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La vaca que costó su peso en oro

La historia de la vaca de los hijos de Israel

05/12/2016 - Autor: Abu Ismael Mohamed Bellahcen
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La vaca de los hijos de Israel

A esta historia se le conoce también con el nombre de La vaca de los hijos de Israel.
El Noble Corán cuenta esta historia de forma general y resumida.

Los comentaristas del Noble Corán mencionan algunos detalles acerca de la misma.
Empezaremos a contarla tal y como hace el Noble Corán desde casi el final. 
El Profeta Moisés (paz sea con él) dice a los hijos de Israel:
“Allah os ordena sacrificar una vaca”.
“¿Te burlas de nosotros acaso?” preguntaron ellos.
Como ya veremos al final, ellos vinieron a Moisés (paz sea con él) porque tenían un problema. Querían encontrar una solución y se extrañaron cuando se les pidió que sacrificaran una vaca.

No encontraban ninguna relación entre su problema y lo que se les ordenó.
Por ello, acusaron a su Profeta de burlarse de ellos.

“Pido refugio a Allah de ser entre los ignorantes” dijo Moisés (paz sea con él) rechazando su acusación.

Y luego empezaron a hacer muchas preguntas, pidiendo información sobre la vaca.
“Pídele a tu Señor que nos diga qué es” dijeron.

Su pregunta es tonta. Porque ya se les dijo que era una vaca. Si se hubiera dicho que fuese un animal, su pregunta habría sido aceptable.Pero no es el caso.
Se puede decir que ellos no supieron expresarse bien, y lo que querían era tener más información acerca de la vaca.

Entonces Moisés (la paz sea con él) respondió diciendo:
Allah dice que no debe ser una vaca ni vieja ni joven, sino de edad mediana. Haced pues lo que se os ordena”.

Después de darles un detalle sobre la vaca, les recordó de obedecer la orden. Sin embargo, ellos siguieron preguntando. Buscaban motivos para no obedecer.
Es más importante obedecer a Dios que hacer preguntas innecesarias.

Dios les dijo que sacrificaran una vaca. Al no especificar, podría haber sido cualquier vaca. Si ellos hubieran sacrificado cualquier vaca, habría sido suficiente. La gente a veces complica las cosas y convierte lo fácil en lo difícil. También, la gente a veces se centra en lo superficial y en los detalles y se olvida de la esencia de las cosas.
A veces no es bueno preguntar mucho y profundizar en las preguntas. Esto puede ser motivo de problemas y desgracias.

Este hadiz es prueba de los males de preguntar mucho sobre cosas insignificantes.
Abû Hurayrah relató: “El Mensajero de Allah (paz sea con él) se estaba dirigiendo a nosotros y dijo: «¡Oh gente! Allah ha hecho el hayy (la peregrinación) obligatorio para vosotros, haced pues el hayy». Un hombre preguntó: ‘¿Todos los años, Mensajero de Allah?’ El (Profeta) se quedó callado, hasta que el hombre repitió (su pregunta) tres veces. El Mensajero de Allah (paz sea con él) dijo: «Si digo que sí, se convertirá en obligatorio para vosotros (hacerlo cada año) y no seréis capaces de cumplirlo». Luego dijo: «Dejadme con aquello que os he dejado, ya que lo que destruyó a los que estaban antes que vosotros fue que preguntaban demasiado y se oponían a sus profetas. Entonces si os ordeno algo haced lo que seáis capaces y si os prohíbo algo abandonadlo»” (Transmitido por Muslim).

Los hijos de Israel, como dicen algunos sabios, son el prototipo de la humanidad.
Es decir que muchas cualidades que ellos tienen, las tenemos nosotros los humanos.
Cuando Allah pidió sacrificar una vaca, no dijo en un principio el porqué de esa orden.
Cuando viene una orden de un igual, tiene uno el derecho a conocer la causa.
Cuando tu amigo te ordena hacer algo, está en tu derecho que le digas: ¿Por qué?
Sin embargo, cuando viene de un superior, se debe obedecer se sepa o no el por qué.
Al igual que cuando un médico te recita un medicamento. Tú te lo compras y te lo tomas. Confías en el médico y sabes que es una persona sabia. Sabes que lo que te recetó es para tu bien y no se lo discutes.

Así debe ser nuestro trato con Allah, Enaltecido. Es más, tu obediencia a Dios debe superar la obediencia de cualquier otro ser. Pues tus padres, por dar un ejemplo, pueden ordenarte algo que ellos creen que es bueno para ti y en realidad no lo es.
También el médico te puede aconsejar algo y resulta que no es bueno para ti.
Pues las personas pueden equivocarse.

