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Gnósticos: Un cristianismo sin cruz

El Cristo crucificado es una enseñanza para bebés (Orígenes)

13/05/2012 - Autor: Timothy Freke Y Peter Gandy
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Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor

El conocimiento de uno mismo

El mandamiento más importante en la senda espiritual de los misterios paganos estaba inscrito en el santuario de Apolo en Delfos: Gnothi Seautón, es decir, «Conócete a ti mismo». La gnosis o conocimiento que buscaban los iniciados en los misterios paganos era el conocimiento de uno mismo.

Asimismo, el libro gnóstico titulado Libro de Tomás el Contendiente afirma: «Quienquiera que no se haya conocido a sí mismo no ha conocido nada, pero quienquiera que se haya conocido a sí mismo ha alcanzado simultáneamente el mismo conocimiento de la profundidad de todas las cosas».

En el Testamento de la verdad Jesús aconseja a un discípulo que se convierta en «discípulo de su propia mente», que es «el padre de la Verdad». El sabio gnóstico Silvano recomienda: «Llamad a vuestras almas como si llamarais a una puerta y caminad sobre vosotros mismos como sobre un camino recto. Porque si camináis por el camino, es imposible que os extraviéis ... Abríos la puerta a vosotros mismos para que podáis saber qué sois».

Pero ¿qué es uno mismo? Los sabios paganos enseñaban que todo ser humano tiene un yo inferior mortal llamado el «eídolon» y un yo superior inmortal llamado el «daemon». El eídolon es el yo encarnado, el cuerpo físico y la personalidad. El daemon es el espíritu, el verdadero yo, que es la relación espiritual de cada persona con Dios. Los misterios se crearon para ayudar a los iniciados a comprender que el eídolon es un yo falso y que su verdadera identidad es el daemon inmortal.

Desde el punto de vista del eídolon parece que el daemon es un ángel de la guarda independiente. Por tanto, los iniciados que todavía se identifican con el eídolon no experimentan el daemon como su propio yo verdadero, sino como el espíritu guía cuya misión consiste en llevarlos a su destino espiritual. Platón manifiesta: «Debemos considerar que la parte del alma con mayor autoridad es un espíritu de la guarda que nos da Dios y que nos eleva a nuestro hogar celestial».

Los sabios gnósticos enseñaban exactamente la misma doctrina mistérica. Valentín explica que una persona recibe la gnosis de su ángel de la guarda, pero que este ser angelical es en realidad el ser superior de la propia persona que busca la gnosis. Durante milenios, en el antiguo Egipto se había representado el daemon como gemelo celestial del eídolon. Esta imagen se encuentra también en el gnosticismo. Se dice que desde los cuatro años de edad el sabio gnóstico Manes fue consciente de que tenía un ángel protector, y que a los doce años se dio cuenta de que era su gemelo celestial, al que llamó «la más bella y mayor imagen refleja de mi propia persona».

En los Hechos de Juan, éste comenta que Jesús conversaba a veces con un gemelo celestial que descendía para reunirse con él:

"Cuando todos nosotros, sus discípulos, dormíamos en una casa de Genesaret, yo solo, después de abrigarme bien, observé desde debajo de mi ropa lo que él hacía; y al principio le oí decir: «Juan, duérmete», e inmediatamente fingí que dormía; y vi que bajaba otro como él, al que también oí decir a mi Señor: «Jesús, ¿aquellos a los que has elegido todavía no creen en ti?». Y mi Señor dijo: «Bien dices tú, pues son hombres".

La Pistis Sophia relata un mito encantador en el que el niño Jesús encuentra a su propio gemelo celestial por primera vez. Su madre, María, recuerda:

"Cuando eras niño, antes de que el Espíritu hubiera descendido sobre ti, cuando estabas en la viña con José, el Espíritu descendió de las alturas y vino a mí en la casa, como a ti, y yo no Le conocí, sino que pensé que eras tú. Y me dijo: «¿Dónde está Jesús, mi hermano, para que pueda encontrarme con él?"

María, dirigiéndose a Jesús, le dice cuando su gemelo finalmente lo encontró, «te abrazó y te besó y tú también lo besaste; os convertisteis en un único y mismo ser».

El objetivo de la iniciación gnóstica también era unir el yo inferior con el yo superior, porque cuando se hacen uno solo es cuando tiene lugar la iluminación. Ireneo relata que el gnóstico «cree que no está en el cielo ni en la tierra, sino que ha abrazado a su ángel de la guarda». El gran maestro gnóstico Valentín escribe: «Cuando el yo humano y el “Yo” divino se interrelacionan pueden alcanzar la perfección y la eternidad».

