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La cultura occidental

Podemos afirmar que vivimos y asistimos a la crisis final de una civilización en su momento de decadencia

27/11/2010 - Autor: Victor Piccinini - Fuente: Webislam
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Victor Piccinini
Victor Piccinini

En primer lugar mi agradecimiento al Centro Mundial de Estudios Humanistas y más particularmente al CEH de Buenos Aires por la organización de este evento y por la oportunidad de expresar algunas ideas en torno al tema que nos reúne el día de hoy: cultura y espiritualidad. Más particularmente, me referiré a la llamada “cultura occidental”, su situación actual y posibilidades futuras.

El encuadre general de este Simposio Internacional ha definido que: “el mundo que conocíamos ya no existe más, nuestra vida cotidiana se ha transformado profundamente y comienza a perfilarse una nueva civilización a escala planetaria. ¿Cómo será esa nueva civilización? ¿Cómo queremos que sea?”

El desafío de responder tales interrogantes para los temas de esta mesa es tremendamente grande. Intentaremos acercarnos partiendo de algunos elementos y definiciones básicas. En primer lugar es necesario ponernos de acuerdo sobre qué entendemos por cultura? En su origen etimológico, “cultura” significa “cultivar”, mas directamente su significado se relacionaba con el “cultivo del alma y el cultivo del cuerpo”. En su significado más amplio y reconocido, podemos definir a la “Cultura” como el conjunto de valores, modelos, sistemas de creencias que explicitas o implícitas, a través de los cuales una sociedad se desarrolla. Es de algún modo un conjunto tácito de costumbres que regulan los comportamientos. Incluye códigos, costumbres, practicas, normas, una estética, una relación con la naturaleza, consigo mismo y con los demás, un sentido de la historia y un tipo de relación con su por-venir, es decir con su futuro.

También, y ya desde una perspectiva histórica, se suele asociar a “cultura” como sinónimo de civilización, y en ese sentido se puede hablar de una cultura griega, cultura maya, cultura mesopotámica, cultura inca, y muchas otras…. y más cercana y actual para estas latitudes, hablamos de una “cultura occidental”.

Existe un enfoque de la cultura que ha sido desarrollado desde el punto de vista de los procesos históricos de las diferentes culturas y civilizaciones y su estudio comparado. Es un estudio de las culturas comparadas que ha sido desarrollado al comienzo al cobijo de la antropología y más exactamente en lo que se ha dado en llamar “antropología cultural”. Esta ciencia busca los motivos que llevaban a los pueblos a comportarse de tal o cual modo, con tales o cuales valores. Esta antropología cultural, ha sido desarrollada básicamente en los últimos 100 años, elevando el estudio de la cultura ya no tomándola solamente como objeto de estudio aislado, sino llevándola a la calidad de objeto de estudio sistematizado y comparado. Intentaremos seguir este tipo de enfoque.

Si seguimos este hilo conductor de algún modo comparativo de los diferentes modelos culturales. Si nuestra pregunta se refiere a: “qué aspiramos para la nueva civilización que está naciendo”, necesitamos en primer lugar y como mínimo comprender la crisis de la actual, cuando se originó y cuales son sus rasgos más salientes. Por supuesto que este tipo de desarrollo y estudio sería propio de una investigación muy extensa, que excede el objetivo de esta presentación. Pero, intentaremos al menos trazar los grandes rasgos de ese proceso, y tal vez acercarnos a definir, “el” rasgo principal, la piedra angular que puede torcer el rumbo en una u otra dirección.

Podemos afirmar que vivimos y asistimos a la crisis final de una civilización en su momento de decadencia: la civilización occidental, cuyas características y rasgos más salientes han sido:

-El progresivo alejamiento de conceptos y elementos que podríamos denominar “la esencialidad humana” (la interioridad humana, las preguntas acerca del sentido y de la raíz de la existencia, las prácticas que llevan al contacto con la propia interioridad).

-Una marcada dirección hacia la externalidad.

-Un acelerado desarrollo científico, tecnológico y material, desconectado de las necesidades humanas esenciales.

-El aumento de la violencia en todas sus expresiones.

-Una marcada separación entre cuerpo y espíritu.

Si quisiéramos ubicar ¿cuál del origen de este proceso?, cuando comienza a desarrollarse este modelo cultural materialista y violento, esta visión del mundo, este tipo de civilización con los rasgos mencionados, debemos remontarnos a un largo proceso que comenzó aproximadamente hace unos 2000 a 2500 años. Hace aproximadamente unos 2500 años comienza en Occidente un proceso de alejamiento y oscurecimiento del “Ser” en la cultura occidental (este “Ser” en mayúsculas).