Sin embargo, Dios nunca se equivoca y por ello debemos obedecer sus órdenes sepamos o no el por qué. Eso es así porque confiamos en Su infinita sabid uría y sabemos que lo que nos ordena es para nuestro beneficio. Eso, de hecho, es la fe.
No tiene sentido y no se llama fe el preguntar por el por qué de las cosas para hacerlas.

Si tú ayunas, por ejemplo, para deshacerte de la grasa acumulada en tu cuerpo. Ayunas para que estés más sano y para que tu estomago descanse. Si te comportas así, no puedes ser un creyente de verdad.

Las cosas se tienen que hacer por el bien de Allah. Se hacen para complacer a Allah exclusivamente. Si, además de hacer las cosas por el bien de Dios, consigues otros beneficios es mejor que mejor. Es decir que lo que nos debe empujar a hacer las cosas no debe ser el bien que encierran estas cosas. Sino porque Allah nos ordenó hacerlas y punto.

Volvamos a nuestra historia. Los hijos de Israel siguieron preguntando. “Pide a tu Señor que nos indique de qué color es” preguntaron. “Él dice que es una vaca amarilla, de color intenso que agrada a quienes la vean” respondió.

Nos damos cuenta al escuchar lo que dice el pueblo de Moisés de que esta gente no tiene ninguna educación ni con su profeta ni con Dios. Pues, por un lado, acusan a su Profeta de que se burla de ellos. Y por otro, son maleducados con Dios mismo porque dicen todo el tiempo: “Dile a tu Señor”.

Es como si Dios fuera el Señor de Moisés sólo y no de ellos también. Pues nunca dicen: “Dile a nuestro Señor”.

¿Terminaron sus preguntas? Claro que no. Sino que repitieron la pregunta que hicieron al principio. Pues dijeron: “Invoca a tu Señor para que nos indique qué es,” e intentaron justificar su pregunta diciendo: “porque todas las vacas nos parecen iguales; y si Allah quiere nos contaremos entre quienes siguen la guía”.

Al complicarse mucho la vida, empezaron a tener diputas y a discutir acerca de la vaca.
No se ponían de acuerdo sobre el asunto.

Algunos señalaban a una vaca, otros a otra y así, ya que todas las vacas les parecían iguales.

Moisés les dio más detalles: “Él dice que debe ser una vaca que no haya sido utilizada para arar la tierra ni regar el campo, sana y sin manchas”.

Por fin se quedaron satisfechos y no hicieron más preguntas. Y al decir: “Si Allah quiere seremos bien guiados”, dieron con la vaca que buscaban. Sin embargo, su mala educación y sus malas formas no cesaron. Dijeron: “Ahora has dicho la verdad”.

¡Parece mentira! Es como si Moisés estuviera todo el rato jugando con ellos.
Y nunca dijo la verdad sino ahora.

Allah dice: “Y la degollaron, aunque estuvieron a punto de no hacerlo”. Eso es prueba de que buscaban pegas para no cumplir con lo que se les había ordenado.

Nos damos cuenta de la malacrianza y la terquedad de los israelitas. Se mantienen firmes e inamovibles en su actitud a pesar de darles razones en contra, y no hay quien los cambie.

Cuando encontraron la vaca, no les quedaba más remedio que comprarla y degollarla.

Un hombre de la tribu de Israel tenía una becerra (cría de la vaca). El hombre tenía un hijo bondadoso. Cuando le vino la muerte al hombre, le dijo a su mujer que iba a soltar a la becerra en el campo, confiándosela a Allah para que se la cuidara a su hijo hasta que fuera mayor.

Pasaron los años y creció el niño. Su madre le habló de la becerra que le había dejado su padre. Pues el joven preguntó a su madre: “¿Cómo voy a recuperarla?”
La madre le contestó: “Tu padre confió en Allah y la soltó y tú confía en Allah y la recuperarás”.

Entonces el joven fue al campo y se encontró con la vaca. En el camino se tropezó con los hijos de Israel que andaban buscando la vaca que tenían que degollar. Al fijarse bien en ella, se dieron cuenta de que tenía las mismas características que la que buscaban.
Querían comprársela al joven y éste tenía primero que consultarlo con su madre.
Al final el joven decidió venderla pero a un precio muy elevado.  Su precio era nada más que su peso en oro. Algunas versiones cuentan que fue comprada por su peso en oro multiplicado por diez. Eso se debió a la terquedad y vacilación de los israelitas.
Al ser muy severos consigo mismos y al no acatar el mandato de Allah de inmediato, Allah fue severo con ellos.

