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Ética de la vida: complejidad-comprensión y las causas del mundo

La historia global entra en la naturaleza; la naturaleza global entra en la historia: estamos ante algo inédito en filosofía; está en juego la tierra, pero también la humanidad

12/02/2011 - Autor: Bravo León Luis Fernando - Fuente: Revista Científica
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La ética de la vida.
La ética de la vida.

El presente artículo pretende desarrollar y explorar las posibilidades de una ética de la vida en términos del desafío de complejidad y de la necesidad de un nuevo contrato natural. Así, la vida nos desafía a complejizar su comprensión de tal manera que las múltiples dimensiones puedan ser pensadas en conjunto. Pero, también, el contexto de los problemas claves del mundo es el mundo, protagonista excluido constantemente de las refl exiones éticas y políticas. Este mundo debe incluirse so pena de imbecilidad cognitiva, para poder responder de manera local y global a los desafíos de la existencia humana.

Presentación

En la formación docente en educación superior cada vez se hace más urgente una reflexión sobre la ética de la vida, la complejidad y el mundo en sus causas. Este desafío esta enmarcado, para el caso de este ensayo, en la obra de Edgar Morin y Michel Serres. De este modo, reconocer los hitos que dirimen la búsqueda, implica acercarse a los más diversos universos temáticos desde los imaginarios productos- productores hasta la constante reflexión sobre los problemas claves del mundo, pasando por las máquinas no triviales y la hipercomplejidad cerebral. Es decir, afrontar este desafío en este texto es una pretensión inicial, y casi, apenas panorámica, tratando de abrir horizontes de sentido que vislumbren las ricas posibilidades de un pensamiento radicalmente novedoso, aunque no original, sí generador. En este orden de ideas queremos entonces marcar un derrotero conversacional que integre la mirada de una antropología fundamental con la necesidad de un método que repiense nuestras ideas de Physis, de Biós, que asuma el desafío de conocer el conocer y sea capaz de visualizar las condiciones ecológicas y lógicas de las teorías, los enfoques y fundamentalmente, de los paradigmas, con las consecuencias éticas y políticas que de ello se deriva en términos de la necesidad de una reforma de pensamiento y de una democracia cognitiva.

Repensar estos aspectos y reorganizar nuestras pre-concepciones en un ejercicio dialógico, es un desafío de comprensión que se actualiza en un constante ir y venir de sentido, no solo como razón sino como práxis. Así, la pretensión de esta presentación es generar un espacio de conversación que permita el ejercicio de la reflexión y del pensamiento.

El problema de la comprensión en la complejidad

La intención reflexiva de una obra como la de Edgar Morin nos avoca a reconocer un ejercicio del pensamiento en términos comprensivos, de tal manera que desde este horizonte la necesidad de identificar, distinguir y relacionar los saberes dispersos y parcelarizados se hace más pertinente. De allí, que establecer las dimensiones ecológicas y lógicas de las ideas como ecosistemas humanos nos permite dar cuenta de la auto-eco-organización del pensamiento. “Lo cual no es sólo decir que el menor conocimiento comporta componentes biológicos, culturales, cerebrales, sociales, históricos. Es decir, sobre todo, que la idea más simple necesita conjuntamente una formidable complejidad bio-antropológica y una hiper-complejidad sociocultural. Decir complejidad es decir, como hemos visto, relación a la vez complementaria, concurrente, antagonista, recursiva y hologramática entre estas instancias co-generadoras del conocimiento1.

Así, la noosfera es el ámbito de nacimiento, crecimiento y muerte de las ideas. Esto es, que existe una producción de las teorías, imágenes, proyecciones de la vida humana que a su vez son productoras de los modos de realidad o niveles multidimensionales que requieren ser distinguidos en la investigación, como lo plantea Sergio González en su texto publicado póstumamente por la Universidad Distrital: “Cada dimensión se ordena en niveles de complejidad, los cuales son útiles para ubicar objetos particulares de observación y modelización compleja:

- La dimensión de la sociedad se refiere a lo más evidente de la composición, es lo primero que aparece ante la mirada del observador que inicia una observación.

