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Llevar el burka es mi libertad

Kenza Drider Defensora del derecho a usar el velo integral

13/04/2010 - Autor: Antonio Jiménez Barca - Fuente: El País
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Kenza Drider viste niqab desde hace 13 años. RODRIGO LLOPIS
Kenza Drider viste niqab desde hace 13 años. RODRIGO LLOPIS

La mujer con burka llega a la cita al volante de un Renault Clio y saluda con una mano antes de aparcar. Después se baja del coche, se cambia de mano el iPhone y vuelve a saludar. Se diría que sonríe pero quién sabe. Luego, Kenza Drider, de 31 años, habladora, simpática, decidida, no muy alta, de ojos marrones, enseña su casa: una vivienda modesta de unos 65 metros en las afueras de Aviñón, con algunos cuadros de inspiración islámica en las paredes (no demasiados) y una disposición de los sofás del salón que recuerda a las de Marruecos. Drider es una de esas mujeres (algunos hablan de 300, otros de 2.000) de las que todo el mundo habla en Francia por salir a la calle con una ropa que les tapa la cara.

Nicolas Sarkozy ha prometido una ley que les prohíba vestir así. En puridad, ella no lleva un burka, que tapa todo el rostro, sino un niqab, que le deja los ojos al aire. Pero para abreviar y por cierto sentido práctico, ella también habla de burka. Está deseando explicarse. Testificó hace meses en la Asamblea Nacional francesa, en la comisión especial parlamentaria sobre el velo integral, tras enterarse en televisión del proyecto de prohibición. Nació en Francia. Estudió tres cursos de Derecho. Cada vez que sale a la calle, o llama a la puerta un vecino, un extraño o el cartero, se pone el velo negro. Lo lleva haciendo 13 años.

Pregunta. ¿Por qué viste así?

Respuesta. Por convicción religiosa.

P. Pero no es una obligación religiosa...

R. Es una elección personal.

P. ¿Qué impulso concreto le llevó a ponérselo un día?

R. Todos estamos en búsqueda de algo. Yo, a veces, me he dicho que podía haber ido por otra lado, haber elegido ponerme un tatuaje, o un piercing, pero leí libros sobre el islam, sobre la libertad de las mujeres, sobre las mujeres del profeta. Admiro mucho a esas mujeres: estaban emancipadas, eran feministas, y vestían así. Lo hago por acercarme a ellas. No es algo humillante, ni formo parte de una secta. Tal vez pueda darse el caso. Pero no es el mío. Es como si yo fuera fan de Britney Spears, me vestiría como ella, iría como ella por la calle. Hay quienes son góticos, o moteros... Nosotras queremos que nos dejen en paz.

P. ¿Antes del burka, cómo vestía?

R. Llevé el pañuelo en la cabeza durante un año. Antes, nada.

P. ¿Y su vida cambió mucho? ¿Va a restaurantes, por ejemplo?

R. Sí, claro. Elijo un sitio apartado, en una esquina, me levanto el velo y como. Juego al fútbol, al tenis, conduzco, voy con mis hijos al mar o al Parque de Atracciones, hago muchas cosas...

P. ¿Y qué es lo que no puede hacer?

R. Ir a la piscina con mis hijos, porque no hay piscina reservada a las mujeres.

P. ¿Sus hijos se extrañan de verla así?

R. Tengo tres hijas, de 12, 10 y ocho años y un hijo de nueve. Y no se extrañan, porque cuando fueron creciendo les expliqué que era una elección libre y personal. Y que ellos podrán hacer lo que quieran. La mayor está en plena crisis de adolescencia. Pero voy a su colegio, salgo con ella, al teatro, y no se molesta: al contrario: está orgullosa. Sabe que libro un combate por mi libertad.

P. Y su marido, ¿qué piensa?

R. Decidí ponerme el burka cuando llevábamos dos años casados. Se extrañó. Compré el velo a escondidas y una mañana, cuando íbamos al supermercado a comprar, de repente me lo puse. Él me preguntó que si iba a ir con eso a la calle y le respondí que sí. Y aceptó. Si a él no le hubiera parecido bien, pues tal vez no me lo habría puesto. Pero él vio que me sentía bien, mucho más realizada. Mi marido es alguien muy abierto, no es un musulmán terrorista que mantiene prisionera a su mujer. Mis padres se enfadaron. Pero luego lo comprendieron. Vieron que no cambié. Nadie cambia por llevar un burka.

P. ¿Qué hará si entra en vigor una ley que prohíbe vestir así?

R. La denunciaré al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En Francia no se puede prohibir que alguien vista como quiera.

P. Los defensores de la ley consideran que el burka atenta contra la dignidad de la mujer

R. Son ellos los que lo dicen. Mi dignidad y mi libertad consisten en llevarlo.

P. ¿Así que usted no respetará esa ley?

R. No. Seguiré saliendo a la calle así.

P: ¿Incluso si le multan con 750 euros?

R. No los pagaré. Los recurriré. Cuando declaré en la Asamblea Nacional les pregunté a los diputados si también van a prohibir el burka a las mujeres de los príncipes saudíes que se pasean por los Campos Elíseos, si las van a multar o si las van a echar del país. ¿O es que hace falta ser rico para llevar burka ahora?

P. ¿Conoce a otras mujeres con el niqab en Aviñon?

R. Hay dos. Pero no personalmente. Sé que llevan el velo por elección, pero viven más encerradas. Tal vez no tengan una libertad para hablar como la mía.

P. Puede que usted no sea muy representativa...

R. Eso dijeron los diputados de la Asamblea Nacional: usted no es muy representativa.

P. Y puede que otras mujeres sí que sientan herida su dignidad si se les obliga..

R. Hasta ahora, no ha habido ninguna mujer que haya ido a la comisaría a denunciar a su marido por obligarla a llevar el burka. Si hubiera nacido la polémica por ahí, yo lo comprendería. Pero todo esto empezó porque a ciertos políticos no les gusta ver que hay mujeres que visten así.

P. Los defensores de la ley también apelan a que ir por la calle con el rostro tapado es una cuestión de seguridad...

R. Yo llevo once años así y nunca he tenido ningún problema. Si voy a correos, o al banco, o al Ayuntamiento, pues me identifico y enseño el rostro. También si me lo pide un policía si estoy conduciendo. Es lógico. No somos las mujeres con burka las que cometen atentados o queman coches. Es una cuestión religiosa, el Estado dice que no, pero sí lo es, y no puede meterse en eso.

P. ¿Ha tenido problemas desde que empezó la polémica?

R. Me han agredido dos veces. E insultado varias. Me dicen "sucia musulmana" y "vete a tu país", no "Quítate el velo". Pero mi país es Francia

P. ¿Lo va a llevar siempre?

R. Nadie puede saberlo. Ahora quiero llevarlo, y lucharé por hacerlo.

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