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Líbano: Una historia plural

Sobre el movimiento Hezbollah
Opinión - 08/11/2009 10:07 - Autor: Nicolas Qualander - Fuente: Revista Pueblos n° 39
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Apoyo de Hezbollah a los palestinos de Gaza.
Apoyo de Hezbollah a los palestinos de Gaza.

Hezbollah es de golpe un movimiento en la encrucijada de los caminos: su larga gestación, desde 1982 hasta la publicación del Llamamiento a los Desheredados en 1985, es el efecto combinado de tres acontecimientos centrales en Oriente Próximo, que chocan entre sí. En primer lugar, la invasión de Líbano por parte de Israel en 1982 y la ocupación del Sur del país desde 1979. En segundo lugar, los efectos de la Revolución Iraní de 1979 en el panorama político árabe. En tercer lugar, la afirmación política de las comunidades chiítas entre los años 1960 y 1970, en Líbano con el Movimiento de los Desheredados del Imán Moussa Sadr, o en Irak con el partido chiíta islamista Ad-Da’wa de Muhammad Baqir as-Sadr.

Después del histórico fracaso del nacionalismo árabe nasserista y baatista, simbolizado por la derrota árabe de 1967 frente a Israel, así como la alineación del presidente egipcio Anwar as-Sadat con los estadounidenses y los israelíes, la Revolución Iraní de 1979 jugó el papel de símbolo para el mundo árabe. Combinando una retórica antiimperialista y tercermundista con una nacionalización del Islam leído de manera fundamentalista, la Revolución Iraní provoca que muchos jóvenes activistas de izquierda o nacionalistas se vuelquen en el islamismo.

La formación de Hezbollah

Son numerosas las corrientes que participan en la formación de Hezbollah: los miembros libaneses del Partido Islámico de Irak en el exilio, Ad-Da’wa, favorables a la construcción de un Estado islámico en la toma del poder. Grupos como la Unión Libanesa de los Estudiantes Musulmanes o la Alianza de los Ulemas de la Bekaa. Los seguidores del Imán Muhammad Hussein Fadlallah, religioso chiíta especialmente popular en los suburbios meridionales de Beirut, cuyas teorías se encuentran en la encrucijada del renacimiento islámico y en una forma de tercermundismo social. Es Fadlallah quien, entre los primeros, en 1988, teorizará sobre la imposibilidad práctica del Estado Islámico en Líbano, y quien adelantará en su época el concepto de “Dawlat al-Insan” o el “Estado Humanista”, basado en la desconfesionalización del sistema político libanés. Por último, la creación de Hezbollah está orgánicamente vinculada a la división que afecta al movimiento chiíta Amal.

Amal, acrónimo para el Destacamento de la Resistencia Libanesa, es el brazo armado del Movimiento de los Desheredados del Imán Moussa Sadr, desaparecido en 1978. Inicialmente, en 1974, el Movimiento de los Desheredados es la parte que requiere la afirmación de los chiítas como una comunidad política. Los chiítas son, en efecto, uno de los grupos confesionales más pobres en el Líbano. Están políticamente poco representados, agrupados principalmente en el Sur, pero también en el Este, alrededor de la ciudad de Baalbeck, y los suburbios meridionales de Beirut. No hay una clara orientación ideológica de Amal, que incluye indiscriminadamente a chiítas que van de la derecha más conservadora y a chiítas de la extrema izquierda. Lo cierto es que en 1982, cerca de 500 militantes reagrupados en torno a Hussein al-Mussawi, abandonan Amal y crean Amal Islámica, que constituirá una de las columnas vertebrales de Hezbollah. Desafían la línea secular del nuevo dirigente de Amal, Nabih Berri, ya que toma un giro en contra de la resistencia palestina y libanesa, a partir de 1982. La nueva formación se benefició del entrenamiento militar y de la cooperación política de los Guardias de la Revolución Islámica iraníes, instalados principalmente en el valle de Bekaa.

La profunda naturaleza híbrida de Hezbollah, que reposa sobre las bases del islamismo chiíta y de la cuestión nacional, heredó marcos políticos que no son todos de matriz islámica, sino que se volvieron hacia una lectura política del Islam a partir del fracaso de la izquierda y del nacionalismo, con la reasignación de un terreno cultural chiíta que se considera como plenamente “movilizable” en la lucha contra la ocupación. La proclamación del Llamamiento a los Desheredados refleja esta doble naturaleza de Hezbollah: al partir del trabajo para la liberación de los Territorios Ocupados por Israel, también se reconoce su afiliación política e ideológica con el Irán de Khomeini, quien aprobó el texto. El Llamamiento pleitea por un Estado Islámico basado en el modelo iraní, pero sin embargo renuncia a “imponerlo por la fuerza”. Llama así a “preservar el Líbano de la dependencia del Este o del Oeste”, a “derrotar a los ocupantes sionistas” y a establecer “un sistema político que emana de la elección libre y popular “.

Se ataca entonces a los militantes del Partido Comunista Libanés que participan en el Frente Nacional de la resistencia libanesa, y que es probablemente responsable de la muerte de dos de sus intelectuales más brillantes: Hussein Mroue y Mahdi Amil. Al mismo tiempo, se opone a Siria y su principal aliado Amal, cuando éste se compromete en la guerra contra los campamentos de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), en 1985. Entonces toma explícitamente partido por los derechos de los palestinos en el Líbano, incluso con el riesgo de ganarse la enemistad del régimen de Damasco.