El «daemon» universal

La búsqueda del conocimento de uno mismo obliga al iniciado pagano o gnóstico a hacer un notable viaje de descubrimiento. Al principio el iniciado se siente a sí mismo como el eídolon, la personalidad encarnada, y ve el daemon como un ángel de la guarda o gemelo celestial. El iniciado más maduro experimenta el daemon como su propio yo superior. Los que han sido agraciados con la visión del total conocimiento de sí mismos o gnosis encuentran el daemon todavía más imponente. Es en verdad el «Yo divino», como dice Valentín.

Aunque parezca que cada persona tiene su propio daemon o yo superior, el iniciado que ha sido iluminado descubre que en realidad hay un único daemon que es compartido por todos: un yo universal que habita en todos los seres. Todas las almas forman parte del alma de Dios, que es única. Así pues, conocerte a ti mismo es conocer a Dios.

Estas enseñanzas místicas se encuentran tanto en los misterios paganos como en el cristianismo gnóstico. La antigua enseñanza pagana «Yo soy tú, y tú eres yo» se encuentra en el texto gnóstico Pistis Sophia y en el Evangelio de Juan, en el Nuevo Testamento, se convierte en «Yo en vosotros, y vosotros en mí».
El sabio pagano Sexto escribe: «Si conocierais a quien os hizo, os conoceríais a vosotros mismos». De modo parecido, el filósofo cristiano Clemente escribe: «Conocerse a uno mismo es la mayor de todas las ciencias, porque cuando un hombre se conoce a sí mismo, conoce a Dios». Clemente enseñaba a sus iniciados cristianos a «practicar el ser Dios» y les decía que el verdadero gnóstico «ya se había convertido en Dios».

En una hermosa exposición de las eternas enseñanzas místicas que el cristianismo gnóstico heredó de los misterios paganos, el sabio gnóstico Monoimo aconseja:

"Buscadlo tomándoos a vosotros mismos como punto de partida. Averiguad quién hay dentro de vosotros mismos que se adueña de todo y dice: «mi Dios, mi mente, mi pensamiento, mi alma, mi cuerpo". Averiguad las fuentes del pesar, del gozo, del amor, del odio, del despertar aunque no queráis y del sueño aunque no queráis dormir, y del enfado aunque no queráis enfadaros y del enamoramiento aunque no queráis enamoraros. Si investigáis cuidadosamente estas cuestiones, lo encontraréis en vosotros mismos.

«Gnóstico» significa «conocedor», pero lo que conoce el gnóstico no es alguna información objetivada. Los gnósticos conocen aquello por medio de lo cual se conoce todo lo demás: el conocedor, el experimentador, el yo superior, el  Yo divino, el daemon. El verdadero gnóstico, al igual que el iniciado en los misterios paganos, descubre que el daemon es en realidad la única alma del universo: la conciencia que habita en cada uno de nosotros. Según los sabios paganos y gnósticos que han recorrido la senda del conocimiento de uno mismo hasta llegar a su paradójica conclusión, cuando finalmente descubrimos quiénes somos, descubrimos que lo único que hay es Dios.

La resurrección espiritual

Según los sabios paganos, todos nos componemos de un eídolon, que es mortal, y del daemon, que es inmortal. Si estamos vivos para nuestra identidad personal como eídolon, estamos muertos para nuestra identidad eterna como daemon. La iniciación en los misterios servía para devolver el alma a la vida. Mediante la muerte mística del eídolon el iniciado podía renacer como daemon. Los gnósticos enseñaban la misma doctrina mistérica.

El maestro anónimo del sabio gnóstico Reginos explica que esta existencia humana normal es la muerte espiritual y, por tanto, todos necesitamos «resucitar de entre los muertos».

Del mismo modo que los iniciados paganos que presenciaban el gran espectáculo mistérico en Eleusis sufrían metafóricamente con Dioniso y renacían espiritualmente, también los iniciados en los misterios gnósticos compartían de manera metafórica el sufrimiento y el triunfo de Jesús. El maestro de Reginos explica: «Sufrimos con él y nos levantamos con él y fuimos al cielo con él». Los iniciados que participaban de la pasión de Jesús como alegoría de su propia muerte y resurrección místicas podían decir con Jesús en el Evangelio de Juan: «Por eso me ama el Padre, porque yo doy mi vida, para recobrarla de nuevo».

