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América para los Norteamericanos

30/11/2001 - Autor: Ivan Valdes - Fuente: www.elsiglo.cl
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Imagen : ecuador.indymedia.org/es/2002/08/57.shtm
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Avanza una nueva estrategia para la anexión

Para concretar las apuestas del imperialismo norteamericano de mejorar su competitividad frente a otros polos económicos mundiales, se requiere que nuestros países eliminen todas las restricciones y regulaciones a las inversiones extranjeras, debiendo aceptarse su participación en todos los sectores de la economía. Esto permitirá al capital transnacional apropiarse de sectores estratégicos de nuestras economías, principalmente los servicios, telecomunicaciones, salud, los sistemas financieros y las compras gubernamentales. Todas, áreas que presentan gran rentabilidad. En la misma línea, la idea también es eliminar en toda América Latina y el Caribe las barreras arancelarias.

Es decir, hoy el Area de Libre Comercio para las Américas es la ampliación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte a todo el hemisferio. El profesor de economía de la UNAM, Arturo Huerta, señala que con el ALCA "se pretende hacer realidad los objetivos que EE.UU. han querido imponer a todo el mundo a través del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), el cual establece que las inversiones extranjeras tengan derecho de establecerse en cualquier sector de la actividad económica, y por lo tanto busca quitarle a los gobiernos nacionales el poder de regular los movimientos de las inversiones extranjeras y de limitar las remesas de utilidades. Dicho acuerdo fue rechazado por la Organización Mundial de Comercio (OMC) por considerarlo opuesto a los principios soberanos de los países".

Para entender las consecuencias económicas, políticas y sociales de este magno acuerdo, es necesario destacar dos de los aspectos que contiene. Por una parte, el concepto de "reciprocidad" y, por otro, el que en los hechos se ponga a los Estados al mismo nivel jurídico que las transnacionales.

Hace 20 años, en las negociaciones entre Estados estaba concebida como primera prioridad la defensa de los mercados internos, y en esa lógica es que a la hora de cualquier acuerdo debía analizarse las condiciones de desarrollo que tenía cada uno de los países. Los acuerdos eran diferenciados, discriminando positivamente a aquellos Estados más débiles, que en otras condiciones no podrían sostener un acuerdo comercial.

El ALCA supone que cada uno de los Estados es igual al otro, lo que se denominó "reciprocidad" y que según el economista Osvaldo Martínez "sólo admite que los países hagan una misma política neoliberal, y la única diferencia posible es que lo hagan en plazos ligeramente diferentes. Digamos, que Honduras o Bolivia demoren uno o dos años más en hacer lo mismo que harían EE.UU. y Canadá".

En otras palabras -señala Martínez-, "el ALCA no es más que un proyecto norteamericano para crear un Acuerdo de Libre Comercio entre la economía de EE.UU., es decir la más rica y poderosa del planeta, y las economías latinoamericanas y caribeñas, subdesarrolladas, endeudadas y dispersas; y cuyo Producto Interno Bruto, sumado, es casi diez veces inferior al de EE.UU. No es ni más ni menos que el proyecto de integración entre el tiburón y las sardinas".

El que los Estados no puedan establecer reglas del juego para la inversión, pone justamente a los inversionistas al mismo nivel que las autoridades nacionales. Las legislaciones de nuestros países tampoco podrán sancionar algún conflicto que involucre a las transnacionales. Si una empresa considera que se le está aplicando alguna medida expropiatoria, puede demandar al Estado ante un tribunal arbitral internacional que será el que resuelva. Es decir, se termina de perder cualquiera posibilidad soberana para decidir sobre nuestro desarrollo. Estas medidas están comprendidas en el capítulo 11 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y forman parte del proyecto ALCA.

Estas "medidas expropiatorias" que pueden alegar las transnacionales, van mucho más allá que las expropiaciones mismas. Pueden alegar que se les aplican "medidas expropiatorias" en el caso, por ejemplo, de que alguna iniciativa de las autoridades locales pudiera afectar negocios futuros. Ante esto, también el ALCA pretende imponer otra de las reglas que actualmente rigen en el TLCAN, como es el concepto de "trato nacional" al capital extranjero. Es decir, las autoridades bolivianas deben aplicar los mismos criterios para una empresa boliviana o norteamericana. De no ser así, también pueden alegarse que se aplican medidas expropiatorias.

Por otra parte, la carencia total de regulaciones al flujo de capitales, la imposibilidad de los Estados de estructurar sus propias políticas económicas en este plano, a juicio del economista chileno Hugo Fazio, resulta en extremo riesgoso: "sin duda, el mercado de capitales es el más globalizado y al interior de él tiene una dimensión muy grande el movimiento de capitales financieros. La carencia de regulaciones internacionales conduce a que se transforme en una fuente de inestabilidad, especialmente al predominar el desplazamiento de los recursos de corto plazo."