Por supuesto que esta afirmación es una síntesis, es una conclusión que no podemos desarrollar y fundamentar el día de hoy, pero es importante destacar que esta síntesis es la raíz conceptual que explica un largo proceso de expansión, apogeo y que parece encontrar en la actualidad su decadencia definitiva. (Esta síntesis conceptual, raíz de todas las demás explicaciones que se puedan dar sobre el proceso de la cultura occidental, esta desarrollado con precisión filosófica en una excelente producción que realizó Alicia Ordóñez en el Parque de Estudio y Reflexión La Reja, cuyo titulo es: El oscurecimiento del Ser en Occidente: ¿desde dónde miramos?). Un largo proceso de grandes desarrollos materiales, tecnológicos y científicos, que han llevado al ser humano a poblar el cosmos al par que puede también “crear vida” en un laboratorio, pero que paradójicamente van acompañados de un progresivo alejamiento del mundo de las “esencias” de la vida y de la existencia humana. Pongamos esta afirmación en algunas imágenes, en algunos ejemplos cotidianos. Hay un ejemplo muy claro que refleja esta situación del progresivo alejamiento del mundo de las esencias, del mundo de los significados, son los temas que se conversan y debaten en la “plaza pública”. Hace 2000 años, en la calle, en los mercados y en la plaza, de diferentes maneras, se hablaba y discutía sobre ángeles y demonios, sobre cielos e infiernos …del mismo modo en otras latitudes se hablaba de la eternidad, de la imagen del alma, del tiempo eterno, de los valores morales, del amor y de la esencia de las cosas.

Eso fue sufriendo una progresiva y contundente modificación y tanto en el apogeo como en los estertores de esta civilización en la plaza y calle publica, se habla generalmente de cuanto subió la bolsa, el valor de los mercados mundiales, el precio del oro, la violencia …o directamente no se habla de nada. En el mejor de los casos los temas del mundo de las esencias y la interioridad van quedando relegados para algunos pocos momentos de la propia intimidad.

El día en que en la “plaza publica”, en los lugares comunes, se comience a respirar y a discutir sobre significados y sobre los temas que hacen a la convivencia, a la ética y a la interioridad humana, es porque estamos en presencia nuevamente de ese sentido olvidado que se abre paso nuevamente luego de un periodo cultural oscuro. Además de estos indicadores, un poco intangibles, que nos hablan de una cultura occidental mundializada en disolución, existen otros indicadores, un poco más globales y sociales, que nos llevan a describir a este cultura como una cultura de la violencia, como una cultura de la destrucción… o como la describía Silo en varias de sus presentaciones públicas, la “cultura del No”.

Algunos de ellos son: el desarrollo y crecimiento del armamento nuclear. Que en este periodo de la historia de la humanidad se cuente con arsenal nuclear para destruir 35 veces el planeta que se habita, es un claro ejemplo y rasgo de la cultura imperante.

Otro ejemplo escalofriante es el tema del hambre. Que paradójicamente, se asista a un desarrollo tecnológico, científico y de recursos materiales sin precedentes a la par que se mueren 24.000 personas cada día por hambre en el planeta y que esas 24.000 personas, el 75% de ellas son menores de 5 años, refleja el tipo de cultura imperante. Es importante destacar que de esas 24.000 personas por día que mueren de hambre, de los cuales el 75% son niños, solo el 10% de ellas se debe a situaciones de hambrunas o guerras, el 90% restante se debe a desnutrición crónica.

800 millones de personas sufren hoy en día de hambre y desnutrición. Si, 800 millones, al mismo momento que se asiste a un desarrollo tecnológico que permite superar toda limitación impuesta por la naturaleza.

Pero bien, aunque asistamos claramente al fin de un tipo de cultura, no está claro cómo se saldrá de esta situación oscura.

Para el Humanismo Universalista, se esta viviendo una etapa de transición, donde coexisten una cultura violenta imperante y nuevas sensibilidades y tendencias que comienzan a gestarse y expresarse en el paisaje social. Esta transición, como otras en la historia de la humanidad, no es un proceso lineal ni mecánico. Este proceso esta signado por una “lucha de intereses e intenciones humanas”, de fuerzas sociales y generacionales que conviven en el mismo paisaje social pero con diferentes intenciones.

Nuevamente, como en los grandes momentos históricos, se abren ante el ser humano dos posibles caminos: el fortalecimiento de la dirección actual con el consecuente pasaje a formas aún más violentas, o el camino que introduzca un fuerte cambio de dirección e impulse el desarrollo de modelos socio-culturales más avanzados que marquen un camino evolutivo.

No parece ser que la salida se de por la reflexión pausada generada en los claustros académicos, ni que surja de las actuales referencia sociales o políticas. Ellas han sido sobrepasadas y son parte del mundo que se fue…y existen como simple reflejo, como sombras de un pasado que ya no existe.

