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Diario de un Musulmán Alemán (II)

15/06/2003 - Autor: Murad Wilfried Hofmann - Fuente: Verde Islam 20
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Un importante trago de agua

Belgrado, Ramadán de 1978

Este año hemos decidido, por decirlo así, probar a hacer el ayuno, tal como ha sido prescrito. Intentamos, en contra de lo acostumbrado, no recuperar durante la noche el alimento que le ha faltado al cuerpo durante el día, a costa del sueño. (Tampoco sería el sentido de la prohibición de carne los viernes, si el católico hiciera de esto un banquete de pescado).

Pero es importante, poco antes del comienzo del ayuno en la mañana temprano beber bastante agua. (¡Pero el hombre no es comparable al camello almacenando agua!).

Los dos primeros días son los más difíciles. Por eso no es un alivio el poder interrumpir el ayuno (para recuperarlo mas tarde) en un viaje.
Durante el día sirve utilizar bien las curvas de energía biológicas. En este sentido reparto mi trabajo bajo las categorías de “Tengo”, “Debo” y “Puedo” y así salgo bien en lo profesional. Sin embargo, pongo bastante atención en no perjudicar a otros automovilistas con una bajada de presión o de azúcar. (Desde el siglo VII los riesgos de muerte por descuidos se han multiplicado por mil).

Una docena de veces al día, durante el ayuno, en este país se hace recordar, el estar en una situación excepcional. A esto ayuda la costumbre, en el ministerio yugoslavo de exteriores, de ofrecer a los diplomáticos extranjeros en visitas de trabajo: café turco, jugo y agua. Y como hay en esta forma de estado ateo más de un millón de musulmanes —en Bosnia, en Herzegovina y en Kosovo— se acoge casi siempre con comprensión, o por lo menos con respeto, el delicado rechazo de esta hospitalidad en Ramadán.

Pronto se consigue un estado corporal que mantiene el ahorro de energía. Uno se mueve más lentamente, no habla sin necesidad y observa con calma contemplativa el alocado ajetreo de los empleados, ganando en independencia y —quizás— en sabiduría.

El comienzo de la comida al anochecer —las aceitunas, el trago de agua— se convierte en un acontecimiento importante; el cuerpo se reanima como una planta seca al ser regada. Se disfruta ahora especialmente la ligera alimentación vegetariana. Y se gana día a día en moral y autoestima, en capacidad de colocar correctamente las prioridades.

¿No se trata por último de inmunidad contra la tentación del shirk, el endiosamiento de lo superfluo?

Agujetas y nueva moral

Edirne, 12 de Julio de 1978

Sinan, desde 1539 maestro en obras del gran sultán Soleimán, ha coronado su creación con la mezquita Selimiye en Edirne (1567-74). Pocos visitantes saben que ha construido en el estrecho minarete tres espacios de escaleras que, sin conexión entre ellos, se retuercen hacia arriba como los cabos de una cuerda.
El empleado de la mezquita se dejó convencer y me permitió la subida. ¡Que fatiga! Totalmente en la oscuridad, los murciélagos y los pájaros despistados saliendo de sus madrigueras, me agaché, un pie tras otro a través del estrecho pasillo de la escalera derecha.

Pronto me empezaron a temblar las rodillas. Pero no quería pensar en dar la vuelta, aparte de que no era posible darle la vuelta al cuerpo. Una situación crítica cuya simbología me pareció clara de golpe: no se cuando acaba esta subida. Pero se que acabará. He tomado una dirección hacia arriba. ¡Irreversible!

Cuando después de una hora, sucio y aturdido, llegué de nuevo abajo, había conseguido unas agujetas y nueva moral.

El ballet y la religión

Belgrado, 26 de Enero de 1979

Como licenciado en derecho, crítico de ballet y al mismo tiempo director de la registrada asociación “Amigos del Ballet, Munich” organicé desde finales de los 50 funciones conjuntas de diferentes escuelas de ballet en el teatro Gaertnerplatz. El propósito inconfensable era abrir los ojos a los padres, con dichas funciones matinales, de que en Munich había una serie de miserables escuelas de ballet, pero algunas realmente buenas. Así esperaba que las escuelas malas se eliminaran en la competición.

