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Ciencia y Conciencia

18/03/2001 - Autor: Fernando Sánchez
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Conciencia
Conciencia

La civilización occidental está hoy estructurada sobre la base del pensamiento newtoniano-cartesiano. Es decir, está asentada en los conocimientos de dos hombres de profunda creencia en lo divino pero de cuyo pensamiento se tomaron sólo aspectos parciales.

Recordemos, por un lado, la frase cartesiana por excelencia: "Pienso, luego existo". Bien, ¿implica eso que Descartes pretendió decir que la función que define al ser humano es la pensante? Cabe dudarlo. Antes bien, da la sensación de que fue la errónea interpretación de esta frase la que dio pie a que la visión del mundo del hombre occidental se limitara a la dada por la razón. Pero razonar no es más que una función del hemisferio izquierdo del cerebro. Hemos dejado a un lado el hemisferio derecho y funciones tan importantes como la intuición, controlada por los preceptos de las religiones. Como consecuencia, llevamos cientos de años caminando con una pierna, el hemisferio izquierdo, y dos muletas: la visión mecanicista de la ciencia y la concepción dogmática de la religión.

Por otro lado, de Newton fueron tomados la ley de causa y efecto en la Física y el concepto de que el universo es una serie de objetos mecánicos que interactúan al azar. Esta aplicación reduccionista de las leyes de la Física newtoniana a otras ramas de la ciencia como la Medicina, la Biología, la Filosofía, la Psicología o la Economía conduciría a una ciencia mecanicista y, lo que es peor, a una existencia mecánica. Empero, Newton fue una persona de profunda espiritualidad que desarrolló un enorme interés en la astrología, el ocultismo y la alquimia. De hecho, él fue “el último de los grandes magos antes que el primer científico". Newton creía que el universo era material en su naturaleza pero no pensaba que su origen pudiera ser explicado a partir de causas materiales.

Y no es que el hombre no piense o que la Física de Newton esté equivocada: es que se han aplicado estos conceptos y estas leyes en niveles de la existencia humana que se rigen por otras leyes de jerarquía superior. ¿La consecuencia?: una civilización deshumanizada.

Sin embargo, vivimos en una época privilegiada en la que el mismo impulso del desarrollo científico y tecnológico es tan fuerte que resquebraja todo esquema rígido y anticuado. Los dogmas científicos y religiosos se derrumban frente a las asombrosas informaciones que nos alcanzan a través de las nuevas redes de comunicación, embrión del sistema nervioso central de la humanidad. Y dichas informaciones son emitidas en muchas ocasiones por científicos de amplio reconocimiento mundial. Mientras escribo estas páginas aparece en un prestigioso diario nacional la siguiente noticia: "Un rayo supera 310 veces la velocidad de la luz en un experimento realizado en un laboratorio del Instituto de Investigación NEC en Princeton (EEUU). El resultado que retuerce las leyes de la física deparó una paradoja: el pulso de luz fue detectado a la salida antes que a la entrada." Este experimento no solo cuestiona la teoría de la relatividad, sino que desafía leyes tan básicas como la del tiempo como nexo entre el pasado y el futuro.

Tal es el peso de esta y otras informaciones que se habla ya del nuevo paradigma científico, de una nueva visión de la realidad; visión sustentada en el matrimonio entre la Física moderna y la tradición mística de la humanidad.

De hecho, cuando los físicos cuánticos trataron de definir la percepción del universo resultante de sus investigaciones, observaron que estaba ya perfectamente descrita en los textos de místicos de diferentes tiempos y religiones. El caso es que del emergente matrimonio entre ciencia y espiritualidad ha nacido la investigación sobre algo tan inasible como el reino de la conciencia humana, un nivel de la realidad distinto donde la ciencia mecanicista es tan innecesaria como las tablas de multiplicar para pintar un cuadro.