- Es la mirada pura y simple. Es el plano de la observación de lo que el investigador ordena según el objeto cognitivo y/o descripción;

- La dimensión de la cultura es lo que se encuentra más allá de lo evidente, es la estructura que configura en cierta medida la diversidad y la heterogeneidad de lo social;

- La dimensión de la ecología, por su parte, es lo más amplio de toda la observación reflexiva, por cuanto permite relacionar lo socio-cultural con aquello que no es ni social ni cultural. Es lo que marca los ámbitos generales de configuración de la escena humana, lo que marca los límites de lo humano y lo no humano2.

Estas dimensiones que en su distinción y relación articulan la investigación social, no pueden ser elucidadas en los campos formales de las ciencias, sino en la dimensión comprensiva en términos de la dialógica que opera tanto en la complejidad de la realidad como en la irrupción del observador en la observación. Es decir que dar cuenta de la noosfera de las ideas implica y genera la necesidad de pensar la organización de los sistemas de ideas, de su habitat, lo que Morin plantea en los siguientes términos: “el campo de la comprensión es tan vasto como el del conocimiento humano, ya que todo lo que procede por analogía y representación es de naturaleza comprensiva. No obstante, los desarrollos constantes de la comprensión, en la esfera psíquica, tienen como motor la proyección-identificación, y son focalizados en las relaciones y situaciones humanas3. A su vez la comprensión da cuenta del conocimiento humano y de su efecto proyectivo identificador de la experiencia humana, así los sistemas humanos se relacionan. “Somos prisioneros de nuestro presente, pero interpretando indicios y signos podemos reconstruir el pasado e incluso remontarnos quince mil millones de años hacia atrás.

Sólo podemos conocer si parcelamos lo real y aislamos un objeto del todo del que forma parte. Pero podemos articular nuestros saberes fragmentarios, reconocer las relaciones todo-partes, complejizar nuestro conocimiento y así, sin poder no obstante reconstituir las totalidades ni la totalidad, combatir el parcelamiento”4.

Toda noosfera se constituye y se instituye en las formas logiciales, es decir, los modos regidos por la lógica de las acciones, que son controladas y direccionadas como un gran ordenador por los paradigmas, por ello Morin plantea que “la comprensión reciproca, de la que tanta necesidad tiene la humanidad, necesita la toma de conciencia de aquello que rige a la lógica, el discurso, los conceptos, el razonamiento, es decir los paradigmas. Es una condición de supervivencia de la humanidad, pues es una condición de la verdadera tolerancia, que no es blando escepticismo sino comprensión5. Tematizar el problema de los paradigmas es establecer la dimensión de la problematización epistemológica en sus consecuencias e implicaciones políticas para el ejercicio inter y trans disciplinar. Por lo general esta discusión queda relegada a los intersticios de la reflexión diletante sin comunicación real con las prácticas investigativas, aumentando así la ceguera especializada con sus consecuentes efectos reductivos y peligrosamente asépticos del poder y sus meandros sociales instituyentes. “Reconocer el paradigma también es reconocer el nudo gordiano complejo que une todas las instancias cerebrales, espirituales, noologicas, culturales, sociales. Es ser capaz de desobedecer ya al principio de reducción-disyunción y saber implicar y distinguir a la vez6.

El derecho a la reflexión como resistencia a la absoluta determinación, como necesidad de mantener las posibilidades de reorganización que mantengan la vida de los sistemas-organismos humanos se impone como necesidad ética de la comprensión “el hombre es invalidado, nadie escucha ya a los hombres, estamos a la escucha de economistas, ontologistas, sociólogos y demás especialistas del mismo tipo. La indignidad última ha llegado, y la parte ha logrado la precedencia sobre el todo7.

Escuchar a los hombres en medio de las tragedias y la crueldad, exigencia de comprensión como lo cita Morin en Mis Demonios, su texto autobiográfico: “Mi actitud sería la del profesor Muhamed Nezirovic que me escribió el 9 de enero de 1994 desde Sarajevo: ‘Ahora somos bestias acosadas y nuestra vida no vale nada. Se ha abierto la veda. Y, a pesar de todo, la gente quiere vivir. No sé si la resignación es tal o si la voluntad es grande, pero queremos superarlo todo y, tal vez por ello, a pesar de los obuses, hay paseantes por la calle, se escuchan risas y gritos infantiles, pobres niños de Sarajevo. Por lo que a mi respecta. A pesar de todos mis años, sigo sorprendido, interrogándome como un niño, pues todavía hay cosas que no puedo comprender: ¿por qué hermanos de la misma lengua, a los que todo unía, que tenían las misma supersticiones, que se acogían en la noche de los tiempos —lo que para mí es prueba de las mismas raíces—, se matan ahora entre sí? Hasta épocas muy recientes tuvimos las mismas fiestas, las mismas alegrías, las mismas pesadumbres. ¿Qué maldición cae periódicamente, sobre el hombre balcánico? ¿Por qué esa rabia asesina de destruirlo todo, de romperlo todo? ¿Tan distintos somos a los demás? A pesar de todo, no siento odio, ni siquiera animosidad contra mis hermanos enemigos; pasmado permanezco mudo... Algún día. Los guerreros y, sobre todo, sus jefes se cansarán, pero yo seguiré preguntándome: ¿qué ha sido de mis amigos?8. Expresión de la necesidad ética y de la comprensión a pesar de la situación, ejercicio de los espíritus humanos en medio de la incertidumbre y la contradicción.

