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El piache en los imaginarios Wayuu

Reseña etnográfica de la etnia Wayuu

08/07/2008 - Autor: Pedro Delgado Moscarella
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Reseña etnográfica

La Guajira está ubicada en la parte nororiental de Colombia, dentro de de su toponimia, todo el territorio peninsular y marino es ancestral donde están incluidas zonas contiguas a la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá. En estos territorios habitan los Wayuu.

Los indígenas Wayuu o Guajiros tienen como actividad principal el pastoreo que se dinamiza con la venta de carne y sus derivados y el comercio con Venezuela; siendo los principales transportadores de productos alimenticios que son comercializados en ambas direcciones. Además debido a la actividad del contrabando, el cual tiene como puertos de desembarque la Alta Guajira, son estos los que se dedican al descargue de mercancías de los barcos, y transporte de las mismas en camiones, por trochas que conocen perfectamente y les permite burlar la acción de las autoridades aduaneras que controlan esta actividad.

El clima durante casi todo el año es cálido seco con períodos de lluvia entre los meses de agosto y diciembre, motivo por el cual la carencia de agua es una de las dificultades de la región. Para suplir esta necesidad, existen molinos de viento que extraen el agua desde profundidades de mas de 50 metros. Además se han construido jagueyes que almacenas el agua en períodos de lluvia y abastece durante el resto del año a las comunidades de esta región.

La densidad poblacional de los Wayuu se presenta en los municipios de Uribia, Manaure y Maicao, proporcionalmente, donde se alberga la mayoría, la cual esta estimada en 125.000 personas aproximadamente. Podría afirmarse que la población Wayuu representa la tercera parte de la población del Departamento de la Guajira siendo el grupo indígena más numeroso en Colombia.

La lengua Guajira está comprendida dentro de la familia Arawak describiéndose algunas variaciones dentro de sus moradores, pudiéndose decir que existe un dialecto arribero – el de la Alta Guajira – y un dialecto abajero – del centro y sur de la Guajira.

La organización social está compuesta por clanes matrilineales no exogámicos siendo la poligamia el sistema más frecuente de matrimonio siendo desde la antigüedad los poderosos económicamente quienes accedían a tener familias numerosas. El acuerdo matrimonial se lleva a cabo utilizando ganado vacuno o caprino, joyas elaboradas bajo la tradición Wayuu a la que le denominan collares y dinero en efectivo. El valor de una mujer varía de acuerdo a su casta, familia, posición social y edad. El monto es asignado por los tíos maternos quienes son los que reciben el patrimonio acordado y distribuido entre ellos.

Las variadas relaciones que se establecen entre los clanes y familias, crean un orden social los cuales tienen su base en el parentesco y la territorialidad marcando formas predominantes de control y regulación social en los cuales la compensación y venganza se substituyen como dispositivos de solución de conflictos.

Personajes principales de la etnia Wayuu

El tipo de exigencias que el medio natural ha hecho del Wayuu encontramos al Palabrero y el Piache. El primero maneja los principios de justicia. Sobre este recae la solución de conflictos entre Clanes o familias. El palabrero es solamente un emisor de mensajes entre agredidos y agresores. Estas situaciones se resuelven mediante una compensación según las circunstancias. La compensación se compone de ganado, joyas o dinero el cual es reunido por el Clan del agresor y luego es entregado a la familia de la víctima siendo intermediario el Palabrero. Del monto entregado se estipula una parte al Palabrero como asignación de honorarios.

De modo general puede decirse que el Wayuu no distingue entre el dolor y la culpa: “penalizan” el hecho a partir de la acción misma. Siempre se es víctima en cualquier suceso que se afecte, física o sicológicamente a una persona sea el agresor un ser natural o sobre natural, como Pulowi, Wanulu o Yolujaa. Frente a estos seres sobrenaturales surge la mediación del Piache o Outshi si es hombre o Outsu si es mujer.

El Piache

El Wayuu más allá del profundo sentido de concebir la vida como armonía entre lo social y lo natural, también conciben desórdenes de estos estados los cuales están enmarcados dentro de lo sobrenatural. El palabrero quien actúa como mediador ante lo social y natural posee características perceptibles, las cuales pueden cuantificarse y cualificarse de acuerdo a su comportamiento social. Mientras que el Piache posee cualidades y características que sólo son perceptibles por el mismo. Es el Piache el intermediario entre Wanulu- que representa el espíritu de la enfermedad y las desgracias- y Yoluja- espíritu del Wayuu muerto- que los visita en sueño para darles consejo utilizando a Seyuu como el espíritu intermediario.

