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El desmedido amor de los Compañeros al Profeta del Islam

El deber de amar al Profeta (paz sea con él) más que a nosotros mismos, algunos ejemplos que ilustran el agigantado amor de los Compañeros a su Profeta y la obligación de seguir sus pasos.

07/02/2012 - Autor: Mohamed Bellahcen
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Algunos pelos de la barba del Profeta (paz sea con él) en el palacio Topkapi en Istambul (enlace: http://www.ee.bilkent.edu.tr/~history/topkapi.html)

¡Oh Musulmanes! La comunidad musulmana en todo el planeta está viviendo una ocasión muy apreciada, un grandioso hecho que cambió el transcurso de la historia. En días como estos que estamos viviendo, la mañana de un lunes 12 de Rabii’ ‘Al’awal del año 570 nació el Profeta Muhammad (que Allah le otorgue paz y bendiciones).

Hablamos el día de hoy sobre el amor al Profeta (paz sea con él). No cabe duda que amar al Mensajero de Allah, alegrarse de su nacimiento y contentarse de su profecía es uno de sus derechos sobre nosotros, los musulmanes. Es más, el amor al Profeta debe estar en segundo lugar después de amar a Allah, es decir, que el amor al Profeta debe anteponerse al amor hacia nuestros padres, nuestros hijos y todo el mundo e incluso debe estar por encima de nuestro amor hacia nosotros mismos. Por lo tanto, el Mensajero de Allah dice un hadiz auténtico  relatado por Anas (que Allah se complazca con él):

“Hay tres cualidades que quien las posea, encontrará la dulzura de la fe: La de aquel para quien Allah y Su Mensajero le son más queridos que todo el resto, la de aquel que ame a un hombre y le ame sólo por (el bien de) Allah; y la de aquel para quien ser arrojado en el Fuego (infernal) es preferible a retornar a la incredulidad luego de que Allah le ha rescatado de ella” 

(Hadiz transmitido por Bujari y Muslim)

Allah prescribió en Su Noble Corán amar a Su Profeta diciendo:

"Di: Si vuestros padres, hijos, hermanos, esposas, vuestro clan familiar, los bienes que habéis obtenido, el negocio cuya falta de beneficio teméis, las moradas que os satisfacen, os son más queridos que Allah, Su mensajero y la lucha en Su camino. Esperad hasta que Allah llegue con Su orden. Allah no guía a gente descarriada."

(Corán: 9:24)

El motivo de la revelación de este bendito versículo, tal y como es señalado en “Tafsir Alqurtubí” y “Asbab Annuzul de Assuyuti”,  es que cuando el Mensajero de Allah fue ordenado a emigrar de Meca a Medina, encomendó a los musulmanes a dejar su tierra natal dirigiéndose a Yazrib (Medina). Los cuales se apresuraron a cumplir con su orden abandondonado sus bienes que habían obtenido en Meca, sus negocios, sus hogares, sus padres, sus hijos, sus esposas y su clan familiar. En definitiva, dejaron todo en cuanto poseían y emigraron a una nueva tierra. No obstante, había de entre los musulmanes quienes se aferraron a esta vida mundana quedándose al lado de sus bienes, sus esposas e hijos incrédulos. Incluso había algunas mujeres idolatras que se enganchaban a los pies de sus maridos musulmanes suplicándoles que no se marcharan y hubo quien respondió a las suplicas de su esposa por la que sintió pena. Asimismo, hubo quien se quedó por temor a perder sus negocios con los politeístas. Por todo esto fue revelada la aleya que hemos citado. En todo caso, esta aleya pone de manifiesto que querer a Allah, a Su mensajero y a luchar por Su causa debe anteponerse a todo aquello que se menciona en la aleya. Sabemos que el humano por instinto e innatismo ama a sus hijos, a su esposa, y a sus bienes entre otras cosas, lo cual no es desacreditado per se sino lo infamado es preferir a las cosas mencionadas en el versículo al amor a Allah, a Su mensajero y a la lucha por Su causa.

