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Conflictos sociales actuales en Centroamérica y la lucha de castas

Los estratos de clase en Centroamérica subsisten sin la más mínima interacción, en mundos completamente distintos

20/09/2009 - Autor: Julio Abdel Aziz Valdez - Fuente: Webislam
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Manifestación en Honduras.
Manifestación en Honduras.

Sobre la acera de una calle de Mombai, India, pasea un hombre al lado de su esposa, ese verano de 1950 hizo más caluroso el ambiente de lo que regularmente solía ser , la plática fluía con naturalidad sino hubiera sido por hecho que a sus ojos parecía normal, otros hombres y mujeres que caminaban en sentido contrario al verlos venir bajaban la mirada y bajaban la acera en forma apresurada y es que aquellas personas Brahmanes pertenecientes a las castas más altas en la India post colonial, Mumbai resplandecía con muchos negocios nuevos y exitosos y eso produjo que muchas personas de castas altas salieran a disfrutar de una ciudad que con su trabajo consideraban que estaban construyendo. Esas personas que bajaban la vista eran Sudras, que según la religiosidad india habían nacido para atender a los Brahmanes y no podía compartir la misma acera.

La lucha por la independencia liderada por Mohandas Gandhi y los esfuerzos del Partido del Congreso plasmados en la constitución cuando abolieron la intocabilidad no pudieron de tajo cambiar una sociedad de miles de años bajo de exclusión racial, cultural y menos la económica, incluso fue ampliamente difundido el film testimonial de la vida de Poolan Devi que fue nombrada como la Reina de los Bandidos en los años noventas y que mostraba la revuelta acaecida en la década de los sesentas contra las castas superiores, la sociedad vio reflejada un problema que aún hoy en día subsiste.

¿Qué tiene esto que ver con Centroamérica?, pues bien, durante las décadas de los sesentas, setentas y ochentas con mayor intensidad los conflictos armados en Nicaragua, Guatemala y El Salvador, las organizaciones político militares de izquierda como actores principales, bajo el argumento de la exclusión política y la pobreza movilizaron amplios sectores sociales, la pobreza pesaba más que la diferencia cultural, tanto que durante la agresión norteamericana contra la Nicaragua Sandinista la CIA recurrió a una estrategia ya validada en Vietnam y Afganistán, la de recurrir con las minorías étnicas que se encontraban en la periferia del sistema y bajo el argumento de la lucha contra la homogenización y la resistencia histórica, es así como Misquitos, Sumos y Ramas comienzan a formar sus propias organizaciones de resistencia contra el Sandinismo mas clasista y nacionalista en el cual no cabían.

En Guatemala, la dimensión del conflicto fue colorido, no solo por la cantidad de grupos étnicos sino por las cantidades de personas que ambos bandos llegaron a movilizar, que al final resulto en una victoria del Estado que finalmente reconoció la diferencia y negocio el poder local a favor de la cultura, la izquierda por su lado no volvería a ser significativa en el campo, de hecho algunos intelectuales no dudan en afirmar en el cobro de factura por su incapacidad de defender y de potenciar las demandas culturales es lo que hoy en día se traduce en un ínfimo apoyo electoral.

La paz, al menos oficial se instaló en la década de los noventas, los niveles de delincuencia se dispararon hasta niveles más altos que en la época del conflicto armado, el narcotráfico se hizo del poder local en cientos de comunidades y su cultura penetró por medio del arte musical y en la misma definición de la vida y muerte.

2009 se puede calificar como el año vitrina de conflictos aún no resueltos y que difícilmente habrá de encontrar solución con las actuales estructuras de estado. Con una tasa de 15 muertos diarios, muchos de ellos relacionados a actos delincuenciales cotidianos y otros por ajustes de cuentas, son las calles de las barriadas pobres y marginadas las que presentan la mayor cantidad de muertes, tal es el grado que se aprende a vivir el día y en la inseguridad, observar el cadáver tendido ya no es raro, pero algo sucedió a inicios de año 2009, en un barrio elegante es asesinado un abogado blanco y culturalmente afín a las elites empresariales en el momento de sus ejercicios matutinos, esto desata una serie de protestas de la población culturalmente afín, los que gastan millones de dólares anualmente en pagar agencias de seguridad para resguardar negocios, calles, casas, niños que van a prestigiosos colegios, a ellos se suma otras personas pertenecientes a las clases medias con aspiraciones que aún cuando no vivan en los guetos la clase alta, sienten que la inseguridad ha llegado a un tope con haber tocado “a uno de ellos”.

