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Iniciación al ádab islámico (IV)

Aprendemos a observar, a controlar nuestros impulsos y nuestra personalidad cuando la ocasión o el momento así lo requieren

14/12/2010 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Sello de Muhámmad
Sello de Muhámmad

El ádab en las reuniones y asambleas

La Sunna recomienda ir a una reunión limpios y perfumados, con un buen aspecto. Es bueno tener un cuerpo y un aliento limpios. Incluso es conveniente considerar qué comemos antes de un encuentro. No resulta un clima armónico donde unos huelen a musk y otros huelen a cebolla. Vestirse con sencillez y modestia es una expresión de respeto hacia uno mismo y hacia los demás.

Se recomienda llegar un poco antes del comienzo de la reunión. No es necesario ni obligatorio abrazar a todas las personas que asisten al encuentro. En el contexto árabe y semítico en general, los hombres y las mujeres entre sí, se besan en las mejillas, mientras que no suele hacerse entre personas de distinto género.

Normalmente el formato del encuentro suele ser circular, un círculo alrededor del cual se van sentando los asistentes. Hemos de prestar atención al desarrollo del encuentro o reunión desde el comienzo, pues esa es la mejor expresión de nuestra actitud participativa. Los que van llegando y los que llegan tarde se incorporan buscando un lugar dentro del círculo sin interrumpir la reunión ni molestar a quienes están sentados. Al final del encuentro saludamos a las personas que se encuentran al lado derecho y al izquierdo estrechando sus manos y dando gracias.

Aprendemos a observar, a controlar nuestros impulsos y nuestra personalidad cuando la ocasión o el momento así lo requieren. Aprendemos a comportarnos como si todos los demás tuviesen un rango o posición más elevados que el nuestro.

El chismorreo y el hablar a espaldas de otros se encuentran entre las peores acciones en las que puede caer un musulmán, así como prestar oídos a comentarios banales o intencionados. El Profeta Muhámmad, la paz sea con él, definió al chismorreo como decir algo que le disgustaría a una persona a sus espaldas, (sea o no verdad) y dijo que este tipo de habladurías y chismorreos son peores que diez adulterios o que comerse a un cadáver!

En el Maqarimul Ajlaq encontramos la siguiente descripción:

“Entonces le pregunté (dice Al-Husain lbn Alí —P.—) acerca de sus asambleas. Respondió: ‘El Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él, no se sentaba ni se ponía de pie si no con el recuerdo de Allah, exaltado sea Su Nombre. No monopolizaba para sí los lugares (en las reuniones) y vedaba de que fueran reservados exclusivamente (por la gente). Cuando llegaba a una gente se sentaba donde terminaba la asamblea y ordenaba (a sus discípulos) hacer esto. Daba a cada uno de sus contertulios su lugar (y jerarquía), para que este no creyera que algún otro era mejor que él ante el Profeta (B.P. y Desc.). A quien se sentaba con él o lo encaraba por una necesidad le tenía paciencia, hasta que fuera éste el que se retirara, y a quien le pedía un favor no lo despedía en absoluto sino con éste (favor) o con una palabra de aliento (cuando no podía proveer lo que se le pedía).

La gente estaba satisfecha con él por su sencillez y su carácter, él era para ellos como un padre y ellos para él eran iguales en derechos. Su asamblea era la reunión de la prudencia, del pudor (o recato), de la paciencia (autocontrol), y de confianza y seguridad; en ella no se elevaban las voces ni era humillada la solemnidad (y reverencia), ni se manifestaban insolencias (o vanidades). (Los asistentes) eran equitativos (moderados), ennoblecidos allí de acuerdo a su piedad (o grado espiritual), modestos. Allí se respetaba al anciano, se tenía misericordia del pequeño, se privilegiaba al necesitado, y se protegía —o bien dijo, se rodeaba— al extraño (o extranjero)’.”

