmente, en árabe usaremos el verbo irtadda-yartaddu (contraponerse, impedir), pero en esta ocasión el verbo usado es más fuerte. Se refiere a dejar el bando de los que sobreviven siendo minoría entre no-musulmanes y pasarse al bando de los que los combaten. En el contexto en el cual (se supone que) Muhámmad (saws) dijo estas palabras, los musulmanes le preguntaban si podían derramar la sangre de los que hasta hacía poco eran sus hermanos, en el caso de que se enfrentasen contra ellos. Por otro lado, este es un hadiz shadda (extraño, aislado), cuya cadena de transmisión (isnad) ha sido considerada dudosa, y entra en contradicción con la Palabra de Al-lâh en otro aspecto: tampoco el Corán prevé la muerte en caso de adulterio.
El otro hadiz es:
Narrado por ibn ‘Abbas: el Mensajero de Al-lâh (saws) dijo: "A aquel que cambia de religión, matadlo".
Sobre este hadiz, hay que saber que su transmisor (ibn ‘Abbas, sobrino del Profeta) tenía trece años a la muerte de Muhámmad (saws). ¿Cuándo oyó esta frase, en qué contexto? ¿Podemos, en contra del principio coránico de la libertad de conciencia, establecer la muerte en caso de apostasía en base a este testimonio? ¿Acaso el recuerdo de un niño tiene más validez para los musulmanes que la revelación coránica? No hay fundamento.
La única explicación a la pervivencia de la condena por apostasía es que esta es muy útil al poder como un instrumento represivo. Hoy en día, existen países autodenominados islámicos en los cuales unos tribunales al servicio de los gobernantes deciden que es y que no es apostasía. Son numerosos los casos de intelectuales y escritores musulmanes acusados de riddah por este o aquel escrito molesto. Hay países en los cuales nadie puede poner en duda la versión oficial del islam, más pendiente de las relaciones de poder que de la libertad humana.
Pero Al-lâh sabe más.
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