Lo que prueba la obligación de anteponer el amor del Profeta (que Allah le otorgue paz y bendiciones) a cualquier persona o cosa querida es el siguiente versículo:

El Profeta, para los creyentes, está antes que ellos mismos (…)

(Corán: 33:6)

Dice Ibn Alqayim (que Allah lo envuelva en Su misericordia) en su libro “El Jardín de los amantes”: “Allah, Enaltecido sea, dice: El Profeta, para los creyentes, está antes que ellos mismos, y no serán verdaderamente creyentes hasta que el Mensajero de Allah sea más querido por ellos que sus almas, a parte de sus hijos y sus padres”. De facto, la siguiente tradición ilustra lo que hemos dicho:

“Ninguno de vosotros creerá (verdaderamente) hasta que yo sea más amado para él que su hijo, su padre y toda la humanidad”

(Hadiz relatado por Anas (que Allah se complazca con él) y transmitido por Bujari y Muslim)

No sólo eso, sino que nuestra fe no será completa hasta que amemos al Profeta (que Allah le bendiga y otorgue paz) más de lo que amamos a nosotros mismos y sino os convence lo que os digo, pues prestad atención a las siguientes palabras pronunciadas por el Mensajero de Allah:

‘Abdullah bin Hishâm dijo: “Estábamos con el Profeta (paz sea con él), que sujetaba la mano de ‘Umar bin Al-Jattab y éste le dijo: ‘¡Mensajero de Allah! ¡Eres más querido para mí que cualquier cosa menos mi alma!’ el Profeta (paz sea con él) dijo: “No ¡Por Aquél que tiene mi alma en Su mano! (no tendrás fe completa) hasta que te sea más querido que Tu propia alma”. ‘Umar le dijo: ‘Pues, entonces, ahora eres más querido para mí que mi propia alma’. Y el Profeta (que Allah le conceda paz y bendiciones) le dijo: “¡Ahora sí ‘Umar!”

(Hadiz transmitido por Bujari)

Ibn Hayar Al’asqalani (que Allah lo envuelva en Su misericordia) en su libro “Alfath Albari fi Sharh Sahih Albujari” dice comentando este hadiz:

Dice Al-jattabi: El amor que tiene una persona por sí misma es algo natural y amar a otro es una elección basada en motivos, y el Profeta (que Allah le bendiga y otorgue paz) se refería a ese amor, asentado en la elección, pues no hay forma de cambiar lo natural e innato en la persona. Dije: Por eso la respuesta de ‘Umar en un principio era según la naturaleza y el innatismo y luego al contemplar, llegó a la conclusión de que el Profeta es más amado por él que su propio ser dado que ese amor será el motivo de su salvación tanto en esta vida como en la otra. Entonces su segunda respuesta estaba cimentada en la elección, y es por eso por lo que el Profeta (paz sea con él) le dijo: “!Ahora sí ‘Umar”, es decir que ahora supiste y pronunciaste lo que es un deber.

Luego de este preámbulo, pasemos a mencionar algunos ejemplos del enorme amor de los Compañeros (que Allah se complazca con ellos) al Profeta (que Allah le bendiga y otorgue paz).

En la incursión de Uhud, fue divulgado entre la gente el rumor de la muerte del Profeta (paz sea con él), hasta el punto de que aumentó el número de las mujeres que sollozaban y gritaban en las cercanías de Medina y una mujer de “Al’ansar” salió a recibir a los que volvían del campo de la batalla y fue informada de las muertes de su marido, su padre, y su hermano, quienes fueron asesinados en Uhud. Escuchad mis hermanos lo que ella dijo: “¿Cómo está el Mensajero de Allah?” Le respondieron: “Bien, gracias a Allah, está bien como es tu deseo”. Dijo ella: “(No me tranquilizaré) hasta que lo vea.” Se lo señalaron y fue a donde estaba y agarrándose a  su ropa le dijo: “Todas las desgracias son insignificantes  mientras estés a salvo”.   

