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¿Son tan diferentes un infiel y un káfir?

Es posible conciliar los términos de káfir e infiel sin por ello olvidar todas sus referencias, contextos y raíces pues, en última instancia, no son tan diferentes si abrimos ambos significados.

29/02/2012 - Autor: Abdel-latif Bilal Ibn Samar - Fuente: Webislam
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El Cairo tapado por la contaminación.

Bismil-láh, ar-Rahmán, ar-Rahim

Sabemos que las traducciones siempre son complejas. En el caso del Corán, su carácter eminentemente árabe no puede eludirse fácilmente, y todo traductor es consciente de esas pérdidas, tanto en rimas como en el profundo sentido albergado en las palabras-cápsula cuyas explicaciones y matices requieren un buen apartado de notas y comentarios. No se trata de descartar cualquier traducción por el simple hecho de que el autor utilice una analogía cercana al marco de referencia cultural de la comunidad donde va destinada la obra, siempre y cuando el traductor obre desde su corazón y no desde oscuras fobias.

Dada la proliferación geográfica del islam a lo largo de los siglos, es normal que predominen las traducciones e interpretaciones en lenguas alejadas de la raíz semítica. Tampoco podemos exigirle al traductor que conserve siempre la permeabilidad y la polisemia de la palabra árabe pero, en cambio, no aceptemos la misma riqueza o contextualidad de la palabra o frase propuestas en la traducción. Por ello es importante que cada término se acompañe de comentarios que permitan al receptor abrir el sentido y no quedarse únicamente en la referencia cultural a la que, en un primer momento, se le remite.

Entre muchos ejemplos, el término káfir, traducido muchas veces como «infiel». Algunos autores lo descartan por ser una traslación inmediata al marco de referencias del cristianimo. Sus investigaciones etimológicas y su esfuerzo para aproximarse de otra forma a los términos clave del islam es imprescindible y de agradecer. Sin embargo, ¿son tan diferentes un káfir y un infiel una vez abiertos y actualizados ambos significados?

Ya en los comentarios clásicos del Corán, se incide en que káfir posee sentido de cubrir, ocultar y negar, no siempre en un sentido peyorativo (como la noche que cubre con oscuridad la tierra o el labrador que entierra las semillas). Respondería, pues, a un proceder más que a una posición intelectual. Como sabemos, y salvo en estas pocas acepciones donde la acción de cubrir no es negativa, en el Corán y, por consiguiente, en toda la cosmovisión islámica, el káfir se asocia a un comportamiento completamente desaconsejado.

La utilización de la palabra en árabe es tan insidiosa que su energía ha logrado transitar entre lenguas, geografías y tiempos sin perder su profundo carácter peyorativo. En las lenguas de la península ibérica (castellano, portugués, catalán...) continuamos empleándola como «cafre». En francés, cafard tiene implicaciones de hipócrita o de chivato (cafardeur), además de designar, explícitamente, a las cucarachas. Del francés pasa al inglés como profundo sentimiento depresivo, es decir, alguien afligido por un agudo desequilibrio. También kiefer en maltés sigue significando «cruel». Para el alemán, kaffer es un insulto. Asimismo, los colonos portugueses designaron con este término a las poblaciones autóctonas de una gran parte del África austral. De hecho, en los siglos XVI y XVII algunas zonas del continente aparecen así, como en la cartografía portuguesa para el sur de África (cafraria) o en la definición inglesa de la costa etíope (land of cafraria). Esta práctica pasó también a los colonos holandeses hasta llegar al afrikaans. Tanto en Namibia como en Sudáfrica, kaffir es un insulto racista todavía empleado por quienes añoran los tiempos del apartheid.

En definitiva, y a pesar de las transmutaciones, queda claro que el término káfir y sus diversas versiones a través de idiomas y geografías poseen connotaciones completamente negativas. Y esto se debe, en primer lugar, a la utilización cotidiana que, desde siempre, el musulmán ha realizado de esta palabra, asociada a un comportamiento, a una acción, y no a una esencia. A un modo de vida que sobrepasa el limitado marco religioso con el que a menudo solemos identificar estas cuestiones. Con esto presente, resulta interesante escuchar un mismo paisaje coránico donde «infieles» se ha substituido por «cafres». Efectivamente, el ejercicio nos sirve para ilustrar esta peligrosa falta de matices en algunas traducciones, donde «infiel» nos remite, únicamente, a la pérdida de «fe» (u oposición a ella), con el consiguiente vínculo a la doctrina cristiana e, irremediablemente, a la represión hacia quienes no congregan con ese credo. También remiten el término a un lenguaje religioso vinculado a unos determinados preceptos y excluyéndolo de su uso social. Pero al igual que algunos autores musulmanes optan por «descristianizar» algunos términos del islam, también es cierto que esta sociedad ya se ha encargado de «descristianizar» palabras y conceptos como «infiel», pues el lenguaje no es otra cosa que herramienta comunicativa. Es cierto que a veces ciertas palabras se nos quedan enquistadas y las asociamas a determinadas experiencias traumáticas ligadas a vivencias personales. Pero eso no significa que, socialmente, cualquier palabra pueda ir amoldándose según las necesidades de una comunidad, un grupo de edad, una localidad, etcétera.

