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Los Awliyâ de Al-Jidr

08/04/2004 - Autor: Yalaluddin Rumi - Fuente: Webislam
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Mundos paralelos
Mundos paralelos

Cierto derviche contaba en una charla nocturna que había visto  en sueños a los Auliyâ, 1 relacionados con Al Jidr. Y que les dijo: ¿Cómo podría yo obtener cotidianamente una porción lícita de alimento que no me perjudique?”.

Me llevaron al país de las montañas y sacudieron los frutos de los árboles diciendo: “Al-lâh ha hecho que estos frutos sean dulces en tu boca, por causa de nuestra influencia. Ven, come un alimento limpio y lícito, que no necesita cálculo, preocupación ni traslados”.

Después de esta provisión diaria me acaeció el don de la palabra: el sabor espiritual de lo que decía transportaba a los corazones.

Dije: “Esto es una tentación; ¡oh Rabb del universo; otórgame un don oculto a todas las criaturas!”.

La palabra me abandonó. Mi corazón se llenó de gozo; estallé de placer como la granada.

Dije: “Si no hubiera para mi otro jardín que esta delicia que experimento, no desearía otro favor; no me alejaría de esta felicidad ni por las huríes ni por las dulzuras del paraíso. De mis ganancias pasadas, me quedan una o dos pequeñas piezas de moneda, cosidas en la manga de mi djubba”.

Un pobre hombre portador de leña venía del campo agotado y se acercó a mi, diciendo también: “Yo no tengo necesidad de ganarme el pan cotidiano. De ahora en adelante, no tengo que preocuparme más por las provisiones de cada día”.

Me dije: “El fruto detestado se me ha hecho suave; una provisión especial se le ha otorgado a mi cuerpo. Después de haberme liberado de los deseos del tragadero, he aquí algún dinero. Se lo voy a dar. Voy a dar esta plata a este hombre, gastado por el trabajo, para que durante dos o tres días, sea feliz por causa del alimento”.

Él sabía lo que había dentro de mi, pues su ojo interior estaba iluminado por la luz del Hû 2.

Para él, el secreto de cada pensamiento era como una lámpara en un vaso. Ninguna idea se le ocultaba y dominaba el contenido del corazón de los hombres.

Así, este hombre extraordinario se murmuraba él mismo, en respuesta al pensamiento que yo no había expresado:

“Tú, que piensas de esta forma en lo concerniente a los awliyâ: ¿Cómo recibirías tu porción diaria si ellos no te la procuraran?”.

Yo no comprendía sus palabras, pero su reproche golpeaba con dureza mi corazón.

Se acercó a mi con un aire terrible, como un león, y puso en el suelo su fardo de leña.

Por la irradiación del estado de extático con el cual, dejó la leña, un tembleque se apoderó de mis miembros.

Dijo: “Oh Rabb, si tienes íntimos beneficiados en sus invocaciones y sus pasos, te suplico que Tu favor opere una transmutación, y que el fardo de leña pueda transformarse en oro, en este mismo instante”.

Inmediatamente, he visto que su madera se transformaba en oro, brillante bajo el sol, como el fuego.

Por lo que, quedé fuera de mi durante largo tiempo. Cuando me recuperé de mi estupor dije: “Oh Al-lâh, si estos grandes espíritus son muy celosos y huyen de la celebridad, rehaz sin tardanza este oro en un fardo de leña como era antes”.

Inmediatamente, esas ramas de oro se transformaron en madera. El intelecto y la vista estaban pasmados ante esto.

Después, recogió la leña y partió a toda prisa hacia la ciudad. Yo deseaba seguir a este wali e interrogarle a propósito de ciertas dificultades y escuchar su respuesta,

Pero el temor reverencial que me inspiró me paralizaba. El común de las gentes no tiene permiso para presenciar los carismas.

Y si la vía se abre ante alguno, que éste ofrezca su cabeza en sacrificio, pues eso viene de Su rahma y del hecho que los íntimos de Al-lâh la atraen hacia ellos.

Por ello, cuanto obtengas de asociarte con el siddîq (auténtico wali), considéralo como una oportunidad preciosa del favor divino.

No te comportes como el tonto que gana el favor del Rey y luego, fácilmente y con ligereza se aparta de este sendero.

A ejemplo del que, cuando se le regala una gran parte de un animal sacrificado, afirma: “¡Esto es el muslo del buey! 3”.

El hecho no consiste en que sea un muslo de buey, oh mentiroso; te aparece como tal porque eres un asno.

Esto es un regalo divino carente de toda corrupción; una pura munificencia que viene de Su rahma.

Notas:
1 Plural de wali. Aquellos que son en sí mismos, una prueba de la Unicidad de Al-lâh. El verbo walâ expresa no sólo “estar cerca”, sino también contiguo, inmediato a algo. Se llama al wali, íntimo de Al-lâh.
2 El pronombre “él”. En cuanto a Al-lâh, no se refiere a género, pues no tiene ni tampoco definición, sino a Su aspecto insondable y que nos trasciende. Es lo más inaprehensible de lo divino, en su desnudez más absoluta; más allá de los nombres que le atribuimos...
3 Es decir, que lo importante es el favor “real”, no el regalo material.
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