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La geopolítica de USA presiona a China

La geopolítica norteamericana busca disminuir el poder de China

17/02/2010 - Autor: Abel Samir - Fuente: Webislam
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Submarino atómico chino.
Submarino atómico chino.

Hasta hace unos meses atrás las relaciones políticas entre USA y la República Popular China (RPCh) se desarrollaban en un ambiente amistoso, por los intereses comerciales que mantienen ambos países, a pesar de que la RPCh, con su política de exportaciones a un precio muy reducido gracias a una moneda devaluada, ha ido desplazando de los mercados mundiales a USA. Indudablemente que USA se ha resentido económicamente por el gran crecimiento de las exportaciones chinas.

Para paliar en parte esta situación, el gobierno norteamericano le exigido a la RPCh que revalúe el yen, pero los economistas chinos se han negado rotundamente y han seguido la política de colgarse del dólar. Si el dólar se revalúa, también lo hace el yen; si el dólar se devalúa, el yen sigue el mismo camino. Esta política comercial china es un gran quebradero de cabeza para los norteamericanos, que ha irritado a sus gobiernos y a sus economistas que no ven una salida mejor a su economía debilitada.

La amenaza de USA contra Irán de mayores sanciones económicas, amenaza de carambola la economía china, ya que con ese país tiene un gran intercambio comercial y se podría decir que la economía china, en cierta forma, depende del petróleo y del gas natural que compra en Irán. Por esa razón y otras de carácter geopolíticas, la RPCh estará en una encrucijada cuando tenga que apoyar o rechazar las sanciones que USA y la UE quieren imponer a Irán. Hasta aquí nadie puede demostrar que las intenciones de Irán sean desarrollar la bomba atómica, tampoco que si llegase a producirla, Irán tomase la decisión de atacar a sus enemigos en forma preventiva como lo hacen USA e Israel. El cinismo norteamericano no tiene límites. Se alarman que Irán asuma la geopolítica que ellos han seguido en estos últimos años en Oriente Medio.

La gran interrogante que existe ahora es si la RPCh se somete a los dictados de USA en las Naciones Unidas ―que cada vez más se parece al antiguo senado romano― como lo hace casi el 90% de los países del tercer mundo ante el temor de pasar a la lista negra de la Casa Blanca y del último Calígula. Las Naciones Unidas hace ya un buen tiempo que han dejado de ser un órgano neutral políticamente hablando. De una o de otra forma USA se las ingenia para doblegar a sus miembros u así que sirvan a sus intereses geopolíticos y con ello afirmar, aunque sea en forma encubierta, los intereses de Israel.

Precisamente el interés de Israel es tener la exclusividad del poder atómico en esa zona, de manera de ejercer una presión psicológica contra sus posibles adversarios. Por esa razón Israel no se detiene a atacar militarmente las instalaciones nucleares que sus vecinos árabes estén desarrollando. Ya lo ha hecho en Irak y posteriormente en Siria, sin que el Nuevo Senado Romano imponga sanciones a Israel. En ese caso es USA el que las impide. Por esa razón, es inconcebible la actitud de algunos gobiernos árabes que se sumen a la geopolítica norteamericana e israelí respecto a Irán.

La RPCh ha sido hasta aquí bastante pacífica y ha aceptado, aunque de no muy buenas ganas, la geopolítica norteamericana hacia China. Recordemos que durante los últimos años de la revolución china (1947-1949), USA estuvo equipando e instruyendo al Kuomingtang (Partido nacionalista) que se encontraba en guerra con el partido comunista chino. En agosto de 1946 el gobierno norteamericano les entregó a los nacionalistas chinos un crédito para compras de equipos y material bélico por 900 millones de dólares y una ayuda suplementaria al gobierno de Chiang Kai-shek por el monto de 175 millones de dólares. Ambas “ayudas” representaban una enorme suma de dinero si se toma en cuenta el valor del dólar en aquella época.