Escuchad, queridos hermanos, a la historia de Jubaib Ibn ‘Adi (que Allah se complazca con él) que fue enviado junto a otros hombres para enseñar a la gente de las tribus de ‘Udal y Qarah la religión después de que una delegación perteneciente a las mismas se lo solicitaran al Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones). Y cuando llegaron a un sitio llamado Arraŷi’ fueron traicionados, asesinando a seis de ellos mientras que otros tres fueron tomados como presos, entre los cuales se encontraba Jubaib quien fue entregado a los mecanos para que lo mataran. Cuando lo sacaron a las fueras de la Casa Sagrada con el fin de crucificarlo, les pidió que le dejasen rezar dos rak’aas (dos unidades) y una vez finalizado se dirigió a sus ejecutores con estas palabras: “Si no hubiese sido por temor a que pensaran que yo le temo a la muerte, habría alargado mi oración”. En todo caso, lo torturan y lo subieron a una madera, sobre la cual iba a ser sacrificado y en este instante Abu Sufian, quien todavía no había aceptado el Islam, le dijo: “¿No querrías que Muhammad estuviera en tu lugar (para que sea ejecutado)?” Dijo Jubaib: “Por Allah que no deseo que Muhammad esté en el lugar en donde  se encuentra ahora y que tan sólo una espina le dañe, para que yo esté junto a mi familia”. Abu Sufian dijo: “Por Dios que no he visto a nadie querer a alguien como quieren los Compañeros de Muhammad a Muhammad”.

Prestad atención ahora para ver qué es lo que hizo Nusaiba bintu Ka’b el día de Uhud, esta mujer heroína y valiente, quien deseaba el martirio y solía participar en las incursiones  a las que salía el Profeta (que Allah le conceda paz y bendiciones). El día de Uhud, en un momento muy delicado en el que el Mensajero de Allah se encontraba rodeado por los idolatras por todas las partes ¿qué es lo que hizo Nusaiba? Tomó su espada y entró en las filas de los combatientes, luchando, defendiendo al Mensajero de Allah y devolviendo los golpes con su propio cuerpo hasta el punto de que el Profeta (que Allah le conceda paz y bendiciones) le dijo: “¿Quien aguantaría lo que aguantas oh Umm ‘Imara?” Pues ella (que Allah se complazca con ella) seguía peleando aun después de ver a su hijo herido y tirado al suelo a quien decía: “Levántate hijo mío y lucha y golpea al enemigo”. No quiso ir a socorrer a su hijo y dejar de defender al Mensajero de Allah quien dijo: “Siempre que miraba a mi izquierda o mi derecha el día de Uhud, veía a Nusaiba defendiéndome”. Salió de la batalla después de recibir una gran herida en el cuello y estuvo curándola un año y aun así seguía sangrando, y antes de que se cure del todo, oyó a alguien llamar para salir otra vez al campo de batalla, entonces se vendó su lesión, tomó su espada y se apresuró a pelear por la causa de Allah hasta que finalmente  murió, consiguiendo el martirio que tanto anhelaba.
En cuanto a Abu Talha (que Allah se complazca con él) en el día de Uhud, pues cubría con su propio cuerpo al Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones) para protegerlo de las flechas del enemigo, y le daban las flechas puesto que era un extraordinario arquero. El Mensajero de Allah quería asomar para ver lo que pasaba y Abu Talha le decía: “No te asomes para que no te alcance una flecha. Prefiero morir antes de verte lastimado”. Es decir que es más querido para mí, que una flecha me alcance y penetre en mi cuello a verte golpeado.