La apertura

Es sólo poco a poco cómo el perfil nacionalista de Hezbollah gana sobre su aspecto fundamentalista: su integración en el sistema parlamentario libanés, tras los Acuerdos de Paz de Taif en 1990, es uno de los principales signos. Siendo el único partido político a quien se le ha permitido conservar las armas, tomó de hecho el liderazgo político y militar de la resistencia en el Sur ocupado: es por esto que siente en ese momento la necesidad de tratar con el resto del espectro político libanés, ya que la construcción de un consenso nacional para proteger a la resistencia es una condición sine qua non de su existencia como organización político-militar.

Fue durante la década de 1990 cuando su nuevo secretario general, Hassan Nasrallah, promueve un entorno más abierto, y renuncia formalmente a la perspectiva de un Estado Islámico en el Líbano. Por lo tanto, existe una estrecha relación entre su progresiva apertura a otros elementos políticos y sociales del Líbano y su propulsión como el primer partido de la resistencia. Las relaciones con las organizaciones de izquierda y nacionalistas se reanudan en esa época, y Hezbollah pide una conferencia de apoyo a la resistencia en el Hotel Bristol de Beirut el 18 de agosto de 1997, que reúne a 27 organizaciones políticas de izquierda y nacionalistas. En el ejército, la creación de la Brigada Libanesa de Resistencia a la ocupación permite, a partir de 1996, que jóvenes militantes de otras religiones u otras orientaciones políticas participen en actividades de la resistencia en el Sur junto a la Resistencia Islámica, el ala militar de Hezbollah. Comprendiendo cerca de 2.000 miembros, las Brigadas reagrupan entonces a cerca de un 38 por ciento de sunitas, 25 por ciento de chiítas, 17 por ciento de cristianos y 20 por ciento de drusos, mientras que la composición de Hezbollah sigue siendo exclusivamente chiíta. Por último, Hezbollah participa en 1994 en la creación de la Conferencia Nacionalista e Islámica, de estructura pan-árabe con organizaciones islamistas, nacionalistas y de izquierda, para encontrar puntos en común con respecto a las tácticas y programáticas entre los grupos opuestos anteriormente. Todavía se reúnen, cada cuatro años. Cuando en mayo de 2000, el primer ministro israelí Ehud Barak tomó la decisión de retirar unilateralmente sus tropas del Sur del Líbano, Hezbollah se basa en la política de los dividendos: una gran parte del Líbano considera que, sin la resistencia de Hezbollah, la retirada israelí nunca se habría producido.

Por último, al igual que otros movimientos islamistas, Hezbollah ha construido gradualmente una hegemonía en el seno de la población libanesa, siendo tanto un actor social como político. En la práctica, su trabajo está orientado en cuatro ámbitos: político, militar, social y cultural. Su liderazgo político es una estructura compleja que consta de tres órganos: un órgano político, un comité ejecutivo y un Majlis ash-Shura (Asamblea Consultiva), además de varios mandos locales. La Resistencia Islámica, el ala militar, incluye entre 3.000 y 15.000 milicianos, según las estimaciones, esto es lo que añadirían sus propias redes de información. La imagen que normalmente se muestra es la de guerrilla, pero las operaciones en julio y agosto de 2006 mostraron que actúan como un ejército regular capaz de mantenerse en el campo de batalla a largo plazo.

La sociedad de la resistencia también se apoya en su aparato mediático –el canal de televisión Al-Manar y la emisora de radio An-Nour– que representan a un conjunto de instituciones sociales y benéficas que compensan el déficit del Estado libanés, y que la propia Hezbollah califica, de hecho, como “servicios públicos”: Jihad Al-Bina, dedicado a la reconstrucción de los pueblos y barrios destruidos, y que también abastece de agua a los suburbios meridionales de Beirut; la Organización Islámica de la Salud, que administra decenas de clínicas; la institución Ash-Shahid, que apoya a las familias que perdieron a sus familiares en combate o en los bombardeos, etc.

Esta hegemonía política, social y cultural de Hezbollah en la sociedad libanesa es, paradójicamente, una hegemonía sin dominio, puesto que ya no parece ser parte de una estrategia para aprovechar el poder político y aplastar a las fuerzas políticas que se le opusieron. El desarrollo de la resistencia es también inseparable de la asistencia financiera prestada por Irán a Hezbollah, una cantidad desconocida, pero que se estima en varias decenas de millones de dólares por año. Sin embargo, la organización chiíta tiene sus propios e independientes recursos financieros, principalmente de sus campañas de suscripción a los donantes libaneses y extranjeros, especialmente de los países del Golfo y de la diáspora libanesa en África, de la colecta anual de la Zakat (limosna), así como de los ingresos generados por sus inversiones en proyectos inmobiliarios.

Nicolas Qualander es doctor en estudios políticos de Oriente Próximo y representante de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR, sección francesa de la IV Internacional), de la delegación internacional de solidaridad enviada a Líbano a finales de julio de 2006. Este artículo ha sido publicado en el nº 39 de la Revista Pueblos, septiembre de 2009. Versión original en francés. Traducido para Pueblos por Mireia Gallardo Avellán.



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