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Rainer Maria Rilke y el Islam

Iniciación - 28/10/2000 0:00 - Autor: R. M. S
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Rainer Maria Rilke nació en Praga (1875-1926), el más grande poeta alemán del pasado siglo. Su vida abarcó las últimas décadas de la monarquía europea. Una época que Nietzsche reconoció con claridad como el final del papel histórico del Cristianismo, y acompañó al resurgimiento del nihilismo europeo. Rilke era el indicado para vivir el desarraigo humano de las creencias religiosas, del sentido de pueblo y de la patria. En este trasfondo, que hoy en día, en la época de la soberanía tecnológica, no cambia sino que se agudiza, Rilke está presente en la búsqueda humana por el sentido y la unidad en la vida.

En la serie de poetas y pensadores alemanes su nombre está junto al de los más grandes: Goethe, Schiller y Hölderlin. Como ellos, abrió la lengua alemana de su tiempo a los pensadores de hoy.

Su aprendizaje se desarrolló a través de varias etapas ciertamente insatisfactorias: una educación militar, la academia de comercio, así como el posterior comienzo de los estudios de Historia del arte y de Derecho, desembocando a sus 20 años en una vida viajera y sin descanso. Situación que le apartó de su patria y familia y se sumó a la difícil vocación de poeta.

Rilke tuvo dos maestros en vida cuya influencia le formaron y le marcaron permanentemente. A los 24 años visitó a Tolstoi en Rusia. Su devoción popular y sencillo carácter humano le pareció a Rilke como una profunda muestra de la Unidad divina. Tres años más tarde vivió y trabajó como secretario personal de Augusto Rodin en París. De él aprendió el trabajo cotidiano, la intensidad de una abnegada labor y una comprensión artesanal de la poesía.

Cuatro años antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial finalizó la novela más famosa del s.XX: “Los apuntes de Malte Laurids Brigge” (1904-1910). En esta novela, una composición en forma de mosaico de 71 fragmentos en prosa de una incomparable intensidad, el autor gira continuamente alrededor de la experiencia central de la muerte. El miedo como experiencia existencial y el tema de las supuestas seguridades expresadas en forma poética, se asemejan al modo de pensar de Martin Heidegger. Rilke mismo entendió esta obra como el “gran límite de las aguas”, la figura de Malte como “corazón, que alcanza una octava completa: después de él todas las melodías son posibles”. “Sólo un paso” -decía Malte- “y mi más profunda miseria se convertiría en dicha”.

Este paso lo dio Rilke en los años 1910 y 1913 cuando viajó al Norte de África y España. Allí, en su encuentro con el Islam, llegó a una decidida renuncia del Cristianismo y reconoció lo cerca que estaba del conocimiento de los musulmanes. Cuando Rilke habla de “la prueba de la vida y la muerte como una sola”, de la “Unicidad del espacio infinito”, cuando reconoce fascinado que los musulmanes poseen una ciencia espiritual que determina la Unidad de Allah: “No hay un más acá ni un más allá, sino la gran Unidad, en la cual los seres que nos aventajan, los ‘Ángeles’, están en casa.... el ‘Ángel’ de las elegías no tiene nada que ver con el Ángel del cielo cristiano, sino más con la forma angélica del Islam....” [Carta del 13.11.1925]

Tras escribir la obra más importante en prosa de la época moderna alemana Rilke quedó vacío y agotado. Tenía la sensación de haber dicho todo lo que se podía decir, de haber llegado al “límite del cauce de las aguas”, desde el cual tuviera que decidir de nuevo el motivo de su vida. La más larga obra de su vida - nos referimos a las “Elegías de Duíno”- estaba aun en 1910 sin concluir, pero la situación europea le hizo encaminarse a una nueva Tradición. Esta Tradición era el Islam.

“Religión es algo infinitamente sencillo, simple. No es un conocimiento, ni un sentimiento; no es una obligación y tampoco una renuncia; no es una limitación, sino que es en la perfecta extensión del universo una tendencia del corazón.... cuando el árabe, a determinadas horas, se dirige hacia el Este y se postra, eso es Religión. No es una ‘creencia’. No tiene una oposición. Es un natural impulso de la vida que el soplo de Dios acaricia tres veces al día, en este momento es cuando somos flexibles”[Carta del 28.12.1921].

Su destino le llevó -tras el decidido rechazo al Cristianismo- a la realidad del Islam.

“El Cristianismo automáticamente corta a Dios como un pastel, pero Allah está entero, está intacto” [Carta del 4.12.1912].

En Toledo, Córdoba y cerca de Ronda escribió numerosas y conmovedoras cartas -consideradas como parte importante de su producción poética- poemas y breves obras en prosa que dieron un decidido impulso a su desarrollo lingüístico.

“...... desde que estuve en Córdoba tengo un furioso sentimiento contra el Cristianismo, leo el Corán de vez en cuando, percibo una voz con toda su fuerza dentro de mí, así como el viento en el órgano. Aquí se dice estar en un país cristiano, pero ya hace tiempo que se superó el ser cristiano, mientras se tenía el valor de matar a cien pasos de la ciudad; así aparecieron las numerosas y modestas cruces de piedra en las cuales se lee: ‘aquí murió éste y el otro’, ésta fue la versión del Cristianismo. Ahora existe una indiferencia sin límites, iglesias vacías, iglesias olvidadas, capillas muertas de hambre, realmente, no debemos sentarnos por más tiempo a esta mesa llena de restos y ofrecerlos como alimento. El fruto está chupado, esto significa vulgarmente hablando: hay que escupir la piel. Y de este poso los protestantes y los cristianos americanos hacen todavía una infusión que tiene ya dos mil años. Muhammad era el que tenía que venir; como un río a través de una cordillera se abre paso hacia ese único Dios, con Ese con quien se puede hablar tan bien cada mañana, sin el teléfono -Cristo-, en el que continuamente se dirá: ¡Hola! ¿quién está ahí? y...nadie contestará”. [Carta del 17.12.1912]

A través de su encuentro con el Islam recibió Rilke no sólo la realidad de los Ángeles, que en 1922, en sus ya acabadas Elegías, jugaron un importante papel en la expresión de Rilke y el Islam. Con el Ángel encontró la Unidad de la Existencia que buscó toda su vida, con lo cual superó ejemplarmente y de forma definitiva la división cristiano-occidental.

En España rechazó definitivamente el Cristianismo, leyó asombrado el Corán, alabó la diaria aproximación de los musulmanes a Allah, le escandalizó la profanación de la Gran Mezquita de Córdoba y alcanzó finalmente la clara confirmación de la Unidad de Allah, así como el espíritu profético de Muhammad (s.a.s.). El primero en abrir la puerta de la Casa del Islam fue Goethe. Rainer Maria Rilke le siguió.



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