Los cristianos literalistas basaban toda su fe en el supuesto milagro de que un Jesús histórico había vuelto físicamente de entre los muertos y consideraban que esto probaba que los que creían que Jesús era el Hijo de Dios también resucitarían físicamente en el «Día del Juicio». Los gnósticos, en cambio, decían que interpretar la resurrección en sentido literal era un ejemplo de la «fe de los necios». Insistían en que la resurrección no era ni un acontecimiento histórico que ocurrió una sola vez a una sola persona ni una promesa de que los cadáveres resucitarían después de un apocalipsis futuro. Los gnósticos interpretaban la resurrección como una experiencia mística que podía sucederle a cualquiera de nosotros, aquí mismo y ahora, mediante el reconocimiento de nuestra verdadera identidad como daemon.

Los literalistas pensaban que cualquier experiencia personal de la resurrección suponía una lejana esperanza de inmortalidad corporal después de la segunda venida. El Evangelio de Felipe, sin embargo, se burla de tales cristianos y explica: «Aquellos que dicen que morirán primero y luego resucitarán están equivocados. Si no reciben primero la resurrección mientras viven, cuando mueran no recibirán nada » .

Para los gnósticos la resurrección era sólo “la revelación de lo que existe verdaderamente”. Para los iniciados con «ojos para ver», por tanto, esta resurrección mística «ya había sucedido». En modo alguno podía ser un acontecimiento futuro, porque se trataba de la conciencia de lo que era real en el momento presente. La verdadera identidad de un iniciado no se convertía en el daemon por medio del proceso de iniciación. Siempre había sido el daemon. En realidad, la resurrección era sólo un cambio en la conciencia. El maestro de Reginos proclama: «Ya tienes la resurrección. Considérate resucitado ya. ¿Eres tú -el tú real- mera corrupción? ¿Por qué no examinas tu propio ser y compruebas que has resucitado?».

El Tratado de la Resurrección proclama: Todo tiende a cambiar. ¡El mundo es una ilusión! La resurrección es la revelación de lo que existe y la transformación de las cosas, y una transición a la novedad. Huye de las divisiones y las cadenas y ya tienes resurrección.

Los gnósticos consideraban que la resurrección era una alegoría, pero no que fuese algo irreal. Al contrario, para el iniciado la experiencia mística de la resurrección espiritual era más real que la llamada realidad de la conciencia normal. El maestro de Reginos explica: «No supongáis que la resurrección es una ilusión. No es una ilusión, más bien es algo real. En lugar de ello, uno debería mantener que el mundo es una ilusión, más que la resurrección».

El matrimonio sagrado

Un tema mítico que tenía importancia en los misterios paganos era el matrimonio sagrado entre el dios hombre y la diosa, símbolo de la unión mística de contrarios. En Creta celebraban el matrimonio de la diosa Deméter con el dios hombre Yasión. A su «llegada» a Atenas todos los años, Dioniso era aclamado como «el novio», y su matrimonio con la reina de la ciudad, que representaba a la diosa, se celebraba ritualmente.

En las iniciaciones mistéricas, el iniciado se representaba a menudo como la novia de Osiris-Dioniso. Las iniciaciones se llevaban a cabo en las «cámaras nupciales» especiales que se han encontrado en santuarios paganos. Un antiguo fresco muestra escenas de los que se preparan para la iniciación vistiéndose con atuendo de novia. Después de la iniciación las aclamaban como «novias».

La novia representaba al  yo encarnado o eídolon y Osiris-Dioniso, al yo no encarnado o daemon. El matrimonio secreto unía ritualmente a estas dos partes contrarias del iniciado. Epifanio nos dice: «Algunos preparan una cámara nupcial y celebran un rito místico acompañado de ciertas palabras que se dicen al iniciado y alegan que es un matrimonio espiritual».

El tema del matrimonio sagrado que se encuentra en los misterios paganos no está presente en el cristianismo ortodoxo, pero era importante en el cristianismo gnóstico, que celebraba el matrimonio sagrado entre Jesús y Sofía. En el mito gnóstico, Sofía ha «caído» y representa al yo encarnado. Aparece perdida en el mundo y busca la fuente inefable. Trata de encontrar el amor en todos los sitios donde no debería buscarlo y se convierte en prostituta. Finalmente suplica a Dios Padre que la ayude y Él le manda como novio al primogénito de Dios, Jesús, hermano de Sofía. Al llegar el novio, hacen el amor apasionadamente para convertirse en uno. Esto es una alegoría del daemon o espíritu acudiendo a salvar al yo encarnado o psique. Según el Evangelio de Felipe, sólo la persona que ha «vuelto a casar» la psique con el espíritu podrá soportar los impulsos físicos y emocionales que, si no se frenan, tal vez la llevarían a la autodestrucción y al mal.