Hay peticiones para que el gobernante sea depuesto, como sucedía en épocas anteriores, y aplicar castigos fuertes contra los transgresores. El gobierno por su lado acude al clientelismo electoral y moviliza a miles de personas de las barriadas y aldeas para que defiendas los beneficios que el gobernante proporciona, no el Estado. Las calles de Guatemala se convierten así en crisol de colores y olores que las estadísticas definen como una de las naciones más desiguales, no son pocos los “perfumados”, “los Caqueros” que califican a los otros como “choleros”, “indios”, los intelectuales de ambos lados señalan a los otros por su pertenencia social, raza e historia, aún cuando no eran pocos los que hubieran querido que estas diferencias históricas se dirimieran con sangre en la calle, como no se dio durante el conflicto armado porque hay que recordar que los bandos enfrentados en el campo no eran hombres y mujeres provenientes de lo que Marx defina como “Clases antagónicas” sino soldados, población pobre y marginada y guerrilleros, por lo regular todos de las mismas clases y razas.

Las semillas del odio

Un niño sube a un bus escolar repleto de compañeros todos se dirigen en la madrugada a su colegio (así son conocidas las instituciones privadas de educación en Guatemala) y frente a su ventana desfilan otros niños que caminando se dirigen a su escuela (así se conocen a las instituciones públicas de enseñanza en Guatemala) zapatos desgastados y pantalones remendados, a ellos les toca lidiar con maestros que ocupan gran parte del año en huelgas magisteriales, en el acoso de pandilleros, falta de agua y servicios sanitarios y sobre todo con una educación que reproduce prejuicios y la marginalidad.

El niño en el bus, por su parte, va a instituciones limpias, donde la participación de los padres es constante en tanto que cuidan la inversión que se hace mensualmente, alta para los estándares locales (las colegiaturas están por encima de lo que legalmente es un salario promedio para más del ochenta por ciento de la población) muchos de los colegios forman ciudadanos mirando a Estados Unidos y Europa, es por eso que en los últimos años Guatemala se ha lucido internacionalmente en competiciones de golf, velero, boliche, alpinismo, equitación, tiro al blanco y hasta polo, además de los académicos renombrados como el mismo vicepresidente que es uno de los cardiólogos de mayor estima en los Estados Unidos, existen físicos, informáticos, matemáticos, ingenieros y empresarios, esto a diferencia del otro lado de la moneda, Guatemala cuenta con sus propias estructuras de narcotráfico, asesinos despiadados, secuestradores que no piensan dos veces antes que desmembrar a sus víctimas, genocidas y funcionarios ampliamente conocidos por su corrupción. En medio de los extremos una enorme clase trabajadora que subsiste en condiciones de sobrevivencia, reproduciendo culturalmente la dominación.

Los intelectuales liberales hacen referencia a las posibilidades que el sistema proporciona para que esos marginados, por medio del “trabajo y constancia” puedan alcanzar las mieles de la prosperidad, hasta que eventos como el de la muerte del abogado prestigioso sucede, que es cuando se solicita volver a la mano dura.

La diversidad cultural de las 22 etnias, la existencia de clases sociales, y la diferencias religiosas, dentro de una licuadora forman un cuarto estadio, las diferencias de castas, como aquellas realidades inamovibles que en determinados momentos son percibidas como hereditarias o incluso como determinantes divinas. En estudios realizados por entidades encargadas del tema de la niñez mostraban que la falta de educación desarrolla ciudadano sin ninguna perspectiva de crecimiento humano, las oportunidades son tan limitadas que los objetivos se centran en que las niñas aprendan para que espacien más sus embarazos o que simplemente no alcancen los promedios de más de tres hijos, que los niños puedan diversificar sus oportunidades de ingreso por medio de otros empleos mejor remunerados que el de ser pequeño productor agrícola.