Iniciación del Piache

Doralisa Epinayú, mujer de 55 años, vive actualmente en la ranchería Yeurepo ubicada en la zona conocida como Cuatro vías en el Km 57 sobre la carretera Riohacha – Maicao, Guajira colombiana. Es madre de 8 hijos y abuela de 6 nietos. Tiene como compañero sentimental a Juan Gonzáles de 35 años con quien convive hace 6 años. Doralisa hasta hace pocos meses, se dedicaba a vender arepas asadas en el sector de cuatro vías, actividad que le proporcionaba el sustento de varios de sus hijos y nietos.

Desde inicios del año 2004, Doralisa empezó a padecer mareos permanentes que posteriormente se transformaron en desmayos. En varias oportunidades tuvo que ser trasladada a su ranchería inconciente debido a que se había desplomado, unas veces en su lugar de trabajo y otras, camino a su casa. Según ella, visitó varias veces a los médicos en Maicao, los cuales después de varios exámenes físicos y de laboratorio, le recomendaron que descansara y se alimentara bien – Doralisa es delgada – ya que los síntomas mostraban agotamiento y falta de alimentación nutritiva y balanceada.

Sin embargo el diagnóstico no la convenció ya que según la tradición Wayuu, la alimentación de ellos, basada en harina y carne, no les ha producido desnutrición, y su forma de vida, mucho menos le iría a producir agotamiento. Algo extraño pasaba en la vida de Doralisa por lo que sus familiares le recomendaron visitar a una Piache.

Doralisa decide visitar a María Ipuana, piache reconocida en el sector de la vía a Albania sur de la Guajira, quien goza de cierto prestigio en la zona por sus servicios como curandera. Para esto decide realizar el recorrido 14 Km en burro, ya que comenta Doralisa “el olor de gasolina me produce desmayos”.
María Ipuana es concebida como una mujer sabia, tendría unos 50 años. Los Wayuu llaman “sabios” a los verdaderos Piaches, sea hombre o mujer que saben ver y manipular el “otro mundo”, donde viven los seres sobrenaturales que presiden el destino de la naturaleza y de los humanos mientras que el hombre común accede de manera casual a ese mundo, por el sueño o la enfermedad, las dos salidas temporales del alma fuera del cuerpo.

De cara sobria, estaba allí en actitud de profunda meditación, sentada en una silla insegura bajo un trupillo, sus cabellos muy negros atados con una vincha blanca. Vestía su tradicional manta y calzaba las güaireñas típicas de esta cultura. Al verla, Doralisa hizo una reverencia en señal de respeto, y después de una larga conversación, donde le contó todos los síntomas que presentaba y los sucesos médicos ocurridos la piache empezó a hablarle.

Al terminar la larga pero elocuente conversación, Doralisa trajo la solución de su problema de salud a sus familiares. Los constantes desmayos y pérdidas de conocimiento era el indicativo que ella poseía las cualidades para ser una Piache, por tal motivo debía prepararse para iniciar los ritos que la sumirían en el mundo de lo intangible.

Ahora comprendía porqué sufría los permanentes desmayos. Esto se lo producía la pugna entre Yoluja y Seyuu en su cuerpo. Los permanentes sueños en los aparecía la madre de su primo Juan José, ya muerta, donde la invitaba a irse con ella al otro mundo. El olor de la gasolina que le producía mareos y desmayos, eran la prueba que poseía el espíritu de Seyuu a quien los olores fuertes le disgustan y para protegerse, deja inconciente a la persona donde se aloja.

Preparación para el rito de iniciación

Doralisa era conciente que el ritual al cual la sometería María tenía un costo. Este lo definiría el Seyuu que acompañaba a María el cual exigió la suma de 800.000.oo (300 euros aproximadamente) en efectivo, cuatro collares, un caballo pinto, un gallo chino y un revolver 38 largo marca caballo. Hay que aclarar que “los espíritus piden cosas difíciles de encontrar, pero hay que complacerlos” decía Doralisa.

Además debían tener para los días que durara la ceremonia, chivos suficientes para sacrificar, una vaca, chicha de maíz en cantidad ya que los espíritus se pueden resentir si ven poca comida. Cuando el dinero fue colectado entre los familiares de Doralisa además de la comida con la que se atendería a los asistentes a la ceremonia, se concretó con la Piache María la fecha del ceremonial.

“No debe haber ninguna clase de licor” añadió María; los espíritus se alejan y se tornan agresivos cuando hay licor en la ceremonia.
El viernes siete de abril se daría inicio a los ritos. Se comunicó a la profesora Temis Gómez de Delgado del colegio de la ranchería Yutao que los niños no asistirían ya que participarían en el baile de la Yonna comúnmente llamada chichamaya como uno de los eventos del ritual.