Tal vez Gerhard Szczesny buscara lo mismo con La respuesta de las religiones (1971: 1ª edición 1964), una encuesta entre representantes del catolicismo, protestantismo, islam, judaísmo, hinduismo y budismo. Las contestaciones cortas, precisas y sobrias dadas por Muhámmad Asad desde el islam y por Kurt Wilhelm desde el judaísmo ponen a los representantes cristianos en una situación penosa por sus tortuosas, elípticas, discursivas y en parte confusas contestaciones.

Por ejemplo, el protestante Ernst Wolf da una contestación de una página entera a la pregunta sobre la relación de la realidad de este mundo y el más allá, sin nombrar en ningún momento el concepto de “Dios”. Y si dejamos deshacerse en la lengua un bocado de la pluma del católico Johann Baptist Metz. No está verdaderamente falto de palabras.

“Porque esta Revelación será concebida en Jesucristo como el único acontecimiento de la Gracia, en el cual el hombre en su cuestionamiento de su existencia definitiva e históricamente ha sido inmejorablemente contestado. Esta contestación a la humanidad tiene que permanecer en su propia historia auténtica, ofreciendo la normativa actual y accesible. Y esto se hace posible a través de las ‘Sagradas Escrituras’, en tanto que esta concretización del acontecimiento de la Revelación por escrito esta influenciado por la historia religiosa y cultural. Ya que esta Revelación se ha consumado en una humanidad, la cual ya poseía una escritura como base de una tradición histórica”.

¿Qué dice Muhámmad Asad, en frío contraste a esto, en sólo unas palabras? “El islam no concibe la ‘Realidad’ dual.... No se puede por eso hablar de ‘otra realidad’ en contraposición a ‘nuestra realidad’, sino de los aspectos visibles y no visibles de una y la misma totalidad”. Y: “La investigación científica por si misma no puede descubrirnos todos los aspectos de la realidad... Para darnos la necesaria orientación, que la ciencia no puede conceder, Dios nos la descubre... de una manera que se llama Revelación, la cual... Dios sabe, ofrecen especialmente personalidades sensibles que llamamos ‘Profetas’.” Punto final.

Kismet no es un argumento

Bonn, 27 de febrero de 1980

La irresistible biografía de Muhámmad Asad El Camino a Meca (Frankfurt 1955) me ha puesto en claro que el llamado fatalismo oriental no se refiere al futuro sino al pasado. Le enseña al musulmán a ver la voluntad de Dios en la realidad que se ha originado —posiblemente contra su voluntad. Así mirado, el argumento de ‘Kismet’ no es como para rascarse la barriga.

Para mí, era también importante la comprobación realizada por Asad de que el rechazo del cuerpo traído por Pablo de Tarso a la cristiandad ha desprovisto a los hombres de su total dignidad. Así sobrevive el maniqueísmo en occidente y causa todavía la separación entre lo sagrado y lo profano, que para el musulmán es extraña y contraria a la naturaleza.

Asad da constancia también del lugar al cual los valores sociales fueron a parar: cuando el Profeta Muhámmad incorporó la religión en la política y a favor de la comunidad de los creyentes (ummah) negó la razón de ser de los vínculos tribales (hoy: nacionalismo). Lo mismo sirve para el rito de la oración islámica: ¡tiene que ser en verdad humillante para los orgullosos beduinos!

El espectáculo de los derviches

Konia, 13 de julio de 1980

Desde el hotel, la fantástica vista de la tumba del Profeta en Medina, reproducida en la verde cúpula sepulcral de Mevlana Jalal ud-din Rumi. La orden de los “Derviches danzantes” creada por él, los Mevlevi, ha sobrevivido a la prohibición de Ataturk, el 13 de diciembre de 1925, como la orden de los jesuitas sobrevivió 41 años durante la prohibición del Papa en 1773.

Incluso presentándose en forma de espectáculo, el continuo giro de los derviches sobre su propio eje es un medio de contemplación religiosa, percibido por los espectadores como una forma de culto, difícilmente compatible con la pura enseñanza del islam.

Neysen, quien más tarde me enseñó la tan apreciada flauta de bambú de los Mevlevi, es él mismo un entusiasta derviche. El quería enseñarme que lo que importa en primer lugar es estudiar la obra principal del Maestro, la poesía del Mathnawi. Al Corán lo situaba claramente en un segundo plano. Para nada asombroso. Se abandona a la lírica amorosa de Rumi, universalista y extática, la cual abre los puentes a todo: una forma de unitarismo de colorido islámico y tonos panteístas. ¿Es a esto a lo que llaman “tariqat”, el Camino?

