Las campañas de desinformación que se ven en el presente, no es una cosa reciente; sino que ha sido el sistema tradicional para manipular la verdad y con ello, la dirección de los individuos y el manejo de la sociedad. Muchas veces la “verdad” se produce por una mentira permanentemente mantenida o por esa media verdad hábilmente entretejida y brillantemente presentada…
Así vemos como se potencializan defectos de personas a las que se pretende destruir o se sobredimensionan los hechos; o se hacen supuestos análisis legales o científicos aparentemente profundos, que con el más pequeño análisis, se puede uno percatar de que son tremendamente superficiales.
Por otro lado, se defienden personas, se toleran actos de corrupción evidentes, se ocultan noticias, se protegen empresas e individuos, muchas veces el olvido es el premio a las acciones negativas de los protegidos. Y luego nadie habla más de ello… Señalamiento excesivo por un lado y tolerancia extrema por el otro…
Como ya lo dijimos anteriormente, en nuestro querido país, no importa lo que se haga, sino quién lo haga.
La aceptación de todo ello proviene de la tendencia de la mayoría de la Humanidad a creer todo lo que se lee sin razonar, a aceptar las cosas sin analizarlas, a repetir y a copiar, a pensar con la cabeza de otros. No hay duda que la Humanidad no carece de conocimientos, pero adolece de originalidad..
Aceptamos con naturalidad todo, aún siendo totalmente ilógico, simplemente por que no iniciamos ni siquiera un silogismo. Con el más pequeño análisis y profundidad mínima de las cosas, nos daríamos cuenta que muchos paradigmas (verdades ejemplares) o hechos “consumados” caerían por su propio peso.
Toda persona que lea u oiga tiene que ser un oyente y lector crítico y analizar todos los contenidos. Incluyendo este escrito. Después de acostumbrarse a pensar, escudriñar, analizar y resolver, llegará a muchas reflexiones lógicas y se estará en la verdad o cerca de ella.
“La verdad os hará libres" dijo Jesús de Nazareth, en el Evangelio de Juan.
En esta disyuntiva humana tenemos que tomar partido haciendo valer la verdad, fomentar el espíritu de veracidad, buscar incesantemente la verdad y servirle a ella, en lugar de rendir tributo al oportunismo, a la traición, al egoísmo o a la ambición desmedida y a la envidia.
No hay ninguna cultura que haya dicho que la mentira es mejor que la verdad; o la cobardía, que el valor; o la envidia, que la caridad; o el egoísmo, que la humildad; o la lealtad, que la traición. Sin embargo hay actuaciones donde las negatividades se ponderan y aplauden. Y lo vemos fácilmente en el famoso criterio de oportunidad.
Para Fernando Savater estos vicios, que son más bien debilidades: mentira, traición, intriga, oportunismo, etc. se desprenden de la envidia. El envidioso considera - y sufre por ello- que otro no merece los bienes que posee, o sus triunfos o sus reconocimientos.
En la tradición cristiana, continúa diciendo Savater, la envidia es definida como “desagrado, pesar, tristeza, que se concibe en el ánimo, por el bien ajeno, en cuanto éste se mira como perjudicial a nuestros intereses o a nuestra gloria, o bien, que dispone de algo al cual no podemos accesar. La envidia, definida como la tristeza por el bienestar de otro.
El envidioso –según Savater- es así más desdichado que malo. Nadie se enorgullece por ser envidioso, pero ahora se ha inventado, una nueva definición post-modernista: te envidio bien, te tengo una envidia sana. No creo que eso exista. Una cosa es admirar a alguien y decir “quiero ser como él”. La emulación es algo positivo. La envidia es insana y negativa ¿para qué confundir conceptos?
A esto agregamos la traición es repudiable. El traidor en su potencia está rodeado de una aureola de hipocresía. Tres son sus características: Cuando habla, miente; cuando promete no cumple y cuando confías en él, te traiciona.
La libertad y la verdad que mencionamos anteriormente, se encuentran indisolublemente ligadas a la justicia, que es la virtud que inclina a dar cada uno lo que le pertenece o merece, en calidad y cantidad y a la igualdad, principio que reconoce a todos los ciudadanos la misma capacidad para los mismos derechos; y hermanadas con el amor y sus variadas manifestaciones: caridad, humanismo, altruismo, solidaridad, fraternidad.
Sin embargo, el ser humano goza muchas veces más haciendo un daño a un tercero, que un bien a sí mismo.
Ya desde la Edad Media se afirmaba: “Es peor que el que no tiene amigos que el que no tiene enemigos, por que no tiene nada que lo envidien: ni fama, ni fortuna, ni prestigio, ni inteligencia, ni salud…
Hay personas que son exitosas a pesar de las adversidades de la vida, que soportan calumnias, señalamientos, traiciones, injusticias y siguen triunfando.
Ralph Waldo Emerson, ya lo decía: "Reír a menudo y amar mucho. Ganar el respeto de las personas inteligentes y el afecto de la juventud, ganar la aprobación de los sectores honestos, soportar traiciones; apreciar la belleza, encontrar lo mejor en los otros, dar uno de sí, dejar el mundo un poco mejor, ya sea por pequeño detalle o por una condición social redimida, haber actuado con entusiasmo, saber que una vida ha respirado con mayor facilidad porque un individuo o un grupo ha existido". Esto significa haber tenido éxito.
Aunque la mentira triunfe al principio, la verdad terminará destrozándola. Bien lo dice el sabio refranero popular: "la mentira tiene las patas cortas y la verdad siempre la alcanza".
Y en los cuatro evangelios de Cristo se menciona proféticamente que: “No hay nada oculto que tarde o temprano no salga a la luz y no sea totalmente revelado”.
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