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Caminar hacia la luz

Si el gusano se convierte en mariposa ¿Podrá transformarse el ser humano en divino?

04/08/2007 - Autor: José Luis Molina Lledó - Fuente: Webislam
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Busca, oh alma, adquirir el conocimiento absoluto de las cosas, aprendiendo a conocer su forma y su esencia.
Busca, oh alma, adquirir el conocimiento absoluto de las cosas, aprendiendo a conocer su forma y su esencia.
Introduccion

Están el hombre y la mujer perfectamente construidos y ya no pueden mejorar? ¿Pueden mejorar?

Y si lo pueden, ¿Qué deben dejar de lado y hacía donde se deben dirigir? . Se dice que esta naturaleza esta sostenida por una naturaleza Superior o divina, ¿Puede el ser humano atravesar la naturaleza conocida (el aquí y el más allá) y conectar con la naturaleza superior o divina? En la naturaleza se producen transformaciones sorprendente. como el proceso del paso de gusano en crisálida y luego en mariposa. ¿Habrá algún método para que el ser humano deje ser el más peligroso depredador del ser humano y de todos los reinos que están por debajo de el?.

Muhammad ibn Alí ibn Muhammad ibn Al-Arabí Al-Hatimí nació el 7 de agosto de 1165 en Murcia, en el seno de una familia ilustre, tanto por su cultura (mantenía amistad con grandes intelectuales como el filósofo cordobés Averroes) como por su religiosidad (algunos de sus tíos fueron sufíes. El sufismo y los debates averroístas fomentaron en Ibn Arabí niño un espíritu tolerante como el que caracterizó a Al-Andalus hasta el siglo XII y que se vio truncado durante la infancia del futuro "revificador de la religión" por la invasión almohade y posterior ocupación de Murcia por las huestes de este movimiento integrista religioso-militar procedentes del Magreb.

Entonces, la familia Al-Arabí se trasladó a Sevilla (1173), donde el pequeño Muhammad estudió Gramática, Literatura, Teología y Filosofía con los mejores maestros de su época. Fue desposado en su adolescencia con una joven sevillana, Maryan bint Muhammad ibn Abdun, quien favoreció a su marido en sus inclinaciones hacia la vía del sufismo.
Desde Sevilla los viajes a Córdoba eran frecuentes y así relata Ibn Arabí su fugaz pero trascendental encuentro con quien fuera uno de los mayores filósofos del Medioevo junto a Santo Tomás de Aquino: "Pasé una jornada en Córdoba, en casa de Abú al-Walid ibn Rushd (Averroes), quien anteriormente había expresado su deseo de conocerme personalmente. Al parecer, le habían hablado de ciertas revelaciones por mí recibidas durante mi retiro espiritual, lo que despertó su curiosidad y extrañeza. Así, mi padre, que era amigo suyo, me llevó con el pretexto de que debía solucionar unos asuntos en Córdoba. En aquella época yo era todavía un joven imberbe. Al entrar en su casa, el filósofo se levantó para acogerme con grandes signos de amistad y afecto y me besó. Después me dijo: ¿Sí?, Y yo le respondí: Sí. Mostró alegría al ver que le comprendí. Al observar el motivo de su júbilo, le dije: No. Entonces Ibn Rushd se sorprendió, palideció y diríase que dudaba de sí mismo. Seguidamente me hizo la siguiente pregunta: ¿Qué respuesta has encontrado a las cuestiones de la Revelación y de la gracia divina?, ¿Coincide tu respuesta con la que se nos da en el pensamiento especulativo?. Y yo le contesté: Sí-No, Y entre el Sí y el No los espíritus vuelan más allá de la materia y las cabezas se separan de los cuerpos. Al escuchar esto, Ibn Rushd palideció e incluso tembló y escuché sus labios murmurar: No hay más fuerza y poder que la que viene de Dios. Luego había comprendido". Ibn Arabí (neoplatónico) no volvería a encontrarse con Averroes (aristotélico) hasta la muerte de este último, en Marrakech (1198) donde casualmente estaba el revificador del misticismo sufí y pudo relatar con respeto y admiración las honras fúnebres del maestro del protorracionalismo filosófico universal: "Su ataúd fue trasladado al cementerio colgado del costado de una bestia que tenía al otro lado de la montura los libros del maestro. Eran tantos los volúmenes de su biblioteca que hacía un contrapeso perfecto y fueron enterrados con él".
Ibn Arabi, trata de decirle a Averroes, que a través de la razón, en cierto sentido, podemos conocer a Dios, podemos participar del conocimiento de ser. Pero con este conocimiento no se produce ninguna transformación del ser. De ahí que la gnosis este por encima de la razón.
Así lo narra el propio Ibn Arabí en su colección de biografías de sufís de Al-Andalus, donde empieza destacando la religiosidad de cada uno de ellos y en especial la de aquellos que fueron sus guías espirituales, como su primera maestra, Shams de Marchena, a quien conoció cuando tenía 80 años: "Ella vivía en Marchena de los Olivares, donde yo iba con frecuencia a visitarla. Entre los hombres espirituales, nunca he conocido a nadie que tuviera semejante dominio de su alma. Sus prácticas y sus revelaciones eran realmente notables. Ocultaba su estado espiritual, pero sucedió que me confió en secreto un aspecto, pues a veces tenía revelaciones respecto a mí y sentí mucha alegría". Probablemente fue de Shams de quien Ibn Arabí aprendió el poder de "expresar los pensamientos de los demás" (telepatía), así como los dones de la clarividencia la premonición.