Pablo de Tarso no fue testigo presencial de Jesús

Estambul, 20 de julio de 1980

Cuando se pregunta a un cristiano por la altura física de Jesús, si le gustaba la miel o el ajo, cual era su color preferido y qué zapato se ponía el primero por la mañana —por nombrar sólo aspectos banales— nos quedamos sin respuesta; el Jesús del evangelio es una figura fantástica y legendaria.

Esto a veces se fundamenta en que suele ser más difícil documentar bien acontecimientos 600 años anteriores a la vida de Muhámmad. El verdadero motivo del fenómeno es otro:

Las Tradiciones (hadiz) del islam provienen exclusivamente de testigos presenciales; los Evangelios son, por el contrario, en parte reconstrucciones más tardías, no de testigos presenciales, sino de referencias escuchadas. No sabemos lo que dijo Jesús sino lo que se dijo más tarde de esto. Así, los Evangelios no son comparables al Corán, sino más bien a una sospechosa colección de Hadices, Escrituras interpretadas por autores semi-conocidos.
En el islam, por ejemplo, hubiera sido eliminado por competo el ‘Testimonio’ de Pablo, porque este verdadero fundador de la cristiandad no fue testigo presencial de Jesús. Si se piensa bien, los actuales cristianos —distintos de los judeocristianos— deberían llamarse ‘paulinos’, pues la herejía cristiana —la reinterpretación de Jesús y el postulado de la Trinidad— ha comenzado con Pablo de Tarso.

El Corán y la moral económica

Estambul, 22 de junio de 1980

En el bazar cubierto (Kapali carsi) nos quedamos parados ante una tienda de recuerdos, cuyo dueño no se encontraba en ese momento. Enseguida apareció el propietario de la vecina tienda para ofrecernos en lugar de su competidor la mercancía de este. ¡Ningún intento de llevarnos a su tienda para conseguir el negocio a su cuenta!

A continuación pagamos al contado una chaqueta de cuero para ser enviada a Alemania. (La recibiremos, aun siendo completamente desconocidos para el comerciante).

Por último, mi esposa le confió a un joyero un brillante muy caro para su tasación. Él desapareció media hora para conseguir el dictamen de un especialista. (Sabíamos que el brillante no iba a ser cambiado, sino que lo iba a traer de vuelta).

¿Cómo se consigue esta moral económica? ¿Al altruismo en vez de una competencia ruinosa, en el sentido de todos contra todos? ¿Es sólo la transparencia del mercado del Bazar? ¿La tradición del gremio? ¿Es conciencia del futuro (qadar)? ¿Es fraternidad?

Sin embargo implican algunas confusiones el explicar la alternativa del régimen económico del islam. No es que falte bibliografía. Pero sí falta sobre la tentativa paquistaní de crear un modelo social capitalista que opere sin intereses.

La dificultad se encuentra en que el Corán (como la Biblia, así como la ley fundamental de la Republica Federal de Alemania) solo contiene directrices para la vida económica, ampliado por algunos reglamentos específicos. A esto pertenece la garantía de la propiedad privada, la ampliación del derecho contractual, los rasgos principales de la competencia y el derecho fiscal, así como la disposición prohibitiva de las operaciones a plazo, los impuestos y la usura.

Decisivo para un verdadero régimen económico islámico —como para uno cristiano verdadero— me parecen ser las disposiciones morales del Corán. De hecho: el islam puede producir una reforma de la gestión económica, si acaso a través de la reforma de las personas. ¡Depende entonces de la mentalidad moral y económica del musulmán!

Después de la Sunna llamar tres veces

Estambul, 29 de julio de 1980

A duras penas nos movíamos con bus y a pie a través de la abrasadora Estambul para visitar en la otra punta de la ciudad a conocidos que no tenían teléfono. Zekiye, mi suegra, llama dos veces y, entonces —después de una gran pausa— una tercera vez. Inútil. Se da la vuelta bruscamente para irse y me impide llamar una cuarta vez; pues “eso no se hace”. Ella obedecía una regla, que ha llegado a ser parte de la Sunna islámica, desde que el gran recopilador de Tradiciones, Al-Buhari, le dedico un libro entero (LXXIV del “Sahih Al-Buhari”) a las cuestiones de la etiqueta. De acuerdo al Hadith Nº 261, según la transmisión de Anas, el Profeta Muhámmad nunca había pedido la entrada más de tres veces.