Con lo que concierne a Bilah ‘Alhabashi, el muaddhen (que llama a la oración) del Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones) cuando respiraba sus últimos respiros, cuando se disponía a abandonar esta vida mundana, su mujer gritaba y decía: “¡Qué desgracia tan grande! ¡Qué tristeza tan grandiosa!”. Entonces él le dijo: “Di en el lugar de eso ¡Qué placidez! ¡Qué alegría!  (Coloquialmente decimos nosotros ¡Qué Guay!) Mañana me encontraré con Muhammad y sus Compañeros".

‘Urwa Ibn Mas’ud dijo a Quraish quien lo había enviado para el asunto de la reconciliación:

“¡Oh gente! ¡Por Dios! Yo formé parte de delegaciones al César, a Cosroes y al Negus. ¡Y por Dios! No he visto rey alguno tan venerado como la gente de Muhammad venera a Muhammad. ¡Por Dios! Si escupe está la mano de uno de sus sahabas (Compañeros) para recoger el esputo y frotárselo por el rostro y la piel. Si les ordena algo, se apresuran a cumplirlo y si hace la ablución, ellos casi se pelean por recoger los restos del agua que usa. Cuando habla ellos bajan la voz cerca de él y no lo miran directamente por veneración.

(Transmitido por Muslim)

‘Amr Ibn Al’as dijo una vez: “no hubo para mi nadie más amado que el Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones), ni más sublime que él a mis ojos. Nunca tuve el coraje de mirar completamente su rostro debido a su resplandor  y si me piden que lo describa, no lo podría hacer ya que nunca lo miré plenamente

(Transmitido por Muslim)

Así era el amor de los Compañeros al Profeta (que Allah le bendiga y otorgue paz), un amor indescriptible y su anhelo a su compañía era tan enormemente grande que un día se presentó un hombre ante él y le dijo: “Oh Mensajero de Allah, te recuerdo, y si no fuera porque vengo a verte, pensaría que mi alma querría abandonar mi cuerpo, y luego recuerdo que si yo fuera ingresado al Jardín, estaría en un grado más bajo que el tuyo, lo cual me aflige mucho dado que me gustaría ser tu Compañero en el mismo grado”. El Profeta (que Allah le conceda paz y bendiciones) no le respondió, y Allah, Exaltado y Majestuoso sea, reveló la siguiente aleya:

"Quien obedezca  a Allah y al Mensajero, ésos estarán junto a los que Allah ha favorecido: los profetas, los veraces, los mártires, y los justos. ¡Y qué excelentes compañeros!"

(Corán: 4:69)

He aquí quisiera abrir un paréntesis y es que quien obedezca a Dios y a Su Mensajero estará con cuatro tipos de personas y no es ninguna coincidencia que el número de la sura es cuatro.  ¡Quiera Allah ingresarnos en el Paraíso junto a ellos!

En el mismo contexto, Anas (que Allah se complazca con él) relató: “Un hombre vino a ver al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y otorgue paz) y le preguntó: ‘¡Oh Mensajero de Allah!, ¿cuándo llegará la Hora Final?’ Contestó: “¿Y tú que has preparado para la Hora Final?”. Contestó: ‘El amor a Allah y a Su Mensajero’. Dijo: "Pues ciertamente tú estarás con los que amas”. Anas dijo: “Después de aceptar el Islam nada nos puso tan contentos como las palabras del Profeta (que Allah le conceda paz y bendiciones): “Ciertamente tú estarás con los que amas”. Y agregó: “Yo amo a Allah y a Su Mensajero. Y a Abu Bakr y a ‘Umar. Y espero estar con ellos pese a que no actué como ellos”. Y nosotros solicitamos a Allah, Enaltecido sea, que sea testigo de que amamos al Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones) y a sus Compañeros y rogamos a Allah, Todopoderoso, que nos ingrese con ellos en lo alto del Paraíso y no nos prive de ser acompañantes del Mensajero de Allah. Ciertamente Allah es poderoso sobre todas las cosas.

