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Conociendo a los árabes a través de su historia y su cultura

05/04/2006 - Autor: Farid Ait Idir
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Presentación del autor

Maxime Rodinson (1915-2004), lingüista, especialista en una treintena de lenguas y dialectos y escritor prolífico, Maxime Rodinson fue un orientalista de prestigio y un hombre comprometido, sobre todo con la causa Palestina. Nacido en 1915 en París, en el seno de una modesta familia judía de origen ruso-polaco, Rodinson fue un brillante autodidacta. Abogaba por el acercamiento de las dos orillas del Mediterráneo, por el pluralismo y el diálogo de las culturas, tomó posición en 1968 sobre la cuestión Palestina y creó con el orientalista francés Jacques Berque un grupo de investigación y acción a favor de la causa Palestina. 

"Así se ganó, en tanto que judío laico y antisionista, todas las críticas; pero nunca modificó su postura", aseguró Gérard Khoury, investigador del Institut dÉtudes du Monde Arabe et Musulman de Aix-en-Provence. Khoury señaló además que Rodinson, con sus obras rigurosas, científicas y a la vez accesibles, "contribuyó a modificar la interpretación sectaria del Islam que lo considera incapaz de incorporarse a la modernidad". (Extractos de la necrológica del autor aparecida en el diario El País de 24 de mayo de 2004). “Los árabes” uno de los libros más conocidos de Maxime Rodinson fue editado por primera vez en francés en 1979, mientras la traducción al castellano fue editada en 1981.


Los árabes

Maxime Rodisnon empieza su libro exponiendo lo difícil que es definir a los árabes. ¿Debemos considerar a los árabes una etnia, una nación o un pueblo? Esos son términos importantes y confusos cuando se trata de buscar a la palabra “Árabes” un significado correcto y aceptado por todos. En el caso de los árabes, el autor afirma que el criterio de identidad étnica, de pertenencia a un amplio grupo humano de supuesto origen común, caracterizado por una denominación y unos rasgos culturales comunes, y delimitado sobre todo por la comunidad lingüística no tuvo gran validez. La aparición del Islam con su ideología religiosa universalista y luego su expansión fuera de la península arábiga hizo desaparecer esos rasgos comunes e hizo que el factor lengua perdiera parte de su importancia a la hora de definir a los Árabes. 

Según el autor, los árabes son una etnia. Prefiere este término a nación o pueblo, para referirse a los árabes por ser el menos susceptible, al menos en el idioma francés, de prestarse a confusiones con otros conceptos próximos. Podemos considerar dentro de ciertos límites discutibles pero válidos como árabes a todos aquellos que creen que el árabe es su lengua natural, aunque en algunos casos no lo hablan. 

Son Árabes también aquellos que se identifican con el patrimonio árabe y lo reivindican con su historia y sus rasgos culturales. Maxime Rodinson explica claramente la diferencia entre Islam y árabe. Afirma que el término “árabo-musulmán” puede tener sentido solamente cuando se habla de la convergencia del factor étnico-nacional y el factor religioso para determinar en los “árabes” la personalidad arabo-islámica. Esa es una de las razones por las cuales M.Rodinson prefiere calificar de “civilización musulmana” y no “civilización árabe” a aquella brillante civilización que surgió en la Edad Media en los países conquistados por los árabes.

Los Árabes son un pueblo conocido por su importante papel en la historia, que se extiende entre Marruecos y Mesopotámia, cuya cuna es Arabia, que se designa a sí misma y es designada con ese nombre por los demás, y finalmente que habla la lengua Árabe, una lengua del grupo semítico. 

La arabización de la península arábiga tuvo lugar antes y después de la llegada del Islam y tuvo en ese último su motor principal. Así, la mayoría de lo dialectos sudarábigos desaparecieron a favor de la lengua árabe cuya propagación fue favorecida por el comercio y las peregrinaciones a la Meca. La expansión de los límites del mundo árabe fue un proceso largo y lento, empezó por los pueblos alrededor de Arabia hasta llegar a las costas atlánticas de Marruecos. 