El matrimonio sagrado simboliza la unidad mística, que era el objetivo del gnosticismo. En el Evangelio de Tomás Jesús enseña a sus discípulos:

"Cuando hagáis de los dos uno  y cuando hagáis el interior como el exterior y el exterior como el interior y lo de arriba como lo de abajo y cuando hagáis al hombre y a la mujer una cosa y la misma, de manera que el hombre no sea hombre y la mujer no sea mujer, entonces entraréis en el Reino".

Algunos grupos gnósticos celebraban ritualmente el matrimonio secreto como parte de sus ritos de iniciación. Ireneo nos dice: «Preparan una cámara nupcial y celebran misterios». Los seguidores del sabio gnóstico Marco celebraban un rito de iniciación «con ciertas fórmulas, y llaman a esto matrimonio espiritual». Se nos dice que los seguidores del poeta gnóstico Valentín practicaban el rito de un matrimonio espiritual con ángeles en una cámara nupcial. Los naasenos afirmaban que los iniciados «deben quitarse sus vestidos y convertirse todos en novias preñadas por el espíritu virgen». El Evangelio de Felipe explica que el proceso de iniciación alcanzaba su punto culminante en la «cámara nupcial» de unión mística, porque «El sancta sanctórum es la cámara nupcial. La redención tiene lugar en la cámara nupcial».

En la historia de Jesús, la Sofía caída aparece representada por la figura de María Magdalena, a quien Jesús (el daemon) redime de la prostitución. Según el sabio gnóstico Heracleón, el tema del matrimonio sagrado también está presente en la historia de Jesús bajo la forma de las bodas de Caná, donde Jesús, como Dioniso antes que él, transforma agua en vino embriagador. Heracleón nos dice que este milagro simboliza aquel «matrimonio divino» que convierte lo que es simplemente humano en divino. El tema aparece también en un pasaje del Evangelio de Mateo en el cual Jesús explica que llegar al reino de los cielos será como cuando una doncella que va a recibir «al novio».

En el Evangelio de Tomás, Jesús advierte que para experimentar este nivel final de iniciación en la unión mística, cada iniciado debe entrar en la cámara nupcial solo: «Hay muchos de pie, a la puerta, pero únicamente el solitario entrará en la cámara nupcial».

Convertirse en Cristo

Los sabios paganos afirmaban que en los misterios interiores un iniciado descubría que lo que en apariencia era su daemon individual era en realidad el daemon universal, que los sabios representaban dividido en pedazos y distribuido entre todos los seres conscientes. Epicteto afirma: «Eres un fragmento arrancado de Dios. Llevas una porción de él dentro de ti». Osiris-Dioniso representa este daemon universal, la mente de Dios consciente en todos los seres vivos.

En muchos mitos, Osiris-Dioniso muere desmembrado. Con frecuencia se interpreta que esto significa la trilla del trigo para producir pan y el pisado de la uva para producir vino. Sin embargo, los iniciados en los misterios interiores interpretaban este motivo a un nivel más místico: como cifra de enseñanzas sobre la desmembración del daemon universal por parte del poder del mal. En el mito de Osiris, por ejemplo, el dios hombre es asesinado y desmembrado por su hermano malvado Set y luego la diosa Isis recoge todos los miembros de Osiris y lo reconstituye. Este mito encierra de forma cifrada la enseñanza mistérica que dice que Dios debe ser «re-membrado», que la senda espiritual es el proceso de reunir los fragmentos del daemon universal, de percibir al uno en todo.

Plutarco describe la muerte de Osiris y dice: «Set esparce y destruye el logos sagrado y la diosa Isis lo recoge y junta, y lo entrega a los que se inician».Este tema pagano de la desmembración es totalmente ajeno al cristianismo tal como lo conocemos ahora, pero era fundamental para los gnósticos. Al igual que sus predecesores paganos, los cristianos gnósticos creían que cada yo humano individual era un fragmento de un ser celestial único que había sido desmembrado por las fuerzas del mal, despojado de toda memoria de sus orígenes celestiales y obligado a entrar en cuerpos físicos individuales.