El contrato natural: las causas del mundo

Llegados a este punto de la reflexión, nos encontramos en la antesala de las relaciones jurídicas y científicas que plantean la necesidad de repensar las “causas” del mundo. La pintura de Goya de los combatientes en las arenas movedizas, que al movimiento en la lucha, se hunden en el fango, muestra la paradoja de los protagonistas y la inclusión del mundo en los avatares y guerras de los humanos. ¿Quién vencerá, uno u otro combatiente o en últimas los dos por el tercer protagonista: el mundo? Es el extremo de nuestra permanente relación con los sucesos de muerte, nuestra condición, al decir de Serres: “nosotros sólo nos interesamos por la sangre derramada, por la caza del hombre, por las novelas policíacas, por el límite en el que la política se convierte en asesinato, tan sólo nos apasionamos por los cadáveres de las batallas, el poder y la gloria de los hambrientos de victoria sedientos de humillar a los perdedores, de tal forma que los organizadores del espectáculo sólo nos ofrecen imágenes de cadáveres, muerte innoble que funda y atraviesa la historia, de la Ilíada a Goya y del arte académico a la televisión nocturna”9. Es en este reconocimiento de la muerte como gran historia que irrumpe la naturaleza más allá del decorado o de la escena. Irrupción global, como contexto de todas nuestras pretensiones de vida personal y colectiva. “La historia global entra en la naturaleza; la naturaleza global entra en la historia: estamos ante algo inédito en filosofía”10. Está en juego la tierra, pero también la humanidad.

Juego en el que el postor y la apuesta no significan dominio, sino exigente paradoja: “tenemos que prever y decidir, puesto que nuestros modelos pueden servir para sostener las dos tesis opuestas. Si consideramos que nuestras acciones son inocentes y ganamos, en realidad no ganamos nada, la historia sigue como antes; pero si perdemos, lo perdemos todo, no estamos preparados para una posible catástrofe. Y, a la inversa, si elegimos ser responsables, si perdemos, no perdemos nada; pero si ganamos, lo ganamos todo, sin dejar de ser los actores de la historia. Nada o pérdida en un caso, ganancia o nada en otro: toda duda queda despejada”11. La tierra como objeto global desafía, se muestra en su ineluctable y catastrófica importancia. La tierra puede existir sin nosotros, nosotros no sin ella.

El hombre de la eficiencia vive en lo inmediato, su dimensión es el corto plazo efectivo. Ha perdido la relación con el mundo-tiempo (clima), no ve a largo plazo, no percibe la sutil relación con lo actual-local y lo globalnaturaleza, “por vez primera, Occidente, que detesta a los niños, puesto que hace pocos y no quiere pagar la instrucción de los que quedan, ¿empezaría a pensar en la respiración de sus descendientes? Confinado desde hace mucho tiempo en el corto plazo, ¿proyectaría hoy a largo plazo? Sobre todo analítica, ¿consideraría la ciencia por primera vez, un objeto en su totalidad? Frente a la amenaza, ¿se reunirían incluso las nociones, o las disciplinas científicas, como lo hacen las naciones? Enraizados desde hace poco exclusivamente en su historia, ¿vuelven a encontrar nuestros pensamientos la esencial y exquisita geografía? La única, en otro tiempo, en pensar lo global, ¿dejaría la filosofía de soñar de ahora en adelante?”12. Constatación nuevamente de la irrupción del mundo, pero insuficiencia para pensarlo, gracias a la restricción nomotética de nuestra lógica. Incapacidad para pensar lo global. En últimas, desafío de razón práctica que nos permita entender el sentido actual de nuestra situación global-mundial. Nuevamente, la necesidad hermenéutica y comprensiva se impone desde el horizonte de la historia del ser en el mundo.