No tenían que insistir en obtener más descripción de la vaca porque eso no era importante.Lo importante era obedecer y hacer caso a la orden de Allah. Os acordáis que al principio os dije que los israelitas vinieron a Moisés (paz sea con él) para que les ayudara a resolver un problema. Y él les dijo que Allah les ordenaba sacrificar una vaca.
Dijimos también que los israelitas no encontraban relación entre su problema y lo que se les ordenó.

El problema que tenían los israelitas es que un hombre rico fue asesinado y no se sabía quién fue el asesino. Se cuenta que había un hombre rico que no tenía herederos salvo a un sobrino.

Este hombre tenía una hija muy hermosa y con la edad de casarse. El sobrino del hombre pidió la mano de la chica para casarse con ella pero su petición fue rechazada por su tío. El sobrino que se cansó, por lo visto, de esperar a que su tío muriese, decidió matarle para así quedarse con su herencia y casarse con su hija.Dijo el joven: “Mataré a mi tío, me casaré con su hija, lo heredaré y recibiré indemnización por su muerte”
Entonces lo mató y lo arrojó cerca de una aldea perteneciente a una tribu de las doce tribus de Israel. A partir de este momento, según la legislación islámica, el asesino es privado de heredar al asesinado.Al amanecer se encontró el cadáver cerca de una aldea. Los de la aldea del asesino empezaron a acusar a los de la aldea donde se hallaba el muerto, y éstos acusaban a los primeros. Es decir que intercambiaban las acusaciones.
Cada aldea se defendía y rechazaba la acusación. Ante esta situación de confusión y mal estar acudieron a Moisés (paz sea con él) para que mediara entre ellos. Su respuesta fue que tenían que degollar una vaca.

Allah, Exaltado, dice acerca de esta disputa: “Y recordad cuando matasteis un hombre y disputasteis acerca del criminal, Allah reveló lo que ocultabais”.
Una vez sacrificada la vaca, Moisés (paz sea con él) les pidió que golpeasen al muerto con una parte de la vaca.

El Noble Corán no menciona qué parte de la vaca se utilizó para golpear a la víctima.
Algunos dicen que es la lengua, ya que al golpear al muerto éste volvió a la vida, habló y luego volvió muerto como estaba.

Allah dice al respecto: “Entonces dijimos: Golpead a la víctima con una parte de ella de la vaca sacrificada. Así resucita Allah a los muertos y os muestra Sus milagros para que razonéis”.

Al golpear con una parte de la vaca al muerto, éste vuelve a la vida y señala a su asesino o dice su nombre, volviendo después muerto como estaba.

El nombre de la vaca es el nombre del segundo capítulo del Noble Corán. Este capítulo es el más largo de todos los capítulos del Noble Corán y contiene nada más que 286 versículos.

La sura de la vaca trata muchísimos temas. La mayoría de las legislaciones religiosas son mencionadas en esta sura. La historia de la vaca está dentro de esta sura y se cuenta de forma muy resumida en siete versículos.

Ahora bien, ¿Por qué esta sura se titula la sura de la vaca a pesar de que la historia de la vaca ocupa una pequeñísima parte de todo el capítulo? La respuesta a esta pregunta es que el tema principal de la historia es la resurrección de los muertos. Los israelitas ponían en duda el poder de Allah en resucitar a los muertos. Eran muy materialistas y no creían sino en lo que veían. A pesar de que vieron muchos milagros con el Profeta Moisés (paz sea con él), seguían teniendo problemas de fe.

Allah nos creó de la nada la primera vez y fue fácil para Él. Devolvernos a la vida después de muertos es aún más fácil para Él. Este es el mensaje de la última y verdadera palabra del Creador. Pues la sura recibe este nombre porque trata un tema de mucha importancia. Habla de Dios - el Creador - y de Su poder en hacer revivir a los muertos para que rindiesen cuenta ante Él.

No solo los israelitas ponían en duda el poder de Dios, sino que hubo mucha gente como ellos. Y sigue y seguirá habiendo gente así hasta el fin del mundo. El mensaje que encierra la historia es universal, para todo el mundo y para todos los tiempos.   
Allah es poderoso sobre todas las cosas.


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