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Migracion, cambios y consecuencias

La mayoría de los procesos migratorios van acompañados por violaciones de diversos derechos humanos en los lugares de origen y de destino, las cuales hay que combatir

02/07/2010 - Autor: Edwin Pineda Carrasco - Fuente: Al Momento
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Migración, cambios y consecuencias
Migración, cambios y consecuencias

La emigración española es un fenómeno histórico de larga duración que comienza en la Edad Moderna, aunque tiene precedentes muy antiguos y al que se puede considerar como continuación del proceso repoblador peninsular de dirección norte - sur que fue siguiendo a la Reconquista en la Edad Media.

Ya en el siglo XX, varió sus destinos principales de América a Europa, deteniéndose como consecuencia de la crisis de 1973, sin volverse a dar posteriormente cifras semejantes, dado el auge económico que siguió a la entrada en la Comunidad Europea (1986). A pesar de que se ha producido un retorno importante de inmigrantes (sobre todo desde Europa), siguen existiendo significativas colonias de españoles en distintos países europeos y americanos, así como sus descendientes nacidos allí. Sin destacar numéricamente es especialmente significativa la emigración de jóvenes universitarios que terminan su formación científica en el extranjero, y a veces no retornan (fuga de cerebros).

Es importante señalar que durante toda la historia la emigración convivió simultáneamente con la inmigración proveniente del entorno mediterráneo africano (fundamentalmente bereberes). A partir de los años 1980 la inmigración con fines laborales (a veces originada por persecuciones políticas o inestabilidad social o medioambiental) tiene sus orígenes en América Latina, Norte de África y Este de Europa (además de contingentes menos numerosos de África subsahariana, China y otros países asiáticos). La inmigración proveniente de Europa Occidental es muy numerosa, aunque su motivación es tanto laboral (en puestos de mucha mayor cualificación) como de ocio (adquisiciones inmobiliarias de turistas y jubilados, que llegan a fijar su residencia en zonas costeras, como Baleares, Canarias o Valencia).

Durante toda la Edad Moderna la emigración transoceánica a las colonias de América es la dominante, además de las salidas forzosas de la expulsión de los judíos (1492) y la expulsión de los moriscos (1609). Con la independencia americana el movimiento migratorio se ve obstaculizado por la expulsión de los españoles de América, centrándose durante buena parte del siglo XIX en Cuba y Puerto Rico, pero extendiéndose más allá de los procesos de independencia, en Argentina (dos millones y medio de españoles emigran hacia este país entre 1857 y 1935) en la década de los 1950 Venezuela, con el boom petrolero se convierte en el mayor país receptor de españoles por la activación del franquismo con más de un millón y medio de españoles incluyendo canarios, vascos y gallegos en ese país seguido por México, Brasil, Uruguay, Chile, y otros países americanos.

Desde 1814, con la salida de los afrancesados, comenzó el fenómeno del exilio o emigración política debido a la represión política de grupos más o menos amplios de españoles. Los siguientes fueron grupos de liberales, cuyo destino también fue Francia o Inglaterra.

La guerra civil de 1936-1939 dio origen al exilio republicano, incomparablemente más numeroso, que se repartió por Europa e Iberoamérica. Entre tanto, y tras la ralentización que había supuesto la crisis de 1929, los movimientos migratorios tradicionales no se habían detenido ni cambiado los destinos preferentes (Venezuela, y luego Uruguay, México, Cuba, Chile, Argentina y La Hispaniola...) hasta la salida de la autarquía y el plan de estabilización de 1959 (a principios de los 50 se crea el Instituto Español de Emigración), que significó el comienzo de una emigración masiva en dirección a la Europa reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial (más de un millón de personas, lo que representó el 70% de la emigración total en el periodo 1959-1973); simultáneamente al éxodo rural, del campo a la ciudad. Los destinos fueron sobre todo Francia, Alemania (Gastarbeiter), Suiza, Bélgica y el Reino Unido, entre otros. Con anterioridad sólo se había producido emigración a Europa con la llamada emigración golondrina (anual de ida y vuelta) cuyo destino era las explotaciones agrícolas de Francia (habitual entre 1830 y la Primera Guerra Mundial de 1914), y que vuelve a producirse en esos años, sobre todo para la vendimia.

El fenómeno de la emigración española a Europa duró hasta la crisis de 1973, en que se detiene y es superado por el movimiento de retorno, que continuó varias décadas. A partir de los años 1980, y de forma más evidente desde la entrada de España en la Unión Europea, el movimiento migratorio más importante es la inmigración.

