
Rodrigo de Zayas, historiador, músico y musicólogo, escribe en Sevilla pero sólo publica en Francia, hasta que Almuzara ha traducido y editado su «Los moriscos y el racismo de Estado. Creación, persecución y deportación (1499-1612)».
-Curioso pasaje el que cuenta la subasta en que adquirió los documentos históricos para escribir su libro...
-La anécdota tiene su interés en el sentido de que demuestra que, a veces, el investigador tiene que someterse a las leyes de la suerte. Debo reconocer que en esa ocasión, tuve mucha suerte.
-¿Cree que los funcionarios que acudieron a esa subasta no sabían hacer su trabajo o no se interesaron en esos documentos por otra razón?
-Creo que lo hacían bien, pero el documento que me interesaba estaba al final del catálogo; por tanto, ellos ya habían agotado su presupuesto cuando vino el turno.
-El suyo es un caso peculiar; los historiadores no se compran las fuentes que van a estudiar.
-En este caso, no tuve más remedio.
-¿Tiene los documentos a disposición pública?
-Sí. En nuestra biblioteca hay entre 30.000 y 35.000 volúmenes, que aún no están catalogados del todo, pero todo lo precioso y lo antiguo está informatizado, y todo eso es asequible al público. También hay una colección de tres mil manuscritos, casi todos asiáticos. Los investigadores que vienen son de Historia del Arte, porque mi padre estuvo muy involucrado en la creación del arte moderno de principios de siglo y tuvo relación con Picasso, Brake, Tzara... De historia de España hay muchos e importantes documentos y no ha venido nadie a estudiarlos. Los historiadores o se copian entre ellos o sólo van a los archivos públicos y no se acercan a los archivos privados, como el de Medinaceli, el de Medina Sidonia o, mucho más modestamente, el mío.
-¿Por qué se interesó por la expulsión?
-Mi interés es más amplio. Pienso que la historia de nuestro país ha de rehacerse en función no ya de posturas y opiniones religiosas o políticas, sino de métodos lo más científicos posibles. La historia de la expulsión es, en ese sentido, un caso ejemplar.
-Los documentos pertenecieron a Lord Holland, ¿el mismo que cobijó al exilio liberal español?
-En efecto. Fue un gran amante y conocedor de lo hispano.
-La primera edición de su libro, en francés, no fue bien acogida en España ¿por qué?
-La «transición» ha sido más lenta en ciertos sectores que en otros. Me descalificaron con tres argumentos. Primero diciendo que era imposible que hubiera habido racismo en España, lo que supone una postura nacionalista. Segundo, por decir «Racismo de Estado» y haber aplicado un término que no existía en esa época. Un sofisma, como decir que en el Paleolítico no existía violencia porque no existía el concepto de violencia. Y el tercero que era imposible que en el Siglo Oro, cuando España irradiaba con personalidades como Lope, Cervantes, Calderón, Guerrero y Velázquez, hubiera racismo de Estado, cuando en Alemania lo hubo siendo el país más civilizado del mundo.
-Nombró la Transición ¿qué opinión tiene de ella?
-Con todos sus defectos, fue una absoluta necesidad. Voté la Constitución, que tiene defectos, como la presencia de intereses regionales en la Cámara Baja, donde se permite que haya partidos que sólo representan a una región. O sea que quienes hicieron la Constitución, con todos sus méritos, no eran muy constitucionalistas... La historia de España aún está por escribir. En el archivo de Medinaceli hay diecisiete millones de documentos y apenas se ha rozado. La duquesa de Medina Sidonia ha catalogado su archivo pero investigadores van muy pocos. Falta curiosidad y hay mucho prejuicio. Todavía hay quien cree que la España de Felipe II era una especie de paraíso, y se quemaba viva a la gente.
-¿Por qué ha tardado la edición en español?
-Lo que ha tardado dar con un editor con valor y ambición de superar «vacas sagradas» y demás lacras históricas.
-¿Van a traducir y publicar otras obras?
-Eso está ya previsto. Estoy a punto de entregar el manuscrito de un ensayo sobre Ibn ´Arabi de Murcia, uno de los pensadores y místicos más importantes de la historia de España. Pero vamos otra vez a lo mismo, los pensadores cristianos son muy conocidos, pero los de religión musulmana siguen siendo desconocidos.
-En su libro hay continuas alusiones al III Reich, ¿la expulsión de los moriscos fue también una «solución final»?
-Con un setenta y cinco por ciento de los deportados muertos en camino, la comparación me parece imponerse por sí misma.
-La expulsión afectó a unas 500.000 personas, el 16 por ciento de la población española de entonces...
-Según el padre dominico fray Jaime Bleda, uno de los principales responsables de la deportación, las tres cuartas partes de los afectados perecieron en camino.
-Dice que, socialmente, fue un «suicidio colectivo» ¿por qué?
-Porque el reino sacrificó, con esa medida, una parte importante de su población y de su economía en un momento en que aún sufría las terribles consecuencias de la gran epidemia de 1599. No era posible una decisión más contraproducente.
-¿La Iglesia fue determinante en la expulsión?
-Fue la causa principal.
-¿España fue el primer Estado racista moderno?
-Eso creo, hasta que se halle otro precedente. De momento, esa es la situación histórica que hemos de asumir.
-Dice en su libro: «Un pasado lejano, que creíamos felizmente superado, da señales de reproducirse».
-El racismo como opción política está reapareciendo; en particular en el nuevo grupo parlamentario que acaba de formarse en Estrasburgo, bajo la presidencia del diputado francés Bruno Golnisch, militante del Frente Nacional.
-¿Qué le parece la Alianza de Civilizaciones?
-Como respuesta al enfrentamiento de civilizaciones, me parece eso, civilizada.
-¿Y que líderes musulmanes pidan la Mezquita de Córdoba para rezar?
- Mire, recuerdo que en un valle cercano a donde me crié, en el sur de Francia, había protestantes y católicos. Lo que no había, era dinero para construir iglesias separadas para cada culto. Se entendieron entre ellos para que las mismas iglesias sirvieran para ambos cultos.
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