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Origen y doctrina de la Shía (primera parte)

Antecedentes históricos

12/09/2008 - Autor: Shaie Brisam - Fuente: Webislam
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Shiitas haciendo salat en el mausoleo de Kerbala.
Shiitas haciendo salat en el mausoleo de Kerbala.

La Shía es una escuela dentro del Islam. Surgió a la muerte del Profeta con motivo del desacuerdo a la hora de su sucesión. Shía significa “los partidarios” y así se denomina a quienes tomaron partido por Ali Ibn Abu Talib, primo y yerno de Muhammad.

A la muerte de Muhammad, se produce una diferencia de opinión entre quienes pensaban que su sucesor había de ser un miembro de la tribu de los Coraish, elegido en asamblea y quienes opinaban que el más capacitado para liderar a la incipiente comunidad musulmana era Ali.

Los partidarios de Ali sostenían que él era el sucesor natural por varias razones: Nunca había sido idólatra ya que aceptó el Islam siendo un niño de siete u ocho años; fue, con Jadicha, el primero en aceptar el mensaje de Muhammad; cuando Muhammad perdió a sus madre, fue criado por el padre de Ali y Ali fue criado por Muhammad; siempre fue un miembro de su casa; estaba casado con la única hija de Muhammad; además de el aprecio público que el Profeta siempre manifestó hacia sus cualidades.

Mientras Ali se ocupaba del cuerpo sin vida de Muhammad sus adversarios políticos, en una hábil maniobra destinada a dejar fuera de juego a los “auxiliares” de Medina y conservar el poder en las manos de la aristocracia Coraish, eligieron a Abu Bakr, amigo y suegro de Muhammad para que le sucediera en las tareas de dirección de la comunidad.

Según la mayoría de fuentes Shías, fue a partir de este momento que empezó el maltrato hacia la familia del Profeta; siendo despojada Fátima de sus herencia por orden de Abu Bakr e instigación de Umar ibn Jatab. El propósito de tal expolio sería el de privar a Ali, además de su liderazgo, de su capacidad económica que posibilitara una oposición fuerte al nuevo califa.

Sin embargo, dentro de la Shía, las opiniones no son unánimes en este punto. Por ejemplo, el Ayatollah al Uzma ( gran signo de Allah) Muhammad Hussein Fadlallah, sostiene que no hay ninguna evidencia histórica que apoye esta versión y, sin embargo, si las hay de que Ali colaboró en las tareas de gobierno tanto con Abu Bakr como con Umar Ibn Jatab, al que, siempre según esta versión, unía una gran amistad. Este último punto no parece descabellado ya que, con el tiempo y debido a sucesivos enlaces matrimoniales, llegaron a ser familia política.

En cualquier forma, si Ali consideraba que el califato le correspondía a él, guardó silencio y lo mismo sucedió, cuando a la muerte de Abu Bakr, fue Umar el elegido como califa. Durante este periodo no era extraño que tanto uno como otro acudieran a Ali en busca de consejo debido a su gran conocimiento del mensaje de Muhammad, así lo acreditan las fuentes, por lo que no parece muy creíble la versión de la enemistad entre ellos.

Cuando fue Uthman el elegido para suceder a Umar, el descontento creció entre varios sectores de la comunidad que le acusaban de corrupción. El hecho de que todo el poder recayera en manos sus parientes, los omeyas, incrementaron el descontento hasta el punto de que el califa fue asesinado por dos de sus opositores.

En este momento, prácticamente todos los musulmanes de Medina, estuvieron de acuerdo en que el califato correspondía a Ali; de hecho, fue el único califa elegido democráticamente. Esto no evitó que dicho califato estuviera marcado por los conflictos que desestabilizaron el incipiente imperio islámico.

Muawiya, miembro destacado de la familia de los omeyas y gobernador de Siria, acusó a Ali de no vengar la muerte de su pariente Uthman y dividió a la comunidad en una guerra civil en la que algunos de los compañeros del Profeta y su esposa Aisha se alinearon del lado de Muawiya. Después de varias batallas se llegó a una solución de arbitrio que, con posterioridad, fue fuente de graves problemas.

El corto y conflictivo califato de Ali Ibn Abu Talib llegó a su fin al ser asesinado por un jariyí mientras rezaba en la mezquita. A su muerte, a pesar de que tanto la península arábiga como gran parte de Irak, estaban a favor de la sucesión de Hassan ibn Ali, Muawiya efectuó lo que hoy calificaríamos como un golpe de estado y el califato volvió a las manos de los Omeyas que decretaron la sucesión hereditaria, yendo en contra del parecer, tanto de los partidarios de Ali que postulaban por que la guía de la comunidad correspondía a la familia del Profeta, como de los sunnis que abogaban por que el califa debía de ser elegido por la comunidad.

Tanto el asesinato de Ali, como la usurpación del califato por Muawiya, hicieron que los partidarios de Ali radicalizaron su sentimiento de que el Islam y el Profeta habían sido traicionados. Este sentimiento no hizo sino exacerbarse con los acontecimientos posteriores

Después de la muerte de Muawiya, terminó la tregua que éste había concertado con Hassan Ibn Ali. Yacid, hijo de Muawiya, trató de que Hussein, hermano de Hassan, renunciara a sus aspiraciones al califato. Hussein fue llamado por sus partidarios de Irak para encabezar la lucha contra el poder Omeya y se puso en camino con sus familiares y un pequeño grupo de seguidores. Cuando estaba a mitad de camino, sus partidarios se pasaron al bando de Yacid, negándole su apoyo. En Kerbala fue asesinado junto 68 acompañantes, 17 de ellos eran sus familiares directos: 6 hermanos; hijos de Ali Ibn Abu Talib; 2 hijos, uno de ellos era sólo un bebé; 3 sobrinos, hijos de Hassan Ibn Ali; 6 primos, hijos de los hermanos de Ali Ibn Abu Talib.

Esta tragedia es recordada hoy día por millones de musulmanes en todo el mundo, tanto sunnis como shías. Estos últimos han desarrollado todo un culto al martirio que escenifican en Ashura, cada 10 de Muharram, aniversario de la masacre de Kerbala. También significó un punto de inflexión en la Umma ya que a partir de entonces los shías desarrollaron sus propias escuelas de pensamiento, jurisprudencia, filosofía, etc. A lo largo de la historia las diferencias, que comenzaron como una cuestión política y continuaron siendo una cuestión política; llegaron a desembocar, en ocasiones, en enfrentamientos armados. Estas diferencias han sido fomentadas y magnificadas para servir intereses políticos y para ello se han servido del desconocimiento y demonización mutuas. Esto es clarísimo si tenemos en cuenta que, en cuestión de doctrina, las diferencias son mínimas; no mayores de las que pueden existir entre las distintas escuelas de pensamiento o jurisprudencia  sunnis. No hay mayor diferencia entre shías y sunnis de la que pueda haber entre wahabies y sufis, siendo ambos de confesión sunni. Es por esto que, sólo con que el Islam dejara de estar politizado, la unidad de los  musulmanes sería un hecho; quizás sea esa la razón de que tanto se insista en la politización del Islam y en las diferencias entre los musulmanes.

 

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