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Ihsán: la belleza en tiempos

Ciertamente Al-láh ama a los excelentes

27/11/2011 - Autor: Abdel-latif Bilal Ibn Samar - Fuente: http://www.oozebap.org/bilal/
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Ibrahim dispuesto a sacrificar a Ismail

Bismil-láh, ar-Rahmán, ar-Rahim

Al-hamdulil-láh por hacernos vivir la muerte y morir la vida a cada instante, insistente, instantáneo. Sí, esos encuentros nos zarandean: recibir la excelencia, al-ihsán, la belleza interior que ves brotar de un exterior interno, luz que conmociona. Diría breve si acaso existiera un tiempo medible... Infinitamente breve. El muhsin pone forma al ihsán con su cuerpo aturdido que, como el cordero antes del sacrificio, es masajeado por el dhikr. Ser muhsin no es una condición perpetua, sino «ese» momento. La actitud de obrar como si viéramos a Al-láh. ¿No es ejemplo de ihsán el cordero esperando a que el cuchillo termine de afilarse? ¿Y el mismo sonido del cuchillo, afilándose, cuando busca esconderse de los oídos del animal, camuflarse en otra apariencia sonora, quizá en el canto de un pájaro, no es también de mushin? «Al-láh prescribe el ihsán en toda cosa», recuerda el hadiz. «Soy de los pacientes (sabirín)» respondió Ismael (as) al sueño-petición paterno. Un tipo de paciencia (sabr) que sólo busca resignación ante Al-láh porque es únicamente para Al-láh. «Soy de los pacientes», baló el cordero-sustituto ese día y en todo ritual destemporalizado de conmemoración y consternación. Una paciencia que sobrepasa el marco temporal y la frustración psicológicamente aceptada. El sabr desidolatriza momentos, miedos e imprevistos para allanarnos el sendero de la apertura, as-sirat al-mustaqim.

¿Cómo calcular el tiempo, acotarlo, unificarlo obviando las experiencias de cada cual? La intención y consciencia del muhsin no están a salvo del momento, de la impaciencia, ni dónde ni cuándo. Porque el espacio, las geografías y las horas, también juegan su influencia. Empaparse de ihsán, con temor a que se seque. Resguardar sus joyas. Con precaución y conciencia de absorber, de impregnarnos de ihsán. De taqwa. ¿Y si nos invade el humo del olvido? Actitud que pende de un hilo. El hilo del islam trenzado de imán. Recuerdo repetido sin repetir, modulable. Una voz (¿interna?) que hace vibrar órganos despiertos, adormecidos. Son rincones donde el ihsán se alberga, rincones que el cuerpo reconoce en su desconocimiento. Recorre en sus cimientos de aire. Belleza que golpea. Esfuerzo por germinar. Alabanzas. Gracias. Cultivar el ihsán, atentos, para que nos cultive. El islam abre, el imán entra, el ihsán pule con sus resonancias este edificio-casa que late y bombea sangre. Que respira. Que ríe. Que ríe llorando. Que llora. ¿Cómo recuperar el ihsán una vez distanciados, inmersos en la nube de la distracción, en la lluvia de estímulos? Niebla, frío. ¿Es ese anhelo principio de recuperación? ¿Esa falta de aire, ese temblor?

Aunque no lo veas, Al-láh, al-muhsi, as-sabur, te ve. En el momento que prende el ihsán en un cuerpo ataviado, pronuncia la básmala en ese estado de atención y la resonancia de la frase-umbral recubre con una fina capa de rocío vivificante el entorno. La boca del muhsin emite «Muhámmad» junto a su dorado ribete oral «sala al-lahu aleihi ua salam» y las palabras devienen aroma purificador para quien las escuche. Fragancia para compartir. Cubierto con el manto del ihsán, rememoramos al «arropado» (saws). Sus huellas... Fluyen los momentos y se desvanece ese instante para retener su fragancia. Su poso. Nada de prueba, ningún acontecimiento, ninguna escena, ni golpe, ni caricia, nada de prueba: todo es rahma de Al-láh. Segundos que pueden ser años. Goteo de digestión lenta, fases. «Es el tiempo el que desvela las posibilidades ocultas de toda cosa.» (M. Iqbal). ¿Qué es un día en el cómputo del tiempo absoluto? ¿Mil años de los nuestros? ¿Cincuenta mil? Y Al-láh está con los pacientes. Y Al-láh está con los pacientes (inna Al-lâha ma 'as-sabirin). Sed excelentes, ciertamente Al-láh ama a los excelentes (wa ahsinu, inna Al-lâha uhibbu al-muhsinin).


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