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Gnôsis o la superación de la dualidad teoría-práctica

La sabiduría es un conocimiento transformador que hace posible nuestro crecimiento esencial, como afirma la eminente filósofa Mónica Cavallé

05/03/2011 - Autor: José A. Carmona - Fuente: carmonabrea.blogspot.com
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Dualidad.
Dualidad.

“Crede ut intelligas”

Nuestra cultura filosófica, ya sabemos, se alimenta especialmente del pensamiento griego, mas no de todo él, sino de una línea del mismo que tuvo su máximo exponente en Aristóteles, línea que no es precisamente la de su predecesor Platón, ni la de Sócrates, ni la de los primeros y grandes filósofos como Tales, Anaxágoras, Anaximandro, Pitágoras..., ni tampoco la de la escuela estóica (Heráclito, Epicteto, Séneca, Adriano...) . Aristóteles influyó de forma muy poderosa en el pensamiento del mundo musulmán, sobre todo con Avicena (Ibn Sina) y Averroes (Ibn Rushd). A través de éstos conoció Tomás de Aquino el pensamiento de Aristóteles que el pensamiento dominante en toda su obra teológica, pese a ser él un místico, y con la escolástica posterior a Tomás se difundió por todo occidente la filosofía racional llamada Aristotélico-tomista. Mas la escolástica, sobre todo la decadente de los siglos XIX y XX olvidó muchos aspectos de las doctrina de Tomás, quien propone que el camino para entender es el de creer. Y creer no es un acto de la inteligencia o razón sino una actitud de todo el ser humano que compromete toda su existencia en una verdadera metánoia, en una actitud transformadora de su ser.. De todos modos no es bueno ignorar que la doctrina aquinatense abunda en la línea intelectualista, (mal llamada quizás) teórica.

Con el Renacimiento, que con tanta lucidez apoyó Descartes, la separación entre teoría y práctica se hizo total y profunda y se lanzó por la ventana de la cultura de Occidente el profundo sentido de la Gnôsis, con lo que se dio un paso de gigante en la separación que conlleva el dualismo, puro fruto de la mente racional. De todos modos no olvidemos que el gran matemático y filósofo francés defendió como criterio de verdad la certeza (cogito ergo sum, pienso luego existo, no puedo dudar-estoy seguro de que estoy pensando y por tanto mi existencia es verdad), algo que ha aceptado Occidente y que le ha llevado a unos dualismos entre teoría y práctica irreconciliables y rayanos en lo patológico. Dualismo que hemos integrado no sólo en nuestro conocimiento racional, sino en la fe y en la práctica diaria.

No todo el conocimiento fue por esta línea de división y separación entre teoría y práctica, aunque en todas las formas de sabiduría (introduzco la palabra que no es una simple sustitución de conocimiento tal como lo entendemos) se diferencie la Thesis y la Praxis (no es lo mismo diferenciar que separar). En todo Oriente y en los orígenes, a los que he apuntado anteriormente, del pensamiento griego no existe esa visión divisoria. Para ellos el conocimiento no es tal, o sea, no es sabiduría, si no parte de una verdadera metánoia. En nuestros días, en Occidente, se ha vuelto por parte de algunos pensadores a esta visión del verdadero conocimiento como “sabiduría”, no como erudición; así lo han hecho “pensadores” de la talla de A. Wats, H. Smith, K. Wilber, R. Panikkar, A. Harvey, M. Cavallé, M. Almendro... y toda la corriente de Psicología transpersonal y de Espiritualidad Integral, sin que olvidemos a todos los místicos habidos en la humanidad, quienes realizaron la experiencia del Ser, de la transformación interior. Sus enseñanzas (como las de nuestros Juan de la Cruz o Teresa de Ávila, por poner un ejemplo cercano en el espacio, como los de Ramana Maharsi o Nissargadatta en el tiempo) no son una doctrina, sino una pálida muestra de sus experiencias con lo Divino, con el Ser, con la Esencia, son meras indicaciones de lo que podemos hacer para vivirlas.