Como expresa el profesor ruso Korotkov, catedrático de Física: "Lo que manifiesta mayor dificultad es la comprensión del funcionamiento del ser humano y de su conciencia. El siglo XX fue un siglo de revolución en Física; el siglo XXI será el siglo de la revolución en el estudio de la conciencia, estudio que combina las ideas de la Física, la Biología y la espiritualidad."

Nos adentramos, en suma, en un tiempo de paradojas. Muchos de los grandes humanistas del siglo pasado fueron físicos y no filósofos o religiosos. Hoy, en el punto de máximo dominio tecnológico... comienza el retorno a lo natural. En la apoteosis de la medicina mecanicista comienza el resurgimiento de la medicina tradicional porque el propio enfermo la busca en consulta. Y dando un paso más allá, los científicos de vanguardia reconocen la experiencia interna, y no sólo la experimentación, como método de conocimiento.

Y es que cuando uno no conoce las leyes que sustentan un sistema queda sometido a ellas. Quien no conoce las normas de tráfico no puede conducir sino que es conducido. Quien no conoce las leyes del mercado no puede comprar ni vender con éxito. Y nosotros no conocemos las leyes de la conciencia humana: no se nos ha enseñado a vivir y nuestras existencias quedan por ello limitadas al reducido campo de posibilidades que nos ofrece el sistema de mercado imperante.

Afortunadamente, el reino de la conciencia está siendo descubierto por la ciencia. De ahí que la intención con la que abordamos esta nueva sección sea ambiciosa: ofrecer las informaciones científicas relacionadas con este campo de estudio. Ello no sólo nos permitirá ampliar nuestros conceptos mentales sino que puede ir transformando la existencia de las personas convirtiéndolas en más plenas, humanas e interesantes.

Porque créame: lo que se está descubriendo acerca de la conciencia conducirá a la humanidad a un cambio sin precedentes. ¿Nuestra intención?: poner esas informaciones valiosísimas al alcance de nuestros lectores.

Algunos de ustedes conocerán el experimento del Centésimo mono: en una isla de Japón en la que existía una raza de monos los científicos enterraron patatas en la arena de la playa y los monos aprendieron a desenterrarlas para comérselas. Luego, una mona adolescente a la que llamaron Bekie descubrió que si lavaba las patatas en el agua del mar éstas perdían la arena que tenían pegada. Comenzó a hacerlo y pronto sus compañeros adolescentes aprendieron de ella. Después las madres adquirieron la misma habilidad y poco a poco ésta se fue extendiendo al resto de los miembros del grupo. Pues bien, cuando esa práctica llegó a ser realizada por un número de simios al que los científicos dieron una cifra teórica de cien, la conducta de lavar las patatas comenzó a ser repetida por los monos de otras islas del archipiélago... a pesar de que no se encontraban en contacto físico ni tenían relación genética inmediata con los monos de la isla inicial. ¿Qué había sucedido?

Se está descubriendo que el efecto del centésimo mono es también aplicable al ser humano según las teorías de los campos morfogenéticos y de bioinformación que presentaremos en siguientes entregas.

Sirva ello como ejemplo de lo que mes tras mes iremos narrando; es decir, aquellos estudios experimentales que por su interés humano y científico merezcan la pena ser conocidos. Estos ampliarán nuestras conciencias y nos dará a conocer las leyes por las que se rigen.

Hablaremos, pues, de la influencia de la mente en los dispositivos electrónicos, del efecto de los pensamientos en el campo electromagnético humano, del descubrimiento de que la sangre emite luz y sus consecuencias, de los efectos de las medicinas alternativas en el ser humano medidos por cámaras Kirlian controladas por ordenadores... y de otros muchos estudios. Estudios que se caracterizan por los rasgos humanistas de sus autores, científicos que no investigan en función de la carrera por el Nobel, el desarrollo de patentes o meros intereses comerciales; científicos con la facultad de transformar el concepto que el ser humano tiene de sí mismo y de la propia existencia a través de sus hallazgos. Ellos nos conducen a una nueva dimensión.

¿Viajamos juntos?

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