Las crisis financieras se producen justamente por la brusca salida de estos capitales especulativos, que desestabilizan nuestras economías altamente dependientes de las inversiones extranjeras. Estas inversiones no son productivas, es decir, no tienen por finalidad producir algo, sino que ingresan a nuestros países buscando el incremento de sus recursos por medio principalmente de las tasas de interés que se les ofrezcan; y en caso de que surja una oferta más atractiva, se van, produciendo una importante fuga de capitales que desestabiliza nuestras economías. Hoy, desde el fin del tratado de Breton Woods, que regulaba la circulación de las inversiones, más del 90% del flujo de capitales son especulativos, por un monto mayor que todas las reservas monetarias de los siete países más industrializados del mundo.

Antecedentes históricos

¿Por qué EE.UU. está tan interesado en la implementación del ALCA?, ¿cuál es la urgencia? Para el economista e investigador cubano Osvaldo Martínez, la necesidad de afianzar el dominio estadounidense sobre América latina y el Caribe, región donde históricamente han tenido un fuerte control político y económico, se explica "en el contexto de la pugna entre los grandes centros de poder mundial, que están hoy protagonizando una especie de regionalización del poder económico".

Martínez señala que hoy EE.UU. se enfrenta a la competencia europea y japonesa, fundamentalmente. En el caso de la Unión Europea (UE), ésta no sólo ha avanzado en un exitoso proceso de integración, sino que "ha encontrado una nueva periferia explotable", en la nueva área subdesarrollada de los "antiguos países socialistas". Hoy, la UE supera en su mercado, recursos, productividad y nivel de desarrollo social, al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), constituido por EE.UU., Canadá y México.

Japón, por su parte, a pesar de la crisis financiera que sufre hace diez años, logró en los años 80 cristalizar su liderazgo regional con la conformación de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, que tiene mayores potencialidades de desarrollo que el TLCAN.

EE.UU. está perdiendo su liderazgo mundial, siendo reemplazado por Alemania -principal economía europea- y Japón. La pregunta inmediata es cómo estas potencias destruidas durante la II Guerra Mundial lograron en décadas recientes disputar la hegemonía norteamericana.

Para esto justamente, es necesario remontarse a los tiempos de la postguerra. En 1948, EE.UU. generaba el 49% de la producción mundial; dos décadas después, en 1968, sólo producía el 31%. Esto puede explicarse debido a que al finalizar la guerra las "plantas productivas de Europa y Japón habían quedado prácticamente destruidas".

Pero fueron justamente los procesos de postguerra, específicamente la Guerra Fría, lo que en gran medida determinó que EE.UU. fuera quedando a la zaga del desarrollo, frente a sus competidores europeos y japoneses.
En un estudio realizado por el Partido del Trabajo de México, se señala que durante la Guerra Fría "el propósito de mantener la supremacía mundial y de fortalecer el plano interno para aparecer como modelo de sociedad, tuvo el efecto de retrasar a EE.UU. en los terrenos de desarrollo tecnológico, la productividad industrial y la formación de grandes bloques económicos regionales, que la reestructuración del sistema capitalista impuso a partir de la década del 80. Mientras ese país se afanaba por mantener su liderazgo frente a la URSS y el mundo, Alemania y Japón lo superaron en esos ámbitos."

Al respecto, sólo cabe recordar algunas de las políticas norteamericanas durante este período, como el caso del llamado "Plan Marshall", que destinó 13 mil millones de dólares para la reconstrucción de Europa, tras el fin de la guerra, en la idea de mantener su influencia en la región. Está también el caso de la llamada "Doctrina Truman", que implicó la creación de todo el complejo industrial-militar norteamericano, que requería de la inyección de gran cantidad de recursos. Estas trabas, no las tuvieron que asumir las otrora potencias derrotadas de la II Guerra Mundial.

Es en estos marcos que Osvaldo Martínez señala que "para EE.UU., regionalizar la América Latina bajo su dominio es una forma de hacer frente a esta competencia entre los grandes centros de poder económico".

Chile: trampolín para el ALCA

Mientras la implementación del ALCA avanza para todo el hemisferio, Chile maneja una agenda paralela y está negociando por separado un Tratado de Libre Comercio con EE.UU., en la idea de terminar de liberalizar sus mercados antes que el resto de los países. Lo que es utilizado por el país del norte para dar una señal a la región de que la mejor y única posibilidad que tienen es llegar a acuerdo con ellos.

