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La extinción (fana​) del adorador en Dios

ibn Taimiyyah y el sufismo

16/12/2016 - Autor: Ibn Taimiyyah, Prof. Yahia Al Andalusi (compilador) - Fuente: extraido de Majmu Fatawah de ibn Taimiyyah
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sufismo

La perfección del servidor consiste en sólo querer, amar y aceptar lo que Dios quiere, acepta y ama: a saber lo que Él ordenó como actos obligatorios o recomendados. Consiste en amar solamente lo que Dios ama, como los Ángeles, los Profetas y los Piadosos. Es ese el sentido de lo que ha sido dicho sobre estas palabras del Altísimo:  "... salvo quien vendrá a Dios con un corazón puro" 3. "Un corazón puro, ha sido dicho 4, de otro que Dios, de otro que la adoración de Dios, de otro que la voluntad de Dios o de otro que el amor de Dios."

Se trata de una misma cosa y, que la llamamos "extinción" o no, es el comienzo del Islam y su finalidad, la (realidad) interior de la religión y su apariencia.

El segundo tipo (de "extinción"),  es la extinción de la contemplación (shuhúd) de lo que es otro (que Dios). Eso les sucede a muchos de los que viajan (por la Vía Espiritual).

Por la atracción excesiva de sus corazones hacia el recuerdo (dhikr) de Dios, hacia Su adoración y Su amor, dado igualmente al hecho de que sus corazones son demasiados débiles para contemplar otra cosa de lo que adoran y ver otra cosa que lo que apuntan, nada sino Dios toca (khatara) sus corazones, o hasta no tienen conciencia (sha´ara) de eso, tal como ha sido dicho de estas palabras del Altísimo: "Y el corazón de la madre de Moisés se volvió vacío. Poco faltaba para que hubiese divulgado todo, si no hubiésemos vendado su corazón". "Vacío, ha sido dicho 5, de toda cosa salvo el recuerdo de Moisés."

Eso pasa a menudo a quien está obnubilado por un asunto: un amor, un temor, una esperanza hace que sus corazones queden apartados de toda cosa salvo lo que aman, temen o buscan, hasta el punto que, absorbidos por ésta cosa, no tienen consciencia de nada más.

Cuando un tal (fenómeno) es (particularmente) fuerte, quien (vive) la "extinción" es ausente (ghába), por lo que es encontrado por él, por el hecho mismo de encontrarlo, por lo que es contemplado de él, por el hecho de contemplarlo, por lo que se recuerda, por el hecho de recordarse y, por lo que es conocido de él, por el hecho de conocerlo. Lo que no existía se extingue por consecuencia, a saber las creaturas sometidas (mu´abbad)  (por Dios) 6,  que son otras que Él, mientras permanezca Aquel que no ha cesado (de ser), a saber nuestro Señor el Altísimo. Lo que es deseado, es la extinción (de las creaturas) mientras contemplamos Aquel que les ha sometido (mu´abbad) y que recordamos de Él, y mismo (es deseado) nuestra propia extinción al respecto de comprender o contemplar (las creaturas). Y cuando un tal (fenómeno) es particularmente intenso, el amante es tan débil que se estremece (por eso), en su discernimiento (tamyiz), y puede quizás pensar ser su amado.

Se dice que un hombre se tiró en el mar, y su amado se tiro tambien, atrás de él. "He caído, le dijo."

"Qué es lo que te hizo caer tras de mi ?"

"He sido ausente, por ti, a mi mismo," le contestó su amante, "y pensé que yo era tú !"