Así, el cuadro descrito de Goya con sus combatientes hundiéndose en el fango o la crecida del río a causa de la inmensa cantidad de muertos que Aquiles el héroe ha producido, permanece invisible para los contrincantes, historia en todo su furor pero “... nunca hablamos de las pérdidas infligidas al propio mundo ...13. Tercer protagonista en su invisibilidad, se hace débil y a la vez potente: “el cambio total que se vislumbra en la actualidad no sólo introduce la historia en el mundo, sino que transforma también el poder de esto último en precariedad, en una infinita fragilidad. Victoriosa antaño, ahora la tierra es víctima ¿Qué pintor representará los desiertos vitrificados por nuestros juegos de estrategia? ¿Qué lúcido poeta se lamentará de la innoble aurora de ensangrentados dedos?14. Escenario de la situación del mundo que como historia participa del juego de las formaciones humanas en su fragor pero también en su débil posibilidad de mantenerse.

Situación de guerra, es decir de límite, por la extinción a la saga del devenir de violencia como estado general de fuerza, guerra como derecho y contrato social para salvaguardar de la muerte total al conjunto de pueblos. “Las guerras que yo llamo subjetivas se definen pues, por el derecho: comienzan con la historia y la historia comienza con ellas. La razón jurídica ha salvado, sin duda, a los subconjuntos culturales locales de los que procedemos, de la extinción automática a la que la violencia auto mantenida condenó sin escapatoria a aquellos que no la inventaron”15. Esto es, la violencia generalizada como forma de lucha de todos contra todos, sin reglas y sin posibilidad de negociación, se transforma en los pactos de inicio y armisticio, contrato jurídico anterior al pacto social.

La necesidad en el desafío global nos implica y complica en una tarea cada vez más acuciante: “En realidad, se trata de algo más que eso: de la necesidad de volver a examinar e incluso firmar el contrato social primitivo. Este último nos reunió para lo mejor y para lo peor, según la primera diagonal, sin mundo; ahora que sabemos asociarnos frente al peligro, hay que entrever, a lo largo de la otra diagonal, un nuevo pacto que hay que firmar con el mundo; el contrato natural16. Hipótesis central de esta reflexión que Serres realiza como síntesis del recorrido de treinta años de ejercicio académico. La profundidad de esta afirmación debe contrastarse con el desarrollo argumental del texto, en donde, se establece la condición de lo natural y de lo jurídico en orden de la historia de las ciencias.

¿Cómo es que el hombre, una de las especies entre las demás, se hace equipotente, factor densamente físico?, pregunta que guía esta reflexión, aun más: “¿Quién, hace pues violencia al mundo mundial? ¿Qué encubren nuestros acuerdos tácitos? ¿Se puede esbozar una figura global del mundo mundano, de nuestros contratos estrictamente sociales? Sobre el planeta tierra intervienen, no tanto el hombre, sino el individuo y el sujeto, antiguo héroe guerrero de la filosofía y conciencia histórica a la antigua, no tanto el combate canonizado del amo y del esclavo, como insólita pareja en las arenas, no tanto los grupos analizados por las viejas ciencias sociales, asambleas, partidos, naciones, ejércitos, todos ellos pequeños pueblos, como, masivamente, unas placas humanas inmensas y densas”17. Un Nosotros cada vez más profuso y extenso, contrapartida de la relación, al decir de Serres: “un actor contractual muy importante de la comunidad humana, a las puertas del segundo milenio, pesa por lo menos un cuarto de billón de almas. No en peso de carne, sino por sus redes cruzadas de relaciones y el número de objetos–mundo de que dispone. Se comporta como un mar”18. Un flujo de relaciones, homeostasis de equilibrio pero homeorresis de caminos con toda la capacidad para el desequilibrio. A la manera de los casquetes glaciares o de las capas tectónicas, el crecimiento demográfico hace que este conjunto pese sobre el planeta para lo mejor o para lo peor. “El hombre es una reserva, la más fuerte y conectada de la naturaleza. El hombre es un ser- en – todas partes. Y unido19.