Antes del hundimiento de los nacionalistas, y cuando el ejército japonés había depuesto las armas, los nacionalistas, contra todas las declaraciones de amistad y de integración, amparados por el doble juego estadounidense ―servir de intermediario y ayudar militarmente a los nacionalistas― intentaron ocupar Manchuria antes que lo hiciera el Ejército Rojo; en esas circunstancias, la flota norteamericana facilitó el traslado de importantes fuerzas militares de elite del Kuomingtang hacia esa zona, interviniendo claramente a favor de los nacionalistas en esa guerra civil que sólo se había interrumpido. En esas circunstancias, Chiang Kai-shek les exigió a los soviéticos que habían invadido el norte de Manchuria, que no permitiesen que los comunistas chinos se hiciesen del armamento que dejaban los japoneses (al término de la Segunda Guerra Mundial), cuestión que no fue aceptada por éstos y, de esa forma, el Ejército Rojo de China se fortificó y adquirió por primera vez armas pesadas.

USA entregó protección militar mediante unidades de marines destacadas en la península de Liao-yang y en algunos puertos del norte de China cercanos a Pekín. Aunque esa operación militar parecía suficiente por el momento, fracaso enfrentada a una estrategia correcta de Mao y Lin Piao que era por entonces el jefe militar del ER en Manchuria lo que tuvo consecuencias desastrosas para los nacionalistas. Primeramente, las fuerzas nacionalistas fueron aisladas y obligadas a encerrarse en las ciudades por un ejército comunista mucho mejor equipado y más motivado para la lucha guerrillera y con mayor apoyo campesino que se avecinaba. Después, fueron derrotados por partes (mediante la estrategia de partir del campo a la ciudad) y todo el equipo militar entregado por USA, que no sólo contemplaba equipo liviano, sino también artillería de campaña y tanques medianos, pasaron a manos del Ejército Rojo. Esas fuerzas nacionalistas constituían la elite de su ejército y aunque les restaban todavía muchos hombres y equipo militar, la capitulación en Manchuria tuvo el carácter de una derrota casi decisiva. Más tarde, los nacionalistas serían barridos en la gran batalla de Huai-Jai (entre la zona de Pekín y el río Yangtzé, siguiendo la línea del río Haui) ocurrida entre el 6 de noviembre de 1948 y el 10 de enero de 1949. Una batalla en la que participaron más de un millón de soldados (con más de 600.000 nacionalistas y cerca de 500.000 comunistas) en un frente de 200 kilómetros, tal vez la batalla más extensa que se ha dado en la historia moderna de la humanidad. Esta batalla fue decisiva y selló la suerte del gobierno de Chiang Kai-shek.

Una vez derrotado el Kuomingtang, otra vez la flota norteamericana se utilizó para apoyar la evacuación de Chiang Kai-chek y de su gente, a la isla de Taiwán, que era y que lo es todavía, territorio incuestionable de China, aunque en esa época se encontraba ocupada por Japón. USA no vaciló en volver a equipar a los nacionalistas con nuevas armas, con la esperanza de que en algún momento podrían volver al continente y derrotar al Ejército Popular de Liberación, como pasó a denominarse el Ejército Rojo chino desde 1946. Siguiendo su geopolítica, los norteamericanos instalaron bases militares en Taiwán, contraviniendo los principios mínimos de la convivencia pacífica con un país que nunca lo atacó ni lo amenazó.

Después vino la guerra de Corea (1950), en la cual los norteamericanos intentaron destrozar del todo al pequeño ejército de Norcorea, aliado de la URSS. Estando las fuerzas norcoreanas en una situación muy difícil y casi frente a un colapso en la frontera con China, el Ejército Popular de Liberación atravesó la frontera, ingresó en Corea y repelió a los norteamericanos que sufrieron fuertes pérdidas y los que se vieron obligados a retirarse hasta el paralelo 38. Ya desde esa época las Naciones Unidas eran una institución al servicio de los intereses geoestratégicos de USA. Por esa razón, varios países, incluyendo países latinoamericanos, participaron en esa guerra amparados en un mandato de las Naciones Unidas, para darle la categoría de una guerra internacional, de todos contra los “agresores norcoreanos y chinos”. Nadie cuestionó la participación de USA en esa guerra interna de Corea, como años más tarde, tampoco se cuestionó a USA por su intervención en Vietnam.