Las conquistas musulmanas (633-643) de los países del creciente fértil, países al norte de la península arábiga como Siria e Irak, introdujeron de forma definitiva el árabe a esos países. La conversión al Islam que no fue impuesta en absoluto, iba acompañada con frecuencia de la afiliación por adopción a las tribus árabes. En Egipto, el Islam también tuvo un papel fundamental en la arabización de dicho país. 

La conquista musulmana de los años 640-341 dio comienzo a un lento proceso de arabización, que se vio notablemente acelerado por la inmigración de numerosas clanes y tribus procedentes de Arabia. Los coptos permanecieron fieles durante más tiempo a su lengua ancestral; aun así el copto acabo desapareciendo del uso corriente de todo el país después del año 1000. El Islam y la arabización siguieron su marcha hacia Sudan, el norte de África y Mauritania. 

Egipto tuvo su papel por sus conquistas en Sudan, mientras que la emigración de muchas tribus árabes al norte de África permitió acelerar la islamización y la arabización de buena parte de sus pueblos aunque el berber sigue siendo hasta hoy la lengua de uso diario de muchas zonas en el norte de África. A Mauritania, el país más lejano de Arabia, le llego la arabización muy tardíamente a través del sur de Marruecos con ayuda de tribus recién llegadas de Arabia, pero paradójicamente es el país que se parece más en cuanto a sus tradiciones a Arabia del cual es al mismo tiempo el más lejano geográficamente hablando.
La zona ocupada por la etnia árabe no coincide evidentemente con las fronteras políticas de los países que hoy llamamos “árabes”. Existen zonas o comunidades marginales que añadiremos al mundo árabe, testigos de lejanas penetraciones y cuya separación del mundo árabe responde a una realidad étnica diferente. Citaremos zonas en el continente asiático (Irán y Turquía), zonas en África oriental (Tanzania, Etiopía, Somalia, Kenya), zonas en África occidental (Senegal, Chad y Níger) y finalmente en Europa, las zonas desarabizadas de Malta. También señalaremos que existen grupos o individuos pertenecientes a la etnia árabe que residen (temporalmente o duraderamente) en regiones geográficamente separadas del núcleo de la etnia árabe. Esta diáspora de árabes es muy antigua. 

Pese a la hostilidad del mundo cristiano de la Edad Media, existen documentos sobre emigraciones árabes y sudarábigas en la antigüedad, a Grecia y Egipto por ejemplo, en especial de comerciantes. Actualmente, las dos grandes modalidades de la emigración árabe son la importación de trabajadores escasamente cualificados para la industria y la agricultura y “la fuga de cerebros”. El número de los árabes diseminados a causa de esos procesos por el mundo europeo y americano, e incluso por el África subsahariana y el Asia oriental, es imposible de determinar, teniendo en cuenta las dificultades y las insuficiencias en la elaboración de las estadísticas. De todos modos, la dimensión de la etnia árabe es muy difícil de determinar. Las cifras de la población árabe son, en su mayor parte estimaciones muy aproximadas, a veces muy aleatorias y deben ser consideradas únicamente como puntos de referencia.

El arabismo es el nacionalismo árabe, próximo al tipo actual y cuyo modelo fue formándose en Europa a través de una lenta evolución desde la Edad Media. Después de la aparición del concepto de nación-Estado, propugnado por las burguesías, que los teóricos fueron definiendo paulatinamente y acabaron legitimando, después de la aparición de ese concepto y tras haberse difundido por Europa y América fue asumido por las elites de los países colonizados, entre ellos los países árabes, a las que sirvió igualmente para movilizar a las masas locales contra la dominación extranjera. Es muy necesario examinar al desarrollo del nacionalismo árabe o al “arabismo” en su contexto histórico porque su desarrollo respondía a situaciones y acontecimientos muy diversos. 

La ideología del nacionalismo árabe tardó en formarse y en conseguir una audiencia importante. Empezó con un protonacionalismo islámico y otomano de matiz antiimperialista. En efecto, a lo largo del siglo XIX la hegemonía europea se imponía cada vez más al imperio otomano, pero también debemos señalar el aumento de la hostilidad de los pueblos árabes de oriente medio hacia los turcos. Uno de los grande ideólogos del movimiento antiimperialista y protonacionalista fue el poeta turco Namik Kemal que desarrolló ideas parecida a las de Jamal al-Din al Afgani (1939-1997), cuyas ideas basadas en la utilización del sentimiento de pertenencia a la comunidad musulmana tuvieron gran éxito sobre todo después de la ocupación de Túnez por Francia (1881) y Egipto por Gran Bretaña (1882). 