Hay discípulos de Ibn Arabí que relatan fenómenos de desdoblamiento del maestro en casa de Shams, quien ofrece siete tazas de té a siete Ibn Arabí que van llegando uno a uno a la invitación de la sufí de Marchena mientras el resto de condiscípulos del maestro murciano participan perplejos en el refrigerio.
Otra de las grandes mujeres del sufismo que actuaron como iniciadoras de Ibn Arabí en la vía fue Fátima de Córdoba: "Cuando la conocí, ya tenía 90 años y se alimentaba de restos de alimentos. Aunque tan vieja y comía tan poco, me daba vergüenza mirarla a la cara, pues la tenía rosada y fresca" (en Al-Andalus, al contrario que en otros países islámicos de la época, era normal que las mujeres anduvieran con el rostro descubierto). Fátima fue quien designó con toda claridad las cualidades de Ibn Arabí, como él mismo relata en la biografía de su maestra: "Los otros vienen a verme con una parte de ellos mismos, dejando en sus casas la otra parte, mientras que mi hijo Ibn Arabí es un consuelo para mí, él es la frescura de mis ojos, porque cuando viene a verme, viene todo entero; cuando se levanta, se levanta toda su persona y cuando se sienta, se sienta con toda su persona. No deja nada de sí mismo, en otra parte. De esta forma es como conviene estar en la Vía". De ella también dijo Ibn Arabí que vivía acompañada por yinns creyentes. Es decir, por genios o elementales de la Naturaleza que habían reconocido el mensaje coránico y que se ofrecían para servirla, pero ella los rechazaba y prefería seguir en la pobreza.
En 1202 Ibn Arabí decidió viajar peregrinar hacia la Meca, luego de viajar algún tiempo por el norte de África. Se dice que cuando llegó a la ciudad santa se encontró con un grupo de inminente persas, sufíes que lo acogieron en su seno a pesar de las habladurías que habían escuchado sobre su persona. El jefe de la comunidad persa, llamado Mukinuddin tenía una hija muy hermosa llamada Nizam, culta en asuntos religiosos. Ibn Arabí quedo afectado al ver la belleza de Nizam, esto le hizo que escribiera a la manera que Dante escribió a Beatriz, metáforas amorosas expresando sus experiencias espirituales, llegando a la conclusión de que la belleza humana en todo ornamento natural era un reflejo de la belleza divina. Por ello puedo decir: La visión de Dios en la mujer es la más perfecta de todas. Los versos escandalizaron a los ortodoxos, y preciso que el elogio a la belleza se refería a Dios autor de todo Bien.. Aquella criatura tan perfecta, le dijo, es sólo la imagen de una belleza más perfecta.
A la edad de sesenta años, en 1233, se instaló en Damasco, y durante 18 años trabajó, enseñó en esa ciudad, hasta que murió en calma a las setenta y ocho años, cuando había alcanzado entre los sufíes el nombre de “gran maestro”. La obra escrita por Ibn Arabí se dice que son cuantiosas, lo más curioso era la forma en que fueron escritas, decía a sus discípulos que la inspiración le llegaba como un relámpago, obligándolo a transcribir hasta el agotamiento sus visiones y revelaciones místicas. Dice del libro de las Revelaciones de la Meca o Fotuhat, un de sus principales obras, que no fue escrito por una elección libre por su parte, ni fruto de una deliberada reflexión, Dios me ha dictado en verdad, por el órgano del Ángel de la inspiración todo lo que he escrito.
Sus discípulos nos han transmitido las tres formas de conocimiento mencionadas por Ibn Arabí:
1ª) Conocimiento intelectual, como información y recopilación de hechos, aunque su utilización sirve para acceder a otros conceptos intelectuales.
2ª) El conocimiento de los estados, incluye las emociones o cuando el ser humano cree percibir algo supremo sobre lo que no puede obtener dominio.
3ª) Conocimiento genuino o de la Realidad. En este estadio el ser humano puede percibir lo que es correcto más allá del pensamiento y los sentidos.
Según los sufíes, los académicos y los científicos se concentran sobre la primera forma de conocimiento. Los emocionales utilizan la segunda, otros combinan ambas, o las utilizan de forma alternativa. Los que llegan a la verdad conocen la manera de conectarse con la Realidad que subyace más allá de las primeras formas de conocimiento.
Una vez recorrida la biografía de Ibn Arabí, vamos a centrarnos en un de los textos que escribió denominado “El Tratado de la Unidad” . Fue traducido al francés en 1911 por Abdul-Hadi. Por sus características, no recuerda en nada sus otros trabajos, por lo cual ha sido negada por muchos estudiosos su paternidad. El motivo central del Risalatul es un célebre Hadith o sentencia atribuida al profeta: “: Quién se conoce a sí mismo conoce a su Señor”.
El conocimiento de sí es la llave del conocimiento de mi Señor. Como está escrito en el Corán: Les mostraremos nuestro signos en el mundo y en ellos mismos, para que le sea manifiesta la verdad.
El primer paso para el conocimiento de sí, es saber que estamos compuestos de una forma exterior, nuestro cuerpo, y una entidad interior llamada corazón o alma. Nada hay más próximo a nosotros que nosotros mismos, y si no nos conocemos ¿Cómo podríamos conocer otras cosas?.
Este conocimiento no se refiere a nuestra parte exterior del cuerpo, ni a la sensación de hambre o darse cuenta cuando estamos coléricos , ¿Adelantarías algo en este camino, ya que eso lo compartes con las bestias?
El verdadero conocimiento es saber ¿Qué somos y de dónde hemos venido? ¿Dónde vamos y que objetivo tenemos asignado en este pequeño espacio de tiempo, y en que consiste la verdadera felicidad?
Podríamos decir que hay un Único y una diversidad de únicos, de lo que se trata que cada uno de los universos minimizados conozca el plan divino y de esta manera pueda colaborar con dicho Plan. En el corazón de cada único, está escrito el Corán minimizado, este Corán como una antena emite vibraciones de las cuales debemos ser conscientes, pero debido a nuestra inmersión en la materia no sabemos interpretarlas y es nuestra ignorancia la que nos hace creer que la eternidad se puede conseguir en este mundo, de ahí que nos unamos a las creaciones efímeras, cuando vivenciamos por la experiencia que toda creación en este mundo tiene un principio un crecimiento y un final, sufrimos y este sufrimiento nos hace preguntarnos ¿por qué me pasa a mí esto? De la misma manera que una enfermedad puede hacernos replantearnos él por qué de la vida, la pérdida constante de los bienes efímeros puede llevarnos a no perseguirlos más, y en ese hueco comprender al que lo sostiene todo.
«Busca, oh alma, adquirir el conocimiento absoluto de las cosas, aprendiendo a conocer su forma y su esencia. Pero desdeña sus cualidades y su multiplicidad. Pues la verdadera Vida, así como su Esencia, es una y eterna, y no existe nada que se interponga entre ella y el alma.» (Hermes Trismegistos).