Acogiendo la insistente petición de los norteamericanos, Chile terminó de liberalizar el flujo de capitales en nuestro país, poniendo fin al mecanismo de encaje, establecido en la década del 90 con el fin de limitar el ingreso de capitales de corto plazo. Este instrumento exigía la permanencia en el país por un tiempo determinado de una parte de los capitales que ingresaban, para impedir la desestabilización que produce la salida brusca de estos recursos y desincentivar su ingreso. Este mecanismo permitió que Chile prácticamente no se viera afectado por la crisis financiera mexicana a fines de 1994, el "Tequilazo", que se produjo justamente por la fuga de capitales especulativos.
El economista Hugo Fazio señala que con el fin del mecanismo de encaje "culminó el proceso de desregulación cambiaria iniciado en los años de dictadura. La determinación de (abril) 2001 fue eliminar, en lo fundamental, toda limitación cambiaria y al movimiento de capitales, las cuales por lo demás venían reduciéndose sistemáticamente".

La decisión de eliminar el encaje debía darse a conocer antes del encuentro entre los presidentes Bush y Lagos, previo a la cumbre de Québec. La razón, es que la apertura de la cuenta de capitales y, principalmente, la eliminación del encaje formaban parte de las exigencias que EE.UU. hacía a Chile para la firma del TLC. Al respecto, Fazio señala que "EE.UU. acusó a nuestro país de mantener barreras en la relación mutua que impedirían, en su opinión, "el normal desarrollo del intercambio bilateral" y se exigió expresamente la eliminación del mecanismo de encaje. El Presidente Lagos pudo decir en el encuentro realizado en esos días con Bush: "misión cumplida".

Esta era el último gran muro que tenía EE.UU. para consolidar un acuerdo con nuestro país. Pero, en concordancia con sus aspiraciones estratégicas en la región, Fazio advierte que "para EE.UU., el posible tratado con Chile no es importante en sí mismo: es un trampolín que está utilizando para avanzar hacia el ALCA. El representante comercial de EE.UU., Robert Zoellick, lo expresó claramente en su visita al país, previa a la reunión ministerial realizada en abril en Buenos Aires. El tratado comercial entre Chile y EE.UU., señaló, será "un modelo para la región y todo el mundo" que ayudará a impulsar la apertura económica a nivel hemisférico a través del Area de Libre Comercio de las Américas y también en el seno de la Organización Mundial de Comercio".

La economista norteamericana Ana Eiras, cercana a Bush y al Partido Conservador, señaló que "un acuerdo con Chile enviará una señal potente a la región de que la política económica que está proponiendo EE.UU. se comienza a poner en práctica".

El embajador norteamericano en Chile, John O Leary, también se pronunció al respecto, señalando que "si el tratado entre ambos países resulta exitoso, esto le abre posibilidades a Estados Unidos de alcanzar tratados con el resto de América Latina".

El drama de los mexicanos

La aplicación del neoliberalismo y el TLCAN en México, ha tenido consecuencias desastrosas que son un ejemplo de lo que espera al resto de nuestros pueblos con el ALCA.

Antes de la firma del acuerdo y del neoliberalismo, en los años 70, México tenía un crecimiento promedio de 6.6%. En la década del 90, tras TLCAN, creció menos de la mitad, con un escuálido 3.1%, y hoy se calcula un crecimiento cercano a cero. En términos per cápita, en los 70 el crecimiento fue de 3.4% y en los 90 se empinó apenas al 1.3%.

En cuanto a la deuda externa, ésta duplicó a la que existía en 1982, año precisamente de la crisis de la deuda externa mexicana. En el 2000, sobrepasa los 163.200 millones de dólares.

Otro ejemplo de lo dañino de las políticas neoliberales impuestas y profundizadas al extremo por el TLCAN, es el permanente déficit en la balanza comercial mexicana, y es que si bien ingresaron gran cantidad de capitales en los últimos años -36.378 millones de dólares- salieron 48.699 millones. Una constante que se repite a la hora de evaluar la inversión extranjera: los países del tercer mundo siempre terminan siendo fuertes exportadores de capitales.

Pero donde se sienten con más fuerza los efectos del acuerdo con EE.UU. es en la agricultura. Los estadounidenses tienen por una parte el sistema más sofisticado de subsidios a su agricultura, por más de 80 mil millones de dólares, y el más alto desarrollo de la productividad en el área.

Como consecuencia, México, que era un país con una fuerte agricultura, entre sus ramas más afectadas tiene el maíz, caña de azúcar, café frijol, trigo, arroz, sorgo, soya, algodón y cebada.

Las cifras sociales son elocuentes. Se calcula que el trabajo informal en México abarca el 50% del empleo total -20 millones de trabajadores- donde no existen ni las menores condiciones legales para trabajar, sin sueldos estables, más horas de las legales, sin contrato ni ningún tipo de seguridad social.

Durante los años de vigencia del TLCAN, la canasta básica mexicana aumentó de precio en un 560%, mientras que los salarios subieron apenas un 135%. En consecuencia, la canasta básica quintuplicó su precio.

