El sueño del hombre, el estado de dormido o velado (kufr), es el peor de los enemigos. La oscuridad y la ignorancia se enseñorean sobre él y su ego es rey y tirano de su ser. Esta es la estación del ego pasional o Nafs al- Ammara, de la cual todo ser humano parte. El hombre/mujer en esta estación, sigue sus pasiones y vive “a su manera” y “a lo que le viene en ganas”:
“¿Que opinión te merece quién hace de su deseo su dios? ¿Vas a ser tú su guardián? ¿O acaso cuentas que la mayoría de ellos va a escuchar o a entender cuando no son sino como animales de rebaño o aún más extraviados del camino?"
(C. 25;43-44)
Cree ser libre y de hacer su voluntad y no ve que obedece ciegamente a su ego.
En esta estación, el Shaitán externo y su representante interno (el Nafs), y los shaitanes que lo habitan, son uno solo y conducen a ese hombre a su propia destrucción, tanto espiritual, llevándolo a que se adore a sí mismo: “¿Acaso no hice un pacto con vosotros hijos de Adán de que no adorarían a Shaitán? (C. 36;59), como material, induciéndolos al placer en el sexo, las drogas, el dinero, el poder, etc., minando con esto su salud física, intelectual y emocional hasta acortar su vida, arrastrándolo hacia la muerte y Allah le acera entonces hacia esa buscada muerte:
"Pero a los que tienen sus corazones enfermos (por el ego) (Allah) les añade suciedad a su suciedad y mueren en estado de incredulidad”
(C. 9;125)
Todo hombre/mujer en esta estación, es un sicario de Shaitán y aunque parezca aparentemente una buena persona, en cualquier momento puede convertirse en un enemigo (en el Agente Smith de Matrix). Recuerden... todo hombre/mujer dormido, es nuestro enemigo declarado: “Realmente Shaitán es un enemigo declarado para vosotros” (C. 36;60), y si ustedes lo están, son enemigos de vosotros mismos.
El primer paso en el camino hacia Allah es dado cuando el hombre comienza a ver su propia realidad. Cuando descubre que no es lo que creía ser, cuando ve sus propias bajezas y sus propios monstruos, que son él mismo. El terror de esa visión, le hace pedir perdón y querer rectificar por miedo; teme en esta etapa que todo esto salga a la luz y quiere, sin darse cuenta, cambiar para seguir manteniendo su conmocionado ego. No desea abandonar lo que hacía hasta ahora, pero tampoco soporta ver lo que es en realidad.
Comienza así un difícil equilibrio entre la verdad y la mentira que trata de apuntalar este ego herido. Es así como se arrepiente de sus malas obras y de toda su vida anterior, aunque prontamente, vuelve sin querer a cometer estas mismas cosas de las que se había arrepentido.
Esta es entonces la segunda estación, la del “ego arrepentido” o Nafs al-Lawama. Hoy se arrepiente, mañana se olvida y vuelve a caer, así vez tras vez hasta que en algún momento, Allah le acepta el arrepentimiento y le cambia:
“Allah no cambia lo que hay en la gente, hasta que ellos no han cambiado lo que hay en sí mismos”
(C. 13;11)
Del arrepentimiento a un nuevo lugar, va cambiando radicalmente la vida de ese hombre/mujer y deja de arrepentirse entonces por temor, para hacerlo por “amor a su Señor”. Cuando comienza a amar a Allah, es porque en realidad Allah lo ha comenzado a amar y es entonces que penetra en otra estación, la estación del ego inspirado o Nafs al-Múlhima.
Esta estación es la más peligrosa, ya que Allah le hace llegar algún mensaje, pero como aún está conectado con su ego y los Shaitanes que aún lo habitan, no puede discernir de donde es la “inspiración” que le llega. Se encuentra en medio de la batalla; por un lado, el Shaitán le susurra desde fuera y desde su ego que desista, que deje todo, que no está preparado para esto y que es suficiente con lo que Allah le mostró, y por otro, la evidencia cada vez con mayor certeza, del error en el que estaba su vida anterior, le dice que no tiene donde ir, ni donde escaparse de sí mismo. Los ángeles que también le acompañan, lo instan a seguir y obedecer a Allah y le traen regalos de su Señor.
Pero es allí justamente cuando comienzan las pruebas:
“¿Acaso cuentan con entrar al Paraíso sin que les suceda algo similar a lo que les sucedió a sus antepasados? La desgracia y el daño les golpearon”
(C. 2;212)“¿Es que cuentan los hombres que se les va a dejar decir ¡creemos! y no van a ser puestos a prueba?... Para que Allah haga distinguir quienes son los sinceros y quienes son los falsos (que se haga evidente para ellos mismos)”
(C. 29;1-2)
Solo los sinceros llegan a la estación del ego inspirado y salen victoriosos; es esta la estación de las pruebas por excelencia.
Es casi imposible superar esta estación sin un guía, maestro o sheij avezado en este camino, del que se pueda tomar la experiencia y la sabiduría que le aportó a él el paso por esta estación.
El ego inspirado es una criba que solo deja pasar a quién persevera y es sincero en su camino hacia Allah. En este tramo del camino, existen infinitos desiertos e innumerables oasis, pero también hay peligros mortales: arenas movedizas, espejismos verosímiles, soles abrasadores, y buitres que constantemente nos sobrevuelan para devorarnos cuando caigamos rendidos.