Para un niño blanco de las clases medias altas y la elite, muchas de las diferencias se siguen explicando por la pertenencia étnica, y ese se ha convertido en uno de los temas más airados para escenificar el racismo, una mujer con vestimenta indígena es sinónimo de empleada domestica o vendedora de mercado, no el de una abogada o medico, un hombre con pómulos saltones, bajo de estatura y con acento pueblerino solo puede ser agente de seguridad no un profesional, un extranjero europeo o norteamericano es un funcionario de agencia internacional o un turista, claro está que en plano académico este personaje pasa a tener mucha más audiencia que un local entre locales.

Cuando se produjeron los movimientos ciudadanos a favor del esclarecimiento del asesinato del abogado guatemalteco y cuando producen los apoyos al gobierno golpista de Honduras, es imposible poder hacer caso omiso a una realidad cultural que no ha podido solventar el tema de las diferencias raciales, clasistas que se fusionan en una realidad social dividida en castas. Cada extremo de esta realidad que vive y alimenta en guetos urbanos, ensimismados cada uno de ellos, con sus propias escuelas, lugares de diversión y socialización hasta culturas diferenciadas, cristianos como común denominador, pero con un cristianismo igualmente diferenciado, que para el caso extremo de Guatemala separa a indígenas de mestizos, aborda a ambos como si las diferencias clasistas, etarias y de género no existiesen.

Entre los shucos y los perfumados

Miles de manifestantes luciendo impecables vestimentas blancas, lentes oscuros y tenis de marca desfilan por primera vez la ciudad llevando por delante muestras de enojo que pocas veces muestran como conglomerado, los intelectuales de izquierda no dudaron en llamar a estos miles de manifestantes “los caqueros” o “los perfumados” como en el siglo XIX los liberales llamaban a los conservadores como “cachurecos” o fundamentalistas católicos.

Detrás de estas movilizaciones de “perfumados” que lejos están de convertirse en movimientos sociales si existe un programa, de lo que Guatemala y Honduras carecen desde el sector más de izquierda, la necesidad de defender la constitución, poner fin al avance del socialismo de siglo XXI y sobre todo no permitir que las castas subalternas tomen el control del Estado.

Durante los conflictos armados los ejércitos nacionales la hicieron de guardianes del orden, las castas superiores podían encontrar refugio en sus guetos resguardados por guardas privados y en un tercer circulo de defensa las fuerzas armadas. Estos ejércitos fueron desarticulados y se reinventaron de cara a las demandas de defensa sin el conflicto de clases que sostenían los grupos insurgentes, este abandono aparente, llevo a que las clases superiores sintieran una especie de abandono, prontamente los guardas privados fueron insuficientes para resguardar viviendas e inversiones.

Esas castas inferiores no dejaron de crecer, incluso ahora son mucho más y con la motivación para atentar contra los castas superiores, los secuestros se convirtieron en un azote durante los primeros años después de haberse firmado los sendos acuerdos de paz, esto motivo prontamente la acción ciudadana de las castas superiores y traen a colación una propuesta que parecía incongruente con los nuevos tiempos de paz, la Pena de Muerte, que se aplica a diario en forma extrajudicial, pero estas castas desean retomar el control y su papel dominante por medio de la aplicación de esta contra el secuestrador lo paradójico de esta situación estriba en que aún sigue sin aclararse los más de cuarenta y cinco mil desapariciones forzadas que se produjeron durante el conflicto armado, las agrupaciones ciudadanas blancas no hacen causa común con las organizaciones que reclaman justicia por aquellos hechos y, esto es fácil de entender dado que en el conflicto el enemigo del Estado se ha convertido ahora en el pandillero, se le sigue viendo fuera de su contexto histórico y con la distorsión cognitiva que se crea sobre él y lo que representa.

Los estratos de clase en Centroamérica subsisten sin la más mínima interacción, en mundos completamente distintos, cíclicamente Guatemala vive hambrunas que secuestran la vida de miles de niños por años y cíclicamente también se producen colectas masivas de alimentos, las castas se atavían de camisas blancas y llevan su donativo, las mismas castas que protestan en la calle cuando se ven amenazados por políticas fiscales que “amenazan” con ampliar la tasa tributaria, por lo tanto las castas además de asumir una relación desigual desde la raza, también es profundamente liberal.

 

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