
Hayat Dinia enterró a su padre la pasada semana en Rabat pero no ha querido suspender su primer viaje a la Marina Alta, tierra que hace cuatro siglos vio nacer a sus antepasados. Es la primera de su familia que vuelve a pesar de que en su casa muchas generaciones han anhelado un retorno siempre presente.
Los Dinia son una de las muchas familias moriscas que, por profesar la religión musulmana, fueron expulsadas sin contemplaciones en el siglo XVII. Personas que partieron con lo puesto en las cientos de barcazas que zarparon del puerto de Dénia y que guardaron durante muchos años las llaves de sus antiguas casas, pensando que su destierro no podía ser más que temporal.
Pero han tenido que pasar 400 años desde aquel decreto amargo y cruel para que la sociedad española desempolve sus historias y busque la manera de reparar, al menos simbólicamente, la injusticia. Una de las entidades que trabajan en este objetivo es la Fundación cultural Cirne de Xàbia que, además de organizar unas jornadas para analizar la expulsión de los moriscos y sus consecuencias en la Marina Alta, ha querido indagar en la otra perspectiva de esta triste historia: escuchar el testimonio de cómo lo vivieron los que perdieron.
Así dieron con Hayat, que lleva la estirpe morisca en su apellido. Dinia, evolución de Dénia, es junto a los Molins, Córdoba, Toledado o Vargas uno de los clanes descendientes directos de los moriscos expulsados de España. Esta rabatí llegó ayer a Xàbia para empezar un peregrinaje por sus orígenes que se toma como un homenaje póstumo a Omar, su padre recién fallecido.
Tiene un interés especial en visitar el puerto de Dénia, último lugar que vieron sus antepasados antes del exilio de «Al Andalus» que se reveló definitivo. Desde allí lanzará al Mediterráneo un pañuelo de su padre y cogerá un puñado de tierra para mezclarla con la de su tumba.
Hayat dio voz al sentimiento morisco, al fin satisfecho de que se empiece a hablar de lo que consideran como «el primer genocidio de la historia» con miles de víctimas olvidadas. «Este reconocimiento lo estamos esperando desde hace mucho tiempo, al igual que el regreso a nuestra tierra y el derecho a la nacionalidad española que tienen aquellos que fueron expulsados de su propia tierra por la religión», consideró la mujer.
Ante las preguntas de qué gesto les gustaría como compensación histórica afirmó «hoy es ya difícil pero al menos facilitar el visado para entrar en España, que no nos consideren extranjeros».
Y es que esta familia, la más numerosa de la comunidad morisca de Rabat, siempre ha reclamado su pertenencia a Al Andalus y llevado con orgullo sus orígenes. Tanto es así que trataron de conservar al máximo la pureza del clan. Durante siglos sólo se han casado entre moriscos (un hecho por el que han sido criticados en la sociedad marroquí) algo que ha favorecido la pervivencia de sus apellidos y de los rasgos españoles.
También han mantenido tradiciones intactas como sus característicos bordados o recetas de cocina. De hecho uno de los regalos con los que Hayat ha agasajado a sus anfitriones de CIRNE es un recetario publicado por ella misma; también un libro de biografías con los personajes eminentes de Rabat, entre los que se encuentran varios descendientes de valencianos.
Hoy esta morisca festejará el día sagrado del Cordero lejos de los suyos pero más cerca que nunca de sus orígenes.
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