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La Ley

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12/11/2005 - Autor: Tariqa Qadiría Butchichía - Fuente: Webislam
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Sidi Hamza
Sidi Hamza

Un día que el Profeta Muhammad estaba con sus compañeros, éstos vieron llegar a un hombre vestido de blanco que no mostraba ningún signo de viaje y nadie de ellos lo conocía. El hombre se sentó delante del Profeta y colocó sus piernas enfrente de las suyas y le dijo "Oh Muhammad, infórmame sobre el Islam (literalmente la sumisión). El Profeta respondió: "El Islam es la sumisión a Dios basada en la práctica de los cinco pilares: dar testimonio de que no hay otro dios mas que Dios y Muhammad es Su Enviado; realizar la oración (salat), pagar el impuesto legal (zakat), ayunar durante el mes de Ramadán y hacer la peregrinación a la Meca, si ello es posible."

El hombre contestó "Has dicho la verdad". Los Compañeros se quedaron asombrados de ver que confirmaba la respuesta del Profeta. A continuación le preguntó: "¿Qué es el imán (la fe)?" Y el Profeta respondió "Es creer en Allah, en Sus Angeles, en Sus Libros, en Sus Enviados y en el Ultimo Día. Es creer en la Predestinación del bien y el mal".

Una vez más el hombre contestó "Has dicho la verdad". Luego preguntó "¿Qué es el ihsan?" ( La excelencia de comportamiento). El Profeta respondió: "Es adorar a Dios como si le vieras, ya que si no le ves, El te ve". Después de volver a confirmar estas palabras con otro "Tu has dicho la verdad" volvió a preguntar "¿Qué sabes de la Ultima Hora?" Y el Profeta respondió "El interrogado no sabe sobre esto mas que el que le ha interrogado". Luego de hablar sobre algunas cuestiones mas el hombre partió. El Profeta preguntó a sus Compañeros si sabían quien era aquél hombre y, ante su ignorancia, les reveló que se trataba del Arcángel Gabriel, "venido a vosotros para enseñaros vuestra religión".

A través de este célebre hadith aparecen tres niveles de experiencia y comprensión de la Realidad divina: Islam, la sumisión a la Ley, o el respeto de la corteza o forma exterior de las cosas; Imán, la Fe, o la comprensión de la carne o contenido propio de la religión y Ihsan, la Excelencia o el núcleo central que constituye la toma de conciencia de la presencia divina. "Para llegar al núcleo hay que atravesar la corteza" decía el Maestro Eckart gran metafísico cristiano de la Edad Media, ya que para alcanzar el núcleo, el cual contiene la semilla de un nuevo fruto, es necesario pasar por la corteza.

La relación entre exoterismo y esoterismo puede ser comparada a aquella que existe entre el cuerpo y el espíritu. Sin espíritu el cuerpo está vacío de sentido, de la fuente que lo anima; sin cuerpo el espíritu es inasequible y deviene una pura abstracción. Y nosotros no somos puro espíritu. Enraizados en un espacio y un tiempo, poseemos un cuerpo y un alma que están en perpetua interacción. Sólo hay que ver hasta que punto puede alterar nuestra paciencia o buen humor el hecho de estar cansado o hambriento para entender la influencia de lo corporal en lo anímico. Esta interacción está siempre en la base de la noción de ritual, de una práctica que moviliza en su conjunto todos los elementos constitutivos de nuestro ser. Si la filosofía, anclada en el nivel de lo mental, puede ser practicada sin tener relación con nuestro modo de vida, el trabajo espiritual necesita, en tanto que tal, un marco exterior para poder ser eficiente.

Para el discípulo de la Vía Qadiriyya Boutchichiyya las prácticas del Islam conforman la prolongación de los actos de su camino espiritual. Sidi Hamza lo explica de la siguiente manera: "El respeto de las prescripciones de la sharia (la ley exterior) juega el mismo rol que la cera que sella el tapón de la botella y que impide al líquido de derramarse fuera. Un recipiente puede ser llenado con agua pero si el fondo está agujereado, se escapa todo el líquido. Uno tendrá que volverlo a llenar pero se le volverá a vaciar. Es la imagen del discípulo que no aplica la sharia." El secreto espiritual es esta agua pues la práctica del dhikr permite de llenar el corazón del discípulo. Si su corazón no posee un tapón y un fondo bien sólido, no podrá conservar el agua durante mucho tiempo. Sea cual sea la intensidad del sabor espiritual probado, deberá separarse de él.

En el aspecto práctico la sharia se fundamenta en los cinco pilares del Islam. El primero, la shahada, constituye el doble testimonio de la Unicidad divina y, a la vez, la revelación muhammadiana. Se trata de afirmar que no hay dios sino Dios y que Muhammad es su Enviado, es decir, que Dios es único y que existe un camino de retorno hacia Él a través del ejemplo del Profeta Muhammad. El segundo pilar consiste en el cumplimiento de las cinco plegarias cotidianas, salats, que se reparten a lo largo del día en función del movimiento solar y que deben estar precedidas por las abluciones rituales. El tercero es la limosna legal, zakat, que tiene por objetivo purificar los bienes que nos han sido concedidos destinando una parte de los mismos a los necesitados o a obras relacionadas con la religión. Incluso en un hadith del Profeta se indica "hay una limosna referente a cada articulación del hombre para cada día que se levanta el sol (ya que el hombre ha sido creado con tantas articulaciones como días tiene el año, 360). Si repartes algo equitativamente entre dos hombre, eso es limosna. Si ayudas a un hombre a subir a su montura o a depositar en ella su cargamento eso es limosna. Una buena palabra es una limosna y cuando apartas un obstáculo del camino, das una limosna." El cuarto pilar es el ayuno en el mes de Ramadán, fitr, que se realiza desde el alba a la puesta del sol durante un ciclo lunar de 29 ó 30 días. Finalmente el quinto es la peregrinación a la Meca, hajj, al menos una vez en la vida si uno tiene la posibilidad física y material. Así mismo de los cinco pilares se expresan tácitamente las prohibiciones referidas al consumo de alcohol y cerdo, así como el hecho de practicar el sexo fuera del matrimonio. Existen numerosos documentos relacionados con estos diversos aspectos y la mejor manera de cumplirlos.