Algunas personas han caído en éste lugar y han pensado que había una unión (ittihad), que el amante se junta con el amado hasta el punto que no habría, en su existencia misma, ninguna diferencia entre ellos dos. Es un error. Al Creador nada se une efectivamente, fundamentalmente. Más bien, nada se une con nada sino cuando dos cosas se transmutan, se corrompen, y que, de su unión a (los) dos, adviene una tercera cosa que ni es una ni la otra, así como (pasa) cuando se unen el agua y la leche, el agua y el vino, etc. Sin embargo, los objetos de la voluntad, del amor y de la reprobación se unen y concuerdan (ittafaqa) los dos por lo que es del tipo de la voluntad y de la reprobación, uno amando lo que el otro ama, uno detestando lo que el otro detesta, aceptando lo que acepta, enojándose de lo que se enoja, desaprobando lo que desaprobaba, siendo el amigo de quien es el amigo y el enemigo de quien es el enemigo.

En toda esta "extinción", hay una deficiencia. Los más grandes entre los Amigos de Dios, tal como Abu Bakr, Omar y los más ancianos, los primeros de los Emigrantes y de los Ayudantes (ansar) no cayeron en tal "extinción". Lo mismo, con más razón, para los que eran superiores a ellos, los Profetas. Tal cosa apareció solamente después los Compañeros. Lo mismo para todo lo que es de este tipo y comprende, del hecho de lo que se ofrece al corazón como estados de fe, una ausencia de inteligencia (´aql) y de discernimiento. Los Compañeros, que Dios esté satisfecho de ellos, eran demasiado perfectos, demasiado fuertes y demasiado estables, al respecto de sus estados de fe, para que su inteligencia se ausente o que les advienen pérdidas de consciencia (ghashí),  desmayos (sa´aq), embriaguez (sukr), "extinción", entusiasmo (walah) o locura (junún).

Tales cosas han empezado por (la generación de los) los Siguientes (tabi´in), entre los devotos de Basora. Hubieron efectivamente entre ellos unos que se desmayaban escuchando el Corán, y otros que morían, como Abu Jahir al-Darir y Zurarah ibn Awfa, el cadi de Basora. 

Llegamos así a que, entre ciertos Sheijs de los sufíes, una tal extinción, una tal embriaguez se produce y como consecuencia sus discernimientos se debilitaron. Algunos llegaron hasta a decir en este estado palabras sobre las cuales, tras haber vuelto en sí, supieron que se habían equivocado. Se narran cosas así acerca de Abu Yazid por ejemplo, de Abu l-Hasan al-Núrí 7, de Abu Bakr al-Shiblí 8 y de sus pares.

Tales "extinciones", embriaguez, etc. no ocurrieron ni a Abu Sulayman al-Darani 9, ni a Ma'ruf al-Karkhi 10, ni a al-Fudayl ibn ´Iyad 11, ni, hasta, a al Yunayd 12 y sus pares, a quienes su inteligencia y discernimiento seguían acompañándoles en sus estados (espirituales).

O más bien, en los corazones de los perfectos no hay nada sino el amor de Dios, Su voluntad y su adoración. Hay entre ellos una ciencia y un discernimiento de tal amplitud que contemplan las cosas tal como son. Más bien, ven las creaturas subsistir por el Mando de Dios, ser administradas por Su voluntad y, además, contestar a Su llamada y a Él ser dedicados.

Hay en ellas, para ellos, una invitación a la percepción profunda, un recuerdo, y lo que contemplan en estas cosas es un apoyo, un socorro para lo que está en sus corazones como consagración a la religión (a Dios), como austeridad por la afirmación de Su unidad (tajrid al-tawhid la-hu) y como adoración a Él solamente, sin que tenga asociado. 

Así es la realidad (haqiqa) hacia la cual el Corán ha llamado y que ha asumido la gente que ha realizado la fe (ahl tahqiq al-iman), los adeptos perfectos de la Gnosis (´irfan). Nuestro Profeta ﷺ era su imam y el más perfecto de ellos. Es por eso que, cuando fue elevado hasta los cielos, vio lo que se encontraba arriba como Signos y que le fue revelado lo que le fue revelado como secretos, se encontró a sí mismo, en la mañana, entre ellos, sin que su estado fuese cambiado y sin que se manifestaba en él, a diferencia de Moisés tras su pérdida de consciencia, que Dios les otorga a todos Su bendición y la Paz!