Tal vez la nuevas generaciones, que se van formando ya en la decadencia de esta cultura occidental, que se van desarrollando ya en una nueva atmósfera social que rechaza los signos de la vieja cultura puedan ir gestando una nueva civilización planetaria signada por la multiculturalidad y la convergencia y que rescate de la historia los valores esenciales y los significados profundos para hacerlos converger con la ciencia y el desarrollo externo. Se observan experiencias claras de esta fuerza generacional que trasmite una nueva sensibilidad, una nueva comprensión y una nueva espiritualidad. He allí una esperanza.

O tal vez, del mismo modo que sucede con algunas situaciones individuales en momentos de crisis profundas, el aumento de los desequilibrios sociales genere tal inestabilidad y situaciones de pánico de tal magnitud que lleve a las poblaciones a despertar de modo desesperado. Y como alarma y salvaguarda de la vida, casi como reflejo mecánico ante el peligro de la muerte, las sociedades se replieguen hacia su interioridad y conecten y rescaten su propia interioridad y la de los demás. Rescaten y desarrollen los valores esenciales y los plasmen en la nueva cultura.

Ya hay diferentes señales, de diferente tipo que comienzan a percibirse, aunque por el momento son sólo débiles señales esperanzadoras…. ¿Cuáles será los signos inequívocos de que estamos en presencia de un salto evolutivo, que las sociedades se encaminan hacia una nueva y más evolucionada civilización y cultura planetaria? :

- En primer lugar, la apertura de nuevos horizontes personales y sociales que permitan la búsqueda, la discusión simple y desprejuiciada de los temas fundamentales de la existencia humana. Los temas del dolor, el sufrimiento y su modo de superarlo. Los temas de la muerte y la trascendencia espiritual. Los temas y experiencias profundas de la interioridad humana.

- La internalización de la mirada humana. Es decir, la búsqueda de comprender en profundidad lo que cada uno piensa, lo que se siente, lo que verdaderamente necesita. En esa búsqueda interna, se encontrará también con los demás y mágicamente comenzará el intercambio y la discusión abierta y desprejuiciada de estos temas.

- Una cultura basada en una profunda espiritualidad y no la mirada actual que toma a la cultura y a la espiritualidad como conceptos separados.

- La progresiva desaparición de los grandes males y peligros de la humanidad: el armamento nuclear, el hambre y la desnutrición crónica.

Estos signos, estas señales profundas, tal vez expresadas aquí de un modo un poco abstracto y subjetivo, tendrán un correlato directo y una concomitancia psicológica muy clara en las personas y en la sociedad, claramente expresados en el libro Apuntes de Psicología de Silo, en el capítulo titulado Psicología IV, donde se dice:

Esta nueva cultura será el correlato de una configuración de conciencia avanzada en donde todo tipo de violencia genera repugnancia. La instalación de tal estructuración de conciencia no-violenta en las sociedades será en si mismo una conquista cultural profunda. Pero para que esto se trasforme verdaderamente en una “nueva cultura” deberá ir más allá de las ideas o emociones que débilmente se manifiestan en la sociedad actual para comenzar a ser parte del entramado psicosomático y psicosocial del ser humano.”

Se está afirmando que este salto evolutivo será posible cuando el “repudio a la violencia” en el ser humano se elabore en su conciencia no simplemente como “idea” de lo que esta bien o mal, sino como respuesta interna profunda que incluya su intelecto, su emoción y su registro visceral profundo. Hoy estamos muy lejos de esa situación, pero una tenue esperanza parece abrirse paso.

Para finalizar y sintetizando los conceptos que queremos resaltar, e intentando responder a la pregunta que nos hacíamos al comienzo:

- “solo cuando cultura y espiritualidad no sean tomados como conceptos separados, sino que ese concepto “lo espiritual”, de lo esencial del Ser, tan etéreo pero tan sentido cuando se lo busca con la mirada interna, inunde con su presencia a las diferentes expresiones de la cultura, será la señal clara de que un salto evolutivo se está ya no solo expresando sino creciendo y desarrollando”.

- No se ven tendencias ni expresiones decisivas que permitan afirmar que esto sucederá en un futuro inmediato. Tampoco está claro cómo se dará ese proceso y cuáles serán los caminos que abrirán ese nuevo horizonte.

- Comienzan si a observarse y sentirse tenues señales esperanzadoras que desde distintos puntos intentan dar respuestas a estas necesidades humanas profundas y como tenues luces en el horizonte marcan un camino, se emplazan como faros y referencias en la oscura noche que se vive en esta cultura occidental en decadencia.

A mi parecer, estas condiciones actuales reflejan el paisaje humano actual.

Quedará para cada persona, para cada grupo humano, la posibilidad de multiplicar esas señales y de crear e impulsar una atmósfera personal y social que ayude a que los tiempos y los peligros de la noche oscura se acorten y de ese modo estaremos también ayudando a que una nueva cultura plena de sentido y espiritualidad se anifieste.

Nada más. Muchas gracias.

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