Podríamos decir que hay una Fuente de la Vida y esta Fuente engloba, envuelve a toda la creación, pero sin recibir influencia de Ella, Está fuerza alimenta al alma, si el alma accede a ser receptiva. Este mundo es para el alma una posada provisional, el alma debe ir más lejos.
Ibn Arabí dice en su libro Tratado de la Unidad:
En aquella gloria no hay yo, ni nosotros, ni tú., Yo, nosotros, tú y Él, todo es una y la misma cosa.
ÉL no está en ninguna cosa y ninguna cosa está en Él,. Es preciso conocerle, pero no por la ciencia, la inteligencia, la imaginación, la sagacidad, los sentidos, la visión exterior, la visión interior o el razonamiento. Él sólo puede ser comprendido por la luz de la intuición, un rayo de la propia luz divina que Dios proyecta en el corazón del ser humano, de no ser así el alma nunca podría alcanzar la Unidad. La idea de paz, de fraternidad, está cómo enterrada en todos los seres humano ¡ ¡Quién no desea esa tranquilidad! De ahí que filósofos, políticos etc. escriban o formen grupos encaminados a esa hermandad que se anhela, pero al mismo tiempo, nace un grupo que se opone a la otra formación, estamos trabajando en la dualidad de este mundo, de ahí que se hable de salir de la dualidad, de los opuestos. Imaginemos una rueda, periferia, radios y centro ¿Dónde hay más quietud? Si ponemos nuestra conciencia en la periferia, siempre está en constante movimiento, si la vamos acercando al centro, al corazón de la rueda disminuye el movimiento nuestra conciencia se acerca al reposo. Y en ese reposo el alma encuentra al espíritu, o el amado encuentra al amante, se producen las bodas místicas
Esto le hace decir a Rumi:
He desechado la dualidad
Y visto que los dos mundos son
Uno solo.
Uno es el que busco y Uno el que
Conozco.
Uno es el que veo y Uno el que llamo.
De ahí que diga Ibn Arabí, la Vía del conocimiento presupone la renunciación, pero renunciación significa reconocimiento de lo que no es. De ahí que la renunciación no supone mérito, sino conocimiento, porque en definitiva el sabio deja atrás la ignorancia. Podríamos decir que nuestro Señor es como el Sol, nos alumbra sin tener en cuenta que somos y que hacemos, el alimento, la energía viene de Él, sin Él no habría nada. Cuando los sentidos no presentan la existencia tal como ellos la ven y con esta información nuestro intelecto elabora los preceptos y dice esta es la existencia, esta existencia está basada en lo falso, de ahí que su vida sea corta. Por ejemplo: Un ser humano ignora alguna cosa y después la aprende. Con esto no es su existencia la que de desvanece sino su ignorancia. Su existencia continua porque no ha sido canjeada por la de otro, la existencia del sabio no se ha venido a sumar al del ignorante, no se ha producido mezcla de las dos existencias. Por ese motivo lo que tenemos que hacer es acabar con nuestra ignorancia no con nuestra existencia. No debemos construir nosotros un paraíso en esta tierra, el paraíso ya está construido y nuestra alma debe elevarse y llegar al él, pero para eso necesitamos una preparación. Por ejemplo: Un montañero que quiere escalar una montaña, es claro que ha oído hablar de esa montaña, ha indagado y preguntado sobre ella, después se prepara en el llano y transita por montañas más pequeñas, hasta que decide encaminarse hacia su objetivo, todo está preparado carga con su equipaje y emprenden el viaje, cuando más cerca esta del pico, tiene que hacer más esfuerzo de ahí que debe aligerar su carga. Podríamos que para que el alma pueda llegar a la montaña del espíritu, debe dejar el fardo de la ignorancia.