Este es sólo uno de mil ejemplos para ver cómo el comportamiento del Profeta se ha convertido (a menudo sin pensar) en el código de comportamiento de la población islámica. Mientras más profundizo en las recopilaciones de Hadices, principalmente de Al-Buhari y Muslim, más se me van abriendo mis ojos de sociólogo.

“El camino a Meka”

Bonn, 18 de agosto de 1980

Estamos bastante cerca del final de este siglo para poder afirmar que el austriaco Leopold Weiss (de una familia de rabinos procedentes de Lemberg), mejor conocido como Muhámmad Asad, ha logrado tanto cuantitativa como cualitativamente un verdadero aporte secular a la comprensión del islam en occidente.

Su influencia en occidente no es debida tan sólo al respeto a su sabiduría, sino también a la estima ante las cualidades de carácter de este valiente musulmán.
Asad ha vivido una vida apasionante, en cuyo desarrollo pudo demostrar su gran talento. Con 14 años desertó con éxito del ejercito; con 19 años asistió al Dr. Murnau en la dirección cinematográfica; con 22 años consiguió ser reportero y especialista del próximo oriente del prestigioso periódico alemán Frankfurter Zeitung, entonces se hizo amigo de Ibn Saud y de Mohammed Iqbal, subsecretario de estado en el ministerio de exteriores pakistaní, embajador en las Naciones Unidas en Nueva York...

Estas son solo algunas de las estaciones de un currículum vitae que conjuga pensamiento y acción, filosofía y religión, estética y política de forma realmente islámica. Asad es por así decirlo un hombre del Renacimiento “à la islam”.

Todos sus libros se han convertido en clásicos: ya con Islam en la encrucijada, del año 1934, devolvió Asad al inseguro y apologético mundo islámico un poco de dignidad y confianza en su historia cultural.

Escribió ya hace 50 años en Delhi: “Posiblemente llevará una nueva serie de guerras mundiales hasta ahora desconocidas en su envergadura, y al terror de las conquistas científicas, al engaño materialista de la civilización occidental, a una cruel forma ‘ad absurdum’, en la que la gente de nuevo buscará lo real y el equilibrio en la verdad espiritual. Entonces podría ser posible una predicación exitosa del islam en Occidente”.

La apasionante biografía de Asad, escrita brillantemente, El camino a Meca (1954) es un documento de una consumada conversión al islam.
En su Principles of State and Government in Islam (1961) pone Asad sin más en su lugar, que desde el califato de Medina —es decir, desde el califa Ali—, no ha existido un verdadero estado islámico. Demuestra que en el Corán y la Sunna hay muy pocas inequívocas disposiciones básicas y detalladas para la creación del estado y la sociedad.

Las conclusiones de este escrito son de gran alcance:

El asunto legal de acuerdo a la gran estructura del derecho islámico (fiqh) es mucho mas amplio que su unificadora semilla. En el marco de una ley fundamental y una legislación, las cuales se remiten al Corán, podría llevar un estado islámico muchos rasgos de una democracia parlamentaria y un estado constitucional, algo parecido al modelo del sistema presidencial americano y su corte suprema.

De la re-islamización no es necesario temer una teocracia de corte medieval.
A menudo pasamos por alto que Asad también no sólo traduce los históricos libros sobre la época temprana del islam de la colección de Hadices de Al-Buhari, sino que los ha comentado detenidamente (Sahih Al-Bujari, The Early Years of Islam, 1938). Y aun más conocida es la genial traducción del Corán comentada en el ingles de Shakespeare (El Mensaje del Corán, 1980). Siempre buscando lo razonable en el camino recto, sin temor a cuestionar datos históricos significativos, ciencias naturales y lingüísticas a la altura del tiempo, el comentador Asad simpatiza con el teólogo reformista egipcio de finales de siglo, Muhámmad Abduh (autor de la famosa presentación del islam Risalat al-Tawhid, 1897). El hecho de que al final de su vida, y por propio deseo, se desvinculara de nuevo de Medina (a favor de Tánger y luego Lisboa) para su integridad espiritual, nos muestra que con 80 años era fiel a si mismo.

El musulmán, un creyente mayor de edad

Bonn, 25 de agosto de 1980

La idea de que se pueda comprar el perdón a través del sacrificio es pagana y va por delante del desarrollo de la imagen de Dios, el “Misericordioso y Bondadoso”. Esto no les impide a los interpretes cristianos llevar la necesidad de un “sacrificio” de Jesús a la mecánica del culto al sacrificio: para poder perdonar (¡!), Dios necesitó su propio sacrificio. ¿Quién —pregunto yo— pone a Dios semejantes condiciones?