Sólo durante el gobierno de Zedillo, se calcula que el salario mínimo perdió un 48% de su poder adquisitivo, mientras que actualmente más de la mitad de los trabajadores mexicanos recibe, en términos reales, la mitad de lo que recibía hace 10 años.

Hoy existen 15 millones de campesinos mexicanos viviendo en la pobreza: 4 de cada 10 niños campesinos, son pobres. En total, el 47% de la población mexicana vive en la pobreza y el 19% en la indigencia.

Esta crisis, entre otras cosas, produjo seis millones de desplazados del campo, que hoy engrosan el ejercito de desempleados que pueblan las zonas marginales de las grandes ciudades. Esa es la integración que nos espera.

Acuerdos clandestinos

Los primeros pasos para la imposición del Area de Libre Comercio de las Américas se dan en diciembre de 1994, en el marco de la Primera Cumbre de las Américas realizada en Miami, cuanto los ministros de Hacienda de 34 países americanos -con excepción de Cuba- acordaron establecer una zona de libre comercio "desde Alaska hasta Usuahia".

Posteriormente, en la Cumbre de Santiago, realizada en abril de 1998, se crea el Comité de Negociaciones Comerciales, compuesto por los viceministros de Economía o Hacienda de todos los países.

Hasta ahora, las negociaciones parecen ir viento en popa. Desde su formación, este comité se ha reunido permanentemente y no se ha ventilado ningún tipo de objeción por parte de nuestros gobiernos, salvo la honrosa excepción del Presidente Hugo Chávez y de, por supuesto, Cuba.

No ha existido ningún tipo de información sobre los alcances y naturaleza de las negociaciones. Estas informaciones no son discutidas por los congresos nacionales, como tampoco se entregan antecedentes a la ciudadanía, a pesar de las insistentes peticiones de la sociedad civil. Lo que se conoce son las pocas cosas que han decidido entregar, y gracias a la presión popular.
Durante la Segunda Cumbre de los Pueblos realizado en Québec, el 19 de abril, la Central de Trabajadores Argentinos señaló que "Ni los pueblos de la región, ni el conjunto diverso de organizaciones sindicales y sociales, ni los parlamentos han podido participar en los debates ni conocer el detalle de la marcha de los acuerdos".

Noam Chomsky, por su parte, también se pronuncio sobre la clandestinidad de las tratativas: "en realidad no sabemos con detalle lo que se está planeando, porque todo se mantiene en silencio. Hay negociaciones que llevan años realizándose y el mundo de los negocios las conocen bien y los medios de comunicación las conocen bien, pero no informan nada."

Los aspectos militares de la anexión

Ante las posibilidades de resistencia popular, los norteamericanos ya vienen diseñando estrategias de contención. Al Plan Colombia, ahora se le suma el llamado Plan Puebla-Panamá.

La enorme inversión militar del Plan Colombia se extiende a toda la zona Andina, para reforzar su injerencia en Colombia. Se crea un cerco a Colombia con tres complejos militares: el de Aruba y Curazao en el Caribe, otro en El Salvador y el tercero en la isla de Malta en Ecuador, extendiéndose hasta Pichincha en Perú.

Se proyecta también la posibilidad de reforzar la presencia militar en el Caribe, ante la eventual salida de la base de Vieques en Puerto Rico. Para esto se plantea la instalación de bases en la isla Saona y en el islote de Alto Velo, en las costas dominicanas y de Haití.

En el ámbito interno de Colombia, los objetivos son: reforzar la inteligencia militar; transformar el sistema de vigilancia, introduciendo radares vía satélite que abarquen todo el país; consolidar la base Tres Esquinas de la Alta Amazonía; construir la base Larendia, que tendrá pista de despegue para aviones B-52; crear cinco batallones antinarcóticos; rediseñar el plan contrainsurgente y ampliar la dotación con mil nuevos helicópteros y 500 aviones.

Por su parte, el Plan Puebla-Panamá (PPP) proyecta la construcción de un cordón militar por toda esa zona de Centroamérica, con el fin de contener la insurgencia, principalmente la zapatista.

Según un estudio de Narciso Isa Conde, dirigente de Fuerza de la Revolución de República Dominicana, el PPP, no sólo busca neutralizar la insurgencia, sino que "ese plan garantizaría además el control estadounidense sobre una gran zona petrolera más al norte y sobre otra franja de gran bíodiversidad continental (minerales, fuentes de agua, bosques) que aún se mantienen.

Advierte además que el PPP, "completa en ese orden con el Plan Colombia, sentado también sobre la bíodiversidad amazónica y la gran riqueza petrolífera y mineral de Colombia, apuntando contra la autodeterminación de Venezuela".

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