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Sobre el Nafs

El error siempre está inscrito dentro del alma del ser humano y es un deber islámico corregirse para no trastabillar en el Sendero hacia la Verdad.

22/01/2012 - Autor: Yasmin Matuk - Fuente: http://yasminmatuk.wordpress.com
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Somos peregrinos en este mundo y Allah nos procura esa conciencia
Somos peregrinos en este mundo y Allah nos procura esa conciencia

“Y Juro por el alma humana que se acusa a sí misma”.

    Surat  Al-Qiyama, 2.

Con esta aleya Divina surgen los presupuestos del siguiente trabajo que intenta expresar, en líneas generales, qué es el alma humana y porqué se acusa a sí misma.

En principio se debe definir qué se entiende por alma. Lógicamente el lenguaje occidental al que se está habituado difiere mucho del oriental y máxime, cuando las connotaciones nacen del seno mismo del Dîn de Allah. Dentro de la doctrina islámica, la acepción más corriente para alma es “nafs”, es decir: Yo, ego o alma del ser humano.

Estas definiciones se pueden vislumbrar desde tres dimensiones: primero el ego/alma del ser en sí, segundo la facultad que posee cada individuo para la vida (tambien los genios o yinns) y, por último, la esencia o sustancia que es conciente de las necesidades de la vida diaria, que anhela, demanda y experimenta  los placeres mundanos que incita a la persona a transgredir.

“Yo no pretendo estar libre de error, pues sin duda alguna, el alma humana siempre ordena el mal, salvo que mi Señor tenga misericordia.”

Surat Yusuf, 53

La aleya anterior enseña la profunda devoción del profeta Yusuf  (sal-la allahu ‘alaihi wa sal-lam) hacía Allah y su declaración de que no es posible que una persona en este mundo logre encontrar el Camino Recto, y se mantenga firme en el mismo, sin el auxilio constante de su Señor. También, en una recopilación sahih surgen las palabras del Profeta Muhammad (sal-la allahu ‘alaihi wa sal-lam):

“Nadie entrará en el Paraíso en virtud de sus propias acciones, ni siquiera yo. Sin embargo, mi Señor me ha abrazado con su Misericordia”

(al-Bujari, Riqaq, 18)

De los ejemplos anteriores se puede colegir que el “error” está siempre inscrito dentro del ser humano, puesto que el alma o ego tienden a desviarse -conscientemente- al costado más sensual, iracundo, violento, hablador y glotón inherente al hombre y ajeno a los preceptos establecidos que llevan al Camino Recto. Es gracias a la Guía Divina, a la Revelación, de donde se pueden tomar las fuentes que cristalizan el agua turbia donde flota nuestro ego, nuestro yo sensual, acostumbra a nadar cotidianamente para regresar a su Señor “complacida y digna de Su complacencia” (Surat al-Fayr, 28).

Entonces se entiende que el nafs puede y debe ser adiestrado y, cuando se obtiene esto mediante mucho trabajo y reflexión, ese “yo/alma” tan dominante de nuestros sentidos que se acusa a sí misma se eleva del rango de ser una mera sustancia que ordena el mal a el nivel superior de un alma reposada y con iman (fe).

    “Una persona fuerte no es aquélla que tira al suelo a su adversario.Una persona fuerte es la persona que sabe contenerse cuando está encolerizada.”

Al Muwatta.