“Pregunté (cuenta Al-Husain lbn Alí —P.—): ¿Cuál era su proceder con sus contertulios?. Respondió: ‘El Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él, siempre estaba risueño con ellos, afable de carácter, amable y cordial; no era hosco, ni grosero, ni vociferaba, ni era obsceno, ni difamador, calumniador ni adulador. Se hacía el desentendido respecto de aquello que no apetecía, y no desesperaba por no poder conseguir eso, sin decepcionar al que estaba esperanzado en ello. Había desistido para sí mismo de tres cosas: la hipocresía, el atesoramiento o multiplicación de riquezas, y aquello que no le concernía; y había desechado respecto de la gente tres cosas: no denigraba o injuriaba a nadie ni lo abochornaba; no lo ponía en evidencia ni mostraba sus vicios, ni hablaba sino respecto de aquello de lo cual anhelaba obtener su recompensa en Allah.’

“Cuando hablaba enmudecían y quedaban pensativos sus contertulios, quietos como muertos, y cuando callaba ellos hablaban. No se disputaban entre sí la palabra ante él; si alguien hablaba callaban los otros hasta que concluyera. Su locución ante él era la de sus principales (es decir, hablaban los principales de cada grupo). El reía de aquello que les hacía reír, se asombraba de aquello que les asombraba, y era tolerante con el extraño cuando este manifestaba rudeza en su expresión y en su petición, hasta el punto en que sus compañeros recomendaban a los que se presentaban ante él, educación y moderación. Decía: “Si vieran al menesteroso de una necesidad que viniere a pedirla, ¡honradlo u hospedadlo!” No aceptaba el elogio sino de alguien digno de hacerlo, ni interrumpía a nadie la conversación hasta que hubiera concluido, y la cortara con una pausa o levantándose’.”

“Fueron reunidas en él la prudencia, la tolerancia o autocontrol, y era que nada lo enfurecía, ni le causaba aversión; y fue reunido en él la circunspección respecto de cuatro cosas: Adoptar el bien para tomarlo como modelo; desistir del mal para terminar con él; su esfuerzo intelectual y espiritual en aquello que interesaba a su comunidad; y el cumplimiento de aquello que atraía hacia ellos el bien de este mundo y del otro’.”

—De Ya’far As-Sadiq (P.), del libro “Las bondades”, quien dijo: “El Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él, cuando entraba en un lugar se sentaba en el sitio más alejado de donde entraba.” Y de él (P.) se narra: “El Mensajero de Allah (B. P. y Desc.) se sentaba más frecuentemente enfrentando la qiblat (el lugar de orientación hacia la Ka’bat).”

—Y de él (P.) se narra que el Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él, dijo: “Cuando uno de vosotros llegue a una asamblea (o reunión) que se siente donde termina la asamblea.”

—(No menciona la fuente) Se cuenta que el Mensajero de AlIah, la paz y las bendiciones sean con él, dijo: “Cuando uno de ustedes se levante de una asamblea (reunión) para irse, que salude, no teniendo los primeros (o principales que se encuentren) prioridad sobre los postreros (de esa asamblea),” Y de él, la paz y las bendiciones sean con él, se cuenta que dijo: “Cuando uno de vosotros s levante de una asamblea y luego vuelva, él tendrá prioridad sobre su sitio.”

—(No menciona la fuente) Se cuenta del Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, que dijo: “¡Dad a las asambleas su derecho!” Se le preguntó: “Y cuál es su derecho?” Respondió: “Bajad la vista, devolved el saludo, conducid al ciego, y ordenad el bien y vedad el mal (lo negativo).”

—De Abu Umamat quien dijo: “Cuando el Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él, se sentaba, lo hacía con las piernas recogidas y cruzadas, presionadas contra el tronco.” Del libro “Las bondades”, se sabe que el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, se sentaba de tres maneras: Con las piernas recogidas cruzadas, presionándolas contra su tronco, o se sentaba sobre los talones y las rodillas, o flexionaba una sola pierna y extendía sobre ella la otra. Nunca se le vió apoyado en cuatro, y se sentaba sobre sus talones y rodillas sin buscar apoyo al hacerlo.

(Maqarimul ajlaq)

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