Por eso el profeta ha dicho: “morir antes de morir”, es decir. “ Conoceos a vosotros mismos, vuestra alma. vuestro proprium antes de morir. Hay aquí una incitación a vivir muriendo. Será necesario saber el significado de estas palabras, porque sólo tras esta muerte puede hallarse la Vida. ¿Qué querrá decirnos el Profeta con estas palabras? ¿Debemos espera nuestra muerte física de forma natural o podemos acelerarla? ¿Deberíamos suicidarnos para llegar a Dios? ¿Deberíamos maltratar nuestro cuerpo para de esa forma morir más pronto? ¿Qué es la muerte? 

La muerte es la separación del alma del cuerpo, y depende de la preparación el que esta separación se efectúa de forma dolorosa o tranquila.

¿Han tocado alguna vez a una persona muerte? El cuerpo está frío, ¿Qué ha ocurrido?
Podríamos decir que hay tres clases de muertes:
La primera, es la que conocemos todos y a los que estamos sometidos la mayoría de nosotros, es este caso, no se ha producido la preparación para la muerte, y el alma sólo conoce al cuerpo, por eso no quiere desprenderse de él, después de la separación del cuerpo, sigue buscando lo sensorial.
La segunda muerte, es la forzada, esta es la peor de las muertes para el alma, el alma es sorprendida para la muerte violenta del cuerpo, de esta manera el ser humano no cumple con la misión del cambio y la purificación del alma.
La tercera muerte, es la muerte voluntaria mientras uno vive. El buscador que anhela la sabiduría, se aleja de los deseos del cuerpo que dominan al ser humano. Amar la sabiduría es morir para Vivir. Un rayo de luz divina ha tocado su corazón y él esta atento para poder recibir el nuevo lenguaje. Abandona todos sus ídolos internos y deja a la luz divina que aparte las tinieblas. A esta muerte la llama Ibn Arabí la muerte figurada, en ella se descubren los atributos y cada atributo descubierto es un atributo que muere, y una parte de la que creíamos ser nosotros muere en sentido figurado. Este es el verdadero significado de las frases: “Hay que perder la vida para ganar la Vida” o “ EL que disminuye diariamente aumenta”. 
Rumi nos expone el tema de la muerte de manera poética en sus versos:
El Amigo vuelve por la noche; esta noche no pruebas
bocado: cierra tu boca a la comida para ganar la
comida de la boca. Únete a la asamblea del bondadoso
Portador de la copa, súmate al círculo. ¿Por cuánto
Tiempo darás vueltas a su alrededor.? Se te hace
Un ofrecimiento: Abandona una vida, gana la bondad
Del Pastor. Deja de pensar, como no sea en el
Creador del pensamiento... Silencia tus palabras
Para obtener las palabras eternas. Deja de lado
La “vida” y el “mundo” para ver la Vida del Mundo.
Ibn Arabí, nos intenta comunicar de diferentes maneras, que debemos de vivir situados por encima del par opuestos. Por eso nos dice: Quien quiera ver en el sufismo una doctrina abstracta teórica, desvinculada del vivir diario comete un grave error, porque la gnosis no es un conocimiento del intelecto, sino el resultado de la realidad interior y exterior. El gnóstico (arif) debe” vivir” lo que ha comprendido y según lo ha comprendido, para así transformarse en lo que conoce. Se trata de conseguir la conciencia iluminada por Él, de esta manera las cosas ya no son vistas desde un limitado mi-mismo, sino que se universalizan.
El gnóstico (arif) cuya alma se transmuta, es esta gloriosa realidad, puede repetir con Junayd, el sufí:
He lavado y purificado mi forma