En esta estación, pueden sucederle dos cosas al caminante: si su anhelo es fuerte y su amor por Allah es verdadero, superará las pruebas y las fatigas del viaje sin desfallecer; pero si el supuesto amor por Allah y su anhelo espiritual es débil, o está teñido por una encubierta búsqueda de poder, quedará obstruido en esta estación y descenderá al ego arrepentido y podrá incluso caer hasta la estación de la cual partió, el ego pasional y que se orienta hacia el mal, perdiendo todo lo alcanzado.
Si su Sheij estuvo desde el principio junto al caminante (derviche, murid) y lo guió a través del ego pasional, al ego arrepentido, hasta el ego inspirado y el derviche lo obedeció y siguió sus consejos, el Sheij, puede tomar dos actitudes con su derviche: o guiarlo intensificando sus cuidados, paso a paso en esta estación, o abandonarlo totalmente en manos de Allah.
Cuando el derviche esta destinado a seguir en la Sílsilah o cadena iniciática de su Tariqa o cofradía sufi y heredar la sabiduría de su Sheij, entonces será guiado con sumo cuidado por su Sheij, pero si está destinado a recibir una nueva guía y abrir una nueva rama trayendo agua fresca y viva del Tasawuf (sufismo) en su tiempo, entonces será abandonado a su Señor para que Él le enseñe lo que no sabe. A partir de allí, este hombre, será un vivificador de la fe de su tiempo.
Esta es una estación terrible y a la vez grandiosa, de ella han emergido grandes monstruos y grandes santos sabios. Muchos seres han sido seducidos por la oscuridad y por los poderes, que han utilizado para sus provechos personales, tiranizando a las gentes y provocando el caos sobre la tierra. Muchos otros, han perseverado en la sinceridad y Allah los ha bendecido con Su Sabiduría, Su Luz y Su cercanía; es así como aún nos beneficiamos, muchos siglos después de sus muertes, con las herencias espirituales de estos grandes hombres y mujeres que se abandonaron de sí mismos, en las manos de Allah.
La cuarta y última estación, es la del ego pacificado o Nafs al-Mutma´innah:
“¡Oh alma sosegada! Regresa a tu Señor, satisfecha y satisfactoria. Y entra con Mis siervos, entra en Mi jardín”
(C. 89;27-30)
El Sheij externo del caminante lo abandona a la guía del propio Sheij interno. Su corazón es ahora la kaabah donde reside Allah, tal y como recoge un Hadiz Qudsí:“Nada puede contenerme, solo me contiene el corazón de mi creyente”.
Los ídolos que habitaron ese corazón han sido destruidos por el Profeta de su ser. En su tierra, el Islam (sumisión, paz), se ha extendido en los territorios conquistados por la Verdad (al-Haqq).
Mientras se interna en esta noble estación comienza a perder su identidad y su nombre y sus atributos, y le son reemplazados por los atributos y los nombres de Allah. De sí mismo, ya no encuentra nada, no se reconoce, no encuentra en sí ni su principio ni su fin; no sabe donde ni cuando se encuentra, sus límites se diluyen pues “Allí donde mira, solo ve la Faz de Allah” (C. 2;114), fuera de sí y dentro suyo.
Y desde ese momento es “libre”, libre de libertad absoluta, pues ya nada queda de él.
Toda acción en el hombre mundano trae una reacción y una esclavitud; esta esclavitud o consecuencia, es de dos tipos: o tiene resultados negativos y conduce al castigo, o sus resultados son positivos y el premio es el Paraíso. Pero este hombre de la cuarta estación, está ya más allá del Paraíso o el Infierno, pues solo ve la Faz de Allah y ahora sus manos, sus pies, sus ojos y su lengua dan testimonio de “La Ilaha Illah Allah” (No hay nada más que Allah) y son instrumentos de la voluntad de Allah. Es entonces que su acción no le pertenece y le pertenece a Allah, por lo que no acarrea ningún tipo de esclavitud ni consecuencia para sí mismo, ya que, de sí mismo, nada queda.
Podemos decir, que este hombre, recibe el Paraíso del Tawhid en vida: “Entra en Mi jardín” (C. 89;30) y penetra en la categoría de los que no se encuentran ni a la izquierda ni a la derecha, sino que pertenece a los adelantados: “Y los adelantados. ¡Oh los adelantados! Esos serán los que tengan proximidad en los jardines del Deleite” (C. 56;10-11) y como dice (C. 89;29) “Entra con Mis siervos” o reúnete con Mis siervos que han alcanzado este lugar.
Este hombre que ha completado su recorrido o purificación espiritual, ha dejado de ser un simple humano, se ha convertido en un “hombre” completo, un Insan al- Kamil y a partir de ahí, mientras está en vida en este planeta, será un integrante del gobierno oculto del mundo o gobierno de luz.
Se asegura que en todo momento sobre la tierra el gobierno de la luz está formado con los Amigos de Allah o Awliá, en círculos concéntricos: Los trescientos, los cuarenta, los siete, los tres y el Polo. Todos ellos mantienen el equilibrio de la Misericordia de Allah en este mundo. Mientras que la oscuridad formada por Shaitán y sus huestes entre demonios, yunun y hombres, salidos algunos a través del fruto de la arrogancia tiránica del descenso de la estación del ego inspirado, conforman la mano del Rigor de Allah con los cuales prueba a los hombres y los pueblos.
¡Qué Allah nos transporte de la amorosa mano de Su Misericordia a través de todas las estaciones y estados, hasta Su Faz, la cual nunca perece!
La Ilaha Illah Allah!
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