El adiestramiento del yo ha sido aceptado como un elemento en extremo importante dentro del marco del Dîn del Islam. Este adiestramiento según algunas escuelas consta de diez etapas y, según otros estudiosos y exégetas, consta tan solo de siete etapas de acuerdo a aluciones coránicas: Si el alma vive unicamente una vida cómoda en el mundo de los apetitos carnales, es el alma que ordena el mal, es decir, nafs al-ammarah. Si el individuo tiene un alma que se tambalea una y otra vez mientras aun sigue el camino de la Religión para alcanzar la piedad y rectitud, pero cada vez que se tambalea se autocritica y reprocha a sí misma y persiste en dirigirse a su Señor; entonces es el alma que se acusa a sí misma: nafs al-lawwamah. Aquellas almas que siempre resisten las transgresiones en constante devoción a Allah, que cumplen con el salat y el zakat para purificarse, que observan el ayuno del Mes Bendito con prudencia y tranquilidad y que son favorecidas con ciertos dones divinos en proporción a su pureza; reciben el nombre de alma inspirada, nafs al-mulhimah. Hasta aquí se han descrito a grandes rasgos la condición del nafs de la categoría de lo que es llamado “la gente común”; son las representaciones más corrientes de su yo en el mundo de los sentidos, es decir; son todos aquellos creyentes que, habiendo aceptado el Dîn del Islam y la doctrina de la Unicidad, aún realizan imperfectamente los preceptos de Allah o con sus miembros o con su alma pero -en mayor o menor medida- intentan superarse interiormente.

Cuando el creyente -mumin- logra dominar su ego de manera tal que se abstienen alegremente de todas aquellas acciones que perjudican tanto su alma como su cuerpo y siempre obran con la intención de agradar a su Señor, entonces se hace referencia a “la gente de la elite”. Ellos son los que, a lo largo de toda su vida, protegen su lengua, su vista, sus extremidades, su corazón y su mente tanto de las sustancias ilegales como de los pensamientos transgresores y embellecen su vida con el recuerdo de Allah.

    “Así pues recordadme y mencionandme siempre que Yo os recordaré y os mencionaré siempre.”

al-Baqara, 152

La gente de la élite también presenta su ego en diferentes grados; cuando asciende su yo a un nivel en el cual establece una relación con su Señor en perfecta devoción y sinceridad y su conciencia se encuentra en reposo, se dice que su alma está reposada, es decir, nafs al-mutmainnah. Si el creyente ha llegado a una instancia donde abandona todas sus elecciones mundanales y es una representante de la Voluntad Divina, se le dice alma complacida con Dios; nafs al-radiyah. Y, finalmente, cuando el propósito más grande del creyente es dominar su ego de manera tal que logra alcanzar la complacencia y aprobación de su Señor y actúa en consecuencia; entonces se entiende que es el alma con la que Allah está complacido, nafs al-mardiyyah. La gente de la elite designa un grado superior al resto de los creyentes en la afirmación de la Unidad Divina; preconizando la verdad de Allah, la confianza en Allah y la paciencia por Allah; ellos son quienes comprender la palabra de su Señor y llevan a la acción todo lo que implica dicha comprensión.

El último grado de sumisión y dominación del ego pertenece a la gente que es llamada élite de la élite. Estos son los muminun que han elevado su alma al nivel del yo puro, nafs al-sâfiyah;  los que disfrutan de una delicada y exquisita intimidad con su Señor mientras su cuerpo pertenece al reino de las formas y sin esperar nada a cambio. Son los que viven cada día como si fuese Ramadan y cada noche como si fuese la Noche del Poder. Ellos ya no tienen ningún pensamiento ni para el Paraíso ni para las huríes (Surat al-Waqi´ah, 22) ni temen al infierno y todos sus tormentos.  La élite de la élite a dominado completamente su ego de manera tal que se hallan únicamente en la dimensión del caminante que transita el sendero de la verdad con el afán de encontrarse con su Señor.

Roguemos a Él, Señor del Universo, e imploremos Su ayuda para vivir en este mundo de acuerdo a Sus preceptos Hermosos, sin crearnos conflictos personales de acuerdo a la época en la que vivimos; que tantas veces nos influencia y derrota nuestra alma; sin agentes exteriores que nos alejen de Él y, por último, pidamos a Él que Nos afiance con devoción y alegría por el Camino Recto.

    “¡Feliz del alma que por amor a Dios
    ha abandonado familia, riquezas y bienes!
    Ha destruido su casa para encontrar el tesoro oculto
    y con ese tesoro la ha reconstruido más bella”.

Rumi.

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