Ahora USA le entrega a Taiwán un arsenal ultramoderno para ser empleado contra la RPCh, en caso de una guerra. Entre esos armamentos están los helicópteros Black Hawk y un sistema antimisiles moderno. Esa es la forma como entienden los norteamericanos la política de neutralidad y de buena vecindad. Naturalmente que la RPCh no puede permanecer paralizada sin tomar alguna medida. Tampoco va a entrar en un conflicto mayor con USA; eso no está en la política china. Medidas económicas como deshacerse de los dólares que tienen los bancos chinos podría provocar una baja en la cotización lo que sería contraproducente para China. Pero la RPCh se vio obligada a tomar alguna medida y declaró que suspende los intercambios militares con USA. Tal vez eso no afecte para nada a USA, por cuanto lo que puedan perder es muy poco. Extraña si, la geopolítica que lleva Obama que no responde a una política de no confrontación, sino todo lo contrario.

Por último, Obama invita al Dalai Lama, una figura disidente y enemigo de China que en el pasado (1959) instigó a fuerzas tibetanas instruidas por USA a una lucha militar contra el Ejército Popular de Liberación en el Tíbet.

La historia del Tíbet es muy peculiar. Pertenece a China desde hace más de 300 años. Durante el imperio Mogol, cuando China fue invadida y sometida a los mogoles, el Tíbet era un aliado político y militar de los mogoles, además de ser el corazón religioso de éstos. Por esa razón China pasó a ser ocupada tanto por los mogoles como por sus aliados, entre los que se contaban los tibetanos. Eso se mantuvo por más de 300 años. Durante la guerra civil (1925-1949), el Tíbet estaba ocupado por las fuerzas nacionalistas y los lamas nada objetaban hacia esa ocupación. No les preocupaba en absoluto, toda vez que los nacionalistas no se mezclaban en los asuntos religiosos ni en el sistema feudal-esclavista que imperaba en el Tíbet. Esta región autónoma era la más atrasada y la más pobre de China, y no porque los gobiernos chinos los tuviesen sometidos, sino por la política ultrarreaccionaria de la clase teocrática dirigente, (entre la cual estaba el Dalai Lama) que así lo querían. El pueblo tibetano era el más sometido de todos los pueblos de la república China. La alienación religiosa para eso servía. Como dice Marcuse: “La libre elección de los amos no suprime ni a los amos ni a los esclavos”.

La religión lamaísta, una de las sectas del budismo tantrista, más creencias animistas, pasaba como anillo al dedo para someter a la población tibetana. Aunque se negaba la existencia de clases sociales, existían de hecho cuatro clases: 1) la clase gerba, compuesta de 300 familias; 2) los comerciantes y artesanos; 3) los siervos y por último 4) los esclavos. Los lamas pertenecían a la clase gerba, la cual era propietaria de todos los tibetanos de las otras clases en calidad de siervos o esclavos. Los siervos trabajaban para sus dueños y podían quedarse hasta con ¼ de lo producido, pero debían trabajar hasta 18 horas al día para poder enriquecer a su señor. Los esclavos no podían perder su condición de esclavos y eran tratados peor que los asnos salvajes considerados “sagrados” por lo lamas. No había escuelas ni hospitales. Los pocos médicos sólo atendían a los extranjeros y a los gerba. Tampoco existían caminos, sólo senderos para mulares, en una región que es dos veces mayor que la península ibérica. En esa región vivían 3,5 millones de personas y de ellos, nada menos que 200.000, eran monjes que vivían de lo que producían los siervos y los esclavos. Mientras los otros trabajaban, los monjes dedicaban sus días a la oración, a la meditación y a las discusiones teológicas. La ignorancia y la falta de condiciones higiénicas eran abismantes en esa sociedad teocrática. La gente carecía de baños o de duchas. Lo normal era que los tibetanos viviesen llenos de piojos, a los cuales no se les mataba por ser “sagrados”. El analfabetismo era lo normal, ya que no existía la enseñanza fuera de los templos de los lamas; y lo único que estaba permitido enseñar eran los rezos y los cánticos de los templos. La gente no tenía como informarse porque el único periódico que existía el Llasa, la capital, era publicado por un cristiano y sólo para la clase gerba y para los extranjeros. Emisoras de radio tibetanas no existían, y además los escasos aparatos de radios estaban en posesión de los que tenían medios económicos, que eran muy pocos. El pueblo tibetano vivía en la mayor ignorancia, sujetos a esos lamas, situación que había durado muchos siglos.