exterior y luego derramé agua.
Mi corazón es ahora tu heredad y Tú
Lo guardas inmaculado, ¡oh, Señor!
Todas las religiones hablan de la cercanía de Dios, y el Corán lo confirma:
 “Yo estoy más cerca del ser humano que la vena de su corazón”.
La vista del corazón, es en su sentido más profundo, el corazón que mira al corazón( La Unidad). Todo el que ha descubierto a su Señor, descubre dentro de sí ese corazón que no es el corazón de carne y sangre, sino de Luz. Cuando el contemplador mira con profundidad al corazón, hace que de este corazón se eleve una llama hasta el infinito. Es la llama del verdadero conocimiento. Cuando el conocedor la mira, olvidado de si mismo, es tocado por esa llama y hace llama también. Por eso dice AL.Hallaj, sufí:
“Cuando algo Te toca, me toca.
He aquí que siempre Tú eres yo.
Se dice que Dios creo al hombre a Su imagen y semejanza. Pero ¿Dónde está este obra, no lo veo? Es real que el ser humano se ve diferente , pero esta diferencia no es debida a que Dios y el si mismo son diferentes, sino que la mirada es errónea. Cuando se llega de alguna manera a esta compresión, a esta idea, se harán desechando las ideas que presentan a Dios y al si mismo diferentes.
Para terminar podríamos sellar este escrito, recordando que la llave que permite recorrer el arco de la gnosis es el descondicionamiento de todo lo que ha recibido nuestro mini-universo como herencia-condicionamiento, es decir, de nuestra ignorancia. La ignorancia nunca puede ser un adversario de la Sabiduría, sino simplemente una ausencia de esta última. Es importante que el buscador de la Verdad comprenda esto, el no necesita crear nada, (muchas veces debido a la ignorancia, queremos crear los paraísos según nuestros condicionamientos y esto aumenta el sufrimiento del mundo), pues lo que es , ha sido y será , aparece una vez que se ha eliminado lo que no es, en ese momento la Sabiduría resplandece. Tenemos ejemplos en la naturaleza: Cuando el hombre va en busca de los metales nobles en la naturaleza, no los encuentra resplandecientes, tiene que efectuar el trabajo de separación de la ganga. Tenemos un tesoro oculto en cada uno de nuestros pequeños mundo, y nuestro trabajo es permitir que la luz separe la ganga.
Lo que se quiere alcanzar es un saber de primera mano, sin intermediarios, directo e intransferible, un saber en el que conocer y ser son una sola realidad.
De ahí que el autor, después de escribir este tratado de la Unidad, decidiese despedirse con este breve poema:
He conocido a mi Señor, por mi Señor, sin
Confusión ni duda.
Mi naturaleza intima es la Suya.
Realmente, sin falta ni defecto.
Entre nosotros dos no hay tiempo y en mi
Alma el mundo oculto se manifiesta.
Después de haber conocido mi alma sin
Mezcla ni desorden,
Ha llegado a la unión con el objeto de mi
Amor, sin largas ni cortas distancias.
He recibido las gracias, sin que nadie a mi
Descienda, sin reproches ni motivos.
No he destruido mi alma por Su causa, ni
Tengo duración temporal que pueda destruirme.
Bibliografía
Tratado de la Unidad. Ibn Arabi. Traducido y comentado por Roberto Pla. Editorial Sirio.
Alquimia de la Felicidad. AL-Chazzali. Umbría Lumbre. Mario Satz. Libros Hiperión.

Agradecer la ayuda de amigos y amigas del foro y a los profesores.

José Luis Molina Lledó es experto profesional por la UNED en “Cultura, civilización y religión islámica”

molinaj@servicam.com 

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