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Etapas del sufismo

El murid (iniciado) en el sufismo, comparte prudentemente sus experiencias con sus compañeros de la tariqa, sus hermanos, y cuenta permanentemente con la asistencia de su Shayj

22/02/2012 - Autor: Hayy Sidi Saíd Ben Aÿiba al Andalusí - Fuente: Táriqa Shadilía Valle de Ricote
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Sufí paquistaní

Sharia

Inicialmente es la ley como método que inicia el proceso de modificación hacia el
estado de Islam, concebido como estado de Paz o Armonía. Es la primera de las etapas en el desarrollo espiritual, es el primer estado que comienza con la sencilla comprensión de los primeros niveles de la revelación escrita, y continúa con la correcta práctica cotidiana de sus enseñanzas y preceptos. Es un primer período de “limpieza y puesta a punto” de la manipulación de la historia pasada por algunas etnias tradicionalmente llamadas “musulmanas”, que puedan en la actualidad, deformar el contenido y propósito originales. En definitiva, es una primera etapa de estricta ortodoxia en ruta hacia la remodelación.

La práctica del dizkr, y del salat es de una importancia relevante. En esta etapa, es imprescindible dedicar un parte del tiempo a la eliminación activa de los defectos dominantes del ego, ejerciendo las actividades contrarias.

Hacia el final de esta etapa, hay un proceso de ruptura con los viejos hábitos, es el inicio del cambio.

Tariqa

Por una parte es una Orden Sufi, y por otra es el segundo de los periodos de desarrollo espiritual, es el Sirat al-Mustaquim, el Recto Sendero. La palabra Tariqa  significa algo más que “sendero” o “camino”, puesto que alude a un modo de vida. Se deriva este vocablo “trq” que indica “ir hacia”, “acercarse a”. Es el medio para llegar desde la sharia (la ley) a la haqiqa (la Verdad). Si tomamos la imagen simbólica de la circunferencia, la tariqa estará representada por el radio que va de aquella al centro, y obviamente los radios, que son numerosos, todos acaban igualmente en el centro.

Puede decirse que estas Tariqas (Turuq) se adaptan a las personas que están “situadas” en los diferentes puntos de la circunferencia, según la diversidad de sus naturalezas individuales; en este sentido hay un dicho del Profeta que dice: “Las vías hacia Al-Lah son tan numerosas como los individuos”, pero el fin es uno, no hay más que un solo centro y una sola Verdad.

Las escuelas no son aquí más que Turuq, es decir, métodos diversos, sin que pueda haber en el fondo ninguna diferencia doctrinal pues “la doctrina de la Unidad es única”.

Este punto de vista, no sólo refleja la diversidad de las Tariqas, sino también cristaliza la visión que tienen los maestros sufíes hacia otras religiones. El Corán no cesa de repetir que Al-Lah (s.u) envió a cada pueblo su propio mensajero:

Cada comunidad tendrá su enviado

(X, 48)

y precisa más aún:

“Cada enviado hablará el lenguaje de su pueblo para poder dejar claro el mensaje”

(XIV, 64)

y también

Hemos instituido para cada uno de vosotros un sendero, una ley y un camino. Si Dios hubiese querido os hubiese reunido en una comunidad única, pero os ha divido con el fin de probaros en lo que os ha dado. ¡competid en las buenas obras! Vuestro lugar de reunión, el de todos, está junto a Dios. Él os hará saber aquello en lo que estáis en discrepancia

(V, 48)

En este periodo ejercitamos una mejor comprensión de las enseñanzas guardadas en la Revelación, surge la intuición  de que en Ella se guarda “algo” más, posteriormente esta intuición dejará paso a un entendimiento más profundo del contenido sabiamente oculto en ella. En este período la persona va siendo libre de los condicionamientos y ataduras, ha realizado el asentamiento definitivo de los nuevos hábitos adquiridos en la etapa anterior, y va estableciendo las bases del estado de sencillez por el que recupera la Fitra, libre de la inocente ignorancia primitiva. Poco a poco el iniciado va siendo revestido de la Luz del Conocimiento, aquel otro estado por el que desde la consciencia de lo que somos nos habremos de situar dóciles ante el Creador.

Durante este periodo, el murid (iniciado) en el sufismo, comparte prudentemente sus experiencias con sus compañeros de la tariqa, sus hermanos, y cuenta permanentemente con la asistencia de su Shayj.

La capacidad del murid para aprender se mide por el nivel de su docilidad a las enseñanzas que recibe, cuanto más vacío de trastos, más facilidad tendrá el Guía para darle las herramientas necesarias para producir el cambio.

Haqiqa

Sólo mediante el amor pleno nacido de una completa docilidad, como Baraka de La Divinidad, se puede acceder  a la tercera etapa, Haqiqa, la que nos introduce en la percepción de La Verdad Esencial y propicia la ruptura de todos los velos.

De acuerdo con la terminología sufí en la etapa de “fana”, todo es aniquilado, alegóricamente, ante la percepción de Al-Lah, porque pierde su densidad y su separatividad para quedar fundido en la Unidad, a semejanza de la luz blanca que se descompone en siete colores, y sin embargo cada uno de ellos sigue siendo luz. En otras palabras, el gran esfuerzo de haqiqa es, en definitiva, ir logrando la realización completa de la Verdad, alcanzado la frase de Hallay: “Ana al-haqa, walhaqu ana” “Yo soy la Verdad y la Verdad es yo”. Alcanzando así el grado del hombre universal: “Sabe que el hombre universal comparte en sí mismo correspondencias con todas las realidades de la existencia”.

De tal manera, el buscador se convierte en conocedor o gnóstico por la experiencia, y se percata de que el conocimiento, el conocedor y lo conocido es Uno.

Recordamos con Ansari,  sufí del siglo XI, todos los estadios anteriores:

“Vine desde lo inmanifiesto, y establecí mi tienda
en el bosque de la existencia material.

Atravesé reinos minerales y vegetales,
y mis dotes mentales me llevaron hasta el reino animal;
cuando lo alcancé, cruce más allá.

En la concha cristalina del corazón humano
nutrí la gota del yo hasta que fue perla.

En compañía de personas buenas
recorrí la casa de oración,
y habiéndola experimentado, cruce más allá.

Emprendí el camino que a Él Conduce
Y en su puerta por fin fui dócil,
entonces se desvaneció la dualidad
y fui absorbido en Él”.

Ibn Arabi decía así:

“Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo si su camino no era como el mío. Ahora, mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas religiosas: es pradera para las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, Tablas de la ley y pliegos del Corán, porque profeso la religión del Amor y voy adonde quiera que vaya su cabalgadura, pues el Amor es mi credo y mi fe”.




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