Me pregunto si la gente de nuestro planeta conoce algo de la historia de este sufrido y atrasado pueblo. Al menos hoy existen escuelas, hospitales, suficiente atención médica y dental, periódicos, librerías y caminos. Recientemente se inauguró el tráfico por ferrocarril que une a Llasa con Pekín, una obra monumental. Los norteamericanos desean por todos los medios crear un Tíbet sesionado de China y para eso necesitan al Dalai Lama y de muchos monjes que quieren seguir disfrutando del ocio y de la opresión de su pueblo.

Pero, ¿qué hay detrás de las medidas de Obama respecto a China? La estrategia seguida por los gobiernos norteamericanos de implementar el libre comercio en China y una mayor integración de este país al mercado mundial capitalista para lograr cambios políticos sustanciales hasta aquí ha fracasado. USA aceptó en un principio y apoyó en cierta manera el surgimiento económico de China, bajo la expectativa de un cambio radical tanto en su política externa como en la interna. En lo interno era de esperar (por USA y sus aliados) la transformación del partido comunista en un partido socialdemócrata al estilo europeo, y la instauración de un capitalismo conforme al modelo neoliberal que impera en todo el mundo capitalista. Hasta aquí eso tampoco se ha visto realizado y aun cuando el PC chino ha cometido varios errores de derecha, incluso ha roto con el socialismo impulsó Mao, sigue una trayectoria que no es ni socialista ni capitalista. A diferencia de los últimos tiempos de la URSS, China no parece estar bailando en la cuerda floja, por lo contrario, ha pasado a ser la tercera economía mundial con reservas en moneda extranjera superior a los 2.000 millones de dólares. Su desarrollo interno también es loable a pesar de la superexplotación de sus trabajadores. Nunca antes en China se había invertido tanto dinero en la infraestructura del país. Ferrocarriles ultrarrápidos, nuevas carreteras que unen lugares distantes y antes inaccesibles, puentes, ciudades modernas con todo lo necesario para la vida de su población surgen por doquier.

¿Qué puede hacer USA ahora? ¿Ignorar o aislar a China? Parece irrealizable, toda vez que el mercado chino tan extenso atrae a los capitalistas de todo el mundo. Algunos sostienen que el dominio naval de USA en el Pacífico está siendo amenazado por el desarrollo de los misiles chinos de largo alcance, lo que preocuparía al actual gobierno, sobre todo, que los norteamericanos no desean por nada perder algo de su poder como superpotencia.

Desde luego que la geopolítica norteamericana busca disminuir el poder de China. Para eso se ve como necesario que ciertas regiones se independicen de China, como el Tíbet y Taiwán que los chinos que son parte inalienable de su territorio. Por esa razón USA, con el Calígula anterior y ahora con Obama, apoyan a los taiwaneses que están por liberarse totalmente de China. USA contempla entre sus tareas militares el apoyo a Taiwán por lo que no va a permitir el uso de la fuerza por parte de China contra los independistas, no por razones morales, simplemente por razones geopolíticas. El temor de USA de un enfrentamiento directo con China lo obliga a armar mejor a Taiwán y así, por el momento, obligar a China a renunciar al empleo de la guerra. De allí la venta de armas modernas, sofisticadas y en número apreciable.
 

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