La imagen de Dios en el Corán —incluso en las Suras ‘cristianas’ como al-Fatiha o el ayat al-kursi (al-Baqara, verso 255)—, está mucho menos humanizada, es decir, es más divina que en el cristiano. Siendo así, hay que destacar que el Corán básicamente excluye toda posibilidad de mediación entre el hombre y Dios a través de un tercero. “¿Quién podría, sin Su permiso, abogar ante El?” (ayat al-kursi, 5ª frase). Ningún imam, ningún califa, ningún santo, ni aún el mismo Profeta del islam, es en el sentido cristiano un mediador. ¡El musulmán era ya en el siglo VII un creyente mayor de edad! (también, propiamente hablando, un existencialista).

Muhammad, el sello de los profetas

Bonn, 27 de agosto de 1980

El desarrollo de la idea de Un-Único-Dios era inevitable en la historia espiritual. El politeísmo tenía que llegar a una jerarquía de dioses, ya que el conquistador llenaba su cielo de Dioses. Con ello estaba delimitando el paso a un superior entre los dioses.

La ruptura hacia un Dios les falló a los judíos, pues consideraban a Jehová como al dios de la estirpe. Jesús superó este concepto, pero su enseñanza fue asimismo falseada, de modo que se tomó demasiado literalmente que Jesús era hijo de dios. Por eso tuvo que venir un Profeta más, quien con el concepto de un uno, único e inconcebible Dios ayudó a todos a la ruptura. En esto consiste el mérito histórico espiritual del islam y el motivo por el cual Muhámmad, siendo el último, sea “el sello” de todos los Profetas.

¿Islam a la carta?

Bonn, 2 de septiembre de 1980

Cuando uno se acerca desde una formación de agnóstico del tipo Ludwig Wittgenstein a una religión como el islam, está uno tentado a actuar eclécticamente. Entonces busca uno en el Corán afirmaciones válidas fuera del tiempo, para distinguirlas de las ya ‘superadas’ y ya no más obligatorias reglas para la estructuración de la vida diaria. Se quiere “dejar la iglesia en el pueblo” y eliminar “lo pasado de moda”.

¿Orar cinco veces? ¿Ayunar veintiocho días? ¿Renunciar a los intereses y al alcohol? Es muy bonito, pero en una sociedad industrial moderna no es ‘posible’, se dice. Así se dice —y se sirve el islam a la carta. Como si el islam —es decir, la “sumisión a la voluntad de Dios”—, fuera imaginable en pagos a plazos.

¿Y cómo se quiere, sin sumisión incondicional, sentir lo que el islam puede transmitir al musulmán?

Ciertamente con una manifiesta, jubilosa y tranquila seguridad: estar en el camino correcto, con todo y con uno mismo en armonía.

... sin notarlo, musulmán

Bonn, 11 de septiembre de 1980

Desde hace algún tiempo pulo bajo continua reducción lo esencial de todas las afirmaciones filosóficas, que yo considero de importancia, para ponerlas por escrito sistemáticamente. A mi hijo Alexander le he prometido retener esto para él, como suma del análisis de toda una vida sobre nuestras posibilidades de juicio: como un regalo de cumpleaños inconvencional para sus 18 años.

En el transcurso de este proceso he ganado desde luego claridad con ello. La posición de los agnósticos no es inteligente; el hombre no puede sustraerse de una opción de creencia; presiona la creación del Ser; el fenómeno profético es posible; en mí se ha instalado la certeza de que el islam se encuentra en armonía con la totalidad de la realidad.

Compruebo, no sin consternación, que yo, por mí mismo y casi sin notarlo, paso a paso, en pensamiento y criterio me he convertido en musulmán. Ahora sólo falta dar el último paso: consumar también formalmente la conversión.

“La ilaha illa-llah, Muhámmad Rasulu-llah”

Bonn, 25 de septiembre de 1980

Desde hoy soy musulmán. Mi testimonio —“La ilaha illa-llah, Muhammad rasulu-llah”— está depositado por escrito en el centro islámico de Colonia. El nombre islámico que he escogido es: Murad Ferid. He llegado a la meta.
Ahora se encuentra este tratado preliminar como escrito impreso de solo 16 paginas y se titula “Un camino filosofico hacia el Islam” (Colonia, 2.edición, 1983 – ISBN 3-8217-0027-0).

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