La sabiduría no es un simple conocimiento, como he dicho, o sea, una simple aprehensión de un objeto por la mente, algo que se ha mostrado muy útil (lo que sirve para, lo que se aprovecha o se puede aprovechar) a lo largo de toda la Historia, sino que conlleva algo más: la transformación, de modo que sabiduría es un conocimiento transformador que hace posible nuestro crecimiento esencial, como afirma la eminente filósofa Mónica Cavallé, conocimiento que a su vez se amplía gracias a la propia transformación: “crede ut intelligas”. Conocimiento sin transformación interior y por tanto sin verdadera liberación no es sabiduría, como afirman todos los sabios. La sabiduría y el ser viven en una ósmosis total.

Un ejemplo, que puede ser muy clarificador, aunque imperfecto, de la diferencia entre conocimiento-erudición y sabiduría: una persona que conozca muchas recetas de cocina y que incluso las ponga en práctica, será un erudito, pero sólo el que ha probado el guiso es sabio sobre el tema, tiene la experiencia.

La Gnôsis

Gnôsis (gnwsiz) es una palabra griega que hemos traducido por conocimiento, pero que llevaba en su mismo concepto una connotación de experiencia del ser, de saborear (sapere=sabiduría), de degustar, palpar...

Aunque los manuales de Historia de la Iglesia Católica tilden constantemente de herejía cristiana primitiva al gnosticismo, el caso es que en los principios del cristianismo fue una corriente con mucha vitalidad dentro de las expresiones de fe en el Dios de Jesús, corriente que terminó siendo marginada de la línea ortodoxa de la “doctrina” de la institución. Pero, el gnosticismo no nació con el cristianismo, si no que es muy anterior al mismo. Ya en el Tao de Lao Tse se intuyen elementos claramente gnósticos y lo mismo en los movimientos místicos del brahmanismo. Y ya en el mismo cristianismo, el evangelio atribuido a Juan está lleno de resonancias gnósticas.

Por supuesto que no identifico en este escrito (ni en mi mente) Gnôsis con gnosticismo. Éste exageró el sentido de la relatividad del mundo en que vivimos hasta el extremo de eliminarlo como puramente ilusorio e inexistente, olvidando que este mundo relativo es en sí la manifestación visible del mundo no manifiesto, y por lo mismo es relativo pero en modo alguno inexistente. Me refiero a la Gnôsis como “medio” de transformación auténtica, como verdadera sabiduría, como el conocimiento que, transcendiendo la razón y la dualidad, nos lleva a la experiencia directa, a la evidencia inmediata de lo que Es, y que como no dual, no puede “aceptar” (por decirlo de algún modo) ningún tipo de oposición en el Ser, ni siquiera la oposición entre Thesis y Praxis. La Realidad no es que sea una, puesto que lo uno tiene la oposición de lo múltiple, sino que es no-dual, y por tanto lo abarca todo, incluso lo que no es, ni puede ser. La Gnôsis es un conocimiento que es praxis y una praxis que es conocimiento.

Más en concreto Gnôsis es una experiencia directa e inmediata del Ser-No Ser, y es conocimiento no por raciocinio (cosa que es totalmente imposible), sino por identidad, es la verdadera Visión (la Inspiración plena), de la que han gozado muchos humanos: místicos, artistas plásticos, escritores, investigadores.... Tan sólo la identidad nos da la evidencia y la práctica coherente con la Realidad misma, de modo que en la misma percepción de la Realidad está incluida la praxis que no es sino la expresión de la identidad vivida, experimentada.