El discípulo deberá preservarse de aquello que está prohibido, según su capacidad, y todo lo ilícito, según sus posibilidades. "Respetad la sharia aunque no la podáis aplicar perfectamente, haced lo posible. En ésta cuestión, un mínimo es indispensable. La sharia es fundamental porque ella evita resbalar." explica Sidi Hamza. Él insiste en el hecho de que no se trata de imponer constricciones sino de tomar conciencia desde el interior de la necesidad de situarse progresivamente, y según el ritmo personal de cada uno, en las reglas que nos permitirán conservar lo que uno ha recibido y los beneficios espirituales obtenidos. Como está dicho en el Corán: "Dios quiere lo fácil para vosotros, no lo difícil "(II, 185). Todo depende también del lugar en el que cada uno hace su búsqueda: si una persona de origen musulmán se liga a la Vía le parecerá fácil y natural la aplicación de los preceptos.

En cambio, un occidental que a priori ignora todo de la sharia, debe aplicarla e integrarla en su vida de manera progresiva. Al respecto Sidi Hamza aconseja que "Cuando personas no musulmanas hacen al pacto, dejarlas degustar el sabor de la Vía por el dhikr y la reunión, sin imponerles las prescripciones de la sharia. La Ley exterior no debe ser vista como una constricción sino como una necesidad interna: en un momento dado el discípulo se da cuenta que si quiere conservar lo adquirido por el dhikr debe de tener una referencia; en ése momento la sharia constituye una base, un fundamento indispensable para su progresión. Sólo entonces está preparado para ponerla en marcha."

El Sheykh insiste en la necesidad de llevar a cabo una práctica respetuosa con las obligaciones y prohibiciones de la religión, siempre teniendo en cuenta la preeminencia del espíritu sobre la letra en lo concerniente a la aplicación de las prescripciones. Para ilustrar este propósito se puede mencionar la historia de aquél hombre que fue a rezar a la mezquita donde se encontraba el Profeta.

Cuando el hombre termino de la plegaria uno de los Compañeros del Profeta, viendo que uno de los gestos del salat no lo ejecutó correctamente, se le acercó y le exhortó a que repitiera la oración según estaba prescrito. Así lo hizo pero nada más acabar se dirigió al Compañero y le preguntó. "¿Según tu opinión cual de las dos plegarias ha sido del agrado de Dios?", " La segunda ", contestó el Compañero "evidentemente, puesto que ha sido hecha según la regla ". " Pues yo creo que la primera " dijo el hombre " porque la primera la hice para Dios y la segunda para ti".

El Profeta, que asistió a la escena, confirmó la opinión del hombre. La intención es lo primordial, y así lo expresa el sufí Ibn Ata Allah en uno de sus célebres Hikam "Las obras son formas fijadas; en ellas penetra la vida por el secreto de la intención pura". Es el estado interior del espíritu, la realidad de la conciencia íntima lo que acompaña a la acción, que la anima verdaderamente y le confiere su sentido mas profundo.

Es interesante constatar que el término árabe sharia, designado para utilizar la Ley religiosa, posee igualmente el sentido de camino. El espíritu de la sharia consiste, en realidad, en acercarse lo más posible al estado que era el nuestro propio desde la creación del hombre; reencontrar poco a poco la conformidad con nuestro modelo adámico. En ese estado el hombre reencuentra la comunicación natural con Dios que era la suya antes de la caída. Se trata pues de un camino, de una "puesta a punto" progresiva que nos va a permitir, con tiempo y mesura, la purificación del corazón. Se dice a menudo que la sharia es a la vez, el principio y el fin del camino. En este sentido ella representa el aspecto más exterior de la pertenencia a la Vía; en su espíritu ella constituye la realidad profunda de la espiritualidad por la conformidad que implica con la perfección del modelo de humanidad.

Para acabar hay que señalar que, en el curso de la progresión espiritual va cambiando la percepción del discípulo sobre la shariá. Como dice Sidi Hamza "la aplicación de la sharia es constrictora y difícil, pero el dhikr la hace gozosa. El dhakir (invocador) no la siente como una compresión". Cuando el amor de Dios ilumina el corazón del discípulo, este prueba el ardiente deseo de acercarse más a Él, como una necesidad vital. Parecida a la que sienten los enamorados; no cesa de buscar los medios de obtener Su agradecimiento y Su satisfacción. Y los medios han sido indicados claramente por este dicho divino (hadith qudsi) expresado por la boca del Profeta: "Mi servidor no deja de acercarse a Mí por la práctica de las obras suplementarias hasta que Yo lo amo; y cuando yo le amo Yo soy la oreja con la que oye, el ojo con el que ve, la lengua con la que habla, la mano con la que coge, el pie con el que camina." Es el objeto mismo de la Vía que esta transformación del ser tome la forma de un recubrimiento de las cualidades humanas por las cualidades divinas.

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