Mientras los pueblos balcánicos trataban de librarse de los otomanos, el separatismo de base étnico-nacional era ya una realidad en los pueblos árabes aunque muchos de ellos se mostraban reticentes cuanto se trataba de la disolución de un estado sacralizado por su referencia al Islam. La obra del sirio y exiliado en Egipto, Abd al-Rahmán al- Kawakibi (1849-1903) titulada “Umm al qurá” o “La madre de las ciudades” es decir la Meca, aparecida en 1901-1902, es considerada como el primer manifiesto inequívoco del nacionalismo árabe moderno. El primero en proponer la creación de un imperio árabe independiente fue el sirio-palestino Nayib Azúri (fallecido en 1916), proyecto que no tuvo mucho éxito. 

La eclosión de organizaciones como la de los jóvenes Turcos en 1908 instauro un régimen constitucional parlamentario, con un discurso igualitario pero eso no impidió el aumento del descontento de las poblaciones árabes, cuyas reivindicaciones se dirigían sobre todo contra la excesiva centralización y la turquización del poder. Se crearon también muchas organizaciones secretas o clandestinas más radicales con claros objetivos de independencia árabe. Las maniobras de Husayn, jerife de la Meca, y sus hijos, con ayuda de parte de Francia y Gran Bretaña, tuvieron su éxito con la derrota de los turcos y la toma de Damasco en 1918. 

El Jerife de la Meca, se proclama rey de los árabes, pero fue reconocido solamente rey del Hiyaz por Gran Bretaña, Francia e Italia. Después de la repartición del creciente fértil entre Francia, Gran Bretaña e Israel como resultado de los acuerdos de Sykes-Picot (abril- mayo de 1916), y los de Balfour (2 de noviembre de 1917), el nacionalismo árabe adquirió una dimensión nueva, la de las luchas por la independencia, que marcó la ideología del nacionalismo árabe hasta nuestros días.

La idea de la unidad árabe, que apareció en primer lugar en el Asia árabe en oposición a la fragmentación impuesta por las potencias coloniales, comienza a encontrar adhesión en África. La expansión de la ideología arabista alcanza en primer lugar a Egipto, donde se desarrollo un fuerte nacionalismo bajo el lema” Egipto para los egipcios”, sin que se hubiese olvidado el sentimiento de pertenencia a la etnia árabe. En la capital de Egipto, El Cairo, se firmó el 22 de marzo de 1945, la carta constituyente de la liga de estados árabe, un intento de reforzar la unidad árabe, y ayudar a los países árabes colonizados a conseguir su libertad. 

La liga árabe no consigue formular una política árabe común, y no satisface a los pueblos árabes. Su actividad, lejos de la acción concreta, era solamente útil en los campos culturales, económicos y administrativos. La izquierda gana mucho terreno en Oriente. En Siria, el Baas (Partido socialista de la resurrección árabe) resulta vencedora en las elecciones, mientras que en Egipto, la revolución lleva al poder a un equipo de nacionalista dirigido por Yamál abd al-Nasir (Naser). Con la nacionalización del canal de Suez, Nasser gana muchos seguidores en Egipto y en todo el mundo árabe. El sentimiento nacionalista árabe gozaba de más fuerzas y se acentuó tras el levantamiento argelino (Noviembre 1954), y la independencia de Sudán, Túnez y Marruecos (1956). Naser, considerado héroe nacional árabe, intenta llevar a cabo la unión sirio-egipcia y proclama en el 1 de febrero de 1958 la República Árabe Unida (RAU) a la que se adhiere también aunque de manera teórica el Yemen. Al lado de la figura de Naser, existieron movimientos que trataron de darle una orientación más radical a las luchas nacionales y en muchos casos en contra de los grupos dirigentes. 