En cuanto al tercer tipo de lo que llamamos "extinción", es de afirmar que no hay existente sino Dios, que la existencia del Creador es la existencia del creado y que, entonces, no hay diferencia entre el Señor y el servidor. Es la "extinción" de la gente del extravío y de la herejía, que caen en las (doctrinas de) la infusión (hulul) y de la unión.

Cuando uno de los sheijs rectos (sheij mustaqim) dice "No veo nada sino Dios" o "No miro hacia nada sino Dios" etc., lo que quiere decir con eso es: "No veo otro Señor sino Él, no otro Creador sino Él, no otro Administrador sino Él, no otro Dios sino Él, y no miro hacia nada otro que Él, que sea amándolo, temiéndolo o poniendo mi esperanza en Él". 

Efectivamente, el ojo se dirige hacia lo que el corazón quiere. Quien ama una cosa, la espera o la teme se vuelve hacia ella. Si, en el corazón, no hay amor de esta cosa, de esperanza en ésta, de miedo por ésta, de detestación de ésta, y otros formas de apego del corazón hacia ella, el corazón no tiende ni a volverse hacia ella, ni a mirar en su dirección, ni a verla. Y cuando la vemos por casualidad, sin más, es como si vemos una pared o cualquier otra cosa hacia la cual no tenemos ningún apego en nuestro corazón.

Los sheijs virtuosos, que Dios esté complacido con ellos, recuerdan un elemento de la austeridad por la afirmación de la Unidad (de Dios) y de la realización de la consagración de toda la religión (a Dios): el servidor no se volverá hacia nada otro que Dios y no mirará hacia nada otro que Él, ni amándoles, ni temiéndoles, ni poniendo su esperanza en éstas. El corazón, al contrario, será vacío de las creaturas, libre de ellas, y mirará hacia ellas solamente por la Luz de Dios. Es entonces por el Real (al-haqq) que escuchará, por el Real que verá, por el Real que tomará y por el Real que caminará. Entre (las creaturas), amará lo que Dios ama y detestará lo que Dios detesta, será el amigo de lo que Dios es amigo y será el enemigo de lo que Dios es enemigo. Tendrá miedo de Dios en ellas y no de ellas en Dios; esperará Dios en ellas y no ellas en Dios. Así es el corazón puro, sincero (hanif), monoteísta (muwahhid), musulmán 13, creyente, que conoce, que realiza y que afirma la unicidad divina (muwahhid), por el conocimiento de los Profetas y de los Enviados, por su realidad y por monoteísmo.  

Notas
(1) Uno de lo más grandes maestros sufíes del tercer siglo.
(2) Es decir la voluntad de Dios expresada en su Ley revelada, Sus mandamientos y Sus prohibiciones, en oposición a su voluntad "ontológica" (kawni) divina que se expresa en la obra creadora. No se trata de fatalismo entonces.
(3) Corán, 26.89.
(4) Exégesis del Compañero del Profeta ﷺ, Qatada ibn al Nu´man, ver Tabari, Jami´al-Bayan.
(5) Exégesis de los Compañeros del Profeta ﷺ, Ibn Abbas y Ali, ver Tabari, Jami´al-Bayan.
(6) Es decir puestas, por Dios, a Su servicio.
(7) Sufí de Bagdad amigo de Al-Junayd y del al-Hallaj (m. 295)
(8) Sufí y poeta de Baghdad amigo de al-Hallaj (m.334)
(9) Sufí de Siria de la escuela de Basora (m.215)
(10) Asceta y sufí de la escuela de Bagdad (m.200)
(11) Sufí de Samarcanda
(12) Sufí moderado de Bagdad, maestro de al-Hallaj (m. 298)
(13) En el sentido literal de la palabra, sumiso (muslim).


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