Simplemente por el deseo de hacer una referencia bíblica, tan importante para los que hemos puesto todo el sentido de nuestra vida en Jesús de Nazaret, me permito recordar aquí la palabra utilizada por la traducción latina de la Biblia, llamada Vulgata, para significar el coito sexual entre el varón y la mujer: “Cognovit” (conoció), un conocimiento experiencial, aunque no sea una identificación. La Nueva Biblia Española traduce “se unió”, se trata en la visión de la Biblia de un conocimiento por unión física, pero sólo cuando hay una verdadera identidad entre cognoscente y conocido, algo no posible en la densidad grosera de la materia, desaparecen ambos y sólo hay conocimiento=ser, teoría=práctica.

Gnôsis es mirar las cosas con los ojos del Logos, es mirar las cosas desde su propia perspectiva, nos dice Mónica Cavallé y continúa diciendo: “ver las cosas tal como son y dejarlas ser lo que son. Mirar con los ojos de la mente es trazar cuadrículas, establecer fronteras, dividir y acotar las cosas y los pensamientos para poder operar con ellos...”

Pero el mundo en que vivimos es el relativo, el que conocemos por la mente y por tanto un mundo que no es no-dual, sino polar, su número diríamos es el dos. Por eso este mundo relativo necesita la armonía entre los polos, el ritmo, la sustitución constante en el tiempo y el espacio. Y en este mundo teoría y práctica son dos polos opuestos, que sin duda se han de armonizar, que han de mantener un ritmo, o de lo contrario la vida y el conocimiento se enquistarán. Mas hemos de tener en cuenta que lo que hace la armonía es integrar los opuestos, y que la postura del verdadero sabio, del gnóstico, es identificarse con esa armonía de integración, no se trata simplemente de sustitución de un polo por otro.

Nosotros normalmente lo que hacemos es negar un polo: sólo el bien, nada de mal; sólo paz, nada de conflicto; sólo la vida, nada de muerte; sólo control, nada de desorden; y así, reprimiendo uno de los polos, vamos creando nuestra sombra. Mas la armonía, la gnôsis, la sabiduría no elimina un polo en favor de otro (no se queda con la teoría, o con la práctica) sino que los integra (con lo que no se excluye a ninguno de los dos) ¿cómo? Elevando el nivel de conciencia más allá de la mente (por decirlo, aunque mal, de alguna forma) entrando en la “visión” de identidad, que no es la mente, sino la contemplación, la gnôsis o sabiduría, en la que la conciencia se identifica con el único punto en el que se apoyan los dos polos y en ese punto (el Ser, Dios, Vacío, Allah, Brahman, Misterio...) es donde cobra sentido la dualidad y donde se evidencia que la Realidad es no-dual.

El Logos, (lo Divino, el Tao...) y la gnôsis es identidad con el Logos... es caer en la cuenta de que somos en nuestra esencia Logos y en nuestra forma manifestación del mismo, reúne y armoniza todas las dualidades (también la de teoría y práctica), pero él no tiene opuesto, él no es nunca una dualidad, ni una parte de la misma y por lo mismo, aunque se manifieste en el plano de la dualidad, él está en otro plano en el de lo no-dual. Y precisamente es lo no-dual lo que da sentido a todas las cosas duales de nuestra mente.

Simone Weil, una mística del siglo XX de una altura gigantesca, (que por cierto no llegó nunca a profesar el catolicismo oficial) afirma en su libro sobre la Gravedad y la Gracia “que la palabra bien aplicada al Absoluto tiene un significado distinto que cuando se refiere a la dualidad bien-mal.”

Puede que el famoso dicho de Tomás de Aquino: “Crede tu intelligas” puede ser interpretado como una verdadera llamada a que nos abramos a la Visión, a que transcendamos la razón, no que la neguemos, para que al ser conscientes de nuestra identificación con el Logos vivamos la dimensión transcendente de lo no-dual, vivamos la identificación de Thesis y Praxis, aunque estemos inmersos en la dualidad, estemos inmersos en mundo mundo en el que la afirmación: “del dicho al hecho hay mucho trecho” es una constante en la mente humana y en la vida cotidiana.

Platón nos recuerda en su República que Sócrates decía: “El que comprende es sabio y el sabio es bueno”
 

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