Al igual que el dios hombre pagano Osiris-Dioniso, el dios hombre de los cristianos, Jesús, representa simbólicamente al daemon universal o logos que ha sido desmembrado. En la Pistis Sophia, Jesús declara: «Me he hecho pedazos y he entrado en el mundo». En los Hechos de Juan, manifiesta que «la multitud que hay alrededor de la cruz» representa los «miembros de Él que todavía han de «juntarse». En el Libro del Logos Jesús dice: «Guardad todos mis miembros, que desde la fundación del mundo se han esparcido por todas partes, y juntadlos y recibidlos en la luz». Un himno gnóstico que debe cantarse en el «gran día de la iniciación suprema ruega a Jesús: «Ven a nosotros, porque somos tus miembros, tus extremidades. Somos todos uno contigo. Somos uno y el mismo y tú eres uno y el mismo».

Según el sabio pagano Proclo, «la más secreta de todas las iniciaciones» revela «el espíritu en nosotros» como «auténtica imagen de Dioniso». Al alcanzar la gnosis o conocimiento de uno mismo, un iniciado pagano reconocía su identidad como expresión de Osiris-Dioniso, el daemon universal. En los misterios se decía de un iniciado así que era un «Osiris» o un «Dioniso».

De la misma manera, el Evangelio de Felipe enseña que un verdadero gnóstico «ya no es un cristiano, sino un Cristo». Orígenes también considera que un seguidor de Jesús podía convertirse en «un Cristo». En un apocalipsis gnóstico sin título Jesús dice a sus «hijos», con los que está trabajando, que abandonen la tarea hasta que «el Cristo» se forme dentro de ellos. En la Pistis Sophia enseña que sólo alguien que se ha convertido en un Cristo conocerá la gnosis suprema del Todo. En una colección de dichos gnósticos, explica: «Del mismo modo que os veis en el agua o en un espejo, también me veis a mí en vosotros mismos». En el Evangelio de Felipe proclama: «Viste al espíritu y te convertiste en espíritu. Viste a Cristo, te convertiste en Cristo. Viste al Padre, llegarás a convertirte en el Padre». Esta enseñanza se encuentra incluso en el Evangelio de Lucas, donde Jesús promete que «El discípulo ... bien formado, será como su maestro».

Una expresión común en los misterios paganos y que Platón cita a menudo, era Soma Sema, «El cuerpo es una tumba». Los iniciados gnósticos también comprendían que aquellos que se identificaban con el yo físico encarnado estaban muertos espiritualmente y necesitaban renacer a la vida eterna. Los iniciados que experimentaban la resurrección mística reconocían su identidad verdadera como el Cristo y descubrían, al igual que las mujeres en la historia de Jesús, que «la tumba está vacía». El cuerpo no es su identidad. No son el eídolon que vive y muere, sino el testigo eterno que es siempre nonato e imperecedero.

Los niveles de iniciación

Tanto el sistema filosófico pagano como el gnóstico describían cuatro niveles de identidad humana: físico, psicológico, espiritual y místico. Los gnósticos llamaban a estos cuatro niveles de nuestro ser: el cuerpo, el espíritu falso, el espíritu y el poder luz. El cuerpo y el espíritu falso (nuestras identidades física y psicológica) constituyen los dos aspectos del eídolon o yo inferior. El espíritu y el poder luz (nuestras identidades espiritual y mística) constituyen los dos aspectos del daemon espiritual: el yo superior individual y el yo universal compartido.

Los gnósticos llamaban «hílicos» a quienes se identificaban con su cuerpo, porque estaban tan muertos para las cosas espirituales que eran como la materia inconsciente o hylé. Quienes se identificaban con su personalidad o psykhé eran llamados «psíquicos». Y quienes se identificaban con su espíritu o pneuma recibían el nombre de «pneumáticos», que significa “espirituales”. Quienes dejaban por completo de identificarse con algún nivel de su identidad independiente y reconocían su verdadera identidad como el Cristo o daemon universal experimentaban la gnosis. Esta iluminación mística transformaba al iniciado en un verdadero «gnóstico» o «conocedor».

Tanto en el paganismo como en el cristianismo estos niveles de conciencia estaban vinculados de forma simbólica a los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. Las iniciaciones que llevaban de un nivel al siguiente eran simbolizadas mediante bautismos por estos elementos básicos. En el Libro del gran Logos Jesús ofrece a sus discípulos «los misterios de los tres bautismos» por agua, aire y fuego. El bautismo por agua simboliza la transformación de la persona hílica, que se identifica exclusivamente con el cuerpo, en un iniciado psíquico que se identifica con la personalidad o psique. El bautismo por aire simboliza la transformación del iniciado psíquico en un iniciado pneumático que se identifica con su yo superior. El bautismo por fuego representa la iniciación final que revela a los iniciados pneumáticos su verdadera identidad como el daemon universal, el logos, el Cristo interior, el «poder luz»: «La luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo», como dice el Evangelio de Juan. Así alcanzaba un iniciado la gnosis.