De estos movimientos destacaremos, las distintas ramas del MNA (Movimiento de los Nacionalistas Árabes: Al-qawmiyyun al árabe), un movimiento de izquierda orientado hacia el “marxismo-lenelismo” que fue al principio naserista y luego rompió rotundamente con él. A señalar la existencia de algunos grupos comunistas marxistas clásicos en el Magreb (Argelia y Marruecos), auque en su mayoría eran respetuosos con el poder establecido. 

Frente a esos movimientos de izquierda, la derecha tuvo sus propios movimientos especialmente cuando la dirección de esos movimientos pasó a manos del monarca saudí Faysal (asesinado en Marzo de 1975), que disponía gracias al petróleo, de un poderío considerable. Los monarcas saudíes intentaron crear un bloque árabe a escala mundial como aliado de Estados Unidos. Para llegar a este objetivo, los saudíes hicieron suya la política de muchos estados árabes y aspiraban a transformar el mar rojo en un lago árabe. Sin embargo, los países árabes aliados de la URSS encabezados por Yemen del sur, Libia y Palestina constituían una oposición al bloque saudí. El problema palestino era considerado como uno de los obstáculos para la creación de un frente árabe unido. Estas dificultades llegaron a su colmo con la iniciativa espectacular de Saadat de firmar los acuerdos de paz en noviembre de 1977. Sin embargo, y aunque con la perspectiva de inestabilidad y pseudo existencia de ese bloque árabe, la imagen del arabismo se conserva gracias a varios factores, principalmente la lucha Palestina y algunos gestos recientes de desafío hacia Israel.

La ideología arabista se ha propuesto como meta la unión árabe. Pero por otro lado, la realidad nos muestra profundas divisiones entre los pueblos árabes. De los factores de unidad árabe, los más importantes son culturales y históricos sobre todo la lengua árabe la religión islámica, y la historia común de los árabes especialmente en sus comienzos, y finalmente al tener que enfrentarse a lo largo de la historia a los mismos enemigos. 

Frente a todos estos factores de unidad, existen características de desunión destacables, factores de diferenciación regionales no menos evidentes. La lengua hablada en la vida diaria es diferente de una zona a otra, variaciones aunque mínimas se acumulan. Las costumbres, las mentalidades, los sustratos culturales e históricos difieren en mayor o menor medida según las regiones. Actualmente, aunque los condiciones existentes parecen reforzar y favorecer sobre todo los factores de unidad, la concretización de la dicha unidad o, por lo contrario el mantenimiento de la división actual derivan más de la coyuntura histórica que de otros factores. La unión árabe si llegase a formarse, podría desarrollar un papel importante dentro de la comunidad mundial especialmente si tenemos en cuenta el potencial en recursos minerales, vegetales y humanos y sobre todo una situación geográfica privilegiada.

Maxime Rodisnon concluye su libro afirmando que la falta de estudios detallados de carácter científico nos priva de elementos serios para realizar análisis sobre las características generales del modo de vida de los árabes y de su comportamiento social. Las generalizaciones son muy difíciles de realizar. Los árabes preislámicos se caracterizaban con una escasa formación estatal, hecho que no tardó en encontrar su solución en el Islam. 

El profeta Muhámmed fundó un comunidad político-religiosa cuyo criterio de pertenencia era la “fe”, la misma estructura siguió valida hasta convertirse en un monarquía después de la muerte del cuarto y último califa. Actualmente, los estados árabes son sólo parcialmente Estados-naciones, porque para la ideología arabista el único Estado-nación árabe legítimo es aquel que englobe a todo el conjunto de la etnia árabe. Finalmente, con sus divisiones y problemas, las sociedades árabes llevaron a cabo en otros tiempos y llevan a cabo obras de calidad elevada. Han hecho una contribución de gran valor al patrimonio común de la cultura humana. 

Los árabes han mostrado y muestran cualidades que deben ser apreciadas. En gran número de árabes hallamos, en el comportamiento diario, una gran humanidad, inteligencia, sensibilidad, afectuosidad. Si bien es cierto que no debemos admirar total y acríticamente a ningún pueblo, ni debemos apoyarlo incondicionalmente en cada una de sus empresas, el pueblo árabe ha demostrado, por su balance cultural e histórico, que merece la estima de las demás colectividades humanas, del mismo modo que sus objetivos legítimos deberían obtener apoyo y solidaridad.

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