Una última historia que ilustra el grandísimo amor que tenían los Compañeros al Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones) nos la cuenta Anas (que Allah se complazca con él): “Vi al Mensajero de Allah (que Allah le otorgue paz y bendiciones) cuando un peluquero cortaba su cabello. Sus Compañeros lo rodeaban, y querían que sus cabellos cayeran sólo en las manos de alguno de ellos”.

(Transmitido por Muslim)

He aquí quisiera resaltar que este amor desmedido y este afecto agigantado no se limitaba a los Compañeros y  a las generaciones subsiguientes sino que se extendía a sus seguidores en todos los tiempos. Pues estábamos mi mujer y yo el verano pasado en Turquía y fuimos a visitar un Palacio que fue una sede administrativa del Imperio Otomano en la ciudad de Estambul, el cual se llama “Topkapi”. Este palacio consta de varias salas donde encontramos obras valiosas de diferentes países, la colección de los tesoros expuestos tales como un candelero de oro, casco y maza adornada con rubíes y turquesas por nombrar algunas cosas. En una sala en concreto llamada la cámara de las sagradas reliquias, había algunos objetos de algunos Profetas (que Allah les otorgue paz y bendiciones) así como de algunos compañeros y era precisamente la sala donde abundaba más gente.  En esta sala y en un sitio donde estaban algunos pelos de la barba de nuestro queridísimo profeta a parte de otros objetos se formaba una cola que parecía interminable y la gente no se satisfacía de mirar a esos benditos pelos, y la cola apenas se movía. En este momento, me acordé del hadiz que mencioné anteriormente en el que los Compañeros no dejaban que los pelos del Profeta cayeran sino en una mano de ellos. Este amor tan grande es lo que hizo que los musulmanes conservaran los pelos de su Profeta (que Allah le conceda paz y bendiciones) por un tiempo que excede los catorce siglos.

Quisiera concluir diciendo que el verdadero amor conduce al hecho de seguir e imitar a la persona a la que se ama porque si no, sería una mera disimulación y una simple farsa. El auténtico  amor al Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones) ha de traducirse en acciones; se tiene que convertir en  seguir sus pasos en todo aquello que ordenó y prohibió. Allah, Enaltecido sea, dice a este respecto:

"Di: Si amáis a Allah, seguidme, que Allah os amará y perdonará vuestras faltas. Allah es Perdonador y Compasivo."

(Corán: 3:31)

Y dice Allah, Exaltada sea su Majestad, en otro versículo:

"Y lo que os da el Mensajero tomadlo, pero lo que os prohíba dejadlo. Y temed a Allah, es cierto que Allah es Fuerte castigando."

(Corán: 59:7)

O sea que lo que el Mensajero de Allah os hace lícito, hacedlo y lo que os prohíbe alejaos de ello. Por Allah quien elevó los cielos sin pilares que pudiéramos ver, no hay salvación ni éxito tanto en esta vida como en el Más Allá sino en seguir los pasos del Profeta (que Allah le bendiga y conceda paz) y vivir concorde a sus instrucciones e indicaciones. Allah, el Altísimo, nos llama la atención a este asunto diciendo:

"Realmente en el Mensajero de Allah tenéis un hermoso ejemplo para quien tenga esperanza en Allah  y en el Último Día y recuerde mucho a Allah."

(Corán: 33:21)

Si encontráis algún error o equívoco en lo que he dicho, a mí y al demonio ha de atribuirse, y si, por el contrario, encontráis algún acierto, el mérito es de Allah exclusivamente. Por último, pido al Más Misericordioso que bendiga a Muhammad, a sus Compañeros, a su familia y a los que le siguen sus pasos hasta el fin de los tiempos.

Sermón pronunciado el día 03 de febrero de 2012 / 11 Rabi’ ‘Al’awal 1433 en la mezquita “Los Benefactores” de Puerto Rico.



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