Estos, pues, son los niveles de iniciación en el cristianismo gnóstico.

Nivel de Iniciación: literal, mítico y místico

El iniciado pagano en los misterios exteriores veía el mito de Osiris-Dioniso que se escenificaba en la representación mistérica como un espectáculo maravilloso y convincente desde el punto de vista emocional. Al iniciado en los misterios interiores se le enseñaba el significado alegórico cifrado que encerraba el mito. Un maestro de los misterios encarnaba estas enseñanzas en su propio ser. Asimismo, la relación de un iniciado gnóstico con la historia de Jesús cambiaba a medida que el iniciado iba avanzando hacia la gnosis. Estos tres niveles de comprensión pueden calificarse de literal, mítico y místico:

- Literal: Los cristianos psíquicos habían experimentado el primer bautismo por agua y habían sido iniciados en los misterios exteriores del cristianismo. Interpretaban la historia de Jesús como la crónica verdadera de una persona que literalmente volvió de entre los muertos.

- Mítico: Los cristianos pneumáticos habían experimentado el segundo bautismo por aire (aliento santo o espíritu santo) y habían sido iniciados en los misterios interiores secretos del cristianismo. Interpretaban la historia de Jesús como un mito alegórico que encerraba enseñanzas cifradas sobre la senda espiritual por la que andaba cada iniciado.

- Místico: Los gnósticos habían experimentado el bautismo de fuego final y habían reconocido su identidad como un Cristo (el logos o daemon universal). Trascendían la necesidad de cualquier enseñanza, incluida la historia de Jesús.

Escribe Orígenes: «Se han cometido muchos errores, porque la mayor parte de los lectores no han descubierto el método correcto de examinar los textos santos». El método correcto, según Orígenes, consiste en comprender los tres niveles en que actúan las Escrituras. El más bajo es la interpretación literal obvia. El siguiente nivel, para «quien haya avanzado un poco», es un nivel alegórico que edifica el alma. El último nivel, que revela la gnosis, es para «quien sea perfeccionado por la ley espiritual». Orígenes afirmaba que siguiendo la senda triple, el iniciado cristiano avanza de la fe a la gnosis.

La pseudohistoria de la vida de Jesús era una parte esencial de los misterios exteriores del cristianismo, que se habían concebido para atraer a nuevos aspirantes a la iniciación, así que los gnósticos no negaban necesariamente la autenticidad histórica de los evangelios. Pero toda interpretación literal de la historia de Jesús era sólo el primer paso que se presentaba a los principiantes espirituales. El verdadero significado de este mito se revelaba a los iniciados en los misterios interiores secretos.

Orígenes desdeña el cristianismo literalista, que no va más allá de considerar la historia de Jesús como hecho histórico, y lo llama «fe irracional, popular» que lleva al «cristianismo somático». Como comenta un estudioso:

"Deja bien claro que al hablar de «cristianismo somático» se refiere a la fe que se basa en la historia del evangelio. De las enseñanzas fundamentadas en la narración histórica dice: «¿Qué mejor método podría idearse para ayudar a las masas?". El gnóstico o sabio ya no necesita al Cristo crucificado. El evangelio «eterno» o «espiritual», que está en su poder, «muestra claramente todas las cosas relativas al hijo de Dios, tanto los misterios que muestran sus palabras como las cosas que sus actos simbolizaban» .

Los gnósticos naasenos consideraban que los cristianos literalistas, que comprendían sólo los misterios exteriores, estaban «embrujados» por Jehová, el falso Dios, cuyo hechizo ejerce el efecto contrario del «encantamiento divino» del logos. Basílides también opina: «Los que reconocen a Jesús como el crucificado todavía son esclavos del Dios de los judíos. El que lo niega, ha sido liberado y conoce el plan del Padre no engendrado».

Como dice Orígenes con extraordinaria franqueza: « El Cristo crucificado es una enseñanza para bebés».
 



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1 Comentarios

Michele Najlis dijo el 19/05/2012 a las 19:11h:

Este trabajo es excelente. Muy importante. Gracias. Me gustaría que agregaran notas indicando de dónde han sido tomadas las citas, que entiendo son textuales. Saludos cordiales


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