¿Qué tapamos, aunque sea fugazmente? ¿A qué nos cerramos o a qué hemos dejado de abrirnos? ¿Cuándo oscurece en la comunidad? Y también: ¿Qué nivel de fidelidad mantenemos? El grado y la constancia definirán, en mayor o menor medida, nuestro káfir interior. Lo mismo que con la fidelidad. Llegamos, de este modo, a un punto de convergencia entre los dos términos que, en última instancia, no son tan diferentes si ampliamos ambos significados. Si los interiorizamos, tanto individual como colectivamente.

También en los dos existen matices y gradaciones, pues nos hablan de acciones y no son entidades rígidas ni permanentes. Desde el leve ocultamiento momentáneo a la brutalidad absoluta del cafre; de la breve falta de fidelidad esporádica a la constante e impertérrita infidelidad consigo mismo y, por ende, con la Realidad. No es lo mismo un «incrédulo» firme pero proclive a la reflexión que aquellos cuyos corazones están permanentemente sellados, que con guiño morisco podríamos calificar de «neçios mal rrejidos».

Es posible pues, en este terreno abierto, conciliar los términos de káfir e infiel, sin por ello olvidar todas sus referencias, analogías, contextos y raíces semánticas. El mismo Muhammad Asad, en su traducción del Corán, señala la necesidad de dar al término un sentido más amplio y general en lugar de un restrictivo «incrédulo» o «infiel». Sin embargo, no duda en utilizar infiel o su equivalente «reniega de su fe» (2:217), además de la opción positiva del término «fidelidad», como por ejemplo en «fieles a su fe» (p.e. en 24:23); «todas las cosas obedecen fielmente Su voluntad» (2:116) o «Sed fieles a vuestros compromisos» (5:1). Curiosamente, Julio Cortés, arabista que opta por este uso restringido de káfir como «infiel», traduce esta fidelidad a los compromisos con el que se inicia la sura 5 como «respetad vuestros compromisos».

En efecto, en el castellano de hoy día «fiel» no remite, exclusivamente, al cristianismo y, por consiguiente, es posible la convergencia y la flexibilidad de ambos términos una vez ampliados los sentidos y respetando la propia fuerza y evolución de las lenguas. La propia Real Academia de la Lengua se hace eco de este progreso, asociándolo en primer lugar a la falta de lealtad o entereza. No nos sirven las categorías de káfir e infiel como otredades inamovibles e inalterables. Entendámoslas, más bien, como espacios de fácil enmarañamiento, ya sea por inercia, ignorancia o simple desidia. Señales de alerta, deslealtades que sólo nos perjudican a nosotros mismos. Cuando el infiel sobrepasa los lindes del dogma religioso y se infiltra en muchos aspectos de nuestra cotidianidad, nos es fácil entenderlo no como opción ideológica, sino como una actitud, aunque sea momentánea. La infidelidad se vive a escondidas, el infiel recurre a ese ocultamiento, tapa sus actos. Y no me refiero tan sólo a las relaciones conyugales, ni siquiera a las acciones individuales. Pensemos, por ejemplo, en nuestra responsabilidad comunitaria con el medio ambiente. Miremos donde no queremos mirar: nuestros campos ahogados de pesticidas; nuestro ganado hacinado y enfermo escondido en las granjas industriales; nuestros mares y ríos cubiertos de química y petróleo; nuestras ciudades tapadas por la contaminación; zonas enteras del planeta obligadas a enterrar nuestros residuos tóxicos. ¿No son, siempre, acciones de intenso káfir, que ilustran nuestra poca fidelidad a la Vida? ¿Acaso no somos permeables a esta ocultación, ya sea por ignorancia, por inercia o por hipocresía? El propio Profeta (saws) decía: «Al-lahumma, Tú que afirmas los corazones, afirma los nuestros en Tu obediencia». Como reflexiona al-Qurtubí en su comentario del Corán: «Si el Profeta (saws) pedía eso a pesar de su rango y categoría, cuanto más a nosotros nos corresponde seguir su ejemplo».

Y pidamos a Al·láh que nos saque de ahí. Que nos abra los pechos. ¡Más luz! Amín.


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2 Comentarios

Abdelmumin Aya dijo el 29/02/2012 a las 09:58h:

Me ha gustado mucho la seriedad de tu exposición. Y en parte estoy de acuerdo. Pero el hecho de que actualmente la palabra infiel no remita necesariamente al cristianismo no quiere decir que para nosotros sea acertado usarla. Cuando el musulmán habla en castellano de infieles, los no-musulmanes no están pensando en la gente que destruye la vida sino en ellos mismos, que a lo mejor son bellísimas personas. Es por eso un término equívoco y crea una distancia innecesaria entre el oyente no musulmán y el musulmán. Además, ya nadie -ninguna religión- usa el término infiel en un contexto religioso; eso se quedó en la Edad Media. ¿Tenemos los musulmanes algún tipo de interés en que nuestro discurso suene a rancio, a anticuado, a medieval? No ¿verdad? A mí me gusta cada vez más -y estoy usando- el término castellano cafre para traducir kâfir. Muchas gracias otra vez por tu bello esfuerzo. Abdelmumin Aya.

Sophie Quentel dijo el 29/02/2012 a las 10:29h:

Salam,alguien me hizó un día un hermoso regalo sin saber que iba a cambiar mi vida. El regalo era el Corán traducido al francés por André Chouraki. Me desbordó y me llegó. Allí nada de infiel sino : effaceur borador en castellano. Los que borran los signos de Allah.. Alhamdullilah


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