Consecuencia

Suele considerarse que la emigración sirve de válvula de escape a las tensiones internas, y así debió suceder desde la Repoblación medieval. La oportunidad de enriquecimiento y ascenso social en América permitió el mantenimiento de un imaginario colectivo de aventura imperial, que se mezclaba con el orgullo cristiano viejo, funcionando como un eficaz apaciguador social, manteniendo intactas las disfunciones de la estructura económica y social. También se suele señalar que la emigración priva del mejor capital humano a los lugares de origen. El retorno de los indianos que se habían enriquecido llegó a ser una constante que se visualiza aún en las mansiones y mejoras públicas (escuelas, fuentes...) que pagaban en sus pueblos de origen. También la literatura y el arte hacen referencia a esta influencia del retorno de los indianos ricos a España.

La emigración a otros países europeos, a través del envío de remesas monetarias, fue fundamental para el aporte de divisas durante los años sesenta y setenta del siglo XX (hasta 2004 no fueron superadas por las salidas de remesas de inmigrantes extranjeros en España). Sumadas a la entrada de turistas, permitían equilibrar el déficit de la balanza comercial española y permitían una balanza de pagos saneada. Por otro lado, ambos fenómenos contribuyeron a la paulatina apertura del régimen franquista y, en definitiva, a la transición a la democracia.

El 91% de los jóvenes españoles considera positiva la inmigración y defiende el derecho de toda persona a vivir y trabajar en cualquier país, según algunos estudios.

No obstante, refleja que todavía existe un 17% de la juventud que ve de forma negativa la diversidad cultural, racial y religiosa. A la luz de estos datos, pide seguir trabajando “hasta llegar a la discriminación cero”. “En tiempos de crisis, debemos dar la talla y mostrar nuestra altura moral como sociedad”.

Del informe también se desprende que a los españoles no les importaría convivir en su vecindario con extranjeros (77%), que no mostrarían inconvenientes en sus relaciones laborales (86%), ni tampoco en las relaciones de sus hijos e hijas con inmigrantes (81%).

Además, siete de cada diez jóvenes declaran tener entre su grupo de amistades alguna persona migrante, especialmente de nacionalidad marroquí, colombiana, ecuatoriana y argentina; y algo más de seis de cada diez afirman, a su vez, contar con extranjeros entre sus compañeros de trabajo o estudios.

La inmigración es uno de los factores que explica el crecimiento como país en la última década. “Si vemos nuestra pirámide poblacional llegamos a la conclusión de que vamos a seguir necesitando jóvenes que vengan de otros países para garantizar la sostenibilidad de nuestro sistema productivo y nuestro sistema de bienestar”.

El 86% condena el racismo, para el 86% de los encuestados, las acciones de grupos racistas y xenófobos son “totalmente recriminables”. No obstante, el 73% de ellos considera que esta clase de actitudes tendrían “poca o ninguna aceptación” en España.19/03/2010

La migración es un fenómeno cuya medición encierra cierto grado de complejidad, lo cual se manifiesta tanto en su intensidad como en la modalidad del cambio: la migración interna cuando el cambio de residencia ocurre entre las localidades, los municipios o los estados y la migración internacional cuando rebasa los límites nacionales.

En cuanto a la migración internacional, compartir una gran frontera con España, dividiéndonos el grandor océano atlántico.

Para el sector juvenil, lo anterior se traduce en la incorporación de cada vez un mayor número de jóvenes a las corrientes migratorias, que ha generado un abandono de las comunidades rurales que las condena a una mayor dependencia y pobreza, ya que en la actualidad, muchas comunidades sobreviven de las remesas que se ha dado por denominar "la empresa migratoria". En contraposición, existen aquellas ciudades, regiones y localidades que conforman los polos de atracción, que tienen que enfrentar los problemas asociados a los flujos migratorios, donde se trasladan las mismas carencias pero potenciadas por la concentración de la población.

Tanto la población joven que se dirige a los Europa o Estados Unidos como la que se traslada a los centros urbanos nacionales, no sólo responden a las carencias existentes en sus lugares de origen, también a una especie de rito de pasaje que se ha incorporado a su cosmovisión y que es respaldado por las redes sociales de apoyo que facilitan el traslado, lo que le da un significado particular a la migración juvenil y requieren una construcción específica de las políticas públicas.

En este contexto, además de la serie de demandas y características en materia de educación, salud y cultura, en el caso de los que emigran a Europa o Estados Unidos, existe un elemento central que tampoco debe de ser omitido, es la dimensión de los derechos humanos asociados a la migración. La mayoría de los procesos migratorios, sobre todo de los jóvenes, quienes lo hacen con menor experiencia, van acompañados por violaciones de diversos derechos humanos en los lugares de origen y de destino, las cuales hay que combatir.

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