El jueves seis en la noche se dispuso de un cuarto de barro, con un chinchorro, una cadena de oro, un revolver, un peon, dos metros de tela gris todo colgado en el interior, además de un gato negro, el cual debería mirarlo la aspirante a Piache directamente a los ojos.

Esa misma noche, llegaron los familiares de Doralisa quienes se encargarían del sacrificio de los animales la preparación de los alimentos y atención de los visitantes. A partir de la media noche, doralisa no podría ser vista por nadie, solo por la Piache y la persona que ella escogiera. Para eso, se le debía revelar en sueño la imagen de la persona.

A las cuatro de la mañana del día viernes siete, la ranchería Yeurepo tenía mas movimiento que el de costumbre. Sillas plásticas se habían dispuesto alrededor del playón que sirve de plazoleta, el olor a café recién hecho y el crujir de la leña ahogaban el canto de los gallos. Lentamente fue apareciendo la luz del día y por el camino que conduce a la línea del ferrocarril, aparecía María, acompañada de Josué un tamborero de los mas prestigiosos de la región. Se dice que Josué puede tocar 24 horas de seguido sin cansarse. Sería el ritmo del tambor, que anunciaría a los mortales, el ceremonial, y a Seyuu, Wanulu y Yoruja que una nueva Piache se estaba consagrando para aumentar así la mediación entre este mundo y el otro.

A las seis de la mañana el tambor empezó a sonar, inclemente e implacable en el silencio de la ranchería, dentro de la habitación, se encontraba María, con su típica manta Guajira, una cinta tejida en colores llamativos rodeaba su cabeza y las maracas sonaban al ritmo de lo desconocido. No había concordancia entre el tambor y las maracas, pero maría no dejaba de moverse, cantando en Wayuunaiki, danzando y fumando tabaco alrededor de la hamaca donde se encontraba Doralisa.

Doralisa se encontraba frente al gato con la mirada fija, atendiendo la orden de su iniciadora. Danza, canto, humo de tabaco y ruido de maracas, sofocaban la tranquilidad del recinto.

Fuera, las voces de quienes tenían la experiencia de anteriores rituales recomendaban cosas como: Los huesos de la vaca y los chivos no pueden ser partidos, y al comer su carne deben ser guardados en un saco de fique y colgarlos en los árboles alrededor de la ranchería.

Se debe votar al monte comida suficiente, si no se hace, se provocará el malestar de los espíritus. Poco a poco la ranchería se fue llenando de invitados quienes conversaban en voz alta ya que el sonido del tambor ahogaba cualquier intento de comunicarse en voz baja. En el centro del patio, se disponían a bailar la Yonna cuyo baile posee una connotación sagrada y es bailada además en velorios, matrimonios y de igual forma cuando algún sueño lo indique o cuando algún espíritu lo demande. El baile busca fortalecer el poder de protección frente a los espíritus dañinos.

Así transcurrieron los tres días. El domingo en el medio día, el sonido del tambor se hacía mas agudo como presagio que una nueva Piache había sido admitida en mundo de lo intangible. Poco a poco la ranchería fue volviendo a su normalidad, pero Doralisa ya no sería la misma de antes, ahora sería vista como la oportunidad para enfrentar los males de provocadas por Wanulu. Le correspondía a ella diagnosticar y establecer la comunicación con el mundo sobrenatural, invocando a Seyuu su espíritu acompañante que servirá de interlocutor con los espíritus que provoque el malestar o la enfermedad a la persona.

Seyuu será el responsable de transmitirle la petición a Doralisa, siempre intentando hacer difícil la ofrenda, y ella a su vez comunicará a los familiares del enfermo las imposiciones de Wanulu. Será ella con la habilidad que le designe la experiencia, la encargada de negociar con las fuerzas ocultas creando un pacto de “toma y dame”.

Ahora Doralisa ya no se le ve en cuatro vías, el puesto donde vendía arepas, café y friche, lo ocupó su hija Clementina. Sus hábitos han cambiado, su comida debe ser preparada aparte, el perfume que compraba en las tiendas de Maicao, no lo puede usar, procura viajar en carros nuevos que no tengan escape de gasolina, las uñas no se las pinta y tampoco asiste a fiestas donde haya chirrinchi(bebida fermentada), aguardiente o whiskey, porque los olores que producen estas substancias pueden hacer enojar a Seyuu y tendrá que soportar nuevamente sus mareos y desmayos. A cambio de esto, su situación económica es mas estable, el diagnóstico y la cura lo cobra de acuerdo al clan y su posición social y económica. Las Lania- amuleto para protección contra desgracias, enfermedades y enemigos- es la “mercancía” que mas demanda tiene, “todos quieren estar asegurados” comenta Doralisa.

 

 

 

 

 

 

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