Estas interretroacciones nos constituyen y a la vez generan la organización del ecosistema. “En cualquier caso, yo era, yo sigo siendo evidentemente un actor local de las ciencias duras y suaves; en lo sucesivo, yo soy un conjunto somos eficaces y violentos en todas las ciencias naturales, universalmente. La fragilidad acaba de cambiar de campo.

Eso es lo que hay en el cuarto vértice del cuadrado o en la extremidad del cuarto eje giroscópico: el ser–en–el mundo transformado en el ser equipotente al mundo”20. Actor tectónico globalmente pero a la vez sutil y frágil localmente. Somos pues un nosotros como sistema de relaciones y acciones sujetos sujetados al mundo, autónomos y dependientes del mismo, dominadores dominados, ambigüedad no resuelta. Contradicción e incertidumbre mayor a mayor capacidad de intervención.

Guerra o paz es la situación de los nuevos actores de esta relación pero además mediada por el conocimiento constitutivo de este pacto. Acuerdo de vida en conjunto en la que los hombres devienen, “en suma, esta guerra o esta paz se fundan en un contrato tácito que reúne a los científicos, como antes reunía a los interlocutores refinados, a los soldados o a los competidores de la economía, y que semeja al viejo contrato social. Con anterioridad a ese contrato no hay ciencia, como tampoco había sociedad antes de aquél. En los más lejanos orígenes griegos del más elevado rigor, los primeros científicos, reunidos o dispersos, más que demostrar, discuten, son juristas tanto como geómetras21. Estos primeros científicos son también participes de la vida de sus comunidades, están en relación con los poderes, tienen poder o se enfrentan a él, como Tales frente al tirano Siracusano, y más cercano a nosotros, Galileo en el tribunal eclesiástico o Laplace frente a Napoleón.

Las causas del mundo son las cosas del mundo, preceden la indagación y exigen la prueba como proceso de verificación. “El conocimiento científico es el resultado del paso que convierte la causa en una cosa y esta en aquella, por el que un hecho deviene un derecho y a la inversa. Es la transformación recíproca de la causa en cosa y del derecho en hecho: eso explica su doble situación de convención arbitraria, por un lado, que vemos en toda teoría especulativa, y de objetividad fiel y exacta, por otro, que funda cualquier aplicación23. La ciencia desempeña una tarea de derecho natural, es decir, que los hechos se hacen derecho vía los pactos y las intervenciones sobre ese mundo, por ello “¿Quién puede asombrarse entonces de que, en la actualidad, la cuestión del derecho natural dependa estrechamente de la ciencia, que describe además la situación de los grupos en el mundo?24. Los fenómenos políticos, definidos desde la modernidad, ya no son más los de la fuerza, o el estado sino que cada vez implican la vida, el nacimiento, la muerte.

Constatación de una situación novedosa que en aras de la separación entre naturaleza y cultura, deja en la penumbra esta radical relación entre mundo, ciencia y derecho. Pero, “una vez más ¿quién decide? ¿Científicos, administradores, periodistas? ¿Cómo viven? Y, en primer lugar, ¿dónde? En laboratorios en los que la ciencia reproduce los fenómenos para mejor definirlos, en despachos o estudios. En una palabra, en el interior. El clima ya nunca influye en nuestros trabajos”25. El sistema-mundo no considera al sistema naturaleza, nuevamente el corto plazo sacrifica la condición de largo plazo del tiempo-clima, es decir el mundo no es su interlocutor, por ello se impone que “de ahora adelante, el gobernante debe salir de las ciencias humanas, de las calles y de los muros de la ciudad, hacerse físico, emerger del contrato social, inventar un nuevo contrato natural al volver a dar la palabra naturaleza su sentido original de las condiciones en las que nacemos, o deberemos nacer mañana26.

La tierra-patria condición planetaria de existencia adquiere carta de ciudadanía so pena de imbecilidad cognitiva, el contexto de los problemas claves del mundo, es el mundo. “La geopolítica en el sentido de la tierra real, fisiopolítica, en el sentido en que las instituciones que se otorgan los grupos dependerán en lo sucesivo de los contratos explícitos que convierten con el mundo natural, ya nunca más nuestro patrimonio, ni privado ni común, sino de ahora en adelante nuestro simbionte27.

Hacer explicito las condiciones de un nuevo contrato a expensas de nuestra supervivencia cambia las nociones que configuran nuestro horizonte de comprensión del mundo. En este sentido, Michel Serres define el contrato natural: “entiendo por contrato natural en primer lugar el reconocimiento, exactamente metafísico, por cada colectividad, de que vive y trabaja en el mismo mundo global que todas las demás; no solo cada colectividad política asociada por un contrato social, sino también cualquier tipo de colectivo, militar, comercial, religioso, industrial..., asociado por un contrato de derecho y también el colectivo experto asociado por el contrato científi co. Yo llamo a ese contrato natural, metafísico, porque va más allá de las limitaciones ordinarias de las diversas especialidades locales y, en particular, de la física. Ese contrato es tan global como el contrato social e introduce a éste, de alguna manera en el mundo y es tan mundial como el contrato científi co e introduce a éste de alguna manera en la historia28. Serres plantea un desafío a la razón practica, son las condiciones actuales de nuestro modo de estar en el mundo las que interrogan y generan un horizonte de sentido que debe actualizarse, de tal manera que las respuestas, que están más allá de la mera especialización disciplinar, sean correspondientes con un espacio epistémico y político inter y trans disciplinar.

Así este ejercicio cartográfico de Michel Serres deja en claro la profunda transformación del paisaje en el que nos debatimos, combatimos y además vivimos. “...Ya hemos transformado o explotado al mundo, ha llegado el momento de comprenderlo. O, mejor aún de comprender que comprende, comunica, goza de las mismas facultades de las que nos creíamos los únicos poseedores; ni la materia ni las cosas ni el mundo se reducen al cometido pasivo que suponía la obligación laboriosa de transformarlos... El contrato natural de respeto mutuo ya no basta; nuestro, socio, global, sigue además, los mismos caminos y goza de las mismas facultades que la humanidad global en formación; habla, como mínimo - Galileo ya lo sabía- un algebraico y geométrico idioma; ahora enseña su inteligencia, su memoria gigante y sus redes fluentes de comunicación a los que se afanan en construir un universo semejante. ¿Construimos un mundo para comprender el nuestro y otros posibles? Como el conocimiento, el trabajo cambia, a partir del momento en que se desvanece la distancia entre el objeto, pasivo y el sujeto, activo, y que su diferencia de naturaleza se anula también.29. Por ello la necesidad de nuevos mapamundis para guiarnos en el nuevo mundo global. El espacio social cambia, así como el espacio se ha realizado como virtual por los flujos informativos y la simultaneidad del tiempo por efecto hiperrealista de los medios de comunicación. Y sin embargo las preguntas que antaño configuraron un mundo siguen vigentes, la experiencia humana deja de ser solipsista, se trata del destino humano que se juega en el destino de la tierra.

Notas
1 MORIN Edgar, Las Ideas, Cátedra, Madrid, 1992, Pág 22.
2 GONZALEZ Sergio, El acto creativo: un eslabón central de la investigación social. En RUEDA – SERNA (compiladores), Investigación, Cultura y Política Universidad Distrital, Bogotá, 2001.
3 MORIN, Edgar, op cit, Las Ideas, Pág. 121.
4 Ibid Pág. 248.
5 Ibid Pág. 243.
6 MORIN, Edgar, Op cit. Las ideas. Pág. 242.
7 Ibid, Pág. 75.
8 MORIN, Edgar, Mis Demonios, Kairos, Barcelona, 1995, Págs. 92 – 93.
9 Op. Cit. Serres, Michel, El Contrato Natural, Pre-textos, Valencia España, 1991, pág. 11-12.
10 Ibid, pág. 15.
11 Ibid, pág. 15-16.
12 Ibid, pág. 17.
13 Ibid, pág. 23.
14 Ibid, pág. 25 -26.
15 Ibid, pág. 30.
16 Ibid, pág. 31.
17 Ibid, pág. 32 - 33.
18 Ibid, pág. 33.
19 Ibid, pág. 36.
20 Ibid, pág. 39.
21 Ibid, pág. 41.
22 Ibid, pág. 41.
23 Ibid, pág. 42.
24 Ibid, pág. 43.
25 Ibid, pág. 53.
26 Ibid, pág. 77.
27 Ibid, pág. 78.
28 Ibid, pág. 81.
29 Op. Cit. Serres Michel, Atlas, 1995, págs. 130-131.
Bravo León Luis Fernando es docente en el Departamento de Humanidades de la Universidad de El Bosque.

 

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